/ viernes 20 de octubre de 2023

Venganza en Country Club: ofuscada por los celos, María ejecutó a su exmarido

Compró una pistola, regresó a su casa y esperó a que el hombre llegara; al tenerlo a tiro de jarro, le descerrajó solamente seis tiros porque no pudo meterle más balas al arma

Ansiosa, María Luisa encaminó sus pasos hacia el centro de la ciudad de México. En su mente sólo se gestaba el deseo de venganza. Se sentía traicionada y así, herida en su amor propio, se dirigió a una de las armerías que, en 1963, abundaban en la calle 16 de Septiembre.

Resuelta, compró un revólver y regresó a su casa en la colonia Country Club. Sólo tenía un propósito: esperar la llegada de su ex marido...

El miércoles 7 de agosto de 1963 se publicó en LA PRENSA que Luis Martínez Sáenz fue privado de la existencia por su exesposa, quien se entregó ante los ambulantes de la Cruz Verde cuando recogieron aún con vida al acaudalado comerciante y se añadió que:}

María Luisa Meneses aseguraba que actuó ofuscada por los celos, pues se sentía herida en sus sentimientos, después de convivir 17 años con Luis

Durante 15 años estuvieron legalmente casados; se divorciaron, pero tres meses después de dictada la separación, se reconciliaron y hasta hacía poco más de ocho días vivían felices.

Ella no ocultaba que estaba verdaderamente enamorada de Luis, pero al “descubrir” que el negociante tenía relaciones ilícitas con otra mujer, María Luisa resolvió liquidarlo.

Ofelia Arreola, joven de 27 años, declaró por la noche del martes 6 en el Hospital de Traumatología de Xoco, Coyoacán, que era la legítima esposa de Luis Martínez Sáenz. Al parecer, Ofelia tenía apenas tres años de estar casada con el socio de la cadena de lavanderías y tintorerías Diagonal de San Antonio, ubicada, la casa central, en dicha avenida y Pestalozzi.

El drama pasional tuvo su desenlace en la planta alta de la casa que ocuparon María Luisa y Luis en Beisbol 147, colonia Country Club; hablaron primero en el recibidor de la residencia y después pasaron a la recámara, según expresó la homicida.

-Lo hice porque me sentí herida en mis sentimientos; no es posible soportar que bajo el mismo techo sea una traicionada. El primer disparo fue accidental, yo no tenía intenciones de quitarle la vida, pero me ofusqué y perdí la razón, el sentido de todo...

Sin embargo, esa afirmación no era del todo verídica. Para la policía, María Luisa tenía todo perfectamente planeado y no sería extraño que ya tuviera preparado un abogado para defenderla en aquella época. Después de enterarse el martes 6, por conducto de Octavio Reyes, amigo y empleado de Luis Martínez, de que Ofelia Arreola de Martínez iba a cambiarse a Florida y Varsovia, Colonia Juárez, María Luisa se encolerizó y fue a Tajín 172, Colonia Narvarte, en busca de la señora Mercedes Sáenz de Martínez, madre de Luis, para exponerle el problema y que ambas buscaran una solución razonada. Pero fue enterada apenas de que en dicha dirección ya no vivía su ex suegra.

Sus nervios la traicionaban y fue entonces que resolvió comprar un arma para terminar de una vez por todas con la angustia que la ahogaba. En un par de horas, María Luisa ya era dueña de un revólver, marca Ruby, calibre .32, que compró en 750 pesos.

Además adquirió 10 cartuchos. Sin titubear, colocó 6 de ellos en el cilindro respectivo, puso el arma en el bolso de mano y retornó a su hogar, en el que durante ocho días recibió un mensaje urgente de “una amiga de Luis”, en el sentido de que fuera a ver a su hijito porque estaba grave...

María Luisa Meneses Meneses, originaria de la capital, manifestaba su contrariedad porque los reporteros gráficos la acosaban, y dijo que “Luis fue a la casa a comer alrededor de las 14:15 horas. No había otras personas en el hogar. Discutimos en la recámara. Sobre la cama había dejado yo el revólver”.

