/ viernes 18 de junio de 2021

El dueto de dinamiteros colocó una bomba en un avión de la compañía Mexicana de Aviación

Pasajeros vivieron la experiencia más aterradora de sus vidas, responsables cobraron seguros de vida de seis personas inocentes

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Ciudad de México.- El cantante Paco Sierra y Emilio Arellano montaron un negocio turbio para hacerse ricos, la Muerte sería su mejor socia, pero su plan fracasó y lo pagaron con cárcel

Emilio Arellano, elegante, ambicioso y muy perverso

El dueto de dinamiteros intentó derribar el avión y cobrar los seguros de vida de seis personas inocentes

La mañana fría del 24 de septiembre de 1952, ocurrió uno de los actos más infames de los que se tenga memoria, en la historia criminal de México, obra de dos mentes perversas y ambiciosas que colocaron una bomba en un avión de la compañía Mexicana de Aviación, cuyos pasajeros vivieron la experiencia más aterradora de sus vidas.

La espeluznante trama quedó inmortalizada en las páginas de La Prensa, incluso en voz propia de sus protagonistas, recogida por los profesionales reporteros de esta casa editora. Hoy, aquí, les contamos cómo ocurrieron aquellos hechos que conmocionaron no sólo a México, sino al mundo, por la naturaleza infame con la que fueron llevados a cabo.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

SEIS ILUSIONADOS TRABAJADORES

El ingeniero Arellano apagó su cigarro y saludó a las seis personas con amabilidad. Aquella mañana, una llovizna cubría gran parte de la Ciudad de México y el viento estaba frío.

Arellano los convenció de tomar un café y se introdujeron en el restaurante del primer piso del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: -Vamos, señores, nos da tiempo de tomar algo caliente antes de abordar el avión. Permítanme invitarlos.

Emilio Arellano Schetelige procuraba vestir siempre muy elegante, era alto, huesudo, de nariz grande y mandíbula prominente y eso sí, su mayor virtud era poseer una gran labia. Por esa característica lo eligió el rico empresario Eduardo Noriega, para que fuera su representante, y quien contrató a las seis personas, tres mujeres y tres hombres, para trabajar en un campamento turístico en el estado de Oaxaca.

-Mis estimados, aquí tienen sus boletos de avión. Yo no podré viajar con ustedes como quedamos porque me salió un asunto de negocios muy importante por atender, pero los alcanzaré allá, en cuanto pueda –dijo Arellano al tiempo que repartía a cada uno sus boletos.

-Se hospedarán en el hotel Mitla, pero no se preocupen por eso, yo cubriré la cuenta –afirmó Arellano.

Luego, de su portafolio sacó unos sobres: -Este dinero se los envía el señor Noriega, para lo que se les llegue a ofrecer y también me encargó el jefe, de entregarles estos obsequios –señaló el huesudo, mientras del mismo maletín extrajo tres pulseras de oro que dio a las mujeres y tres esclavas, para los hombres, las cuales tenían grabados sus nombres.

Yolanda Flores, una de las señoritas contratadas, dijo con un tono de timidez: -¿Por qué no viajamos mejor en autobús?, es más seguro y barato que en avión.

Emilio Arellano contestó: -Así lo estimó el señor Noriega, señores. Urge que lleguen, lo más pronto posible a Oaxaca y comiencen a trabajar. Además, estoy seguro, ninguno de ustedes ha viajado en avión antes, sirve para que conozcan lo que se siente volar en estas naves que alcanzan alturas y velocidades impresionantes. Pero no se preocupen, el viaje será más cómodo y rápido. ¿Y a ustedes les urge ya trabajar no?

-Así es, señor Arellano, necesitamos el trabajo y esta es una buena oportunidad –respondió el señor Jesús, padre de Yolanda.

Sin más cuestionamientos y con sonrisas en sus rostros, el ingeniero Arellano invitó a sus convidados cigarrillos, para que se relajaran antes de abordar su vuelo.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

VUELO CON DESTINO A LA CIUDAD DE OAXACA

Mientras tanto, el Servicio Meteorológico Nacional pronosticaba más lluvia para el resto del día y fuertes rachas de viento, así que recomendó a los pilotos a extremar precauciones. En los tableros del aeropuerto, se anunciaba que el vuelo con destino a Oaxaca-Ixtepec, con matrícula XA-GUJ, se retrasaría algunos minutos debido a las condiciones adversas del clima.

Veinte personas en total viajarían en aquella nave. 11 turistas extranjeros, quienes estaban en México para visitar las zonas arqueológicas de Monte Albán, en Oaxaca; Palenque, en Chiapas y Chichén Itzá, en Yucatán. Los otros seis, se trataba de Esther Magallanes, Juan Vargas Vera, Yolanda Flores y sus padres Jesús y Carmen Castillo y Ramón Arellano, tío de Emilio. Es decir, las seis personas contratadas supuestamente por el empresario Eduardo Noriega. En la tripulación estaban el piloto Carlos Rodríguez Corona, el copiloto Agustín Jurado Amilpa y la aeromoza Lilia Novelo Torres.

¡Estalló bomba en un avión!

La explosión hizo tremendo boquete entre la cabina y el pasillo de los pasajeros, cuando todos los viajeros creyeron que iban a morir, salvaron la vida gracias a la pericia y temple de la tripulación

El reloj marcó las 6:40 horas, el ingeniero Arellano se despidió de las seis personas, dio un fuerte abrazo a cada uno de ellos y les recordó, pronto los alcanzaría en la ciudad de Oaxaca. Las tres mujeres y los tres hombres tomaron sus maletas y abordaron el avión de Mexicana de Aviación. A las 7:10 h de aquella mañana gris en la Ciudad de México, las hélices de la aeronave comenzaron a girar con estrépito y sus motores a rugir con gran estruendo. En un parpadeo el avión ya sobrevolaba las alturas.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

UN ESTALLIDO SACUDIÓ LA NAVE

El XA-GUJ atravesaba las tempestades del espacio aéreo y era sacudida por las fuertes turbulencias, no obstante, para un piloto experimentado como Carlos Rodríguez, quien formó parte del heroico Escuadrón 201, durante la Segunda Guerra Mundial, aquello no representaba ningún riesgo ni le causaba asombro.

