/ viernes 16 de abril de 2021

Ronald Reagan, intento de asesinato (Segunda Parte)

Un jovencito trastornado se abrió paso entre la multitud y quiso matar al gobernante estadounidense, cuando salía de una reunión en el Hotel Hilton, de Washington

Hinckley, turbado por un amor enfermizo

John reveló al FBI todos sus movimientos previos al atentado y la existencia de una carta que redactó, con una declaración afectiva dedicada a la actriz Jodie Foster, la cual hallaron en el hotel donde se hospedó.


Fue por la noche del día del atentado, cuando el rumiante Jon Hinckley Jr. empezó a colaborar con los agentes del FBI. Sorprendidos por la actitud del joven, quien no paraba de pronunciar la frase: “¡Todo lo hice por ti, mi amor, ahora ya sabes cuánto te amo!”

Los investigadores trataron de averiguar a qué se refería el muchacho, que en su mirada, se podía apreciar, se encontraba sumido en otro plano, en cualquier otro sitio, menos en la realidad.

Entonces uno de los investigadores trató de ganarse su confianza:

-¿Quién es tu amor, John? Sólo queremos ayudarte. Lo que has hecho no estuvo nada bien, pero déjanos ayudarte. ¿A quién te refieres, John? Vamos muchacho, has un esfuerzo.

Hinckley volteó a ver al agente, clavó sus profundos ojos azules en él y respondió:

-¿Ya habrá leído mi carta? Sí, seguro en estos momentos ya se enteró y sabe cuánto la amo.

-¿De qué carta hablas, John? ¿Dónde la tienes? –Cuestionó de nuevo el investigador.

-La carta que escribí en el hotel para Jodie. Tienen que entregársela.

-Claro, se la haremos llegar, pero ¿quién es Jodie?

-Jodie Foster, ella y yo nos amamos. Le escribí la carta antes de salir del hotel –contestó afligido Hinckley.

Los cinco agentes del FBI se miraron más sorprendidos, y aunque no entendían del todo, lo dicho por el detenido, al menos habían conseguido que hablara.

De inmediato tres investigadores se dirigieron al hotel donde Hinckley se hospedó día y medio atrás, a su llegada de Evergreen, Colorado, con la intención de hallar la carta referida.

Mientras tanto, las autoridades programaron para esa misma noche, el traslado de John Hinckley Jr. a la base de Infantería de la Marina, en Quántico, Virginia, a unos 80 kilómetros de Washington DC, donde lo resguardarían para continuar con los interrogatorios, además de hacerle varias pruebas relacionadas con su psique.

FALLAS EN LA SEGURIDAD DEL PRESIDENTE

¿Cómo pudo pasar el atentado aquí, en Washington? Fue la pregunta que los medios de comunicación y varios estadounidenses se hicieron, puesto que el Servicio Secreto conoce a la perfección la ciudad.

Sin embargo, se bastó con hacer un poco de memoria para recordar que cuatro de los nueve intentos de asesinato, cometidos contra presidentes, ocurrieron en Washington DC. Los ataques anteriores fueron dirigidos contra Andrew Jakcson, Abraham Lincoln, James Garfield, Harry S. Truman, y ahora se agregaba el de Reagan, todos a escasos kilómetros de la Casa Blanca.

Al ser cuestionado por la prensa, sobre el atentado, Jack Warner, uno de los principales escoltas del presidente Reagan, señaló:

-¡No se puede reaccionar más rápido que una bala! –contestó muy convencido Warner.

-En estos casos, los autores de este tipo de hechos, planean con mucho tiempo lo que van a hacer. Estudian a sus objetivos, actúan con cautela, con paciencia para no cometer errores y concretan su fin.

-¿Por qué ni un solo escolta del presidente llevaba chaleco antibalas ayer, señor Warner? –preguntó un periodista.

-Ya hemos contestado a esa pregunta, la agenda del presidente no implicaba un día de riesgos, tuvo un desayuno en la Casa Blanca, tenía una reunión breve en el Hilton y después, regresaría a la Casa Blanca para cumplir con otro acto. Era la única salida del presidente en el día, no sospechamos que algo así iba a pasar. Uno no va por la vida pensando que lo van a atacar a sangre fría, como pasó ayer…

-Pero se trata del presidente, señor Warner, no es cualquier ciudadano, es el mandatario de los Estados Unidos –inquirió otro reportero.

-Tenemos la confianza del señor presidente, él no se entromete en nuestras decisiones porque confía en nosotros, por algo nos tiene a su lado, así que ayer no le tomamos importancia a portar o no el chaleco antibalas, pero si por ello se considera que fue un error de nuestra parte, lo asumimos, pero estamos capacitados para defender la vida del presidente como pasó ayer. El desempeño de Tim y demás compañeros lo demuestra. Gracias a ellos el señor Reagan salvó la vida.

Si bien fue cierto que los escoltas del presidente actuaron de manera muy rápida y satisfactoria al ataque de John Hinckley Jr., también lo fue, que por muy poco el agresor casi arrebató la vida a Reagan.

Los reporteros bajaron un poco el tono a sus cuestionamientos y continuaron:

-¿Qué piensa usted que falló en la seguridad del presidente?

-Es demasiado prematuro para saber qué falló o qué se hizo mal. Hay que considerar que vivimos en una democracia, en una sociedad libre. Irónicamente el intento de asesinato se perpetró en la entrada lateral del Hilton la cual fue diseñada especialmente, para permitir el acceso rápido y seguro del presidente. Incluso hay una sala con línea telefónica directa a la Casa Blanca, no nos hubiéramos sentido más seguros que evacuar al presidente por aquella puerta.

-¿Cómo se explica que el agresor pudo atacar tan cerca al presidente y su comitiva?

-Soy honesto, no lo puedo entender, todo sucedió tan rápido… pero será una de las cuestiones prioritarias de la investigación. Sólo puedo destacar que mis compañeros reaccionaron muy bien al ataque, sin embargo, no se puede reaccionar más rápido que una bala –concluyó el agente del Servicio Secreto.