Dijo que Luis le dio explicaciones porque decía que “había personas interesadas en enemistarlos”. (Extraña situación: él pidió y obtuvo el divorcio, pero no quería “enemistarse” con la mujer a quien había dejado por otra dama muy joven).

Dizque para amedrentar a su ex esposo, la señora Meneses tomó el revólver y Luis se lanzó sobre la mujer, “forcejeamos, se produjo un disparo que le hirió en un pie. Luego no supe qué pasó, disparé toda la carga del arma sin darme cuenta de lo que estaba haciendo”.

La señora perdió la razón ante los numerosos fotógrafos de prensa. Aseguró que había llamado a la Cruz Verde para que auxiliara al hombre que “más quería en el mundo”; cuando llegaron los ambulantes ella tenía varias prendas de vestir en la mano, tenía colocados lentes oscuros porque sabía que no volvería a su hogar en mucho tiempo.

Los ambulantes de la Cruz Verde entregaron al ministerio público un revólver, un casquillo y el zapato izquierdo de la víctima, así como otras pertenencias del finado. En el zapato se apreciaron dos orificios causados por un proyectil; el plomo estaba incrustado en la suela.


De pronto, la señora reconoció que estaba furiosa porque “Luis iba a mudarse de domicilio con la otra mujer”. Por ello compró el revólver y luego sucedió el drama. Luis ingresó al Hospital de Xoco a las 14:50 horas, lo que hacía suponer muchos minutos de discusión antes de resultar herido, ya que llegó a la casa de María Luisa como a las 14:15 horas.

¿No que eran “amigos” y que había gente interesada en “enemistarlos”?

Los doctores Miguel Hernández y Ricardo Parra ordenaron encamarlo en la sala de terapia intensiva y murió a las 20:00 horas. Luis fue herido cuando estaba de frente a María Luisa y también cuando le dio la espalda.

El licenciado Germán Valdés Martínez, secretario del ministerio público en el Hospital de Traumatología de Xoco, dijo que Ofelia Arreola compareció en calidad de testigo de identidad, pero sufrió un shock y tuvo que ser trasladada a su domicilio de Chalchiuitl 105, departamento 5, Lomas de Chapultepec.

María Luisa fue "hundida"

María Luisa quedó a disposición del juez mixto de primera instancia en Coyoacán, a partir de la mañana del miércoles 7 de agosto de 1963. Al otro día, María Luisa fue “hundida” por la familia de Luis, pues se le acusó de “malvada, agresiva y calculadora”...

Guillermo Martínez Sáenz dijo que María Luisa había intentado matar a su hermano en otras ocasiones y lo tenía dominado, “lo golpeaba con lo que tuviera a su alcance”. Otro familiar comentó que “María Luisa andaba en los peores sitios para ganarse la vida, cuando conoció a Luis, de 18 años de edad”.

La señora ya era madre de un hijo que educó el propio Luis. La pareja no procreó familia, de manera que María Luisa mintió desde el primer momento, cuando dijo a la policía que “no había nadie en la casa cuando ocurrió la tragedia, y que no revelaría el nombre de la hija que ella y Luis habían procreado, porque la niña ninguna culpa tenía”.

El joven negociante había ganado mucho dinero y entregaba fuertes sumas a su mujer para largos viajes de placer. Le compró casa y sufragó el importe de una cirugía plástica que soportó la mujer en su afán de aparentar menos edad.

El conocido cirujano plástico, Mario del Río, atendió a la exmujer de Luis, para dejarle una apariencia más juvenil, porque los años la maltrataron mucho. Se decía que ya contaba con más de 50 años en 1963, pero le encantaba declarar en cuanta ocasión se le presentaba, que “no había cumplido ni los 40”.

La autoviuda fue acosada por la verdad

También se dijo que el divorcio sobrevino porque “María Luisa era una fiera que por cualquier motivo perdía el control de sí misma”...