Apenas se cumplieron 15 minutos del despegue, un tremendo estallido sacudió de forma violenta el avión. Esto provocó incertidumbre, angustia y miedo en los pasajeros, quienes no entendían lo que pasaba. Pronto el interior de la aeronave se llenó de humo.

La sobrecargo avisó al piloto de una explosión en el compartimento de equipajes: en la zona delantera del avión, en la sección que separa la cabina de la tripulación con el resto de los pasajeros. El viento avivó las llamas y se comenzaron a expandir, a devorar maletas y velices. El fuego adquiría más altura y los pasajeros se convencieron de que iban a morir.

Con su voz dulce, la azafata trató de calmar a los pasajeros: -¡No se asusten, señores, sólo se registró una pequeña explosión, pero el avión podrá continuar su vuelo!

El estallido provocó un gran boquete en la parte delantera de la aeronave, por el cual se colaban ráfagas peligrosas de viento helado que corrían hacia la cabina. Éstas destrozaron varios instrumentos de comunicación: la radio se averió, los controles se revelaban ante las manos del piloto, quien trataba de sostenerlos con fuerza, mientras las llamas cobraban más fuerza.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

PILOTO CON TEMPLE DE PIEDRA

No obstante, el piloto Carlos Rodríguez, trató de conservar la sangre fría. A su mente llegaron los recuerdos cuando participó en la segunda guerra y se envalentonó, entonces se afianzó con ambas manos al timón dispuesto a salvar a sus compañeros de tripulación y los pasajeros.

En un inicio intentó establecer comunicación con la torre de control del aeropuerto de la Ciudad de México para pedir ayuda e intentar regresar, pero no tuvo éxito. Después buscó una zona despejada para ver con claridad e intentar un aterrizaje forzado, pero los nubarrones y la lluvia se lo impidieron. Por el tiempo de vuelo trascurrido, calculó estar volando sobre la ciudad de Pachuca, así que volver a la Ciudad de México no era ya una opción.

Mientras tanto, en la zona de pasajeros, éstos padecían un verdadero infierno. Varios gritaban e imploraban al cielo no morir. Algunos se tiraron al piso a rezar, mientras otros intentaron romper las ventanas de la aeronave, pues preferían lanzarse al vacío que perecer consumidos por las llamas.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

BASE DE SANTA LUCÍA, A LA VISTA

El copiloto trataba de tapar el boquete con lo que podía, para impedir que el fuego y el viento ingresaran a la cabina e hiciera más compleja la labor del piloto. Después de varios minutos de maniobras, el experimentado Carlos Rodríguez encontró un resquicio para salir de las nubes grises y se enfocó en conducir el avión a la Base Militar aérea de Santa Lucía, lugar más cercano y propicio para aterrizar.

Con el tiempo y el fuego casi encima, Carlos Rodríguez dilucidó las pistas de aterrizaje de la base militar, giró el timón con destreza y se preparó para el descenso de la nave. Por otro lado, Lilia Novelo, la aeromoza, pasaba también muchos apuros en tratar de calmar a los pasajeros: -¡Tranquilos, señores, por favor, estamos a punto de aterrizar! Pronto llegaremos a la Base Aérea de Santa Lucía.

En breve, el piloto con temple de piedra, condujo el avión hacia una de las pistas y pasando algunos apuros más, logró aterrizar.

-Señores, hemos tocado tierra en la Base Militar Santa Lucía, ¿Todos están bien? ¡Dios y la tripulación nos han salvado! –dijo con la voz quebrada la aeromoza, consciente de que estaban vivos de milagro.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

LA AERONAVE, ENVUELTA EN LLAMAS

En cuanto el avión se detuvo, los pasajeros se aglomeraron en la puerta de salida, pues las llamas devoraban todo a su paso y temieron que explotara en cualquier momento. El piloto liberó las puertas y en medio de tropezones y empujones las personas bajaron despavoridas. Habían vivido cerca de 45 minutos de terror intenso, en los que se hicieron a la idea de que morirían de la forma más horrible.

Una cuadrilla de soldados ya los esperaba abajo, incluso algunos apuntaron sus fusiles contra los pasajeros, pensando se trataba de algunos hampones, hasta que se percataron de sus gritos: ¡Por Dios, no somos delincuentes, no ven que el avión se está quemando y casi morimos! Así que entraron en razón y se apresuraron a auxiliarlos y a sofocar el fuego de manera tenaz. Unos minutos más, y sin duda, la aeronave se hubiera estrellado y todos sus pasajeros habrían muerto.

Las investigaciones se iniciaron a las pocas horas de que aterrizó la aeronave de Mexicana de Aviación. Peritos de la Procuraduría General de Justicia comenzaron por inspeccionar el avión para recolectar pistas e indicios que ayudaran a esclarecer el percance.

Por otra parte, el Servicio Secreto pidió la colaboración del FBI, para rastrear a criminales afectos a colocar bombas o volar aviones. Mientras el comandante Silvestre Fernández dispuso una cuadrilla de sus hombres para interrogar a los pasajeros y a la tripulación del vuelo.

El policía experimentado, intuía algo turbio. Así que decidió inspeccionar por su cuenta la aeronave. Después de varios minutos de analizar el interior del avión, el comandante halló en la zona de equipajes, trozos de una maquinaria de reloj, pedazos de cuerda y varios cables chamuscados, los cuales, no pertenecían al tablero de la cabina de la aeronave, por lo cual, los recogió con sumo cuidado y los envolvió en una franela para que fueran analizados en el laboratorio de la Procuraduría General de Justicia.

En pocas horas también, la noticia sobre un atentado con bomba al avión XA-GUJ de Mexicana de Aviación, en la que viajaban 20 personas, se supo en todo el mundo.

La mañana del 25 de septiembre de 1952, La portada de La Prensa tituló: “Estalló en un avión de CMA una bomba de tiempo”. “Pasajeros se salvaron milagrosamente”, pudieron leer miles de lectores capitalinos. También se destacó el valor y pericia del piloto Carlos Rodríguez, quien llevó a buen puerto el percance y salvó la vida de 19 personas más.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

UN SAGAZ INVESTIGADOR DEL SERVICIO SECRETO

Pero el investigador Silvestre Fernández estaba muy decidido a resolver el caso, así que personalmente interrogó a los seis pasajeros que viajaban junto al resto de turistas en el vuelo siniestrado. Al platicar con ellos, supo que un empresario llamado Eduardo Noriega --a quien no conocían-, les ofreció un empleo en la ciudad de Oaxaca, y para ello, dispuso a su representante Emilio Arellano para contratarlos y cerrar el acuerdo.