RECONSTRUCCIÓN DE HECHOS-SECUENCIA DE LAS BALAS

A la mañana siguiente, un grupo numeroso de peritos e investigadores se dieron cita en el lugar de los agitados hechos. A la entrada del Hilton se llevó a cabo la reconstrucción del intento de asesinato.

Gracias al escrutinio de los peritos, se logró conocer la secuencia temible que llevaron las balas accionadas por John Hinckley Jr. Según el reporte de los expertos, el primer proyectil fracturó el cráneo de James Brady, el jefe de prensa de la Casa Blanca, El segundo, se alojó en el hombro izquierdo del policía metropolitano, Thomas Delahanty, y desmintió la primera versión que señaló, había sido herido en la nuca. El tercero hirió al agente Tim McCarthy, quien se estiró todo lo que pudo para cubrir al presidente. Éste logró su objetivo, pero resultó herido en el abdomen.

CALIBRE .22, DE BALAS EXPANSIVAS

Con un revólver Röhm RG-14, atacó el magnicida

En su visión trastornada de la realidad, el agresor creía que el afecto se inspiraba a través de la violencia; cada detonación lo acercaría al corazón de Foster


LA BALA QUE HIRIÓ A REAGAN…

El cuarto proyectil fue el que hirió al señor Reagan. En contrasentido también de lo que se dijo en un inicio, la bala no penetró en el pecho del presidente cuando éste saludaba a varias personas que se hallaban en la acera de enfrente, de haber ocurrido así, lo hubiera matado, aseguraron los peritos.

En el momento en que Jeery Parr empujaba hacia dentro de la limosina al presidente, el cuarto proyectil impactó en un costado del vehículo y de rebote se incrustó por la axila izquierda de Ronald Reagan. Como ya se mencionó, la bala pasó a escasos 2 cm del corazón del presidente, y se alojó en su pulmón.

La quinta bala impactó el parabrisas trasero de la limosina presidencial y la sexta, en el toldo, arriba de la puerta por la cual Parr metió a Reagan al vehículo.

EL REVÓLVER DE JOHN HINCKLEY JR.

En relación con el arma que portó el joven Hinckley, el Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos pronto reportó al FBI la procedencia de la misma. La agencia reveló que John Hinckley Jr. compró a finales de 1980, el revólver Röhm RG-14, calibre .22, en una tienda llamada Roky’s Pawn, ubicada en Dallas, Texas.

El revólver corto estaba provisto de seis cartuchos marca Devastator .22 LR, un tipo de balas explosivas con puntas de azida de plomo, diseñadas para estallar al contacto. Sin embargo, como estableció el reporte de los peritos en balística, ninguna de las balas cumplió con esa función. También, el dictamen mencionó que los proyectiles no eran de fabricación estadounidense, por lo que su venta era ilegal.

No obstante, a John Hinckley le bastó enseñar su licencia de conducir y asegurar que no sufría perturbaciones mentales para que el dueño le vendiera dos armas cortas, entre ellas la Röhm RG-14, por la cual pagó 47 dólares.

AGRESOR CON PASADO NAZI

Pero conforme avanzaban las horas, se revelaba más información sobre el joven Hinckley Jr. Surgió desde la Ciudad de Raleigh, Carolina del Norte, donde el jefe del Partido Neonazi, declaró a los medios de comunicación que el joven que atentó contra el presidente Reagan, renunció a dicha organización en 1979, debido a que la consideró demasiado pacífica, pues en varias ocasiones los instigó a realizar actos ilegales.

Por otra parte, el jefe del Partido Nacional Socialista Norteamericano de Chicago, Michael Allen, dijo que Hinckley ingresó a la organización en 1978, pero fue expulsado al año siguiente: “por su tendencia a hacerlo estallar todo. Tenía unos deseos inmensos de matar a medio mundo. En específico a los políticos. Los detestaba. Acudía a varios de sus actos con la intención de expresarles su odio. En 1980 nos enteramos de que fue arrestado en la ciudad de Nashville, por portación ilegal de tres armas de fuego”, afirmó Allen a varios periodistas.

RECLUIDO EN LA BASE DE QUÁNTICO, VIRGINIA

El traslado del fallido magnicida se dio hasta la mañana del 31 de marzo. Minutos antes de las 11:00 horas, John Hinckley ingresó a la base de Infantería en Quántico, Virginia. Se le asignó una pequeña celda de tres metros de largo por 1.80 m de ancho. Al lugar también llegaron dos abogados: Stuart Johnson y Ed Wilhite, quienes fueron designados por un Tribunal de la ciudad de Washington para llevar el proceso judicial del detenido.

Al entrevistarse con él, dieron lectura a la acusación formal en su contra: señor John Warnock Hinckley Jr., el Gobierno lo acusa formalmente de intento de asesinato contra el presidente de los Estados Unidos, y de asalto armado contra un agente federal: Tim McCarthy y un policía metropolitano: Thomas Delahanty. ¿Tiene usted algo qué decir, señor Hinckley?

El joven -con una voz muy tranquila y sus ojos azules perdidos en el vacío-, respondió: -No tengo nada que decir al respecto.

En las siguientes horas, John Hinckley fue llevado a una unidad psiquiátrica donde fue sometido a varias pruebas y evaluado por un equipo de expertos. Por la noche lo regresaron a su celda y le administraron una dosis de Valium para mantenerlo sedado, aunque llevaba tiempo sumergido en una realidad paralela.

EL FBI DIO CON LA CARTA

En el momento en que se le aplicaban las evaluaciones psiquiátricas a Hinckley, al Hotel Park Central, de Washington, arribaron algunos investigadores del FBI, pidieron al encargado de la recepción, se les permitiera registrar la habitación donde se había hospedado. No les costó trabajo hallar la carta. Se encontraba encima de en un pequeño buró y fechada el mismo día del atentado: 30 de marzo de 1981, a las 13: 10 horas. También hallaron un frasco de Valium y un vaso de agua, lo más probable, que el obseso tomó antes de acudir a las afueras del Hilton para atacar a Reagan.

