/ viernes 19 de marzo de 2021

El crimen de los amantes de lucerna | Segunda Parte

Un caso perdido en el misterio por un idilio fatal, envuelto por el tráfico de drogas, lavado de dinero, placeres, lujos, venganza y muerte


Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

UN CAZAMILLONARIAS DE NOMBRE JAVIER

Persecución feroz de la policía del Servicio Secreto y de la Judicial, tras el principal sospechoso; "es un vividor y marihuano", afirmaron las sirvientas de la ricachona asesinada.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

Hacia las once de la mañana, Javier caminaba sobre San Juan de Letrán, cigarrillo en los labios y de pronto se detuvo frente al mostrador de un almacén de electrodomésticos. Aprovechó el reflejo del cristal para acomodarse su chaqueta de cuero negra, dio dos exhaladas, le gustó lo que veía, se pasó ambas manos para desacomodarse el copete, se sonrío orgulloso.

Continuó su camino envalentonado, dos cuadras adelante dobló la esquina, se terminó el cigarrillo, tiró la colilla y le dio muerte con una pisada. Entró a la cafetería donde ya lo esperaban tres de sus amigos.

-¡Quiubo, mano! ¿Por qué tan contento? -le preguntó uno de ellos-. ¡Conocí una chamacona, anoche, qué no saben… está como quiere!

-¡Voy! No seas exagerado cuate. Además, a ti te gustan las mayorcitas –contestó otro y soltaron la carcajada.

Javier, con tono engreído respondió: -Te equivocas, tal vez quisiste decir que me gustan las mujeres maduras, pero con mucha lana. No cualquier mayorcita –y los cuatro se volvieron a carcajear.

-Por cierto, mano, ¿qué tal estuvo anoche la movida? –Más o menos, sólo pudimos desplumar a unos tortolitos. Pero con eso alcanzó para los tragos en el Eco. Como a la medianoche, le cayeron unas chavas… ¡qué les cuento! Yo desde un inicio elegí a la mía y hasta me dio su dirección –respondió efusivo Javier.

En eso estaban cuando entró Miguel, otro miembro de la palomilla. Al ver a Javier, se sorprendió y sin saludar a los demás lo tomó por el hombro y le dijo:

-¿Tú qué haces aquí? ¿Estás loco? ¿No sabes que te está buscando la policía? ¿No has visto los periódicos?


Javier pensó se trataba de una broma de su amigo y sonriendo contestó:


-¡Cálmate Miguel! Siéntate. ¡Tú tan bromista como siempre! -¡Qué bromista ni que la chingada! Es en serio, te anda buscando la Judicial y los del Servicio Secreto. ¿No sabes que mataron a tu Mercedes y a su amiguito, el italiano?

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

-La sonrisa se apagó en el rostro de Javier. Miguel se levantó y le pidió al encargado de la cafetería, le prestara el periódico del día, el cual siempre le repartía un escuincle voceador.

Miguel, con discreción para que no se dieran cuenta los demás clientes, tomó una edición de La Prensa y la llevó a la mesa de sus amigos y casi susurrando dijo:

-¡Mira cabrón! ¿Ahora me crees? Te están buscando. La policía cree que tú los mataste –mientras le enseñaba una foto suya y unas líneas donde en efecto, la policía lo señalaba como el principal sospechoso del crimen de “Los amantes de Lucerna”.

Los cinco amigos se quedaron absortos, se miraron unos a otros en silencio, mientras Miguel cerraba el periódico, tratando de pasar desapercibidos. Javier se levantó de la mesa y sin decir palabra salió de la cafetería.

BURLÓ LA JUSTICIA EL VICIOSO JAVIER

Por otro lado, sin que lo supiera, Javier estuvo a punto de ser detenido el jueves 16 de septiembre por la noche, a las afueras del Frontón México, pero cuando los agentes policiacos llegaron –alrededor de las 23:00 horas-, él ya se había retirado del casino.

Desde ese día, la policía le perdió el rastro y pensó que el joven huyó de la ciudad y se habría ocultado en casa de sus padres, en el estado de Guadalajara.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

Muy contrario a lo que la policía creyó, Javier se fue del frontón temprano aquella noche, porque no llevaba dinero para apostar y de ahí, se fue a buscar a unos amigos al bar Eco, situado en las calles de Sullivan, pero sólo estuvo un rato breve, pues no halló a algún miembro de su palomilla.

Asimismo, las pistas de la policía eran muy endebles, pues no tenían algún indicio claro que involucrara a Javier Nava o Navarro en el crimen de la señora Mercedes y su jovial amante Ylicio Massine. Aún peor, ninguna de las huellas recabadas en la escena del crimen, pertenecían al mencionado muchacho oriundo de Guadalajara.

No obstante, la policía continuó con una larga lista de detenidos, nombres proporcionados en su mayoría por las sirvientas, con el afán de que pudieran encontrar algo que los condujera a esclarecer el crimen.

“CASOS COMO ÉSTE DAN ASCO”

Por la Jefatura de Policía pasaron varios muchachos detenidos que fueron interrogados cada día, y debido a ello, resultaba difícil comprender por qué las autoridades no tenían una línea de investigación clara, a la cual guiarse para resolver el crimen de la calle Lucerna. ¿En verdad, ninguno de ellos había aportado información valiosa? ¿O quizás, sabían demasiado y se trataba de ocultar algo? ¿Hasta dónde llegaba la raíz de aquel crimen en el cual no parecían estar sólo involucradas personas de la alta sociedad?

En su afán por obtener más detalles de la investigación, el reportero de La Prensa, Juan Nieto Martínez, habló con uno de los sabuesos policiacos a las afueras de la Jefatura de la Policía, quien señaló que no podía revelar mucha información, pero, al parecer, el caso estaba envuelto en algo muy turbio.

¡SOY UN REBELDE SIN CAUSA, PERO NO UN VULGAR ASESINO!

El sospechoso número uno clamó inocencia ante los sabuesos policiacos y contó su existencia tortuosa por el Distrito Federal y su idilio al lado de Mercedes Cassola

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

-Ya le digo, señor que saldrá a flote mucha podredumbre –señaló el elemento policiaco-; a nosotros los policías nada debe sorprendernos, dedicándonos a esta profesión, pero déjeme decirle que toda esta situación apesta. ¡Todos estos muchachitos repugnan! ¡En verdad, trabajar en casos como éste, da asco! –afirmó el investigador.


´-Como usted bien lo sabe, señor Nieto, crímenes como éste, en el que están inmiscuidos sujetos de costumbres extrañas, forman un círculo muy difícil de penetrar y eso complica las investigaciones –aseveró.


-A pesar de todo, estamos haciendo todo a nuestro alcance y más, para resolver este crucigrama y detener a los asesinos –concluyó el sabueso de la policía.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

SE ENTREGÓ EL PRINCIPAL SOSPECHOSO DEL CRIMEN

Un vientecillo irrumpía la mañana soleada de aquel viernes 19 de septiembre, cuando a las puertas de la Procuraduría capitalina se presentó un joven, quien preguntó por el comandante y director de la Policía Judicial, Fernando Romero.

