/ lunes 17 de julio de 2023

La distancia del accidente al hospital se vuelve eterno: paramédico de la Cruz Roja

Este trabajo forma parte de una serie de entrevistas en las que los y las "vigilantes" de la Ciudad de México nos platican su experiencia de laborar en una de las capitales más importantes del mundo

“Estamos trabajando en cómo sacarte de tu auto, necesito que me digas qué te duele, cuando sientas que te mareas, cuando sientas que ya no tienes fuerza suficiente, por favor dímelo, vamos a tratar de hacer todo lo posible”, estás son las palabras que Héctor Páramo Álvarez, paramédico de la Cruz Roja Mexicana utiliza para atender a los pacientes accidentados en su mayoría por viajar alcoholizados y a exceso de velocidad.

El también jefe de Guardia en esta institución comentó que, en la Ciudad de México, se registra el mayor número de accidentes los viernes y sábados, días en que los capitalinos aprovechan para hacer sus fiestas o reuniones, en las que ingieren grandes cantidades de alcohol sabiendo que al día siguiente no tienen que ir a trabajar

“La constante nos habla de los viernes y sábados, porque son el día que ya descansan, saben que el sábado no van a trabajar, la mayoría hacen sus reuniones y fiestas y cubrimos una gran cantidad de accidentes por gente que está alcoholizada”.

El mayor número de accidentes se registra entre personas de 30 a 45 años de edad, calcula, según los accidentes que le han tocado cubrir a lo largo de 30 años.

Los accidentes fuertes son sin duda de personas jóvenes, ellos no miden (el riesgo) y manejan a alta velocidad; los accidentes más fuertes han sido con jóvenes menores de 30 años, pero la constante son de mayores de 30 años, que son accidentes fuertes, pero no con tantas consecuencias como con los jóvenes”, relata.

Tenemos que saber cuánto vamos a usar, o cuánto vamos a tomar de lo que la vida nos está poniendo

Héctor Páramo Álvarez, paramédico de la Cruz Roja Mexicana

El paramédico explica que ellos en su labor cotidiana se enfrentan a casos de personas que quedan atrapadas dentro de sus autos.

“(Ahora), los autos tienden a absorber la energía, ya no son como antes, toda la energía la absorbía el conductor, hoy en día los autos están diseñados para absorber la energía y se destruyen, pero así como se destruyen, dentro de la cabina tienen un caparazón estructural para que no se deforme, pero a veces la fuerza con la que se impacta los llega atorar, a prensar, eso es algo para nosotros más difícil, muy impactante”, señala.

Páramo Álvarez detalla que algo fundamental es hablar con la víctima del accidente para tratar de tranquilizarla, de distraerla…

“Tenemos nosotros que estar hablando con él, atendiendolo y, en muchas ocasiones, el paciente se empieza a deprimir, sus signos vitales empiezan a descender, empieza a perder sangre por la naturaleza de la lesión, y a veces da mucha impotencia no poderlos sacar y estar viendo cómo se deterioran, y cómo llegan a morir y no logramos el objetivo”.

Al preguntarle qué le aconseja a ese sector de la sociedad, el paramédico de la Cruz Roja Mexicana, dice que se debe tener responsabilidad.

“Tengamos una responsabilidad en la toma de nuestra vida, y una responsabilidad social, porque no nada más me lesiono yo, lesiono al que va conmigo y a la persona con la que voy a tener el siniestro, que a lo mejor viene o va a trabajar, o está trabajando; yo les pido que tengamos una responsabilidad, que midamos, quizá les guste mucho tomar, pero debemos de aprender a tener un freno”.

En entrevista con La Prensa explica que la vida nos da en abundancia y cada quien tiene que saber hasta dónde se debe llegar.

