/ jueves 27 de julio de 2023

Entre la prevención y la reacción, Ari Jiménez encontró su vocación en la Protección Civil

Este trabajo forma parte de una serie de entrevistas en las que los y las "vigilantes" de la Ciudad de México nos platican su experiencia de laborar en una de las capitales más importantes del mundo

Una beca para capacitarse en atención pre-hospitalaria reveló a Ariadna Jiménez su verdadera vocación, que la apartó de la enfermería para adentrarse en el rubro de la Protección Civil, actividad en la que se desempeña desde hace tres años dentro de la unidad encargada de prevenir riesgos de la Alcaldía Venustiano Carranza.

Altruista, inquieta y adicta a la adrenalina, Ari, como es conocida por sus compañeros brigadistas, aún recuerda la primera ocasión en que confesó a su familia su interés por atender emergencias, a la que su padre se negó argumentando que vería "muchas cosas feas”.

Fue entonces que tomó el ejemplo de su madre y la joven recién salida del bachillerato comenzó a estudiar enfermería, pero al concluir sus estudios y al no poder ejercer mientras esperaba la llegada de su certificado, cursó una capacitación en primeros auxilios, descubriendo en la atención de emergencias la profesión que cumplía todas sus expectativas.

“Se me hizo aburrido (la enfermería), dije, yo no soy para estar cuidando solamente a una persona”, recuerda Ari, quien ya sin titubeos y con el apoyo de su familia, comenzó su formación para la atención de emergencias, sin imaginar que unos meses después ingresaría a la Unidad de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Alcaldía Venustiano Carranza.

Hay gente que no se dedica a esto por vocación, sino por negocio

Ariadna explica que son múltiples las funciones que realiza el personal de PC de dicha demarcación, en la que se concentra importante parte de la actividad comercial de la Ciudad de México, “hay días que nos toca supervisar instalaciones de gas o eléctricas en mercados, brindar capacitación de primeros auxilios en escuelas o cubrir emergencias a bordo de una ambulancia”.

Afirma que no olvidará su fecha de ingreso exacta como paramédico, “fue un 20 de enero del 2020, exactamente, un día de simulacro sísmico”, a los pocos días, atendería su primer emergencia, la cual tiene muy presente, “era una jovencita vulnerable, es sordomuda y fue atropellada, se llama Eva Nataly”, ahí, entre el nerviosismo de su primera atención y dificultades en la comunicación, Ari resolvió la emergencia y logró ingresar a tiempo a la paciente a un hospital para una atención especializada.

Admite que su reacción al momento en que surge una emergencia no es la más correcta, pero admite que su cuerpo necesita adrenalina, "no debemos de sonreír cuando surge una emergencia, pero muchas veces los accidentes los genera uno propio, por descuidos, por irresponsabilidades que tenemos, entonces, no es nuestra culpa que pasen las cosas, a nosotros, pues, nos encanta", confesó.

Foto José Luis Pérez | La Prensa

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Ari, quien además es madre de dos hijos, reconoce la importancia de las capacitaciones y talleres que brinda, entre estos de primeros auxilios y de maniobras de rescate en estructuras colapsadas, aunque también advierte, “hay gente que no se dedica a esto por vocación, sino por negocio”, al referirse a los servicios de ambulancias privadas o “patito”, a las que acusa de lucrar con la necesidad de la gente.

Admite que para ella la atención de emergencia es su vocación, algo que hace sin afán de lucro, aunque agradece los gestos y pequeños detalles que ha recibido de sus pacientes, algunos de estos que regresaron a buscarla para externarle su agradecimiento por auxiliarlos en momentos de vulnerabilidad, "¡es un café y un pan! pero está el agradecimiento, es ahí cuando dices, hice bien mi chamba", dice Ari con un brillo en su mirada.

Entre las funciones que también realiza, recuerda haberse “convertido en psicóloga”, esto durante las jornadas de vacunación contra el Covid-19 cuando tuvo que escuchar y convencer a los jóvenes, y uno que otro adulto, a que perdieran el miedo a las vacunas, una jornada nacional en la que su unidad brindó apoyo.

Reconoce que una ciudad tan poblada y grande siempre representará un enorme reto hablando de protección civil, "estamos muy pobres de información y de práctica y a veces realmente aunque tengamos la práctica, a la hora de una emergencias entramos en pánico", sentencia con seriedad sabiendo que aún hay mucho trabajo por hacer tanto por las autoridades como por la población civil.