-Buenos días, señores –saludó el muchacho a tres policías que se encontraban en la entrada-, Busco al comandante Fernando Romero. Vengo a aclarar lo relacionado con el crimen de la calle Lucerna.

Los tres hombres se quedaron sorprendidos y de inmediato, uno de ellos entró a buscar al director de la Judicial.

-¿Quién es usted?, –preguntó uno de los investigadores al joven. –Mi nombre es Javier Nava Cortés.

De pronto un gritó a lo lejos se escuchó: -¡A usted lo estábamos buscando, señor Nava! –dijo el comandante Romero-, tenemos mucho de qué hablar.

-Yo no maté a nadie y no sé quién pudo haber sido, por eso estoy aquí –contestó Javier, mientras dos policías lo tomaron de cada brazo y lo introdujeron para interrogarlo.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

AUTÉNTICO “REBELDE SIN CAUSA”

El muchacho comenzó por aclarar que su verdadero nombre era Javier Nava Cortés, tenía 21 años y originario de la ciudad de Guadalajara. Relató que en 1957, dejó su lugar de origen y se trasladó al Distrito Federal, con la intención de cumplir un sueño: ser un gran actor de cine y teatro.

Pero en la urbe no le fue fácil, pues no tenía lugar dónde alojarse y para incursionar en el medio artístico no contaba con alguna formación como actor y mucho menos, con algún contacto que lo apadrinara. Así que tuvo que regresar a Guadalajara derrotado, pero con la intención de tomar revancha.

Por ello, relató que trabajó medio año en una sastrería, mientras ahorraba dinero para volver a la capital. Cuando juntó una lanita, se volvió a instalar en el Distrito Federal, rentó un cuarto modesto y por las noches rondaba los teatros del centro, donde logró relacionarse con algunos actores. Y quizás fue asunto del destino, como mencionó Javier, que le puso enfrente a la bella Mercedes Cassola, a quien conoció una noche en un cabaret. “Cómo no enamorarse de una mujer así, hermosa, con mucha clase”, señaló Javier –y con mucho dinero, también-, -recalcó el comandante Romero.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

EL INTERROGATORIO

Para iniciar el interrogatorio en forma, los comandantes de la Judicial y del Servicio Secreto pidieron al reportero de La Prensa, Juan Nieto Martínez, que hiciera las preguntas en forma, en torno al brutal crimen cometido contra la española Mercedes Cassola Meler y su novio Ylicio Massine Saloine.

Nieto dio apertura: Díganos, señor Nava, ¿hace cuánto que conocía a la señora Mercedes Cassola? –Hace cómo ocho meses, señor, como ya les comenté, la conocí en un cabaret, en el Follies, me parece. Ese día se presentó Tin Tan. Yo iba con unos amigos y ellos me la presentaron.

-¿Cuánto tiempo pasó desde que se conocieron y qué tipo de relación tuvo con la española? –Yo le caí muy bien desde el inicio a Mercedes, al grado de que me invitó a comer varias veces a su casa, como al mes nos besamos, ella me gustaba y yo también, me lo decía a cada rato. -¿Pero se hicieron novios o eran amantes? –Pues para ser sincero, señor, no sabría decirle con certeza, porque Meche no se reprimía cuando alguien le gustaba… ¿me entiende?, pero la verdad a mí no me causaba ningún problema que saliera con otros hombres.

-Díganos, señor Nava, ¿tenía usted llave de la casa de Mercedes? –Nunca tuve la llave de la puerta, siempre que iba a verla me abrían las sirvientas. Es más, creo que ninguno de sus amigos tenía llave, pues era muy desconfiada en ese aspecto.

Luego, con la intención de corroborar si Javier era zurdo, pues se sospechó que él o los asesinos de la pareja lo eran, por la forma en que les arrebataron la vida, hicieron firmar al muchacho con ambas manos. Con la mano derecha el joven no tuvo algún problema en estampar su nombre, cuando lo hizo con la izquierda, le costó mucho trabajo. Esto implicó un punto más a su favor, de quien para la policía era el principal sospechoso del crimen. “¡YO NO SÉ QUIÉN ERA ESE GÜERO!”

Era evidente que Javier era muy parlanchín, no titubeaba con sus respuestas y por ello el reportero continuó con las preguntas: -¿Señor, Nava, usted conocía al joven Ylicio Massine, el amante de la rica española? –No lo conocía, sabía que andaban, porque hace como quince días fui a la casa de Meche y él llegó, pero nunca me lo presentó. Ese día salimos los tres al Frontón México, pero al poco rato yo me fui, porque no me gusta la jai alai. -¿Cuándo vio por última vez a Mercedes? –Fue en esa ocasión, le repito, ella me invitó a comer y después llegó ese muchacho, pero la verdad, ¡yo no sé quién es ese güero!

-¿Sabía usted que la española asesinada era sumamente rica? –¡Sí, claro, por supuesto! Ella me invitó hace unos meses a Acapulco con todos los gastos pagados. Siempre llevaba en su bolso de mano de tres a cuatro mil pesos en efectivo, sólo para sus gastos personales o para apostar en el frontón. Derrochaba sin premura. Muchas veces invitaba los tragos a sus amigas y a sus amantes les compraba ropa o prestaba dinero. A mí me ayudó varias veces cuando me encontraba en apuros económicos –señaló el bribonzuelo-, y ya ni hablamos de las costosas alhajas que siempre usaba.

-Díganos, señor Nava, ¿al domicilio de Mercedes se puede entrar por las ventanas del local que se encuentra en la parte baja del inmueble? -¡Uy, no señor!, por ese lugar no se puede penetrar porque ella tiene dos perros, que inmediatamente ladraban para avisar sobre la presencia de algún extraño. En una ocasión, el repartidor del gas entró por ese sitio y tuvo que salir corriendo porque los canes se le fueron encima –reafirmó Javier.

-¿Quién cree usted que haya matado a la española y a su amante? –No tengo la menor idea, señor, ella tenía muchas amistades con pelotaris, artistas teatrales y como le dije, ayudaba económicamente a mucha gente. Además, también tenía varios negocios, donde al parecer algunas personas le tenían envidia.

-Las veces que salió con la barcelonesa, ¿condujo usted algún auto de ella? –No sé manejar, señor, siempre nos llevaba su chofer, un señor de nombre Clemente, pero después me enteré de que lo había despedido, porque me lo encontré en la calle y muy furioso me lo contó.

-¿Tuvo usted dificultades con el joven Ylicio? Una de las sirvientas de Mercedes señala que entre ustedes hubo diferencias –Nunca, le digo que yo no lo conocía nunca me fue presentado. Esas muchachas mienten, ¡nunca crucé palabra con ese güero!

