/ domingo 26 de septiembre de 2021

Semáforo planeado

Al igual que los semáforos de la calle, que pueden ser automáticos, pero permite la manipulación humana, el semáforo epidemiológico parece que va a sufrir una, pues aunque esta semana continuaremos en amarillo, mágicamente iniciará octubre con un fabuloso color verde, un inminente regreso a clases presenciales y una reactivación de la economía basado únicamente en el instinto de supervivencia de los capitalinos.

No es un secreto que miles, si no es que millones de negocios pequeños y empleados sufrieron el embate de una pandemia que no tuvo miramientos para arrasar parejo, cualquier estrato social, cualquier posición económica, pero sin duda, los únicos que pagaron la cuenta fueron los de menos recursos, los que no tienen grandes ahorros para vivir holgadamente.

Faltó, quizá, un verdadero plan de apoyo, no precisamente regalar dinero, esa sería la salida más fácil, sino un incentivo a los empresarios, para que no tuvieran que despedir empleados y a los dueños de los negocios, condonación de impuestos, para que no tuvieran que cerrarlos, pero no fue así, se buscó dar dinero a algunos y los demás, la mayoría, se les dejó a la deriva y la consecuencia, a poco más de 18 meses, ya fue catastrófica.

Claramente se notó que era tanto el interés de que la gente saliera a votar que para las elecciones de junio, el semáforo, pese al alto índice de contagios, pasó a amarillo, para permitir a la gente salir a votar, pocos días después a verde, un par de semanas, y de ahí como ya no fue necesario, de nuevo a naranja, ni pareció que fue una manipulación a conveniencia.

Ahora, que la economía, según los expertos y no los políticos, está a punto de llegar a un abismo del que tardarían años casi décadas recuperarse, la CDMX está por cambiar a semáforo verde, un verde que obligará a las escuelas a dejar la educación a distancia para regresar a sus alumnos a las aulas, permitirá abrir negocios que por su naturaleza de peligro de contagio tuvieron que cerrar, permitirá volver a la “vida de antes”.

Y no precisamente será porque los contagios bajaron, porque la ciudad está muy adelantada en las vacunas, que sabemos no evita la enfermedad, será porque ya no se puede soportar más una economía de por sí frágil y ahora apabullada por la pandemia.

Ahora, como siempre, la responsabilidad quedará en quienes saldrán a la calle, ataviados o no, para evitar los contagios, la responsabilidad de que las cosas puedan salir mal, esta vez se le pasó al pueblo. excelente jugada del gobierno, a la Poncio Pilatos.

Al igual que los semáforos de la calle, que pueden ser automáticos, pero permite la manipulación humana, el semáforo epidemiológico parece que va a sufrir una, pues aunque esta semana continuaremos en amarillo, mágicamente iniciará octubre con un fabuloso color verde, un inminente regreso a clases presenciales y una reactivación de la economía basado únicamente en el instinto de supervivencia de los capitalinos.

No es un secreto que miles, si no es que millones de negocios pequeños y empleados sufrieron el embate de una pandemia que no tuvo miramientos para arrasar parejo, cualquier estrato social, cualquier posición económica, pero sin duda, los únicos que pagaron la cuenta fueron los de menos recursos, los que no tienen grandes ahorros para vivir holgadamente.

Faltó, quizá, un verdadero plan de apoyo, no precisamente regalar dinero, esa sería la salida más fácil, sino un incentivo a los empresarios, para que no tuvieran que despedir empleados y a los dueños de los negocios, condonación de impuestos, para que no tuvieran que cerrarlos, pero no fue así, se buscó dar dinero a algunos y los demás, la mayoría, se les dejó a la deriva y la consecuencia, a poco más de 18 meses, ya fue catastrófica.

Claramente se notó que era tanto el interés de que la gente saliera a votar que para las elecciones de junio, el semáforo, pese al alto índice de contagios, pasó a amarillo, para permitir a la gente salir a votar, pocos días después a verde, un par de semanas, y de ahí como ya no fue necesario, de nuevo a naranja, ni pareció que fue una manipulación a conveniencia.

Ahora, que la economía, según los expertos y no los políticos, está a punto de llegar a un abismo del que tardarían años casi décadas recuperarse, la CDMX está por cambiar a semáforo verde, un verde que obligará a las escuelas a dejar la educación a distancia para regresar a sus alumnos a las aulas, permitirá abrir negocios que por su naturaleza de peligro de contagio tuvieron que cerrar, permitirá volver a la “vida de antes”.

Y no precisamente será porque los contagios bajaron, porque la ciudad está muy adelantada en las vacunas, que sabemos no evita la enfermedad, será porque ya no se puede soportar más una economía de por sí frágil y ahora apabullada por la pandemia.

Ahora, como siempre, la responsabilidad quedará en quienes saldrán a la calle, ataviados o no, para evitar los contagios, la responsabilidad de que las cosas puedan salir mal, esta vez se le pasó al pueblo. excelente jugada del gobierno, a la Poncio Pilatos.

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