Uno de los agentes tomó la carta con cuidado y dio lectura a sus compañeros:

“Querida Jody: es muy probable que muera al intentar matar a Reagan. Por esta razón, precisamente te escribo ahora esta carta. Como bien sabes, te amo muchísimo. Durante los últimos siete meses te he enviado docenas de poemas, cartas y mensajes, con la débil esperanza de que te interesaras por mí. Aunque hemos hablado un par de veces por teléfono, nunca tuve la valentía de simplemente acercarme y presentarme. Honestamente, soy muy tímido y no quería molestarte. Sé que los numerosos mensajes que dejé a tu puerta y en tu buzón eran un fastidio, pero lo sentía como la forma menos dolorosa de expresarte mi amor…”

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña


-El agente hizo una pausa y expresó para sus compañeros: -¡Es una locura! ¡Este chico sí que tiene una manera muy torcida de amar! Es verdad, escribió esta carta para Jodie Foster.

Los investigadores salieron con el documento, que más adelante, representaría la evidencia más importante de la conducta amorosa disruptiva de John Hinckley Jr.

JOHN, UN JOVEN SOLITARIO, FRUSTRADO Y SIN AUTOESTIMA

A dos días del atentado, los psiquiatras que evaluaron al presunto criminal, lo definieron como un sujeto solitario, con pocos logros en su vida; incapaz de terminar su carrera universitaria y de obtener un empleo estable.

Uno de los especialistas que estudió a Hinckley declaró a la prensa: “El padre de John es un hombre exitoso, competitivo, líder de una empresa petrolera, mientras su hijo es todo lo opuesto. Interrumpió su carrera universitaria y su padre contó a la policía que John sólo había tenido empleos esporádicos, que solía dejar porque no le satisfacían. En realidad, el muchacho llevaba mucho tiempo inmerso en la frustración”.

Por otra parte, uno de los psiquiatras más reconocidos en Estados Unidos, David Abrahamsen, explicó en una entrevista televisiva: “En este sentido, recuerden que el presidente es el padre de nuestro país, personas como Hinckley suelen vivir muy frustradas, padecen un conflicto interno muy grande y carecen de nula autoestima. Pero hay que decir, que para que eso sucediera, entre él y su padre se generó un vínculo de autoritarismo. Por ello él abandonó la carrera de administración de empresas, la cual su padre quería ejerciera, para seguir sus pasos, pero John se revela y se inclina por estudiar ciencias y artes. Entonces el joven trata de asesinar al presidente, a quien ve como al padre que no puede emular, y contra el que siente un gran rencor”.

Llevó la trama de Taxi Driver a la vida real

John protagonizó su peor papel: el de magnicida; en cambio Reagan se encumbró como una de las figuras más influyentes del mundo

LLEVÓ EL ARGUMENTO DE TAXI DRIVER A LA VIDA REAL

Durante las ocho semanas que duró el juicio contra el obseso John Hinckley, se reveló la extraordinaria y fantasiosa trama que envolvió el atentado contra Ronald Reagan. John reveló que desde que vio por vez primera en 1976, el filme de Taxi Driver, la consideró su película favorita y quedó también enamorado de la actriz Jodie Foster, quien para entonces, apenas tenía 18 años.

El inestable Hinckley comenzó a emular a su protagonista Travis Bickle, interpretado por Robert De Niro. Comenzó a vestir como él, a usar botas y chaquetas militares, se aficionó a beber brandy de melocotón y adquirió armas como Travis.

Desde que abandonó la casa de sus padres, en 1977, John se hundió en una existencia solitaria y errática, por lo cual, se inventó una novia con el nombre de Lyn Collins.

Escribía cartas a sus padres donde les hablaba de su relación con Lynn, les contaba supuestos viajes y anécdotas, una relación perfecta, pero todo era falso. Sobre todo desarrolló una fijación enfermiza por Jodie Foster, quien en la película Taxi Driver interpretaba a una prostituta de tan sólo 12 años, que Travis de forma muy extraña, la termina rescatando de ese mundo de perdición.

SE DEDICÓ A ESPIAR Y PERSEGUIR A JODIE

En 1980, Hinckley pidió a su padre le costeara un curso de escritura en la Universidad de Yale, pero sólo fue un pretexto para estar cerca de Jodie, quien acababa de ingresar también a la prestigiosa institución. Como contó en su carta anterior al atentado, nunca fue capaz de hablarle, la seguía, espiaba por todo el campus, le dejaba cartas en su buzón o por debajo de la puerta de su departamento y la llamó en dos ocasiones por teléfono, pero nunca de frente.

No obstante, a su mente llegó el momento de ir más allá en su imitación de Travis Bickle, quien en la película decide asesinar al político para el cual trabaja Betsy, la chica por la cual se siente atraído. Pero Hinckley optó por ir tras un pez mucho más gordo; el presidente de los Estados Unidos, que en 1980 era Jimmy Carter, a quien también se dedicó a perseguir. Luego se afilió al Partido Nazi Norteamericano con el objetivo de hallar apoyo para concretar su oscuro plan, pero lo rechazaron por la misma razón.

En noviembre de ese mismo año, Carter perdió la reelección ante su oponente Ronald Reagan, así que su objetivo fue el mismo, sólo cambio de nombre. Aunque durante sus campañas también Hinckley se hizo presente, ahí entre la multitud, viéndolos con aversión y oculta entre sus ropas su arma Röhm RG-14.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

“TE PROBARÉ MI AMOR A TRAVÉS DE UN ACTO HISTÓRICO”

Así que John Hinckley Jr. esperó disciplinadamente el momento de atacar al presidente Reagan y de paso, demostrarle a Jodie Foster cuánto la amaba. Viajó de Evergreen, Colorado hacia Washington y se hospedó en el Hotel Park Central el 28 de marzo. Esos dos días se la pasó viendo la tele en su cuarto, principalmente noticias relacionadas con Reagan.