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

¡SOLTÓ LA LENGUA Y SOLTÓ SU COARTADA!

El "rebelde sin causa" declaró a la policía que la bella española llevaba una vida desenfrenada, llena de lujos y placeres de toda índole

DISCORDIA POR UNA MEDALLA

-¿Es verdad que tuvo problemas con Mercedes porque le robó dinero y unas alhajas? –No es cierto, cuando andábamos ella me daba unos dos mil pesos al mes y me regaló una medalla de oro con brillantes, pero cuando rompimos ya no quise visitarla, eso la disgustó, y de coraje me pidió que se la devolviera. Nunca se la regresé. Hace una semana necesitaba dinero y la vendí por 300 pesos.

-¿Qué hizo al enterarse de su muerte? –No me lo esperaba. Cierto es que me impresionó mucho y sabía que la policía buscaba a un tal Javier, pero nunca me imaginé que fuera yo. Hasta que un amigo ayer en la mañana me enseñó las fotos publicadas en La Prensa, entonces supe que se trataba de mí.

-¿Por qué no se entregó ayer mismo a la policía? –Porque tuve miedo señor, mucho miedo. ¡Imagínese, ahí en el periódico afirma la policía que yo maté a Mercedes! Pero decidí entregarme, ya que no maté a nadie y nada temo; nadie me lo aconsejó –dijo esto último con la voz quebrada y los ojos al borde del llanto.

“SOLTÓ LA LENGUA”

De pronto, los fotorreporteros dispararon los flashes de sus cámaras una y otra vez sobre el cada vez más incómodo, Javier Nava, quien no aguantó más y comenzó a lloriquear como un niño. Por vergüenza a que lo vieran, se tapó el rostro con sus manos y repentinamente gritó: -¡Soy inocentes, señores, les juro que yo no he matado a nadie!

Y como si una fuerza desde su interior lo motivara, se limpió las lágrimas de la cara y volvió a hablar:

-Yo me encontraba sin dinero en la ciudad y Meche, a cambio de que fuera a su casa varios días a la semana, me apoyaba con dinero y ropa, pero me cansé de ella, además de que me incomodaba de que fuera mayor que yo, decidí terminar con ella, y eso la disgustó mucho conmigo.


“Sin embargo, la seguí visitando como amigo. Ella me invitaba a comer a su casa y en una de esas ocasiones conocí a Ylicio, pero nunca tuve dificultad alguna con él, ya que tampoco cruzamos palabra.


“Reconozco que he hecho mal al estar así, sin trabajar y ser un zángano, pues mi padre, que en paz descanse, me dijo en una ocasión que el que no trabaja es un bribón.


“Pero les vuelvo a repetir, no soy un vulgar asesino, no he matado a nadie. ¡Soy inocente de este crimen!”.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

CAYÓ EN EL VICIO, PERO NO MATÓ A LA PAREJA

Cuando Javier Nava pensó que su martirio había concluido, los sabuesos policiacos aprovecharon que estaba desbordado en sentimientos, para obligarlo a aportar más datos, y por qué no, confesar su crimen:

-Díganos, señor Nava, ¿es usted adicto a alguna droga? –Fumo marihuana, señor, sólo eso. -¿Trafica con drogas? –Intervino de nuevo el comandante Romero-; No señor, no soy traficante, pero sí consumo yerba.

-¿Pertenece a alguna banda de gigolós o que estén a la caza de ricachonas? –No, comandante, pero les soy sincero, sí seduzco a mujeres mayores de dinero, para poder sobrevivir. Compréndanme, no tengo trabajo, a veces no tengo para comer, me hospedo a veces en hoteluchos, cuando bien me va, en otras ocasiones he dormido hasta en la calle.

Y lo siguiente que declaró el joven, estremeció y dejó boquiabiertos a los policías y a los reporteros.

-Mi situación es tan complicada y triste, señores, que hasta me he prostituido con señores ricachones que en sus casas y ante la sociedad guardan muy bien las apariencias, pero que se dan sus escapadas cuando pueden para buscar a jovencitos con quien acostarse. No me ha quedado de otra. Vine a la ciudad para cumplir un sueño, poder incursionar en el teatro, pero me he hundido en la perdición. No me juzguen, señores, la vida no ha sido fácil para mí. Sin embargo, yo no maté a Meche y al güero ese –aclaró una vez más Javier Nava.

-No obstante, el comandante Romero pidió al detenido que proporcionara los nombres de todos sus amigos y conocidos, con los cuales asistía a los centros nocturnos y de perdición –así se expresó el sabueso de la policía Judicial.

¿DÓNDE ESTUVO LA NOCHE DEL CRIMEN?

Javier Nava explicó que el sábado 12 de septiembre, fue al cine cerca de las 21:00 horas, cuando salió, eran alrededor de las 23:00 h. Caminaba por la Avenida Juárez cuando de pronto se encontró a su amigo Víctor González Gaxiola, a quien apodaban “El Pancho Villa”. Indicó que Gaxiola le comentó que quedó de verse con un amigo en el bar Eco, en Sullivan, y le pidió que lo acompañara.

-En el bar encontramos al amigo de Víctor, un gringo del cual no recuerdo su nombre, pero tiene como unos 35 años y habla muy bien el español –señaló Javier-; ahí estuvimos bebiendo hasta cómo a las dos de la mañana. Después el gringo nos invitó a su departamento a seguir la borrachera y nosotros aceptamos.

Entonces abordaron el auto del estadounidense y se dirigieron a la colonia Narvarte, donde bebieron por varias horas más. –Qué les parece si en cuanto amanezca nos vamos a dar una vuelta a Cuernavaca, allá tengo una casita de descanso con alberca –dijo, invitándolos el gringo. Javier y Víctor aceptaron, por lo que pernoctaron en el departamento del extranjero.

-Cuando nos despertamos eran casi las 10 de la mañana, entonces nos levantamos pero decidimos no ir a Cuernavaca debido a que el día estaba lluvioso. Entonces el gringo propuso dar la vuelta a Xochimilco, y Víctor y yo aceptamos. El paseo duró poco, porque la lluvia arreció y estaba haciendo frío, así que regresamos cerca de las dos de la tarde.

“El gringo nos dejó sobre Niño Perdido, frente a Salto del Agua y caminamos hacia el hotel Aída, en la calle de Arandas, pues ahí nos estábamos alojando. En ese lugar estuvimos hasta el día 15, porque se nos terminó el dinero que el gringo nos había regalado”, –señaló Javier un tanto avergonzado.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

LA ESPAÑOLA ERA UNA LIBERTINA

Entrado en confianza, el cazamillonarias, Javier Nava Cortés, declaró que Mercedes Cassola Meler era una mujer que llevaba una vida plagada de libertinaje:

-Meche ofrecía constantemente fiestas en su casa de la calle Lucerna donde corría el alcohol, la droga y terminaban en desenfrenadas orgías. Es más, ella viajaba con frecuencia a Nueva York, en donde adquiría la droga… -¿tiene usted pruebas de ello?-; preguntó molesto el comandante Romero.