Un día, porque no se pusieron de acuerdo sobre la película que deseaban ver, Ma- ría Luisa lo agredió con unas tijeras y a punto estuvo de quitarle la vida. En otra ocasión lo agredió con una navaja de muelle.

Luis Martínez Sáenz “compró” su divorcio: entregó a la mujer 160,000 pesos luego de la sentencia de divorcio, pero ella lo acosaba, temerosa de perder su “mina de oro”. De hecho, había perdido sus ingresos y a su esposo. Pero jamás se resignó y lo acosaba.

María Luisa, temerosa, declaró ante el juez que “primero jaló el gatillo y las otras balas se dispararon solas”... pero el facultativo, comprensivo, le indicó que un revólver no disparaba en ráfaga, sino tiro por tiro.

Los peritos en balística dijeron que María Luisa disparó los últimos cuatro tiros “cuando Luis le daba la espalda”. Sin pruebas que la apoyaran, María Luisa fue cada vez mejor acosada por la verdad, que se abría paso: al parecer, también iba a matar a Ofelia y a la hija que había procreado con Luis la nueva esposa del comerciante acaudalado.

El martes 6 de agosto (1963), María Luisa fue hasta la lavandería de San Antonio y Pestalozzi a buscar a su ex marido, pero al no encontrarlo le dejó un recado en el sentido de que le urgía hablar con él, porque le firmaría unos papeles para dejarlo, “ahora sí, en completa libertad”.


Se comprobó después que la edad de María Luisa era de 58 años, veinte más de los que reconocía. En realidad, a los 38 años conoció al muchacho, de 18. Vivió con él en amasiato y finalmente contrajeron matrimonio bajo separación de bienes.

El joven le regaló una de sus tintorerías. María Luisa, lejos de agradecer el obsequio, le prohibía al joven voltear hacia donde estuviera alguna “mujer coqueta” y le advirtió que nunca intentara enamorarse de otra mujer y menos de una joven, porque “tendría muy mala suerte”.

En varias ocasiones la señora destrozó las puertas de los departamentos donde residiera su ex marido, para amedrentarlo al igual que a Ofelia. Ya enterados los defensores de María Luisa de que la homicida tenía “mucha tela de dónde cortar”, le aconsejaron que fingiera amnesia y así lo hizo: ante el juez comentó que “ya no recordaba ni siquiera el más pequeño detalle del drama”.

Eso sí, dijo que “entre sueños había visto cómo él quería apoderarse del revólver”... Entre los defensores de María Luisa estaban Adolfo Aguilar y Quevedo, el prestigiado abogado Salvador Salmerón Solano y Edmundo Elorduy. Pero el fiscal Víctor Gerardo Medina comentó que los defensores “no tenían mucha oportunidad”, pues la mujer no se contradecía en la mayor prueba en su contra: se enfureció al saber que Luis y Ofelia iban a cambiarse de domicilio, para alejarse de ella para siempre y en que había comprado la pistola, sin necesitarla para la defensa de su hogar.

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Querían hacer creer que fue riña

En opinión de varios litigantes, María Luisa Meneses debía ser condenada a la pena máxima, pues cometió un homicidio calificado (con premeditación, alevosía y ventaja) que debía pagar con 40 años de prisión.

Pero los defensores, como siempre, querían llevar el caso hacia una investigación de “homicidio en riña”, lo que no concordaba de manera alguna con lo que podía demostrar el fiscal: tenía gran ventaja porque Luis no sabía que había comprado un revólver.

Ella estaba armada en el momento del crimen; Luis ni siquiera estaba preparado para una riña. La alevosía de la mujer se demostraba con el hecho de dejar recado “urgente para liberar definitivamente” a su ex esposo, que era lo que él quería desde hacía mucho tiempo: que dejara de molestarlo y fastidiar a Ofelia Arreola.

La señora cautiva empleó la perfidia, al violar la fe o seguridad que expresamente había prometido en el mensaje a su víctima. Por lo pronto, el juez Angel Vidal y Vidal dictó auto de formal prisión a la asesina, quien estaba virtualmente “hundida”.