El día 30 por la mañana, pidió el desayuno a la recepción del hotel, luego se duchó, se puso un traje oscuro y comenzó a redactar la carta dirigida para Foster. Cuando terminó, se tomó un Valium y salió del hotel. Caminó unas cuantas cuadras mientras se fumaba un cigarrillo. Llegó a un sitio de taxis y lo abordó junto con dos personas más. Bajó del vehículo dos manzanas antes del Hotel Hilton, donde ya los camarógrafos de las televisoras estaban situados esperando la llegada de Reagan.

A las 13:50 horas el presidente llegó al Hilton e ingresó muy rápido al inmueble. Hinckley aguardó entre los reporteros y camarógrafos pacientemente. Mientras Reagan daba su discurso, el joven se fumó varios cigarrillos más, tratando de calmar su instinto animal.

Alrededor de las 14: 30 horas, Reagan salió del hotel y como un felino cauteloso, John Hinckley Jr. sacó de entre sus ropas su Röhm RG-14, se abrió paso entre la multitud y en tan sólo dos segundos realizó seis disparos que hirieron a cuatro personas, entre ellos, al presidente de los Estados Unidos.

De inmediato se le fueron encima más de ocho escoltas del Servicio Secreto para someterlo, Hinckley seguía apretando el gatillo de su corto revólver, pero las balas se le habían consumido. Después de varios minutos de forcejeo, le arrebataron el arma y lo subieron a una patrulla de policía de la ciudad de Washington con rumbo a las oficinas del FBI.

"Te probaré mi amor a través de un acto histórico"

En 2016, un juez consideró que Hinckley Jr. no representaba un riesgo para la sociedad y ordenó su libertad condicional; ahora vive con su madre en el estado de Virginia

UTILIZARON TAXI DRIVER PARA CONSTRUIR LA DEFENSA

Con la realidad y ficción mezcladas, los abogados de John Hinckley utilizaron la historia de la película Taxi Driver para elaborar su defensa. Así que argumentaron que el filme ejerció una influencia malsana en un espectador vulnerable como John, quien encauzó todos sus impulsos psicopáticos de forma deliberada y consciente.

John se identificó con la soledad que vivía Travis, el protagonista, con la sordidez de la ciudad y el lado oscuro de la política. Tres caras que él mismo había conocido.

JODIE FOSTER, CONSTERNADA POR EL ATENTADO

Por otra parte, la joven protagonista de Taxi Driver, fue abordada por decenas de periodistas a las afueras del campus de Yale para hacerle varios cuestionamientos, a los cuales respondió que en efecto, había recibido una serie de cartas por parte de Hinckley, pero que en ninguna de ellas mencionaba al presidente Reagan o realizar actos violentos contra nadie.

-Cuando las autoridades me dieron a conocer la noticia, me sentí muy impresionada. Me sentí muy mal, aterrorizada, angustiada –declaró Foster.

Mientras tanto, el portavoz del FBI, Roger Young, confirmó la correspondencia recibida por Foster y añadió que Hinckley también había hecho varias llamadas telefónicas a la joven actriz.

Sin embargo, Young aseguró que Hinckley y Jodie nunca hablaron por teléfono y mucho menos se conocieron en persona.

Por último, el portavoz señaló que en la cartera de John Hinckley hallaron varias fotografías de Foster. También, en su habitación en casa de sus padres, en Colorado, hallaron varias revistas con entrevistas y artículos relacionados con Jodie. Young culminó señalando que al detenido sería sometido a 90 días de evaluaciones psiquiátricas, y descartaban se tratara de un ataque en el que estuvieran relacionadas más personas: “Todo indica que se trata de un atentado planeado y ejecutado solo por John Hinckley Jr.

REAGAN Y UNA TRAMA DE PELÍCULA

De los foros y las cámaras de Hollywood, el presidente Reagan pasó a ser el protagonista del drama más intenso que le tocó vivir: el de su propia historia en medio de un atentado contra su vida.

Bien cierto es que a los 70 años, Reagan salió muy bien librado del ataque, tanto en el aspecto de su salud, pues se recuperó muy rápido de una herida de bala que estuvo muy cerca de destrozarle el corazón; y también en el ámbito político, ya que a partir del atentado, se convirtió en uno de los presidentes de Estados Unidos más populares de las últimas décadas.

Por otro lado, Thomas Delahanty y Tim McCarthy también se recuperaron de sus heridas. El policía metropolitano se retiró de sus funciones a vivir en la tranquilidad de su hogar junto con su familia. McCarthy retornó al Servicio Secreto para laborar por diez años más.

James Brady, quien recibiera un balazo en el cráneo, llevó la peor parte. La herida le dejó secuelas que lo obligaron a vivir en una silla de ruedas y aunque logró una notable recuperación en su sistema motriz, su salud se vio mermada cada vez más. Falleció en agosto de 2014.

JOHN HINCKLEY JR., UN MANIÁTICO

Tras dos meses de juicio, el Tribunal Federal de la ciudad de Washington lo declaró no culpable de atentar contra la vida del presidente de Estados Unidos, por causa de locura. El veredicto ordenó su reclusión de por vida en el Hospital Psiquiátrico de San Elizabeth, en Washington, al cual ingresó hasta 1982. A las pocas horas de hacerlo, Hinckley Jr. escribió otra carta en la que definió su ataque como “la mayor declaración de amor de la historia” y afirmó: “Ahora todo mundo conoce el amor de John y Jodie”.

Al final, si Hinckley buscaba reconocimiento, lo logró, se salió con la suya, pues, aunque no haya asesinado a Ronald Reagan, quedó en la memoria histórica como el sujeto que intentó matar al presidente de los Estados Unidos.

TRAS VARIOS AÑOS DE BENEFICIOS, SE LE CONCEDIÓ LA LIBERTAD CONDICIONADA A HINCKLEY, EN EL AÑO 2016, PUES LOS ESPECIALISTAS CONSIDERARON QUE YA NO REPRESENTABA ALGÚN PELIGRO PARA LA SOCIEDAD.