¡VUELTA DE TUERCA EN EL DOBLE ASESINATO!

Víctor González Gaxiola, el segundo sospechoso, confirmó su inocencia y la de su amigo Javier Nava; la policía dio un giro al caso, al señalar a Ylicio en contubernio con los criminales

-Usted puede preguntarle a cualquiera de sus amistades, mi comandante, pero es obvio que como son personas que ante la sociedad se las dan de buenas y decentes, está claro que lo van a negar, pero en esas fiestas mostraban su lado oscuro.

-Es suficiente, ha terminado el interrogatorio. ¡Llévense a este bribón! –ordenó el comandante Fernando Romero.

Desesperado, en el momento en que dos policías lo tomaban de cada brazo, Javier se dirigió hacia los periodistas e hizo una última petición: -¡Víctor, preséntate! Tú sabes que no cometí ningún crimen. Tú eres el único que puede ayudarme.

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SE PRESENTÓ GAXIOLA EN LA JEFATURA DE POLICÍA

La policía se llevó otra sorpresa cuando al siguiente día de que se entregó Javier Nava Cortés, también lo hiciera Víctor González Gaxiola. Corriendo llegó a las oficinas de la Judicial, con una edición impresa de La Prensa, en la que su amigo Nava Cortés, le pedía se presentara ante las autoridades para dar su testimonio sobre dónde y con quién lo pasaron la noche del crimen.

-¡Aquí estoy, señores, soy ese que dice el diario buscan ustedes! –dijo Gaxiola a los guardias de turno. -¿Cuál es su nombre? –preguntó un oficial. –Soy Víctor González Gaxiola y soy amigo de Javier Nava, quien está detenido por el crimen de la señora Mercedes Cassola y su joven amante Ylicio Massine.

De inmediato pasaron al joven ante el comandante Fernando Romero, quien sin perder más tiempo, lo sometió a riguroso interrogatorio. Sin embargo, durante dos horas de intensos cuestionamientos, Gaxiola confirmó a plenitud todo lo dicho por Javier Nava, en el sentido de que no tuvieron nada que ver con el crimen de la calle Lucerna. La versión de los dos jóvenes sobre lo que hicieron la madrugada del doble homicidio coincidía perfectamente y con ello, la hipótesis de la policía que apuntaba hacia Javier como el principal sospechoso del asesinato, se fue a la basura y la policía volvía a estar como al inicio: con las manos vacías.

GORDON REED, SÍ ESTUVO CON ELLOS LA NOCHE DEL DOBLE HOMICIDIO

Enredada en una maraña de hipótesis, pistas y conjeturas, el martes 22 de septiembre, el Servicio Secreto de Policía detuvo al estadounidense Rudolph Gardner Reed, sujeto señalado por Nava y Gaxiola con quien estuvieron en su departamento la madrugada del crimen.

El detenido era un empresario importante, dedicado al ramo de los electrodomésticos. Al ser interrogado por el comandante Romero, en efecto, el estadounidense confirmó a la policía que estuvo con ellos la noche del sábado 12 y la madrugada del domingo 13 de septiembre. Relató también sobre el paseo que dieron por Xochimilco y el lugar donde los dejó al regreso, lo único que no coincidió, fue que Gaxiola mencionó a los investigadores que Reed les había dado 100 pesos por su compañía, pero el gringo señaló que sólo les dio 20 pesos de regalo para que pudieran pagar su hospedaje por dos días más en el hotel Aída.

La declaración del extranjero, echó abajo las ilusiones una vez más de los sabuesos policiacos por destrozar la coartada de Javier Nava y Víctor González Gaxiola, cuya inocencia parecía demostrarse cada vez más.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

PROCURADOR: “NO QUEDARÁ IMPUNE EL ASESINATO”

Mientras el caso se complicaba, el reportero Juan Nieto Martínez entrevistó el viernes 25 de septiembre al procurador de Justicia del Distrito Federal, el licenciado Fernando Román Lugo:

-¿Señor licenciado, deseamos que nos diga usted, qué resultado han tenido las investigaciones en torno al crimen de la catalana Mercedes Cassola Meler y el joven Ylicio Massine Saloine? –Comprendo que la opinión pública tiene derecho a enterarse sobre este caso que ha conmovido a la ciudad. Puedo asegurarles que será resuelto en breve; no es un caso difícil, lo que pasa es que es muy laborioso. Se han encontrado nuevas pistas y he dispuesto a todos los elementos de la Procuraduría para que esclarezcan el doble crimen de la calle Lucerna –declaró muy optimista el licenciado Román Lugo.

GIRO DE TUERCA EN EL DOBLE ASESINATO

El martes 29, por los pasillos de la Procuraduría corrió una nueva versión sobre el crimen de la calle Lucerna, que sacudió a la ciudadanía en cuanto la dio a conocer. Las pesquisas apuntaron a que fue el mismo Ylicio Massine, quien en contubernio con dos cómplices más, de origen italiano, habrían planeado un atraco contra la bella catalana, pues sabían que en su recámara guardaba una hinchada cantidad de dinero.

Debido a que no se forzó ninguna puerta ni ventana, el amante de Mercedes habría sido quien les facilitó a sus cómplices el ingreso a la casa de la ricachona. Una vez dentro, Ylicio también les aconsejó dónde esconderse, mientras ingresaban a la recámara, y una vez ahí, procederían a someterlos a los dos, para llevarse el dinero y las joyas.

Sin embargo, todo se torció, pues cuando los cómplices de Ylicio sorprendieron a Mercedes con brutal golpe en la cabeza, al joven italomexicano se le hizo trizas el corazón y no soportó ver agonizante a su amada, entonces se arrepintió y se abalanzó contra sus compinches, pero éstos también decidieron terminar con él.

Ylicio se defendió lo más que pudo, incluso, trató de hacer lo mismo con Mercedes, y eso explicó de forma clara las múltiples heridas punzocortantes que recibió, pero fue inútil, ambos fueron rematados con saña.

Consumado el crimen, los verdugos se dedicaron a saquear la caja fuerte que guardaba Mercedes, tomaron el dinero, las joyas y varios objetos más de valor. Y huyeron jadeantes con el amanecer del domingo. Y llevaban 16 días ocultos en algún lado, quizás no muy lejos de la ciudad, pero protegidos en gran parte por la torpeza de la policía.

Ese mismo día, por la noche, los principales sospechosos de cometer el crimen: Javier Nava Cortés y Víctor González Gaxiola fueron puestos en libertad, después de permanecer detenidos 15 días en las galeras de la Procuraduría.