Ramón Arellano, tío del mismo Emilio, expresó al investigador la bondad mostrada por el empresario Eduardo Noriega:

-Pues no sabemos quién es ese señor Noriega, pero se portó muy generoso con todos nosotros. No sólo nos dio trabajo, sino que también pagó nuestros pasajes, dio dinero para nuestros gastos y hasta unas pulseras y esclavas de oro nos regaló –señaló efusivo el señor Ramón.

Sin duda, tanta benevolencia del señor Eduardo Noriega, a quien no tenían el gusto de conocer, pareció muy sospechosa para el agente de policía, lo que lo llevó a suponer, que ahí había gato encerrado. Además, su indagatoria lo llevó a saber que el señor Noriega también se tomó la molestia de tramitar seis seguros de vida a nombre de las personas, supuestamente contratadas para trabajar en Oaxaca, cuando corroboró los domicilios de todos los beneficiarios, se topó con la sorpresa de que eran falsos, las direcciones asentadas en los documentos no existían.

Los interrogados también coincidieron en que cinco de ellos, habían trabajado para el cantante de ópera Paco Sierra, quien los recomendó con el empresario Eduardo Noriega, para ser contratados y trabajar en un supuesto campamento turístico, en Oaxaca. Al menos eso les dijo su representante Emilio Arellano

SEGUROS DE VIDA POR 300 MIL PESOS

La cantidad de los seguros de vida también sorprendió al comandante Fernández, pues cada uno de éstos tenía un respaldo económico por 300 mil pesos y en la lista de beneficiarios resaltó el nombre de Concepción Manzano, ama de llaves de la famosa cantante y actriz Esperanza Iris, quien, además, era esposa de Paco Sierra.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

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¡Se enredó con el hampa!

Paco Sierra sucumbió ante el juego y las apuestas; se relacionó con personas peligrosas: estafadores, delincuentes, traficantes de toda índole, quienes lo llevaron a la ruina; no obstante, Esperanza Iris siempre creyó en su inocencia

El hedor del delito tomaba sentido para el comandante del Servicio Secreto, pues era muy conocido que Paco Sierra era muy afecto a las apuestas en el casino del Frontón México, y sin pasar de largo que, últimamente, tenía también amistades de reputación dudosa, mafiosos que operaban en el mundo apestoso del hampa, y uno de ellos era Emilio Arellano Schetelige.

Así que, Fernández ya no tuvo dudas, aquel estallido en el avión no fue un accidente ni obra de la casualidad, sino de la causalidad de una mente perversa, a la cual tenía que echarle el guante a como diera lugar.

El siguiente paso que dio el comandante Fernández, fue interrogar al cantante de ópera, Paco Sierra, así pues, con un par de asistentes se presentaron en el Teatro esperanza Iris, ubicado en las calles de Donceles y Allende. Después de vigilar el recinto por algunos minutos, los policías lo abordaron cuando el cantante salía del teatro, iba vestido muy elegante y cargaba un portafolio de piel: -Disculpe, señor Sierra, ¿adónde se dirige con tanta prisa? –lo cuestionaron, al tiempo que mostraban sus charolas.

-Voy hacia el aeropuerto, comandante, tengo que estar por la noche en La Habana, para arreglar algunos contratos de mis artistas.

-Sólo queremos hacerle algunas peguntas, caballero. Iré al grano, dígame ¿qué tiene usted que ver con el atentado al avión de Mexicana, ocurrido de ayer por la mañana? –mientras le mostraba la edición impresa de La Prensa donde se daba cuenta de los hechos. Un tanto nervioso, Paco Sierra respondió: -¡Ah, es eso! Discúlpeme, comandante, yo nada tengo que ver en eso. Yo sólo soy amigo del señor Emilio Arellano, no sé en qué aprieto se metió, y ahora si no les importa, tengo que abordar un avión.

El comandante Silvestre advirtió a Paco Sierra, conseguiría una orden para que se presentara a declarar ante el MP, a lo cual el cantante contestó, no tendría problema y contribuiría en lo necesario con las autoridades. El cantante abordó su auto y emprendió la marcha, ante la mirada convincente del comandante del Servicio Secreto, quien estaba seguro, se volverían a ver.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

PACO SIERRA, EL BARÍTONO QUE DESAFINÓ

En medio de los estruendos de los cañones de la Revolución mexicana nació Francisco Sierra Cordero, en el estado de Chihuahua. Se crio en una familia modesta, pero sus padres pudieron darle estudios académicos y musicales, para la época, eso era un privilegio.

Francisco llegó muy joven, junto con su familia, a la Ciudad de México, donde continuó sus estudios en música y aprendió a tocar varios instrumentos como el piano, violín y guitarra, pero su instrumento más potente era su voz. A los 20 años, logró ingresar a la compañía más reconocida de ópera del país, a cargo de la famosa cantante Esperanza Iris.

Entre ensayos, viajes y conciertos, Francisco y Esperanza comenzaron una relación amorosa que duró varios años, hasta que en diciembre de 1938, la pareja contrajo matrimonio, muy a pesar de sus familias por la diferencia de edad, ella tenía 50 y él 28. Juntos recorrieron el país y el mundo presentándose en los escenarios más reconocidos de la ópera: Nueva York, Milán, Berlín, entre otros.

Sin embargo, la opinión pública siempre afirmó que el joven barítono vivía a costa de su esposa, esto lo hirió en su orgullo y dispuesto a demostrar lo contrario, se internó en el nocivo mundo del juego, donde apostó cantidades fuertes de dinero y, como en un inicio la suerte estuvo de su lado, incrementó sus ganancias, pero lo que Francisco ignoraba, era que la ambición es una sed que nunca se sacia.