María Luisa fue castigada por su misma ambición desmedida. El destino la encerró en las frías celdas de una cárcel por mucho tiempo.

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Ansiosa, María Luisa encaminó sus pasos hacia el centro de la ciudad de México. En su mente sólo se gestaba el deseo de venganza. Se sentía traicionada y así, herida en su amor propio, se dirigió a una de las armerías que, en 1963, abundaban en la calle 16 de Septiembre.

Resuelta, compró un revólver y regresó a su casa en la colonia Country Club. Sólo tenía un propósito: esperar la llegada de su ex marido...

El miércoles 7 de agosto de 1963 se publicó en LA PRENSA que Luis Martínez Sáenz fue privado de la existencia por su exesposa, quien se entregó ante los ambulantes de la Cruz Verde cuando recogieron aún con vida al acaudalado comerciante y se añadió que:}

María Luisa Meneses aseguraba que actuó ofuscada por los celos, pues se sentía herida en sus sentimientos, después de convivir 17 años con Luis

Durante 15 años estuvieron legalmente casados; se divorciaron, pero tres meses después de dictada la separación, se reconciliaron y hasta hacía poco más de ocho días vivían felices.

Ella no ocultaba que estaba verdaderamente enamorada de Luis, pero al “descubrir” que el negociante tenía relaciones ilícitas con otra mujer, María Luisa resolvió liquidarlo.

Ofelia Arreola, joven de 27 años, declaró por la noche del martes 6 en el Hospital de Traumatología de Xoco, Coyoacán, que era la legítima esposa de Luis Martínez Sáenz. Al parecer, Ofelia tenía apenas tres años de estar casada con el socio de la cadena de lavanderías y tintorerías Diagonal de San Antonio, ubicada, la casa central, en dicha avenida y Pestalozzi.

El drama pasional tuvo su desenlace en la planta alta de la casa que ocuparon María Luisa y Luis en Beisbol 147, colonia Country Club; hablaron primero en el recibidor de la residencia y después pasaron a la recámara, según expresó la homicida.

-Lo hice porque me sentí herida en mis sentimientos; no es posible soportar que bajo el mismo techo sea una traicionada. El primer disparo fue accidental, yo no tenía intenciones de quitarle la vida, pero me ofusqué y perdí la razón, el sentido de todo...

Sin embargo, esa afirmación no era del todo verídica. Para la policía, María Luisa tenía todo perfectamente planeado y no sería extraño que ya tuviera preparado un abogado para defenderla en aquella época. Después de enterarse el martes 6, por conducto de Octavio Reyes, amigo y empleado de Luis Martínez, de que Ofelia Arreola de Martínez iba a cambiarse a Florida y Varsovia, Colonia Juárez, María Luisa se encolerizó y fue a Tajín 172, Colonia Narvarte, en busca de la señora Mercedes Sáenz de Martínez, madre de Luis, para exponerle el problema y que ambas buscaran una solución razonada. Pero fue enterada apenas de que en dicha dirección ya no vivía su ex suegra.

Sus nervios la traicionaban y fue entonces que resolvió comprar un arma para terminar de una vez por todas con la angustia que la ahogaba. En un par de horas, María Luisa ya era dueña de un revólver, marca Ruby, calibre .32, que compró en 750 pesos.

Además adquirió 10 cartuchos. Sin titubear, colocó 6 de ellos en el cilindro respectivo, puso el arma en el bolso de mano y retornó a su hogar, en el que durante ocho días recibió un mensaje urgente de “una amiga de Luis”, en el sentido de que fuera a ver a su hijito porque estaba grave...

María Luisa Meneses Meneses, originaria de la capital, manifestaba su contrariedad porque los reporteros gráficos la acosaban, y dijo que “Luis fue a la casa a comer alrededor de las 14:15 horas. No había otras personas en el hogar. Discutimos en la recámara. Sobre la cama había dejado yo el revólver”.