EL ATENTADO MARCÓ DE UNA U OTRA FORMA LA CARRERA DE LA ACTRIZ JODIE FOSTER, QUIEN TARDÓ VARIOS AÑOS EN SUPERAR EL TRAGO AMARGO; A LA FECHA, JODIE TRATA DE NO HABLAR SOBRE EL TEMA


Hinckley, turbado por un amor enfermizo

John reveló al FBI todos sus movimientos previos al atentado y la existencia de una carta que redactó, con una declaración afectiva dedicada a la actriz Jodie Foster, la cual hallaron en el hotel donde se hospedó.


Fue por la noche del día del atentado, cuando el rumiante Jon Hinckley Jr. empezó a colaborar con los agentes del FBI. Sorprendidos por la actitud del joven, quien no paraba de pronunciar la frase: “¡Todo lo hice por ti, mi amor, ahora ya sabes cuánto te amo!”

Los investigadores trataron de averiguar a qué se refería el muchacho, que en su mirada, se podía apreciar, se encontraba sumido en otro plano, en cualquier otro sitio, menos en la realidad.

Entonces uno de los investigadores trató de ganarse su confianza:

-¿Quién es tu amor, John? Sólo queremos ayudarte. Lo que has hecho no estuvo nada bien, pero déjanos ayudarte. ¿A quién te refieres, John? Vamos muchacho, has un esfuerzo.

Hinckley volteó a ver al agente, clavó sus profundos ojos azules en él y respondió:

-¿Ya habrá leído mi carta? Sí, seguro en estos momentos ya se enteró y sabe cuánto la amo.

-¿De qué carta hablas, John? ¿Dónde la tienes? –Cuestionó de nuevo el investigador.

-La carta que escribí en el hotel para Jodie. Tienen que entregársela.

-Claro, se la haremos llegar, pero ¿quién es Jodie?

-Jodie Foster, ella y yo nos amamos. Le escribí la carta antes de salir del hotel –contestó afligido Hinckley.

Los cinco agentes del FBI se miraron más sorprendidos, y aunque no entendían del todo, lo dicho por el detenido, al menos habían conseguido que hablara.

De inmediato tres investigadores se dirigieron al hotel donde Hinckley se hospedó día y medio atrás, a su llegada de Evergreen, Colorado, con la intención de hallar la carta referida.

Mientras tanto, las autoridades programaron para esa misma noche, el traslado de John Hinckley Jr. a la base de Infantería de la Marina, en Quántico, Virginia, a unos 80 kilómetros de Washington DC, donde lo resguardarían para continuar con los interrogatorios, además de hacerle varias pruebas relacionadas con su psique.

FALLAS EN LA SEGURIDAD DEL PRESIDENTE

¿Cómo pudo pasar el atentado aquí, en Washington? Fue la pregunta que los medios de comunicación y varios estadounidenses se hicieron, puesto que el Servicio Secreto conoce a la perfección la ciudad.

Sin embargo, se bastó con hacer un poco de memoria para recordar que cuatro de los nueve intentos de asesinato, cometidos contra presidentes, ocurrieron en Washington DC. Los ataques anteriores fueron dirigidos contra Andrew Jakcson, Abraham Lincoln, James Garfield, Harry S. Truman, y ahora se agregaba el de Reagan, todos a escasos kilómetros de la Casa Blanca.

Al ser cuestionado por la prensa, sobre el atentado, Jack Warner, uno de los principales escoltas del presidente Reagan, señaló:

-¡No se puede reaccionar más rápido que una bala! –contestó muy convencido Warner.

-En estos casos, los autores de este tipo de hechos, planean con mucho tiempo lo que van a hacer. Estudian a sus objetivos, actúan con cautela, con paciencia para no cometer errores y concretan su fin.

-¿Por qué ni un solo escolta del presidente llevaba chaleco antibalas ayer, señor Warner? –preguntó un periodista.

-Ya hemos contestado a esa pregunta, la agenda del presidente no implicaba un día de riesgos, tuvo un desayuno en la Casa Blanca, tenía una reunión breve en el Hilton y después, regresaría a la Casa Blanca para cumplir con otro acto. Era la única salida del presidente en el día, no sospechamos que algo así iba a pasar. Uno no va por la vida pensando que lo van a atacar a sangre fría, como pasó ayer…

-Pero se trata del presidente, señor Warner, no es cualquier ciudadano, es el mandatario de los Estados Unidos –inquirió otro reportero.

-Tenemos la confianza del señor presidente, él no se entromete en nuestras decisiones porque confía en nosotros, por algo nos tiene a su lado, así que ayer no le tomamos importancia a portar o no el chaleco antibalas, pero si por ello se considera que fue un error de nuestra parte, lo asumimos, pero estamos capacitados para defender la vida del presidente como pasó ayer. El desempeño de Tim y demás compañeros lo demuestra. Gracias a ellos el señor Reagan salvó la vida.

Si bien fue cierto que los escoltas del presidente actuaron de manera muy rápida y satisfactoria al ataque de John Hinckley Jr., también lo fue, que por muy poco el agresor casi arrebató la vida a Reagan.

Los reporteros bajaron un poco el tono a sus cuestionamientos y continuaron:

-¿Qué piensa usted que falló en la seguridad del presidente?

-Es demasiado prematuro para saber qué falló o qué se hizo mal. Hay que considerar que vivimos en una democracia, en una sociedad libre. Irónicamente el intento de asesinato se perpetró en la entrada lateral del Hilton la cual fue diseñada especialmente, para permitir el acceso rápido y seguro del presidente. Incluso hay una sala con línea telefónica directa a la Casa Blanca, no nos hubiéramos sentido más seguros que evacuar al presidente por aquella puerta.

-¿Cómo se explica que el agresor pudo atacar tan cerca al presidente y su comitiva?

-Soy honesto, no lo puedo entender, todo sucedió tan rápido… pero será una de las cuestiones prioritarias de la investigación. Sólo puedo destacar que mis compañeros reaccionaron muy bien al ataque, sin embargo, no se puede reaccionar más rápido que una bala –concluyó el agente del Servicio Secreto.

RECONSTRUCCIÓN DE HECHOS-SECUENCIA DE LAS BALAS

A la mañana siguiente, un grupo numeroso de peritos e investigadores se dieron cita en el lugar de los agitados hechos. A la entrada del Hilton se llevó a cabo la reconstrucción del intento de asesinato.