Paco Sierra, como era más conocido en la farándula, llegó hasta las profundidades oscuras del mundo de las apuestas pero la suerte, caprichosa, lo traicionó y tuvo una racha pésima en la que lo perdió todo. Acudió a pedir auxilio a su bella esposa Esperanza Iris, pero ella con el fin de sacarlo de la enajenación del juego, se negó a ayudarlo. El cantante no sólo se había quedado sin recursos sino también estaba muy endeudado.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

“DIOS LOS HACE Y ELLOS SE JUNTAN”

Pero quiso el destino que Paco Sierra conociera a Emilio Arellano justo en los días que estaba sumido en la crisis. El cantante compartió su pena a su nuevo amigo y éste ni tardo ni perezoso propuso ayudarlo echando a andar un negocio al cual llamó “Post Mortem”, pues estaba relacionado con realizar trámites relacionados con sepelios.

Emilio detalló el plan a Paco:

-El asunto es muy sencillo, mi estimado amigo. Nosotros vamos a reclutar a varias personas, haciéndolas creer que obtendrán una gran oportunidad de trabajar en algún estado del país, en un lugar donde van muchos turistas y entra mucho dinero, por ejemplo; los aseguramos por una buena cantidad de billetes y cuando estén muertos, cobramos esa lana… ¡Es un plan infalible! ¿A poco no soy un genio? –dijo con perversidad Emilio, tratando de convencer al barítono, quien no dudó en aceptar el trato.

¡Cárcel para Los Dinamiteros!

Durante el juicio, los procesados se declararon inocentes, negaron los cargos en su contra y se acusaron de forma mutua; pero ya estaban enlodados por sus delitos

PACO SIERRA, CITADO A DECLARAR

Dos días después del bombazo en el avión, una orden judicial obligó a Paco Sierra a presentarse en la Delegación para declarar ante el juez. Durante el interrogatorio, el cantante negó ser afecto por las apuestas y mucho menos aceptó estar colmado de deudas, y cuando se le pidió, explicara por qué Concepción Manzano era una de las beneficiarias de la póliza de seguro de Esther Magallanes, una de las mujeres contratadas para trabajar en Oaxaca, se puso muy nervioso y no dio respuesta alguna.

-Señor Sierra, esta póliza da la casualidad que usted la tramitó. Díganos la verdad, ¿qué tiene que ver usted en todo esto? –preguntó el juez. –Sabemos que Concepción Manzano trabaja con usted y la señora Esperanza Iris, dígame qué relación tiene la señora Manzano con Esther Magallanes. Ellas ni siquiera se conocen, señor Sierra… aquí hay mucho por explicar. Desde este momento queda usted detenido y será mejor que llame a su abogado –reprendió el magistrado a Paco Sierra, quien fue enviado a los separos de la Policía Judicial.

En esos momentos, la policía estaba tras el rastro de Emilio Arellano Schetelige, quien era buscado por todo el país e incluso en el extranjero, además de que las autoridades ofrecieron una recompensa de 10 mil pesos por su captura.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

CAEN LOS DINAMITEROS

La mañana del 29 de septiembre, la Policía Judicial recibió una llamada inesperada, se trataba de Emilio Arellano Schetelige, quien hizo saber que se entregaba y fueran por él a un domicilio ubicado en Avenida Revolución y José Morán, por los rumbos de Tacubaya. Un par de horas después, se cumplió su aprehensión. Esa misma tarde fue detenida también Concepción Manzano, la ama de llaves de la cantante Esperanza Iris y de quien corría el rumor, era amante de Paco Sierra.

Los detenidos rindieron su declaración ante el ministerio público, Manuel Rosales Miranda, quien los acusó formalmente de homicidio múltiple en grado de tentativa, lesiones, ataques a las vías de comunicación, daño en propiedad ajena internacional y tentativa de fraude, delitos por los cuales alcanzarían penas de 30 años de cárcel cada uno.

Por la noche, Paco Sierra y Emilio Arellano Schetelige fueron recluidos en la Prisión Preventiva de Lecumberri.

ACALORADAS DISPUTAS Y ACUSACIONES

Durante el juicio que estuvo a cargo del juez Clotario Margalli, Paco Sierra y Arellano Schetelige se trenzaron en mutuas acusaciones. Sierra afirmó que Arellano fabricó la bomba debido a sus conocimientos en explosivos. Arellano señaló que el cantante planeó todo y prometió que se harían millonarios al cobrar los seguros de vida. Se quiso hacer la víctima al mencionar que fue engañado por Sierra, pero esos recursos de ambos acusados fueron insostenibles y dieron lástima.

Por otra parte, en un careo entre el señor Ramón Arellano, tío de Emilio y quien también fue puesto como carne de cañón en el avión siniestrado, mencionó que antes de abordar la nave, su ahijado le cambió la maleta por otra más ligera, donde seguramente estaba la bomba que causó la terrible explosión. Emilio Arellano también confesó que el empresario Eduardo Noriega no existía, fue un invento de Paco Sierra para engañar a las seis personas que morirían tras el estallido.

Con toda la evidencia en su contra, el juez Clotario Margalli dictó sentencia de 30 años de prisión tanto al señor Paco Sierra Cordero, como a Emilio Arellano Schetelige por los delitos antes mencionados.

Ambos condenados apelaron la sentencia, pero sólo le redujeron un año al cantante de opereta, para Arellano Schetelige el castigo no tuvo modificación.

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SUS DÍAS EN LECUMBERRI

Durante el juicio contra Sierra y Schetelige, Esperanza Iris puso todos sus recursos económicos para defender a su esposo, pero fue inútil, sus perversos actos no podían quedar impunes.

Mientras su reclusión en Lecumberri, la famosa y bella cantante lo visitaba y demostró que lo amaba a pesar de todo, y acudió puntual cada fin de semana a verlo, durante varios años, pero no sólo eso, sino además creó un coro en la Penitenciaría para estar cerca de su amado.

No obstante, la mañana del 7 de noviembre de 1962, mientras daba una de sus clases de música en prisión, Paco Sierra se enteró del fallecimiento de su esposa: “La Reina de la Opereta”, Esperanza Iris, quien llevaba varios años enferma, la muerte cobraba su más alta factura.