“Tenemos que saber cuánto vamos a usar, o cuánto vamos a tomar de lo que la vida nos está poniendo (enfrente) para que podamos tener esa responsabilidad y ser más conscientes. Esta sociedad tiene que cambiar sí o sí, porque no podemos seguir con estas dinámicas de accidentes en donde están involucradas muchas personas que tomaron y, desgraciadamente, hay muchas víctimas que no tienen una gota de alcohol en la sangre”.

Al preguntarle qué es lo más impactante que le ha tocado vivir, comentó que, aunque la lista es larga, mencionó, sin temor a equivocarse, que a él le causa mucho impacto atender a un niño que sufrió algún accidente.

viví dos momentos muy importantes que marcaron mi vida para entender que realmente los capitalinos somos muy unidos...

“Si duda hay una larga lista, pero lo que a mí me causa mucho impacto, son los niños, atender a un niño accidentado, o que se encuentre atrapado, a mí me genera mucha angustia, porque siento que la distancia del accidente al hospital se vuelve eterno y causa mucho dolor atender a un niño atropellado que, por alguna razón, se cruzó la calle y el auto no se detuvo, y llevarlo inconsistente es algo muy complicado”.

Foto: David Deolarte | La Prensa / Foto: David Deolarte | La Prensa

Importancia de la salud mental

Al preguntarle cómo sobrelleva todas esas emociones que a diario experimenta atendiendo a personas accidentadas que incluso pierden la vida ante él, narró:

“Hace muchos años, cuando nosotros pasábamos una crisis emocional por la atención de un paciente –como haya sido–, salíamos solos, con el mecanismo de autodefensa, cambiábamos nuestro estilo de vida. Muchos, desgraciadamente, se fueron de la institución porque se quedaron con ese impacto psicológico

“Hoy, afortunadamente, tenemos un área de salud mental, que es la que cuando nosotros tenemos esa angustia, pues buscamos la salud mental y la terapia, y que la gente pueda trabajar con sus emociones”.

Compartió que ha tenido que recurrir a esa asistencia tres veces a pesar de que estudió psicología; sin embargo, considera que sabe intuitivamente y de manera inmediata, en qué momento tiene que acudir con ellos.

“Me daban trastornos de sueño y mucha ansiedad, empezaba con respiraciones rápidas y una opresión en el pecho; ya en la sesión, uno va entendiendo que este dolor y la angustia es porque no trabajamos a tiempo, aunque el servicio no nos haya causado impacto emocional es un cúmulo de cosas que se vienen juntando hasta que se presenta una situación, por pequeña que sea, que nos mueve tantito las emociones, y ¡explotamos!”.

Pese a todo lo que le ha tocado enfrentar, Héctor Páramo considera que la gente es naturalmente buena, y dice que empieza a tener un cambio en su conducta. Mencionó que cuando se tienen hábitos que dañan a la sociedad se debe a que esa persona tuvo ciertos abandonos o simplemente por el medio social en el que se relaciona.

“Creo que la gente nace buena, posteriormente va cambiando o va reafirmando, si tenemos una buena parte de los capitalinos que responden con solidaridad, esa es bondad, esa es gente buena; lo que nosotros vemos a veces, lo impactante de la nota, de la violencia, eso nos habla de que es poco un sector el que lo hace, sin embargo, esa gente tuvo que vivir algo para transformarse y tener ese resentimiento”.

La bipolaridad de la Ciudad de México

Dijo que la Ciudad de México tiene un comportamiento dinámico muy curioso, y “si nos enfocamos a todo lo malo que ha habido en las sociedades, es decir, los asaltos, la violencia… se podría decir que estamos enfrentando una situación muy grave, que como sociedad ya no tenemos a dónde ir; lo cierto es que cuando conocemos la dinámica, y cuando vemos la solidaridad de la gente de cuando llegan a un accidente, la gente busca la manera de cómo nos puede ayudar, y entonces ahí es cuando uno comprende que le damos más peso a lo malo que está pasando en la sociedad”.