Gracias al escrutinio de los peritos, se logró conocer la secuencia temible que llevaron las balas accionadas por John Hinckley Jr. Según el reporte de los expertos, el primer proyectil fracturó el cráneo de James Brady, el jefe de prensa de la Casa Blanca, El segundo, se alojó en el hombro izquierdo del policía metropolitano, Thomas Delahanty, y desmintió la primera versión que señaló, había sido herido en la nuca. El tercero hirió al agente Tim McCarthy, quien se estiró todo lo que pudo para cubrir al presidente. Éste logró su objetivo, pero resultó herido en el abdomen.

CALIBRE .22, DE BALAS EXPANSIVAS

Con un revólver Röhm RG-14, atacó el magnicida

En su visión trastornada de la realidad, el agresor creía que el afecto se inspiraba a través de la violencia; cada detonación lo acercaría al corazón de Foster


LA BALA QUE HIRIÓ A REAGAN…

El cuarto proyectil fue el que hirió al señor Reagan. En contrasentido también de lo que se dijo en un inicio, la bala no penetró en el pecho del presidente cuando éste saludaba a varias personas que se hallaban en la acera de enfrente, de haber ocurrido así, lo hubiera matado, aseguraron los peritos.

En el momento en que Jeery Parr empujaba hacia dentro de la limosina al presidente, el cuarto proyectil impactó en un costado del vehículo y de rebote se incrustó por la axila izquierda de Ronald Reagan. Como ya se mencionó, la bala pasó a escasos 2 cm del corazón del presidente, y se alojó en su pulmón.

La quinta bala impactó el parabrisas trasero de la limosina presidencial y la sexta, en el toldo, arriba de la puerta por la cual Parr metió a Reagan al vehículo.

EL REVÓLVER DE JOHN HINCKLEY JR.

En relación con el arma que portó el joven Hinckley, el Departamento de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos pronto reportó al FBI la procedencia de la misma. La agencia reveló que John Hinckley Jr. compró a finales de 1980, el revólver Röhm RG-14, calibre .22, en una tienda llamada Roky’s Pawn, ubicada en Dallas, Texas.

El revólver corto estaba provisto de seis cartuchos marca Devastator .22 LR, un tipo de balas explosivas con puntas de azida de plomo, diseñadas para estallar al contacto. Sin embargo, como estableció el reporte de los peritos en balística, ninguna de las balas cumplió con esa función. También, el dictamen mencionó que los proyectiles no eran de fabricación estadounidense, por lo que su venta era ilegal.

No obstante, a John Hinckley le bastó enseñar su licencia de conducir y asegurar que no sufría perturbaciones mentales para que el dueño le vendiera dos armas cortas, entre ellas la Röhm RG-14, por la cual pagó 47 dólares.

AGRESOR CON PASADO NAZI

Pero conforme avanzaban las horas, se revelaba más información sobre el joven Hinckley Jr. Surgió desde la Ciudad de Raleigh, Carolina del Norte, donde el jefe del Partido Neonazi, declaró a los medios de comunicación que el joven que atentó contra el presidente Reagan, renunció a dicha organización en 1979, debido a que la consideró demasiado pacífica, pues en varias ocasiones los instigó a realizar actos ilegales.

Por otra parte, el jefe del Partido Nacional Socialista Norteamericano de Chicago, Michael Allen, dijo que Hinckley ingresó a la organización en 1978, pero fue expulsado al año siguiente: “por su tendencia a hacerlo estallar todo. Tenía unos deseos inmensos de matar a medio mundo. En específico a los políticos. Los detestaba. Acudía a varios de sus actos con la intención de expresarles su odio. En 1980 nos enteramos de que fue arrestado en la ciudad de Nashville, por portación ilegal de tres armas de fuego”, afirmó Allen a varios periodistas.

RECLUIDO EN LA BASE DE QUÁNTICO, VIRGINIA

El traslado del fallido magnicida se dio hasta la mañana del 31 de marzo. Minutos antes de las 11:00 horas, John Hinckley ingresó a la base de Infantería en Quántico, Virginia. Se le asignó una pequeña celda de tres metros de largo por 1.80 m de ancho. Al lugar también llegaron dos abogados: Stuart Johnson y Ed Wilhite, quienes fueron designados por un Tribunal de la ciudad de Washington para llevar el proceso judicial del detenido.

Al entrevistarse con él, dieron lectura a la acusación formal en su contra: señor John Warnock Hinckley Jr., el Gobierno lo acusa formalmente de intento de asesinato contra el presidente de los Estados Unidos, y de asalto armado contra un agente federal: Tim McCarthy y un policía metropolitano: Thomas Delahanty. ¿Tiene usted algo qué decir, señor Hinckley?

El joven -con una voz muy tranquila y sus ojos azules perdidos en el vacío-, respondió: -No tengo nada que decir al respecto.

En las siguientes horas, John Hinckley fue llevado a una unidad psiquiátrica donde fue sometido a varias pruebas y evaluado por un equipo de expertos. Por la noche lo regresaron a su celda y le administraron una dosis de Valium para mantenerlo sedado, aunque llevaba tiempo sumergido en una realidad paralela.

EL FBI DIO CON LA CARTA

En el momento en que se le aplicaban las evaluaciones psiquiátricas a Hinckley, al Hotel Park Central, de Washington, arribaron algunos investigadores del FBI, pidieron al encargado de la recepción, se les permitiera registrar la habitación donde se había hospedado. No les costó trabajo hallar la carta. Se encontraba encima de en un pequeño buró y fechada el mismo día del atentado: 30 de marzo de 1981, a las 13: 10 horas. También hallaron un frasco de Valium y un vaso de agua, lo más probable, que el obseso tomó antes de acudir a las afueras del Hilton para atacar a Reagan.