La sentencia a Paco Sierra se le redujo debido a su buen comportamiento en prisión, así es que después de 18 años de reclusión, obtuvo su libertad, Emilio Arellano Schetelige salió por los mismos motivos un años después, ambos hombres estaban en la antesala de la última etapa de sus vidas.

El barítono Paco Sierra salió de la cárcel dispuesto a recuperar el tiempo perdido, así que se volvió a casar y junto a su pareja procrearon cuatro hijos: tres mujercitas y un varoncito, en su compañía y entregado a ellos llegó hasta la orilla de su existencia.

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La mañana fría del 24 de septiembre de 1952, ocurrió uno de los actos más infames de los que se tenga memoria, en la historia criminal de México, obra de dos mentes perversas y ambiciosas que colocaron una bomba en un avión de la compañía Mexicana de Aviación, cuyos pasajeros vivieron la experiencia más aterradora de sus vidas.

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El ingeniero Arellano apagó su cigarro y saludó a las seis personas con amabilidad. Aquella mañana, una llovizna cubría gran parte de la Ciudad de México y el viento estaba frío.

Arellano los convenció de tomar un café y se introdujeron en el restaurante del primer piso del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: -Vamos, señores, nos da tiempo de tomar algo caliente antes de abordar el avión. Permítanme invitarlos.

Emilio Arellano Schetelige procuraba vestir siempre muy elegante, era alto, huesudo, de nariz grande y mandíbula prominente y eso sí, su mayor virtud era poseer una gran labia. Por esa característica lo eligió el rico empresario Eduardo Noriega, para que fuera su representante, y quien contrató a las seis personas, tres mujeres y tres hombres, para trabajar en un campamento turístico en el estado de Oaxaca.

-Mis estimados, aquí tienen sus boletos de avión. Yo no podré viajar con ustedes como quedamos porque me salió un asunto de negocios muy importante por atender, pero los alcanzaré allá, en cuanto pueda –dijo Arellano al tiempo que repartía a cada uno sus boletos.

-Se hospedarán en el hotel Mitla, pero no se preocupen por eso, yo cubriré la cuenta –afirmó Arellano.

Luego, de su portafolio sacó unos sobres: -Este dinero se los envía el señor Noriega, para lo que se les llegue a ofrecer y también me encargó el jefe, de entregarles estos obsequios –señaló el huesudo, mientras del mismo maletín extrajo tres pulseras de oro que dio a las mujeres y tres esclavas, para los hombres, las cuales tenían grabados sus nombres.

Yolanda Flores, una de las señoritas contratadas, dijo con un tono de timidez: -¿Por qué no viajamos mejor en autobús?, es más seguro y barato que en avión.

Emilio Arellano contestó: -Así lo estimó el señor Noriega, señores. Urge que lleguen, lo más pronto posible a Oaxaca y comiencen a trabajar. Además, estoy seguro, ninguno de ustedes ha viajado en avión antes, sirve para que conozcan lo que se siente volar en estas naves que alcanzan alturas y velocidades impresionantes. Pero no se preocupen, el viaje será más cómodo y rápido. ¿Y a ustedes les urge ya trabajar no?

-Así es, señor Arellano, necesitamos el trabajo y esta es una buena oportunidad –respondió el señor Jesús, padre de Yolanda.

Sin más cuestionamientos y con sonrisas en sus rostros, el ingeniero Arellano invitó a sus convidados cigarrillos, para que se relajaran antes de abordar su vuelo.

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VUELO CON DESTINO A LA CIUDAD DE OAXACA

Mientras tanto, el Servicio Meteorológico Nacional pronosticaba más lluvia para el resto del día y fuertes rachas de viento, así que recomendó a los pilotos a extremar precauciones. En los tableros del aeropuerto, se anunciaba que el vuelo con destino a Oaxaca-Ixtepec, con matrícula XA-GUJ, se retrasaría algunos minutos debido a las condiciones adversas del clima.

Veinte personas en total viajarían en aquella nave. 11 turistas extranjeros, quienes estaban en México para visitar las zonas arqueológicas de Monte Albán, en Oaxaca; Palenque, en Chiapas y Chichén Itzá, en Yucatán. Los otros seis, se trataba de Esther Magallanes, Juan Vargas Vera, Yolanda Flores y sus padres Jesús y Carmen Castillo y Ramón Arellano, tío de Emilio. Es decir, las seis personas contratadas supuestamente por el empresario Eduardo Noriega. En la tripulación estaban el piloto Carlos Rodríguez Corona, el copiloto Agustín Jurado Amilpa y la aeromoza Lilia Novelo Torres.

¡Estalló bomba en un avión!

La explosión hizo tremendo boquete entre la cabina y el pasillo de los pasajeros, cuando todos los viajeros creyeron que iban a morir, salvaron la vida gracias a la pericia y temple de la tripulación

El reloj marcó las 6:40 horas, el ingeniero Arellano se despidió de las seis personas, dio un fuerte abrazo a cada uno de ellos y les recordó, pronto los alcanzaría en la ciudad de Oaxaca. Las tres mujeres y los tres hombres tomaron sus maletas y abordaron el avión de Mexicana de Aviación. A las 7:10 h de aquella mañana gris en la Ciudad de México, las hélices de la aeronave comenzaron a girar con estrépito y sus motores a rugir con gran estruendo. En un parpadeo el avión ya sobrevolaba las alturas.

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UN ESTALLIDO SACUDIÓ LA NAVE

El XA-GUJ atravesaba las tempestades del espacio aéreo y era sacudida por las fuertes turbulencias, no obstante, para un piloto experimentado como Carlos Rodríguez, quien formó parte del heroico Escuadrón 201, durante la Segunda Guerra Mundial, aquello no representaba ningún riesgo ni le causaba asombro.

Apenas se cumplieron 15 minutos del despegue, un tremendo estallido sacudió de forma violenta el avión. Esto provocó incertidumbre, angustia y miedo en los pasajeros, quienes no entendían lo que pasaba. Pronto el interior de la aeronave se llenó de humo.

La sobrecargo avisó al piloto de una explosión en el compartimento de equipajes: en la zona delantera del avión, en la sección que separa la cabina de la tripulación con el resto de los pasajeros. El viento avivó las llamas y se comenzaron a expandir, a devorar maletas y velices. El fuego adquiría más altura y los pasajeros se convencieron de que iban a morir.