Foto: David Deolarte | La Prensa / Foto: David Deolarte | La Prensa

“Los capitalinos tienen de bueno la solidaridad; viví dos momentos muy importantes que marcaron mi vida para entender que realmente los capitalinos somos muy unidos: en 1985 yo todavía no estaba en la institución, llegaban masas, lo vimos a través de los medios de Comunicación, la gente se reunía para ayudar a todos los que estaban en los escombros, a mover lozas lo más que podían, y se quedaban días y días, a veces les llevaban de comer ahí, se olvidaron de las familias, hasta que el Ejército tomó control y, juntos, siguieron trabajando.

La gente busca la manera de cómo nos puede ayudar, y entonces ahí es cuando uno comprende que le damos más peso a lo malo que está pasando en la sociedad

“El otro momento importante, que sí viví en el 2017, donde de igual manera, aunque son generaciones diferentes, tienen el mismo comportamiento: salió la gente joven con picos, palas, cubetas, cascos, ya más protegidos que en el 85; ellos mismos salieron y fueron los primeros que empezaron a dar la atención para mover todos los escombros. Sí, me dejan un gran aprendizaje, porque la sociedad es muy solidaria, porque además llevaban de comer, los que no podían cargar llevaban tortas, llevaban café para todos los cuerpos de socorro, y eso deja un buen sabor de boca, un agradecimiento y una maravillosa experiencia”.

Salvar vidas, el pan de cada día

Héctor Páramo Álvarez es paramédico de la Cruz Roja Mexicana desde hace 30 años, aunque él quería dedicarse a las artes escénicas, acompañar a un amigo que se iba a inscribir a la Cruz Roja como socorrista cambió su rumbo, decidió probar y quedó atrapado por la idea de salvar vidas.

Durante 10 años fue voluntario de Cruz Roja, y lleva 20 más en la institución, aunque su turno inicia a las 20:00 horas Héctor llega a las 18:00 a diario para revisar las comisiones de las unidades, ver qué unidades van a salir y distribuirlas por toda la ciudad.

“Tengo que tener el tacto para saber en qué posición debo tenerlas, para que lleguen rápido en caso de un siniestro, conformo las tripulaciones y a las ocho damos las indicaciones al personal para que sepa cuáles son las novedades; por ejemplo, ahora que vienen las lluvias, normalmente sale todo el aceite hacia el pavimento y se hace muy resbaloso, por eso hay muchos accidentes al inicio de lluvias, se les recuerda las indicaciones a los operadores, se les pide a los paramédicos que llenen bien los formatos para evitar consecuencias legales, se van de base, y entonces empieza la supervisión, en cierto horario, salgo en la unidad y empiezo a supervisar que todos estén en sus bases, que estén uniformados, llegamos a los servicios a donde a ellos los mandan para apoyarles, y si es que es necesario, dar una atención avanzada, les ayudamos, y se hace el traslado al hospital y ya en la mañana se entrega guardia, y yo no me voy hasta que llega el último compañero que salió a dar servicio en mi turno”.

Foto: David Deolarte | La Prensa

El paramédico explica que si todas las ambulancias estuvieran concentradas en Polanco y hay un servicio en Iztapalapa, tardarían más de dos horas en llegar por la condición tiempo- tráfico

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“Lo que hacemos es asignar una unidad, a la cual le pedimos que haga base en cierto punto, que sea la zona de Iztapalapa donde hay más alta incidencia de servicios y tenemos otra de enlace que se queda en Iztacalco, para que apoye a Iztacalco e Iztapalapa y así vamos escalonado ambulancias en distintas partes de la Ciudad para reducir los tiempos de respuesta y tardamos en llegar a un servicio en un tiempo de 20 a 25 minutos”.

Detalló que los viernes, hay 14 operadores y 14 paramédicos, que son jefes de servicio más algunos voluntarios que son, máximo, dos por ambulancia ósea que sale una fuerza operativa de 14 ambulancias y 54 elementos entre voluntarios y paramédicos pagados.