Uno de los agentes tomó la carta con cuidado y dio lectura a sus compañeros:

“Querida Jody: es muy probable que muera al intentar matar a Reagan. Por esta razón, precisamente te escribo ahora esta carta. Como bien sabes, te amo muchísimo. Durante los últimos siete meses te he enviado docenas de poemas, cartas y mensajes, con la débil esperanza de que te interesaras por mí. Aunque hemos hablado un par de veces por teléfono, nunca tuve la valentía de simplemente acercarme y presentarme. Honestamente, soy muy tímido y no quería molestarte. Sé que los numerosos mensajes que dejé a tu puerta y en tu buzón eran un fastidio, pero lo sentía como la forma menos dolorosa de expresarte mi amor…”

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña


-El agente hizo una pausa y expresó para sus compañeros: -¡Es una locura! ¡Este chico sí que tiene una manera muy torcida de amar! Es verdad, escribió esta carta para Jodie Foster.

Los investigadores salieron con el documento, que más adelante, representaría la evidencia más importante de la conducta amorosa disruptiva de John Hinckley Jr.

JOHN, UN JOVEN SOLITARIO, FRUSTRADO Y SIN AUTOESTIMA

A dos días del atentado, los psiquiatras que evaluaron al presunto criminal, lo definieron como un sujeto solitario, con pocos logros en su vida; incapaz de terminar su carrera universitaria y de obtener un empleo estable.

Uno de los especialistas que estudió a Hinckley declaró a la prensa: “El padre de John es un hombre exitoso, competitivo, líder de una empresa petrolera, mientras su hijo es todo lo opuesto. Interrumpió su carrera universitaria y su padre contó a la policía que John sólo había tenido empleos esporádicos, que solía dejar porque no le satisfacían. En realidad, el muchacho llevaba mucho tiempo inmerso en la frustración”.

Por otra parte, uno de los psiquiatras más reconocidos en Estados Unidos, David Abrahamsen, explicó en una entrevista televisiva: “En este sentido, recuerden que el presidente es el padre de nuestro país, personas como Hinckley suelen vivir muy frustradas, padecen un conflicto interno muy grande y carecen de nula autoestima. Pero hay que decir, que para que eso sucediera, entre él y su padre se generó un vínculo de autoritarismo. Por ello él abandonó la carrera de administración de empresas, la cual su padre quería ejerciera, para seguir sus pasos, pero John se revela y se inclina por estudiar ciencias y artes. Entonces el joven trata de asesinar al presidente, a quien ve como al padre que no puede emular, y contra el que siente un gran rencor”.

Llevó la trama de Taxi Driver a la vida real

John protagonizó su peor papel: el de magnicida; en cambio Reagan se encumbró como una de las figuras más influyentes del mundo

LLEVÓ EL ARGUMENTO DE TAXI DRIVER A LA VIDA REAL

Durante las ocho semanas que duró el juicio contra el obseso John Hinckley, se reveló la extraordinaria y fantasiosa trama que envolvió el atentado contra Ronald Reagan. John reveló que desde que vio por vez primera en 1976, el filme de Taxi Driver, la consideró su película favorita y quedó también enamorado de la actriz Jodie Foster, quien para entonces, apenas tenía 18 años.

El inestable Hinckley comenzó a emular a su protagonista Travis Bickle, interpretado por Robert De Niro. Comenzó a vestir como él, a usar botas y chaquetas militares, se aficionó a beber brandy de melocotón y adquirió armas como Travis.

Desde que abandonó la casa de sus padres, en 1977, John se hundió en una existencia solitaria y errática, por lo cual, se inventó una novia con el nombre de Lyn Collins.

Escribía cartas a sus padres donde les hablaba de su relación con Lynn, les contaba supuestos viajes y anécdotas, una relación perfecta, pero todo era falso. Sobre todo desarrolló una fijación enfermiza por Jodie Foster, quien en la película Taxi Driver interpretaba a una prostituta de tan sólo 12 años, que Travis de forma muy extraña, la termina rescatando de ese mundo de perdición.

SE DEDICÓ A ESPIAR Y PERSEGUIR A JODIE

En 1980, Hinckley pidió a su padre le costeara un curso de escritura en la Universidad de Yale, pero sólo fue un pretexto para estar cerca de Jodie, quien acababa de ingresar también a la prestigiosa institución. Como contó en su carta anterior al atentado, nunca fue capaz de hablarle, la seguía, espiaba por todo el campus, le dejaba cartas en su buzón o por debajo de la puerta de su departamento y la llamó en dos ocasiones por teléfono, pero nunca de frente.

No obstante, a su mente llegó el momento de ir más allá en su imitación de Travis Bickle, quien en la película decide asesinar al político para el cual trabaja Betsy, la chica por la cual se siente atraído. Pero Hinckley optó por ir tras un pez mucho más gordo; el presidente de los Estados Unidos, que en 1980 era Jimmy Carter, a quien también se dedicó a perseguir. Luego se afilió al Partido Nazi Norteamericano con el objetivo de hallar apoyo para concretar su oscuro plan, pero lo rechazaron por la misma razón.

En noviembre de ese mismo año, Carter perdió la reelección ante su oponente Ronald Reagan, así que su objetivo fue el mismo, sólo cambio de nombre. Aunque durante sus campañas también Hinckley se hizo presente, ahí entre la multitud, viéndolos con aversión y oculta entre sus ropas su arma Röhm RG-14.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

“TE PROBARÉ MI AMOR A TRAVÉS DE UN ACTO HISTÓRICO”

Así que John Hinckley Jr. esperó disciplinadamente el momento de atacar al presidente Reagan y de paso, demostrarle a Jodie Foster cuánto la amaba. Viajó de Evergreen, Colorado hacia Washington y se hospedó en el Hotel Park Central el 28 de marzo. Esos dos días se la pasó viendo la tele en su cuarto, principalmente noticias relacionadas con Reagan.

El día 30 por la mañana, pidió el desayuno a la recepción del hotel, luego se duchó, se puso un traje oscuro y comenzó a redactar la carta dirigida para Foster. Cuando terminó, se tomó un Valium y salió del hotel. Caminó unas cuantas cuadras mientras se fumaba un cigarrillo. Llegó a un sitio de taxis y lo abordó junto con dos personas más. Bajó del vehículo dos manzanas antes del Hotel Hilton, donde ya los camarógrafos de las televisoras estaban situados esperando la llegada de Reagan.