Con su voz dulce, la azafata trató de calmar a los pasajeros: -¡No se asusten, señores, sólo se registró una pequeña explosión, pero el avión podrá continuar su vuelo!

El estallido provocó un gran boquete en la parte delantera de la aeronave, por el cual se colaban ráfagas peligrosas de viento helado que corrían hacia la cabina. Éstas destrozaron varios instrumentos de comunicación: la radio se averió, los controles se revelaban ante las manos del piloto, quien trataba de sostenerlos con fuerza, mientras las llamas cobraban más fuerza.

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PILOTO CON TEMPLE DE PIEDRA

No obstante, el piloto Carlos Rodríguez, trató de conservar la sangre fría. A su mente llegaron los recuerdos cuando participó en la segunda guerra y se envalentonó, entonces se afianzó con ambas manos al timón dispuesto a salvar a sus compañeros de tripulación y los pasajeros.

En un inicio intentó establecer comunicación con la torre de control del aeropuerto de la Ciudad de México para pedir ayuda e intentar regresar, pero no tuvo éxito. Después buscó una zona despejada para ver con claridad e intentar un aterrizaje forzado, pero los nubarrones y la lluvia se lo impidieron. Por el tiempo de vuelo trascurrido, calculó estar volando sobre la ciudad de Pachuca, así que volver a la Ciudad de México no era ya una opción.

Mientras tanto, en la zona de pasajeros, éstos padecían un verdadero infierno. Varios gritaban e imploraban al cielo no morir. Algunos se tiraron al piso a rezar, mientras otros intentaron romper las ventanas de la aeronave, pues preferían lanzarse al vacío que perecer consumidos por las llamas.

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BASE DE SANTA LUCÍA, A LA VISTA

El copiloto trataba de tapar el boquete con lo que podía, para impedir que el fuego y el viento ingresaran a la cabina e hiciera más compleja la labor del piloto. Después de varios minutos de maniobras, el experimentado Carlos Rodríguez encontró un resquicio para salir de las nubes grises y se enfocó en conducir el avión a la Base Militar aérea de Santa Lucía, lugar más cercano y propicio para aterrizar.

Con el tiempo y el fuego casi encima, Carlos Rodríguez dilucidó las pistas de aterrizaje de la base militar, giró el timón con destreza y se preparó para el descenso de la nave. Por otro lado, Lilia Novelo, la aeromoza, pasaba también muchos apuros en tratar de calmar a los pasajeros: -¡Tranquilos, señores, por favor, estamos a punto de aterrizar! Pronto llegaremos a la Base Aérea de Santa Lucía.

En breve, el piloto con temple de piedra, condujo el avión hacia una de las pistas y pasando algunos apuros más, logró aterrizar.

-Señores, hemos tocado tierra en la Base Militar Santa Lucía, ¿Todos están bien? ¡Dios y la tripulación nos han salvado! –dijo con la voz quebrada la aeromoza, consciente de que estaban vivos de milagro.

Foto: biblioteca, hemeroteca y fonoteca | Mario Vázquez Raña / La Prensa

LA AERONAVE, ENVUELTA EN LLAMAS

En cuanto el avión se detuvo, los pasajeros se aglomeraron en la puerta de salida, pues las llamas devoraban todo a su paso y temieron que explotara en cualquier momento. El piloto liberó las puertas y en medio de tropezones y empujones las personas bajaron despavoridas. Habían vivido cerca de 45 minutos de terror intenso, en los que se hicieron a la idea de que morirían de la forma más horrible.

Una cuadrilla de soldados ya los esperaba abajo, incluso algunos apuntaron sus fusiles contra los pasajeros, pensando se trataba de algunos hampones, hasta que se percataron de sus gritos: ¡Por Dios, no somos delincuentes, no ven que el avión se está quemando y casi morimos! Así que entraron en razón y se apresuraron a auxiliarlos y a sofocar el fuego de manera tenaz. Unos minutos más, y sin duda, la aeronave se hubiera estrellado y todos sus pasajeros habrían muerto.

Las investigaciones se iniciaron a las pocas horas de que aterrizó la aeronave de Mexicana de Aviación. Peritos de la Procuraduría General de Justicia comenzaron por inspeccionar el avión para recolectar pistas e indicios que ayudaran a esclarecer el percance.

Por otra parte, el Servicio Secreto pidió la colaboración del FBI, para rastrear a criminales afectos a colocar bombas o volar aviones. Mientras el comandante Silvestre Fernández dispuso una cuadrilla de sus hombres para interrogar a los pasajeros y a la tripulación del vuelo.

El policía experimentado, intuía algo turbio. Así que decidió inspeccionar por su cuenta la aeronave. Después de varios minutos de analizar el interior del avión, el comandante halló en la zona de equipajes, trozos de una maquinaria de reloj, pedazos de cuerda y varios cables chamuscados, los cuales, no pertenecían al tablero de la cabina de la aeronave, por lo cual, los recogió con sumo cuidado y los envolvió en una franela para que fueran analizados en el laboratorio de la Procuraduría General de Justicia.

En pocas horas también, la noticia sobre un atentado con bomba al avión XA-GUJ de Mexicana de Aviación, en la que viajaban 20 personas, se supo en todo el mundo.

La mañana del 25 de septiembre de 1952, La portada de La Prensa tituló: “Estalló en un avión de CMA una bomba de tiempo”. “Pasajeros se salvaron milagrosamente”, pudieron leer miles de lectores capitalinos. También se destacó el valor y pericia del piloto Carlos Rodríguez, quien llevó a buen puerto el percance y salvó la vida de 19 personas más.

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UN SAGAZ INVESTIGADOR DEL SERVICIO SECRETO

Pero el investigador Silvestre Fernández estaba muy decidido a resolver el caso, así que personalmente interrogó a los seis pasajeros que viajaban junto al resto de turistas en el vuelo siniestrado. Al platicar con ellos, supo que un empresario llamado Eduardo Noriega --a quien no conocían-, les ofreció un empleo en la ciudad de Oaxaca, y para ello, dispuso a su representante Emilio Arellano para contratarlos y cerrar el acuerdo.