Los dos “rebeldes sin causa”, como los llamaron los sabuesos policiacos, se fueron felices porque tenían la conciencia tranquila de no haber cometido crimen alguno y fueron devueltos a su terrible realidad, la de sobrevivir cada segundo en una ciudad hermosa, pero feroz.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

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Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

UN CAZAMILLONARIAS DE NOMBRE JAVIER

Persecución feroz de la policía del Servicio Secreto y de la Judicial, tras el principal sospechoso; "es un vividor y marihuano", afirmaron las sirvientas de la ricachona asesinada.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

Hacia las once de la mañana, Javier caminaba sobre San Juan de Letrán, cigarrillo en los labios y de pronto se detuvo frente al mostrador de un almacén de electrodomésticos. Aprovechó el reflejo del cristal para acomodarse su chaqueta de cuero negra, dio dos exhaladas, le gustó lo que veía, se pasó ambas manos para desacomodarse el copete, se sonrío orgulloso.

Continuó su camino envalentonado, dos cuadras adelante dobló la esquina, se terminó el cigarrillo, tiró la colilla y le dio muerte con una pisada. Entró a la cafetería donde ya lo esperaban tres de sus amigos.

-¡Quiubo, mano! ¿Por qué tan contento? -le preguntó uno de ellos-. ¡Conocí una chamacona, anoche, qué no saben… está como quiere!

-¡Voy! No seas exagerado cuate. Además, a ti te gustan las mayorcitas –contestó otro y soltaron la carcajada.

Javier, con tono engreído respondió: -Te equivocas, tal vez quisiste decir que me gustan las mujeres maduras, pero con mucha lana. No cualquier mayorcita –y los cuatro se volvieron a carcajear.

-Por cierto, mano, ¿qué tal estuvo anoche la movida? –Más o menos, sólo pudimos desplumar a unos tortolitos. Pero con eso alcanzó para los tragos en el Eco. Como a la medianoche, le cayeron unas chavas… ¡qué les cuento! Yo desde un inicio elegí a la mía y hasta me dio su dirección –respondió efusivo Javier.

En eso estaban cuando entró Miguel, otro miembro de la palomilla. Al ver a Javier, se sorprendió y sin saludar a los demás lo tomó por el hombro y le dijo:

-¿Tú qué haces aquí? ¿Estás loco? ¿No sabes que te está buscando la policía? ¿No has visto los periódicos?


Javier pensó se trataba de una broma de su amigo y sonriendo contestó:


-¡Cálmate Miguel! Siéntate. ¡Tú tan bromista como siempre! -¡Qué bromista ni que la chingada! Es en serio, te anda buscando la Judicial y los del Servicio Secreto. ¿No sabes que mataron a tu Mercedes y a su amiguito, el italiano?

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

-La sonrisa se apagó en el rostro de Javier. Miguel se levantó y le pidió al encargado de la cafetería, le prestara el periódico del día, el cual siempre le repartía un escuincle voceador.

Miguel, con discreción para que no se dieran cuenta los demás clientes, tomó una edición de La Prensa y la llevó a la mesa de sus amigos y casi susurrando dijo:

-¡Mira cabrón! ¿Ahora me crees? Te están buscando. La policía cree que tú los mataste –mientras le enseñaba una foto suya y unas líneas donde en efecto, la policía lo señalaba como el principal sospechoso del crimen de “Los amantes de Lucerna”.

Los cinco amigos se quedaron absortos, se miraron unos a otros en silencio, mientras Miguel cerraba el periódico, tratando de pasar desapercibidos. Javier se levantó de la mesa y sin decir palabra salió de la cafetería.

BURLÓ LA JUSTICIA EL VICIOSO JAVIER

Por otro lado, sin que lo supiera, Javier estuvo a punto de ser detenido el jueves 16 de septiembre por la noche, a las afueras del Frontón México, pero cuando los agentes policiacos llegaron –alrededor de las 23:00 horas-, él ya se había retirado del casino.

Desde ese día, la policía le perdió el rastro y pensó que el joven huyó de la ciudad y se habría ocultado en casa de sus padres, en el estado de Guadalajara.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

Muy contrario a lo que la policía creyó, Javier se fue del frontón temprano aquella noche, porque no llevaba dinero para apostar y de ahí, se fue a buscar a unos amigos al bar Eco, situado en las calles de Sullivan, pero sólo estuvo un rato breve, pues no halló a algún miembro de su palomilla.

Asimismo, las pistas de la policía eran muy endebles, pues no tenían algún indicio claro que involucrara a Javier Nava o Navarro en el crimen de la señora Mercedes y su jovial amante Ylicio Massine. Aún peor, ninguna de las huellas recabadas en la escena del crimen, pertenecían al mencionado muchacho oriundo de Guadalajara.

No obstante, la policía continuó con una larga lista de detenidos, nombres proporcionados en su mayoría por las sirvientas, con el afán de que pudieran encontrar algo que los condujera a esclarecer el crimen.

“CASOS COMO ÉSTE DAN ASCO”

Por la Jefatura de Policía pasaron varios muchachos detenidos que fueron interrogados cada día, y debido a ello, resultaba difícil comprender por qué las autoridades no tenían una línea de investigación clara, a la cual guiarse para resolver el crimen de la calle Lucerna. ¿En verdad, ninguno de ellos había aportado información valiosa? ¿O quizás, sabían demasiado y se trataba de ocultar algo? ¿Hasta dónde llegaba la raíz de aquel crimen en el cual no parecían estar sólo involucradas personas de la alta sociedad?

En su afán por obtener más detalles de la investigación, el reportero de La Prensa, Juan Nieto Martínez, habló con uno de los sabuesos policiacos a las afueras de la Jefatura de la Policía, quien señaló que no podía revelar mucha información, pero, al parecer, el caso estaba envuelto en algo muy turbio.

¡SOY UN REBELDE SIN CAUSA, PERO NO UN VULGAR ASESINO!

El sospechoso número uno clamó inocencia ante los sabuesos policiacos y contó su existencia tortuosa por el Distrito Federal y su idilio al lado de Mercedes Cassola

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

-Ya le digo, señor que saldrá a flote mucha podredumbre –señaló el elemento policiaco-; a nosotros los policías nada debe sorprendernos, dedicándonos a esta profesión, pero déjeme decirle que toda esta situación apesta. ¡Todos estos muchachitos repugnan! ¡En verdad, trabajar en casos como éste, da asco! –afirmó el investigador.


´-Como usted bien lo sabe, señor Nieto, crímenes como éste, en el que están inmiscuidos sujetos de costumbres extrañas, forman un círculo muy difícil de penetrar y eso complica las investigaciones –aseveró.


-A pesar de todo, estamos haciendo todo a nuestro alcance y más, para resolver este crucigrama y detener a los asesinos –concluyó el sabueso de la policía.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

SE ENTREGÓ EL PRINCIPAL SOSPECHOSO DEL CRIMEN

Un vientecillo irrumpía la mañana soleada de aquel viernes 19 de septiembre, cuando a las puertas de la Procuraduría capitalina se presentó un joven, quien preguntó por el comandante y director de la Policía Judicial, Fernando Romero.