Dijo que Luis le dio explicaciones porque decía que “había personas interesadas en enemistarlos”. (Extraña situación: él pidió y obtuvo el divorcio, pero no quería “enemistarse” con la mujer a quien había dejado por otra dama muy joven).

Dizque para amedrentar a su ex esposo, la señora Meneses tomó el revólver y Luis se lanzó sobre la mujer, “forcejeamos, se produjo un disparo que le hirió en un pie. Luego no supe qué pasó, disparé toda la carga del arma sin darme cuenta de lo que estaba haciendo”.

La señora perdió la razón ante los numerosos fotógrafos de prensa. Aseguró que había llamado a la Cruz Verde para que auxiliara al hombre que “más quería en el mundo”; cuando llegaron los ambulantes ella tenía varias prendas de vestir en la mano, tenía colocados lentes oscuros porque sabía que no volvería a su hogar en mucho tiempo.

Los ambulantes de la Cruz Verde entregaron al ministerio público un revólver, un casquillo y el zapato izquierdo de la víctima, así como otras pertenencias del finado. En el zapato se apreciaron dos orificios causados por un proyectil; el plomo estaba incrustado en la suela.


De pronto, la señora reconoció que estaba furiosa porque “Luis iba a mudarse de domicilio con la otra mujer”. Por ello compró el revólver y luego sucedió el drama. Luis ingresó al Hospital de Xoco a las 14:50 horas, lo que hacía suponer muchos minutos de discusión antes de resultar herido, ya que llegó a la casa de María Luisa como a las 14:15 horas.

¿No que eran “amigos” y que había gente interesada en “enemistarlos”?

Los doctores Miguel Hernández y Ricardo Parra ordenaron encamarlo en la sala de terapia intensiva y murió a las 20:00 horas. Luis fue herido cuando estaba de frente a María Luisa y también cuando le dio la espalda.

El licenciado Germán Valdés Martínez, secretario del ministerio público en el Hospital de Traumatología de Xoco, dijo que Ofelia Arreola compareció en calidad de testigo de identidad, pero sufrió un shock y tuvo que ser trasladada a su domicilio de Chalchiuitl 105, departamento 5, Lomas de Chapultepec.

María Luisa fue "hundida"

María Luisa quedó a disposición del juez mixto de primera instancia en Coyoacán, a partir de la mañana del miércoles 7 de agosto de 1963. Al otro día, María Luisa fue “hundida” por la familia de Luis, pues se le acusó de “malvada, agresiva y calculadora”...

Guillermo Martínez Sáenz dijo que María Luisa había intentado matar a su hermano en otras ocasiones y lo tenía dominado, “lo golpeaba con lo que tuviera a su alcance”. Otro familiar comentó que “María Luisa andaba en los peores sitios para ganarse la vida, cuando conoció a Luis, de 18 años de edad”.

La señora ya era madre de un hijo que educó el propio Luis. La pareja no procreó familia, de manera que María Luisa mintió desde el primer momento, cuando dijo a la policía que “no había nadie en la casa cuando ocurrió la tragedia, y que no revelaría el nombre de la hija que ella y Luis habían procreado, porque la niña ninguna culpa tenía”.

El joven negociante había ganado mucho dinero y entregaba fuertes sumas a su mujer para largos viajes de placer. Le compró casa y sufragó el importe de una cirugía plástica que soportó la mujer en su afán de aparentar menos edad.

El conocido cirujano plástico, Mario del Río, atendió a la exmujer de Luis, para dejarle una apariencia más juvenil, porque los años la maltrataron mucho. Se decía que ya contaba con más de 50 años en 1963, pero le encantaba declarar en cuanta ocasión se le presentaba, que “no había cumplido ni los 40”.

La autoviuda fue acosada por la verdad

También se dijo que el divorcio sobrevino porque “María Luisa era una fiera que por cualquier motivo perdía el control de sí misma”...

Un día, porque no se pusieron de acuerdo sobre la película que deseaban ver, Ma- ría Luisa lo agredió con unas tijeras y a punto estuvo de quitarle la vida. En otra ocasión lo agredió con una navaja de muelle.