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Una beca para capacitarse en atención pre-hospitalaria reveló a Ariadna Jiménez su verdadera vocación, que la apartó de la enfermería para adentrarse en el rubro de la Protección Civil, actividad en la que se desempeña desde hace tres años dentro de la unidad encargada de prevenir riesgos de la Alcaldía Venustiano Carranza.

Altruista, inquieta y adicta a la adrenalina, Ari, como es conocida por sus compañeros brigadistas, aún recuerda la primera ocasión en que confesó a su familia su interés por atender emergencias, a la que su padre se negó argumentando que vería "muchas cosas feas”.

Fue entonces que tomó el ejemplo de su madre y la joven recién salida del bachillerato comenzó a estudiar enfermería, pero al concluir sus estudios y al no poder ejercer mientras esperaba la llegada de su certificado, cursó una capacitación en primeros auxilios, descubriendo en la atención de emergencias la profesión que cumplía todas sus expectativas.

“Se me hizo aburrido (la enfermería), dije, yo no soy para estar cuidando solamente a una persona”, recuerda Ari, quien ya sin titubeos y con el apoyo de su familia, comenzó su formación para la atención de emergencias, sin imaginar que unos meses después ingresaría a la Unidad de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Alcaldía Venustiano Carranza.

Hay gente que no se dedica a esto por vocación, sino por negocio

Ariadna explica que son múltiples las funciones que realiza el personal de PC de dicha demarcación, en la que se concentra importante parte de la actividad comercial de la Ciudad de México, “hay días que nos toca supervisar instalaciones de gas o eléctricas en mercados, brindar capacitación de primeros auxilios en escuelas o cubrir emergencias a bordo de una ambulancia”.

Afirma que no olvidará su fecha de ingreso exacta como paramédico, “fue un 20 de enero del 2020, exactamente, un día de simulacro sísmico”, a los pocos días, atendería su primer emergencia, la cual tiene muy presente, “era una jovencita vulnerable, es sordomuda y fue atropellada, se llama Eva Nataly”, ahí, entre el nerviosismo de su primera atención y dificultades en la comunicación, Ari resolvió la emergencia y logró ingresar a tiempo a la paciente a un hospital para una atención especializada.

Admite que su reacción al momento en que surge una emergencia no es la más correcta, pero admite que su cuerpo necesita adrenalina, "no debemos de sonreír cuando surge una emergencia, pero muchas veces los accidentes los genera uno propio, por descuidos, por irresponsabilidades que tenemos, entonces, no es nuestra culpa que pasen las cosas, a nosotros, pues, nos encanta", confesó.

Foto José Luis Pérez | La Prensa

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Ari, quien además es madre de dos hijos, reconoce la importancia de las capacitaciones y talleres que brinda, entre estos de primeros auxilios y de maniobras de rescate en estructuras colapsadas, aunque también advierte, “hay gente que no se dedica a esto por vocación, sino por negocio”, al referirse a los servicios de ambulancias privadas o “patito”, a las que acusa de lucrar con la necesidad de la gente.

Admite que para ella la atención de emergencia es su vocación, algo que hace sin afán de lucro, aunque agradece los gestos y pequeños detalles que ha recibido de sus pacientes, algunos de estos que regresaron a buscarla para externarle su agradecimiento por auxiliarlos en momentos de vulnerabilidad, "¡es un café y un pan! pero está el agradecimiento, es ahí cuando dices, hice bien mi chamba", dice Ari con un brillo en su mirada.

Entre las funciones que también realiza, recuerda haberse “convertido en psicóloga”, esto durante las jornadas de vacunación contra el Covid-19 cuando tuvo que escuchar y convencer a los jóvenes, y uno que otro adulto, a que perdieran el miedo a las vacunas, una jornada nacional en la que su unidad brindó apoyo.

Reconoce que una ciudad tan poblada y grande siempre representará un enorme reto hablando de protección civil, "estamos muy pobres de información y de práctica y a veces realmente aunque tengamos la práctica, a la hora de una emergencias entramos en pánico", sentencia con seriedad sabiendo que aún hay mucho trabajo por hacer tanto por las autoridades como por la población civil.

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