-Buenos días, señores –saludó el muchacho a tres policías que se encontraban en la entrada-, Busco al comandante Fernando Romero. Vengo a aclarar lo relacionado con el crimen de la calle Lucerna.

Los tres hombres se quedaron sorprendidos y de inmediato, uno de ellos entró a buscar al director de la Judicial.

-¿Quién es usted?, –preguntó uno de los investigadores al joven. –Mi nombre es Javier Nava Cortés.

De pronto un gritó a lo lejos se escuchó: -¡A usted lo estábamos buscando, señor Nava! –dijo el comandante Romero-, tenemos mucho de qué hablar.

-Yo no maté a nadie y no sé quién pudo haber sido, por eso estoy aquí –contestó Javier, mientras dos policías lo tomaron de cada brazo y lo introdujeron para interrogarlo.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

AUTÉNTICO “REBELDE SIN CAUSA”

El muchacho comenzó por aclarar que su verdadero nombre era Javier Nava Cortés, tenía 21 años y originario de la ciudad de Guadalajara. Relató que en 1957, dejó su lugar de origen y se trasladó al Distrito Federal, con la intención de cumplir un sueño: ser un gran actor de cine y teatro.

Pero en la urbe no le fue fácil, pues no tenía lugar dónde alojarse y para incursionar en el medio artístico no contaba con alguna formación como actor y mucho menos, con algún contacto que lo apadrinara. Así que tuvo que regresar a Guadalajara derrotado, pero con la intención de tomar revancha.

Por ello, relató que trabajó medio año en una sastrería, mientras ahorraba dinero para volver a la capital. Cuando juntó una lanita, se volvió a instalar en el Distrito Federal, rentó un cuarto modesto y por las noches rondaba los teatros del centro, donde logró relacionarse con algunos actores. Y quizás fue asunto del destino, como mencionó Javier, que le puso enfrente a la bella Mercedes Cassola, a quien conoció una noche en un cabaret. “Cómo no enamorarse de una mujer así, hermosa, con mucha clase”, señaló Javier –y con mucho dinero, también-, -recalcó el comandante Romero.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

EL INTERROGATORIO

Para iniciar el interrogatorio en forma, los comandantes de la Judicial y del Servicio Secreto pidieron al reportero de La Prensa, Juan Nieto Martínez, que hiciera las preguntas en forma, en torno al brutal crimen cometido contra la española Mercedes Cassola Meler y su novio Ylicio Massine Saloine.

Nieto dio apertura: Díganos, señor Nava, ¿hace cuánto que conocía a la señora Mercedes Cassola? –Hace cómo ocho meses, señor, como ya les comenté, la conocí en un cabaret, en el Follies, me parece. Ese día se presentó Tin Tan. Yo iba con unos amigos y ellos me la presentaron.

-¿Cuánto tiempo pasó desde que se conocieron y qué tipo de relación tuvo con la española? –Yo le caí muy bien desde el inicio a Mercedes, al grado de que me invitó a comer varias veces a su casa, como al mes nos besamos, ella me gustaba y yo también, me lo decía a cada rato. -¿Pero se hicieron novios o eran amantes? –Pues para ser sincero, señor, no sabría decirle con certeza, porque Meche no se reprimía cuando alguien le gustaba… ¿me entiende?, pero la verdad a mí no me causaba ningún problema que saliera con otros hombres.

-Díganos, señor Nava, ¿tenía usted llave de la casa de Mercedes? –Nunca tuve la llave de la puerta, siempre que iba a verla me abrían las sirvientas. Es más, creo que ninguno de sus amigos tenía llave, pues era muy desconfiada en ese aspecto.

Luego, con la intención de corroborar si Javier era zurdo, pues se sospechó que él o los asesinos de la pareja lo eran, por la forma en que les arrebataron la vida, hicieron firmar al muchacho con ambas manos. Con la mano derecha el joven no tuvo algún problema en estampar su nombre, cuando lo hizo con la izquierda, le costó mucho trabajo. Esto implicó un punto más a su favor, de quien para la policía era el principal sospechoso del crimen. “¡YO NO SÉ QUIÉN ERA ESE GÜERO!”

Era evidente que Javier era muy parlanchín, no titubeaba con sus respuestas y por ello el reportero continuó con las preguntas: -¿Señor, Nava, usted conocía al joven Ylicio Massine, el amante de la rica española? –No lo conocía, sabía que andaban, porque hace como quince días fui a la casa de Meche y él llegó, pero nunca me lo presentó. Ese día salimos los tres al Frontón México, pero al poco rato yo me fui, porque no me gusta la jai alai. -¿Cuándo vio por última vez a Mercedes? –Fue en esa ocasión, le repito, ella me invitó a comer y después llegó ese muchacho, pero la verdad, ¡yo no sé quién es ese güero!

-¿Sabía usted que la española asesinada era sumamente rica? –¡Sí, claro, por supuesto! Ella me invitó hace unos meses a Acapulco con todos los gastos pagados. Siempre llevaba en su bolso de mano de tres a cuatro mil pesos en efectivo, sólo para sus gastos personales o para apostar en el frontón. Derrochaba sin premura. Muchas veces invitaba los tragos a sus amigas y a sus amantes les compraba ropa o prestaba dinero. A mí me ayudó varias veces cuando me encontraba en apuros económicos –señaló el bribonzuelo-, y ya ni hablamos de las costosas alhajas que siempre usaba.

-Díganos, señor Nava, ¿al domicilio de Mercedes se puede entrar por las ventanas del local que se encuentra en la parte baja del inmueble? -¡Uy, no señor!, por ese lugar no se puede penetrar porque ella tiene dos perros, que inmediatamente ladraban para avisar sobre la presencia de algún extraño. En una ocasión, el repartidor del gas entró por ese sitio y tuvo que salir corriendo porque los canes se le fueron encima –reafirmó Javier.

-¿Quién cree usted que haya matado a la española y a su amante? –No tengo la menor idea, señor, ella tenía muchas amistades con pelotaris, artistas teatrales y como le dije, ayudaba económicamente a mucha gente. Además, también tenía varios negocios, donde al parecer algunas personas le tenían envidia.

-Las veces que salió con la barcelonesa, ¿condujo usted algún auto de ella? –No sé manejar, señor, siempre nos llevaba su chofer, un señor de nombre Clemente, pero después me enteré de que lo había despedido, porque me lo encontré en la calle y muy furioso me lo contó.

-¿Tuvo usted dificultades con el joven Ylicio? Una de las sirvientas de Mercedes señala que entre ustedes hubo diferencias –Nunca, le digo que yo no lo conocía nunca me fue presentado. Esas muchachas mienten, ¡nunca crucé palabra con ese güero!

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

¡SOLTÓ LA LENGUA Y SOLTÓ SU COARTADA!