Ramón Arellano, tío del mismo Emilio, expresó al investigador la bondad mostrada por el empresario Eduardo Noriega:

-Pues no sabemos quién es ese señor Noriega, pero se portó muy generoso con todos nosotros. No sólo nos dio trabajo, sino que también pagó nuestros pasajes, dio dinero para nuestros gastos y hasta unas pulseras y esclavas de oro nos regaló –señaló efusivo el señor Ramón.

Sin duda, tanta benevolencia del señor Eduardo Noriega, a quien no tenían el gusto de conocer, pareció muy sospechosa para el agente de policía, lo que lo llevó a suponer, que ahí había gato encerrado. Además, su indagatoria lo llevó a saber que el señor Noriega también se tomó la molestia de tramitar seis seguros de vida a nombre de las personas, supuestamente contratadas para trabajar en Oaxaca, cuando corroboró los domicilios de todos los beneficiarios, se topó con la sorpresa de que eran falsos, las direcciones asentadas en los documentos no existían.

Los interrogados también coincidieron en que cinco de ellos, habían trabajado para el cantante de ópera Paco Sierra, quien los recomendó con el empresario Eduardo Noriega, para ser contratados y trabajar en un supuesto campamento turístico, en Oaxaca. Al menos eso les dijo su representante Emilio Arellano

SEGUROS DE VIDA POR 300 MIL PESOS

La cantidad de los seguros de vida también sorprendió al comandante Fernández, pues cada uno de éstos tenía un respaldo económico por 300 mil pesos y en la lista de beneficiarios resaltó el nombre de Concepción Manzano, ama de llaves de la famosa cantante y actriz Esperanza Iris, quien, además, era esposa de Paco Sierra.

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¡Se enredó con el hampa!

Paco Sierra sucumbió ante el juego y las apuestas; se relacionó con personas peligrosas: estafadores, delincuentes, traficantes de toda índole, quienes lo llevaron a la ruina; no obstante, Esperanza Iris siempre creyó en su inocencia

El hedor del delito tomaba sentido para el comandante del Servicio Secreto, pues era muy conocido que Paco Sierra era muy afecto a las apuestas en el casino del Frontón México, y sin pasar de largo que, últimamente, tenía también amistades de reputación dudosa, mafiosos que operaban en el mundo apestoso del hampa, y uno de ellos era Emilio Arellano Schetelige.

Así que, Fernández ya no tuvo dudas, aquel estallido en el avión no fue un accidente ni obra de la casualidad, sino de la causalidad de una mente perversa, a la cual tenía que echarle el guante a como diera lugar.

El siguiente paso que dio el comandante Fernández, fue interrogar al cantante de ópera, Paco Sierra, así pues, con un par de asistentes se presentaron en el Teatro esperanza Iris, ubicado en las calles de Donceles y Allende. Después de vigilar el recinto por algunos minutos, los policías lo abordaron cuando el cantante salía del teatro, iba vestido muy elegante y cargaba un portafolio de piel: -Disculpe, señor Sierra, ¿adónde se dirige con tanta prisa? –lo cuestionaron, al tiempo que mostraban sus charolas.

-Voy hacia el aeropuerto, comandante, tengo que estar por la noche en La Habana, para arreglar algunos contratos de mis artistas.

-Sólo queremos hacerle algunas peguntas, caballero. Iré al grano, dígame ¿qué tiene usted que ver con el atentado al avión de Mexicana, ocurrido de ayer por la mañana? –mientras le mostraba la edición impresa de La Prensa donde se daba cuenta de los hechos. Un tanto nervioso, Paco Sierra respondió: -¡Ah, es eso! Discúlpeme, comandante, yo nada tengo que ver en eso. Yo sólo soy amigo del señor Emilio Arellano, no sé en qué aprieto se metió, y ahora si no les importa, tengo que abordar un avión.

El comandante Silvestre advirtió a Paco Sierra, conseguiría una orden para que se presentara a declarar ante el MP, a lo cual el cantante contestó, no tendría problema y contribuiría en lo necesario con las autoridades. El cantante abordó su auto y emprendió la marcha, ante la mirada convincente del comandante del Servicio Secreto, quien estaba seguro, se volverían a ver.

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PACO SIERRA, EL BARÍTONO QUE DESAFINÓ

En medio de los estruendos de los cañones de la Revolución mexicana nació Francisco Sierra Cordero, en el estado de Chihuahua. Se crio en una familia modesta, pero sus padres pudieron darle estudios académicos y musicales, para la época, eso era un privilegio.

Francisco llegó muy joven, junto con su familia, a la Ciudad de México, donde continuó sus estudios en música y aprendió a tocar varios instrumentos como el piano, violín y guitarra, pero su instrumento más potente era su voz. A los 20 años, logró ingresar a la compañía más reconocida de ópera del país, a cargo de la famosa cantante Esperanza Iris.

Entre ensayos, viajes y conciertos, Francisco y Esperanza comenzaron una relación amorosa que duró varios años, hasta que en diciembre de 1938, la pareja contrajo matrimonio, muy a pesar de sus familias por la diferencia de edad, ella tenía 50 y él 28. Juntos recorrieron el país y el mundo presentándose en los escenarios más reconocidos de la ópera: Nueva York, Milán, Berlín, entre otros.

Sin embargo, la opinión pública siempre afirmó que el joven barítono vivía a costa de su esposa, esto lo hirió en su orgullo y dispuesto a demostrar lo contrario, se internó en el nocivo mundo del juego, donde apostó cantidades fuertes de dinero y, como en un inicio la suerte estuvo de su lado, incrementó sus ganancias, pero lo que Francisco ignoraba, era que la ambición es una sed que nunca se sacia.

Paco Sierra, como era más conocido en la farándula, llegó hasta las profundidades oscuras del mundo de las apuestas pero la suerte, caprichosa, lo traicionó y tuvo una racha pésima en la que lo perdió todo. Acudió a pedir auxilio a su bella esposa Esperanza Iris, pero ella con el fin de sacarlo de la enajenación del juego, se negó a ayudarlo. El cantante no sólo se había quedado sin recursos sino también estaba muy endeudado.