Luis Martínez Sáenz “compró” su divorcio: entregó a la mujer 160,000 pesos luego de la sentencia de divorcio, pero ella lo acosaba, temerosa de perder su “mina de oro”. De hecho, había perdido sus ingresos y a su esposo. Pero jamás se resignó y lo acosaba.

María Luisa, temerosa, declaró ante el juez que “primero jaló el gatillo y las otras balas se dispararon solas”... pero el facultativo, comprensivo, le indicó que un revólver no disparaba en ráfaga, sino tiro por tiro.

Los peritos en balística dijeron que María Luisa disparó los últimos cuatro tiros “cuando Luis le daba la espalda”. Sin pruebas que la apoyaran, María Luisa fue cada vez mejor acosada por la verdad, que se abría paso: al parecer, también iba a matar a Ofelia y a la hija que había procreado con Luis la nueva esposa del comerciante acaudalado.

El martes 6 de agosto (1963), María Luisa fue hasta la lavandería de San Antonio y Pestalozzi a buscar a su ex marido, pero al no encontrarlo le dejó un recado en el sentido de que le urgía hablar con él, porque le firmaría unos papeles para dejarlo, “ahora sí, en completa libertad”.


Se comprobó después que la edad de María Luisa era de 58 años, veinte más de los que reconocía. En realidad, a los 38 años conoció al muchacho, de 18. Vivió con él en amasiato y finalmente contrajeron matrimonio bajo separación de bienes.

El joven le regaló una de sus tintorerías. María Luisa, lejos de agradecer el obsequio, le prohibía al joven voltear hacia donde estuviera alguna “mujer coqueta” y le advirtió que nunca intentara enamorarse de otra mujer y menos de una joven, porque “tendría muy mala suerte”.

En varias ocasiones la señora destrozó las puertas de los departamentos donde residiera su ex marido, para amedrentarlo al igual que a Ofelia. Ya enterados los defensores de María Luisa de que la homicida tenía “mucha tela de dónde cortar”, le aconsejaron que fingiera amnesia y así lo hizo: ante el juez comentó que “ya no recordaba ni siquiera el más pequeño detalle del drama”.

Eso sí, dijo que “entre sueños había visto cómo él quería apoderarse del revólver”... Entre los defensores de María Luisa estaban Adolfo Aguilar y Quevedo, el prestigiado abogado Salvador Salmerón Solano y Edmundo Elorduy. Pero el fiscal Víctor Gerardo Medina comentó que los defensores “no tenían mucha oportunidad”, pues la mujer no se contradecía en la mayor prueba en su contra: se enfureció al saber que Luis y Ofelia iban a cambiarse de domicilio, para alejarse de ella para siempre y en que había comprado la pistola, sin necesitarla para la defensa de su hogar.

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Querían hacer creer que fue riña

En opinión de varios litigantes, María Luisa Meneses debía ser condenada a la pena máxima, pues cometió un homicidio calificado (con premeditación, alevosía y ventaja) que debía pagar con 40 años de prisión.

Pero los defensores, como siempre, querían llevar el caso hacia una investigación de “homicidio en riña”, lo que no concordaba de manera alguna con lo que podía demostrar el fiscal: tenía gran ventaja porque Luis no sabía que había comprado un revólver.

Ella estaba armada en el momento del crimen; Luis ni siquiera estaba preparado para una riña. La alevosía de la mujer se demostraba con el hecho de dejar recado “urgente para liberar definitivamente” a su ex esposo, que era lo que él quería desde hacía mucho tiempo: que dejara de molestarlo y fastidiar a Ofelia Arreola.

La señora cautiva empleó la perfidia, al violar la fe o seguridad que expresamente había prometido en el mensaje a su víctima. Por lo pronto, el juez Angel Vidal y Vidal dictó auto de formal prisión a la asesina, quien estaba virtualmente “hundida”.

María Luisa fue castigada por su misma ambición desmedida. El destino la encerró en las frías celdas de una cárcel por mucho tiempo.

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