El "rebelde sin causa" declaró a la policía que la bella española llevaba una vida desenfrenada, llena de lujos y placeres de toda índole

DISCORDIA POR UNA MEDALLA

-¿Es verdad que tuvo problemas con Mercedes porque le robó dinero y unas alhajas? –No es cierto, cuando andábamos ella me daba unos dos mil pesos al mes y me regaló una medalla de oro con brillantes, pero cuando rompimos ya no quise visitarla, eso la disgustó, y de coraje me pidió que se la devolviera. Nunca se la regresé. Hace una semana necesitaba dinero y la vendí por 300 pesos.

-¿Qué hizo al enterarse de su muerte? –No me lo esperaba. Cierto es que me impresionó mucho y sabía que la policía buscaba a un tal Javier, pero nunca me imaginé que fuera yo. Hasta que un amigo ayer en la mañana me enseñó las fotos publicadas en La Prensa, entonces supe que se trataba de mí.

-¿Por qué no se entregó ayer mismo a la policía? –Porque tuve miedo señor, mucho miedo. ¡Imagínese, ahí en el periódico afirma la policía que yo maté a Mercedes! Pero decidí entregarme, ya que no maté a nadie y nada temo; nadie me lo aconsejó –dijo esto último con la voz quebrada y los ojos al borde del llanto.

“SOLTÓ LA LENGUA”

De pronto, los fotorreporteros dispararon los flashes de sus cámaras una y otra vez sobre el cada vez más incómodo, Javier Nava, quien no aguantó más y comenzó a lloriquear como un niño. Por vergüenza a que lo vieran, se tapó el rostro con sus manos y repentinamente gritó: -¡Soy inocentes, señores, les juro que yo no he matado a nadie!

Y como si una fuerza desde su interior lo motivara, se limpió las lágrimas de la cara y volvió a hablar:

-Yo me encontraba sin dinero en la ciudad y Meche, a cambio de que fuera a su casa varios días a la semana, me apoyaba con dinero y ropa, pero me cansé de ella, además de que me incomodaba de que fuera mayor que yo, decidí terminar con ella, y eso la disgustó mucho conmigo.


“Sin embargo, la seguí visitando como amigo. Ella me invitaba a comer a su casa y en una de esas ocasiones conocí a Ylicio, pero nunca tuve dificultad alguna con él, ya que tampoco cruzamos palabra.


“Reconozco que he hecho mal al estar así, sin trabajar y ser un zángano, pues mi padre, que en paz descanse, me dijo en una ocasión que el que no trabaja es un bribón.


“Pero les vuelvo a repetir, no soy un vulgar asesino, no he matado a nadie. ¡Soy inocente de este crimen!”.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

CAYÓ EN EL VICIO, PERO NO MATÓ A LA PAREJA

Cuando Javier Nava pensó que su martirio había concluido, los sabuesos policiacos aprovecharon que estaba desbordado en sentimientos, para obligarlo a aportar más datos, y por qué no, confesar su crimen:

-Díganos, señor Nava, ¿es usted adicto a alguna droga? –Fumo marihuana, señor, sólo eso. -¿Trafica con drogas? –Intervino de nuevo el comandante Romero-; No señor, no soy traficante, pero sí consumo yerba.

-¿Pertenece a alguna banda de gigolós o que estén a la caza de ricachonas? –No, comandante, pero les soy sincero, sí seduzco a mujeres mayores de dinero, para poder sobrevivir. Compréndanme, no tengo trabajo, a veces no tengo para comer, me hospedo a veces en hoteluchos, cuando bien me va, en otras ocasiones he dormido hasta en la calle.

Y lo siguiente que declaró el joven, estremeció y dejó boquiabiertos a los policías y a los reporteros.

-Mi situación es tan complicada y triste, señores, que hasta me he prostituido con señores ricachones que en sus casas y ante la sociedad guardan muy bien las apariencias, pero que se dan sus escapadas cuando pueden para buscar a jovencitos con quien acostarse. No me ha quedado de otra. Vine a la ciudad para cumplir un sueño, poder incursionar en el teatro, pero me he hundido en la perdición. No me juzguen, señores, la vida no ha sido fácil para mí. Sin embargo, yo no maté a Meche y al güero ese –aclaró una vez más Javier Nava.

-No obstante, el comandante Romero pidió al detenido que proporcionara los nombres de todos sus amigos y conocidos, con los cuales asistía a los centros nocturnos y de perdición –así se expresó el sabueso de la policía Judicial.

¿DÓNDE ESTUVO LA NOCHE DEL CRIMEN?

Javier Nava explicó que el sábado 12 de septiembre, fue al cine cerca de las 21:00 horas, cuando salió, eran alrededor de las 23:00 h. Caminaba por la Avenida Juárez cuando de pronto se encontró a su amigo Víctor González Gaxiola, a quien apodaban “El Pancho Villa”. Indicó que Gaxiola le comentó que quedó de verse con un amigo en el bar Eco, en Sullivan, y le pidió que lo acompañara.

-En el bar encontramos al amigo de Víctor, un gringo del cual no recuerdo su nombre, pero tiene como unos 35 años y habla muy bien el español –señaló Javier-; ahí estuvimos bebiendo hasta cómo a las dos de la mañana. Después el gringo nos invitó a su departamento a seguir la borrachera y nosotros aceptamos.

Entonces abordaron el auto del estadounidense y se dirigieron a la colonia Narvarte, donde bebieron por varias horas más. –Qué les parece si en cuanto amanezca nos vamos a dar una vuelta a Cuernavaca, allá tengo una casita de descanso con alberca –dijo, invitándolos el gringo. Javier y Víctor aceptaron, por lo que pernoctaron en el departamento del extranjero.

-Cuando nos despertamos eran casi las 10 de la mañana, entonces nos levantamos pero decidimos no ir a Cuernavaca debido a que el día estaba lluvioso. Entonces el gringo propuso dar la vuelta a Xochimilco, y Víctor y yo aceptamos. El paseo duró poco, porque la lluvia arreció y estaba haciendo frío, así que regresamos cerca de las dos de la tarde.

“El gringo nos dejó sobre Niño Perdido, frente a Salto del Agua y caminamos hacia el hotel Aída, en la calle de Arandas, pues ahí nos estábamos alojando. En ese lugar estuvimos hasta el día 15, porque se nos terminó el dinero que el gringo nos había regalado”, –señaló Javier un tanto avergonzado.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

LA ESPAÑOLA ERA UNA LIBERTINA

Entrado en confianza, el cazamillonarias, Javier Nava Cortés, declaró que Mercedes Cassola Meler era una mujer que llevaba una vida plagada de libertinaje:

-Meche ofrecía constantemente fiestas en su casa de la calle Lucerna donde corría el alcohol, la droga y terminaban en desenfrenadas orgías. Es más, ella viajaba con frecuencia a Nueva York, en donde adquiría la droga… -¿tiene usted pruebas de ello?-; preguntó molesto el comandante Romero.