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“DIOS LOS HACE Y ELLOS SE JUNTAN”

Pero quiso el destino que Paco Sierra conociera a Emilio Arellano justo en los días que estaba sumido en la crisis. El cantante compartió su pena a su nuevo amigo y éste ni tardo ni perezoso propuso ayudarlo echando a andar un negocio al cual llamó “Post Mortem”, pues estaba relacionado con realizar trámites relacionados con sepelios.

Emilio detalló el plan a Paco:

-El asunto es muy sencillo, mi estimado amigo. Nosotros vamos a reclutar a varias personas, haciéndolas creer que obtendrán una gran oportunidad de trabajar en algún estado del país, en un lugar donde van muchos turistas y entra mucho dinero, por ejemplo; los aseguramos por una buena cantidad de billetes y cuando estén muertos, cobramos esa lana… ¡Es un plan infalible! ¿A poco no soy un genio? –dijo con perversidad Emilio, tratando de convencer al barítono, quien no dudó en aceptar el trato.

¡Cárcel para Los Dinamiteros!

Durante el juicio, los procesados se declararon inocentes, negaron los cargos en su contra y se acusaron de forma mutua; pero ya estaban enlodados por sus delitos

PACO SIERRA, CITADO A DECLARAR

Dos días después del bombazo en el avión, una orden judicial obligó a Paco Sierra a presentarse en la Delegación para declarar ante el juez. Durante el interrogatorio, el cantante negó ser afecto por las apuestas y mucho menos aceptó estar colmado de deudas, y cuando se le pidió, explicara por qué Concepción Manzano era una de las beneficiarias de la póliza de seguro de Esther Magallanes, una de las mujeres contratadas para trabajar en Oaxaca, se puso muy nervioso y no dio respuesta alguna.

-Señor Sierra, esta póliza da la casualidad que usted la tramitó. Díganos la verdad, ¿qué tiene que ver usted en todo esto? –preguntó el juez. –Sabemos que Concepción Manzano trabaja con usted y la señora Esperanza Iris, dígame qué relación tiene la señora Manzano con Esther Magallanes. Ellas ni siquiera se conocen, señor Sierra… aquí hay mucho por explicar. Desde este momento queda usted detenido y será mejor que llame a su abogado –reprendió el magistrado a Paco Sierra, quien fue enviado a los separos de la Policía Judicial.

En esos momentos, la policía estaba tras el rastro de Emilio Arellano Schetelige, quien era buscado por todo el país e incluso en el extranjero, además de que las autoridades ofrecieron una recompensa de 10 mil pesos por su captura.

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CAEN LOS DINAMITEROS

La mañana del 29 de septiembre, la Policía Judicial recibió una llamada inesperada, se trataba de Emilio Arellano Schetelige, quien hizo saber que se entregaba y fueran por él a un domicilio ubicado en Avenida Revolución y José Morán, por los rumbos de Tacubaya. Un par de horas después, se cumplió su aprehensión. Esa misma tarde fue detenida también Concepción Manzano, la ama de llaves de la cantante Esperanza Iris y de quien corría el rumor, era amante de Paco Sierra.

Los detenidos rindieron su declaración ante el ministerio público, Manuel Rosales Miranda, quien los acusó formalmente de homicidio múltiple en grado de tentativa, lesiones, ataques a las vías de comunicación, daño en propiedad ajena internacional y tentativa de fraude, delitos por los cuales alcanzarían penas de 30 años de cárcel cada uno.

Por la noche, Paco Sierra y Emilio Arellano Schetelige fueron recluidos en la Prisión Preventiva de Lecumberri.

ACALORADAS DISPUTAS Y ACUSACIONES

Durante el juicio que estuvo a cargo del juez Clotario Margalli, Paco Sierra y Arellano Schetelige se trenzaron en mutuas acusaciones. Sierra afirmó que Arellano fabricó la bomba debido a sus conocimientos en explosivos. Arellano señaló que el cantante planeó todo y prometió que se harían millonarios al cobrar los seguros de vida. Se quiso hacer la víctima al mencionar que fue engañado por Sierra, pero esos recursos de ambos acusados fueron insostenibles y dieron lástima.

Por otra parte, en un careo entre el señor Ramón Arellano, tío de Emilio y quien también fue puesto como carne de cañón en el avión siniestrado, mencionó que antes de abordar la nave, su ahijado le cambió la maleta por otra más ligera, donde seguramente estaba la bomba que causó la terrible explosión. Emilio Arellano también confesó que el empresario Eduardo Noriega no existía, fue un invento de Paco Sierra para engañar a las seis personas que morirían tras el estallido.

Con toda la evidencia en su contra, el juez Clotario Margalli dictó sentencia de 30 años de prisión tanto al señor Paco Sierra Cordero, como a Emilio Arellano Schetelige por los delitos antes mencionados.

Ambos condenados apelaron la sentencia, pero sólo le redujeron un año al cantante de opereta, para Arellano Schetelige el castigo no tuvo modificación.

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SUS DÍAS EN LECUMBERRI

Durante el juicio contra Sierra y Schetelige, Esperanza Iris puso todos sus recursos económicos para defender a su esposo, pero fue inútil, sus perversos actos no podían quedar impunes.

Mientras su reclusión en Lecumberri, la famosa y bella cantante lo visitaba y demostró que lo amaba a pesar de todo, y acudió puntual cada fin de semana a verlo, durante varios años, pero no sólo eso, sino además creó un coro en la Penitenciaría para estar cerca de su amado.

No obstante, la mañana del 7 de noviembre de 1962, mientras daba una de sus clases de música en prisión, Paco Sierra se enteró del fallecimiento de su esposa: “La Reina de la Opereta”, Esperanza Iris, quien llevaba varios años enferma, la muerte cobraba su más alta factura.

La sentencia a Paco Sierra se le redujo debido a su buen comportamiento en prisión, así es que después de 18 años de reclusión, obtuvo su libertad, Emilio Arellano Schetelige salió por los mismos motivos un años después, ambos hombres estaban en la antesala de la última etapa de sus vidas.

El barítono Paco Sierra salió de la cárcel dispuesto a recuperar el tiempo perdido, así que se volvió a casar y junto a su pareja procrearon cuatro hijos: tres mujercitas y un varoncito, en su compañía y entregado a ellos llegó hasta la orilla de su existencia.

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