A las 13:50 horas el presidente llegó al Hilton e ingresó muy rápido al inmueble. Hinckley aguardó entre los reporteros y camarógrafos pacientemente. Mientras Reagan daba su discurso, el joven se fumó varios cigarrillos más, tratando de calmar su instinto animal.

Alrededor de las 14: 30 horas, Reagan salió del hotel y como un felino cauteloso, John Hinckley Jr. sacó de entre sus ropas su Röhm RG-14, se abrió paso entre la multitud y en tan sólo dos segundos realizó seis disparos que hirieron a cuatro personas, entre ellos, al presidente de los Estados Unidos.

De inmediato se le fueron encima más de ocho escoltas del Servicio Secreto para someterlo, Hinckley seguía apretando el gatillo de su corto revólver, pero las balas se le habían consumido. Después de varios minutos de forcejeo, le arrebataron el arma y lo subieron a una patrulla de policía de la ciudad de Washington con rumbo a las oficinas del FBI.

"Te probaré mi amor a través de un acto histórico"

En 2016, un juez consideró que Hinckley Jr. no representaba un riesgo para la sociedad y ordenó su libertad condicional; ahora vive con su madre en el estado de Virginia

UTILIZARON TAXI DRIVER PARA CONSTRUIR LA DEFENSA

Con la realidad y ficción mezcladas, los abogados de John Hinckley utilizaron la historia de la película Taxi Driver para elaborar su defensa. Así que argumentaron que el filme ejerció una influencia malsana en un espectador vulnerable como John, quien encauzó todos sus impulsos psicopáticos de forma deliberada y consciente.

John se identificó con la soledad que vivía Travis, el protagonista, con la sordidez de la ciudad y el lado oscuro de la política. Tres caras que él mismo había conocido.

JODIE FOSTER, CONSTERNADA POR EL ATENTADO

Por otra parte, la joven protagonista de Taxi Driver, fue abordada por decenas de periodistas a las afueras del campus de Yale para hacerle varios cuestionamientos, a los cuales respondió que en efecto, había recibido una serie de cartas por parte de Hinckley, pero que en ninguna de ellas mencionaba al presidente Reagan o realizar actos violentos contra nadie.

-Cuando las autoridades me dieron a conocer la noticia, me sentí muy impresionada. Me sentí muy mal, aterrorizada, angustiada –declaró Foster.

Mientras tanto, el portavoz del FBI, Roger Young, confirmó la correspondencia recibida por Foster y añadió que Hinckley también había hecho varias llamadas telefónicas a la joven actriz.

Sin embargo, Young aseguró que Hinckley y Jodie nunca hablaron por teléfono y mucho menos se conocieron en persona.

Por último, el portavoz señaló que en la cartera de John Hinckley hallaron varias fotografías de Foster. También, en su habitación en casa de sus padres, en Colorado, hallaron varias revistas con entrevistas y artículos relacionados con Jodie. Young culminó señalando que al detenido sería sometido a 90 días de evaluaciones psiquiátricas, y descartaban se tratara de un ataque en el que estuvieran relacionadas más personas: “Todo indica que se trata de un atentado planeado y ejecutado solo por John Hinckley Jr.

REAGAN Y UNA TRAMA DE PELÍCULA

De los foros y las cámaras de Hollywood, el presidente Reagan pasó a ser el protagonista del drama más intenso que le tocó vivir: el de su propia historia en medio de un atentado contra su vida.

Bien cierto es que a los 70 años, Reagan salió muy bien librado del ataque, tanto en el aspecto de su salud, pues se recuperó muy rápido de una herida de bala que estuvo muy cerca de destrozarle el corazón; y también en el ámbito político, ya que a partir del atentado, se convirtió en uno de los presidentes de Estados Unidos más populares de las últimas décadas.

Por otro lado, Thomas Delahanty y Tim McCarthy también se recuperaron de sus heridas. El policía metropolitano se retiró de sus funciones a vivir en la tranquilidad de su hogar junto con su familia. McCarthy retornó al Servicio Secreto para laborar por diez años más.

James Brady, quien recibiera un balazo en el cráneo, llevó la peor parte. La herida le dejó secuelas que lo obligaron a vivir en una silla de ruedas y aunque logró una notable recuperación en su sistema motriz, su salud se vio mermada cada vez más. Falleció en agosto de 2014.

JOHN HINCKLEY JR., UN MANIÁTICO

Tras dos meses de juicio, el Tribunal Federal de la ciudad de Washington lo declaró no culpable de atentar contra la vida del presidente de Estados Unidos, por causa de locura. El veredicto ordenó su reclusión de por vida en el Hospital Psiquiátrico de San Elizabeth, en Washington, al cual ingresó hasta 1982. A las pocas horas de hacerlo, Hinckley Jr. escribió otra carta en la que definió su ataque como “la mayor declaración de amor de la historia” y afirmó: “Ahora todo mundo conoce el amor de John y Jodie”.

Al final, si Hinckley buscaba reconocimiento, lo logró, se salió con la suya, pues, aunque no haya asesinado a Ronald Reagan, quedó en la memoria histórica como el sujeto que intentó matar al presidente de los Estados Unidos.

TRAS VARIOS AÑOS DE BENEFICIOS, SE LE CONCEDIÓ LA LIBERTAD CONDICIONADA A HINCKLEY, EN EL AÑO 2016, PUES LOS ESPECIALISTAS CONSIDERARON QUE YA NO REPRESENTABA ALGÚN PELIGRO PARA LA SOCIEDAD.

EL ATENTADO MARCÓ DE UNA U OTRA FORMA LA CARRERA DE LA ACTRIZ JODIE FOSTER, QUIEN TARDÓ VARIOS AÑOS EN SUPERAR EL TRAGO AMARGO; A LA FECHA, JODIE TRATA DE NO HABLAR SOBRE EL TEMA


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