¡VUELTA DE TUERCA EN EL DOBLE ASESINATO!

Víctor González Gaxiola, el segundo sospechoso, confirmó su inocencia y la de su amigo Javier Nava; la policía dio un giro al caso, al señalar a Ylicio en contubernio con los criminales

-Usted puede preguntarle a cualquiera de sus amistades, mi comandante, pero es obvio que como son personas que ante la sociedad se las dan de buenas y decentes, está claro que lo van a negar, pero en esas fiestas mostraban su lado oscuro.

-Es suficiente, ha terminado el interrogatorio. ¡Llévense a este bribón! –ordenó el comandante Fernando Romero.

Desesperado, en el momento en que dos policías lo tomaban de cada brazo, Javier se dirigió hacia los periodistas e hizo una última petición: -¡Víctor, preséntate! Tú sabes que no cometí ningún crimen. Tú eres el único que puede ayudarme.

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SE PRESENTÓ GAXIOLA EN LA JEFATURA DE POLICÍA

La policía se llevó otra sorpresa cuando al siguiente día de que se entregó Javier Nava Cortés, también lo hiciera Víctor González Gaxiola. Corriendo llegó a las oficinas de la Judicial, con una edición impresa de La Prensa, en la que su amigo Nava Cortés, le pedía se presentara ante las autoridades para dar su testimonio sobre dónde y con quién lo pasaron la noche del crimen.

-¡Aquí estoy, señores, soy ese que dice el diario buscan ustedes! –dijo Gaxiola a los guardias de turno. -¿Cuál es su nombre? –preguntó un oficial. –Soy Víctor González Gaxiola y soy amigo de Javier Nava, quien está detenido por el crimen de la señora Mercedes Cassola y su joven amante Ylicio Massine.

De inmediato pasaron al joven ante el comandante Fernando Romero, quien sin perder más tiempo, lo sometió a riguroso interrogatorio. Sin embargo, durante dos horas de intensos cuestionamientos, Gaxiola confirmó a plenitud todo lo dicho por Javier Nava, en el sentido de que no tuvieron nada que ver con el crimen de la calle Lucerna. La versión de los dos jóvenes sobre lo que hicieron la madrugada del doble homicidio coincidía perfectamente y con ello, la hipótesis de la policía que apuntaba hacia Javier como el principal sospechoso del asesinato, se fue a la basura y la policía volvía a estar como al inicio: con las manos vacías.

GORDON REED, SÍ ESTUVO CON ELLOS LA NOCHE DEL DOBLE HOMICIDIO

Enredada en una maraña de hipótesis, pistas y conjeturas, el martes 22 de septiembre, el Servicio Secreto de Policía detuvo al estadounidense Rudolph Gardner Reed, sujeto señalado por Nava y Gaxiola con quien estuvieron en su departamento la madrugada del crimen.

El detenido era un empresario importante, dedicado al ramo de los electrodomésticos. Al ser interrogado por el comandante Romero, en efecto, el estadounidense confirmó a la policía que estuvo con ellos la noche del sábado 12 y la madrugada del domingo 13 de septiembre. Relató también sobre el paseo que dieron por Xochimilco y el lugar donde los dejó al regreso, lo único que no coincidió, fue que Gaxiola mencionó a los investigadores que Reed les había dado 100 pesos por su compañía, pero el gringo señaló que sólo les dio 20 pesos de regalo para que pudieran pagar su hospedaje por dos días más en el hotel Aída.

La declaración del extranjero, echó abajo las ilusiones una vez más de los sabuesos policiacos por destrozar la coartada de Javier Nava y Víctor González Gaxiola, cuya inocencia parecía demostrarse cada vez más.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

PROCURADOR: “NO QUEDARÁ IMPUNE EL ASESINATO”

Mientras el caso se complicaba, el reportero Juan Nieto Martínez entrevistó el viernes 25 de septiembre al procurador de Justicia del Distrito Federal, el licenciado Fernando Román Lugo:

-¿Señor licenciado, deseamos que nos diga usted, qué resultado han tenido las investigaciones en torno al crimen de la catalana Mercedes Cassola Meler y el joven Ylicio Massine Saloine? –Comprendo que la opinión pública tiene derecho a enterarse sobre este caso que ha conmovido a la ciudad. Puedo asegurarles que será resuelto en breve; no es un caso difícil, lo que pasa es que es muy laborioso. Se han encontrado nuevas pistas y he dispuesto a todos los elementos de la Procuraduría para que esclarezcan el doble crimen de la calle Lucerna –declaró muy optimista el licenciado Román Lugo.

GIRO DE TUERCA EN EL DOBLE ASESINATO

El martes 29, por los pasillos de la Procuraduría corrió una nueva versión sobre el crimen de la calle Lucerna, que sacudió a la ciudadanía en cuanto la dio a conocer. Las pesquisas apuntaron a que fue el mismo Ylicio Massine, quien en contubernio con dos cómplices más, de origen italiano, habrían planeado un atraco contra la bella catalana, pues sabían que en su recámara guardaba una hinchada cantidad de dinero.

Debido a que no se forzó ninguna puerta ni ventana, el amante de Mercedes habría sido quien les facilitó a sus cómplices el ingreso a la casa de la ricachona. Una vez dentro, Ylicio también les aconsejó dónde esconderse, mientras ingresaban a la recámara, y una vez ahí, procederían a someterlos a los dos, para llevarse el dinero y las joyas.

Sin embargo, todo se torció, pues cuando los cómplices de Ylicio sorprendieron a Mercedes con brutal golpe en la cabeza, al joven italomexicano se le hizo trizas el corazón y no soportó ver agonizante a su amada, entonces se arrepintió y se abalanzó contra sus compinches, pero éstos también decidieron terminar con él.

Ylicio se defendió lo más que pudo, incluso, trató de hacer lo mismo con Mercedes, y eso explicó de forma clara las múltiples heridas punzocortantes que recibió, pero fue inútil, ambos fueron rematados con saña.

Consumado el crimen, los verdugos se dedicaron a saquear la caja fuerte que guardaba Mercedes, tomaron el dinero, las joyas y varios objetos más de valor. Y huyeron jadeantes con el amanecer del domingo. Y llevaban 16 días ocultos en algún lado, quizás no muy lejos de la ciudad, pero protegidos en gran parte por la torpeza de la policía.

Ese mismo día, por la noche, los principales sospechosos de cometer el crimen: Javier Nava Cortés y Víctor González Gaxiola fueron puestos en libertad, después de permanecer detenidos 15 días en las galeras de la Procuraduría.

Los dos “rebeldes sin causa”, como los llamaron los sabuesos policiacos, se fueron felices porque tenían la conciencia tranquila de no haber cometido crimen alguno y fueron devueltos a su terrible realidad, la de sobrevivir cada segundo en una ciudad hermosa, pero feroz.

Foto: Hemeroteca Mario Vázquez Raña

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