Y compartió que su mayor satisfacción es conocer a mucha gente, “así como he entrado a un lugar de escasos recursos económicos, he entrado a lugares con poder económico y he tenido la oportunidad de conocer a miles de familias”.

Con motivo del aniversario número 95 de La Prensa, Héctor Páramo mandó una felicitación para todo el equipo que trabaja en el periódico.

Y que la Cruz Roja esté cerca, trabajando de la mano, cada quien haciendo su labor

Síguenos en Facebook: La Prensa Oficial y en Twitter: @laprensaoem

“Estamos trabajando en cómo sacarte de tu auto, necesito que me digas qué te duele, cuando sientas que te mareas, cuando sientas que ya no tienes fuerza suficiente, por favor dímelo, vamos a tratar de hacer todo lo posible”, estás son las palabras que Héctor Páramo Álvarez, paramédico de la Cruz Roja Mexicana utiliza para atender a los pacientes accidentados en su mayoría por viajar alcoholizados y a exceso de velocidad.

El también jefe de Guardia en esta institución comentó que, en la Ciudad de México, se registra el mayor número de accidentes los viernes y sábados, días en que los capitalinos aprovechan para hacer sus fiestas o reuniones, en las que ingieren grandes cantidades de alcohol sabiendo que al día siguiente no tienen que ir a trabajar

“La constante nos habla de los viernes y sábados, porque son el día que ya descansan, saben que el sábado no van a trabajar, la mayoría hacen sus reuniones y fiestas y cubrimos una gran cantidad de accidentes por gente que está alcoholizada”.

El mayor número de accidentes se registra entre personas de 30 a 45 años de edad, calcula, según los accidentes que le han tocado cubrir a lo largo de 30 años.

Los accidentes fuertes son sin duda de personas jóvenes, ellos no miden (el riesgo) y manejan a alta velocidad; los accidentes más fuertes han sido con jóvenes menores de 30 años, pero la constante son de mayores de 30 años, que son accidentes fuertes, pero no con tantas consecuencias como con los jóvenes”, relata.

Tenemos que saber cuánto vamos a usar, o cuánto vamos a tomar de lo que la vida nos está poniendo

Héctor Páramo Álvarez, paramédico de la Cruz Roja Mexicana

El paramédico explica que ellos en su labor cotidiana se enfrentan a casos de personas que quedan atrapadas dentro de sus autos.

“(Ahora), los autos tienden a absorber la energía, ya no son como antes, toda la energía la absorbía el conductor, hoy en día los autos están diseñados para absorber la energía y se destruyen, pero así como se destruyen, dentro de la cabina tienen un caparazón estructural para que no se deforme, pero a veces la fuerza con la que se impacta los llega atorar, a prensar, eso es algo para nosotros más difícil, muy impactante”, señala.

Páramo Álvarez detalla que algo fundamental es hablar con la víctima del accidente para tratar de tranquilizarla, de distraerla…

“Tenemos nosotros que estar hablando con él, atendiendolo y, en muchas ocasiones, el paciente se empieza a deprimir, sus signos vitales empiezan a descender, empieza a perder sangre por la naturaleza de la lesión, y a veces da mucha impotencia no poderlos sacar y estar viendo cómo se deterioran, y cómo llegan a morir y no logramos el objetivo”.

Al preguntarle qué le aconseja a ese sector de la sociedad, el paramédico de la Cruz Roja Mexicana, dice que se debe tener responsabilidad.

“Tengamos una responsabilidad en la toma de nuestra vida, y una responsabilidad social, porque no nada más me lesiono yo, lesiono al que va conmigo y a la persona con la que voy a tener el siniestro, que a lo mejor viene o va a trabajar, o está trabajando; yo les pido que tengamos una responsabilidad, que midamos, quizá les guste mucho tomar, pero debemos de aprender a tener un freno”.

En entrevista con La Prensa explica que la vida nos da en abundancia y cada quien tiene que saber hasta dónde se debe llegar.

“Tenemos que saber cuánto vamos a usar, o cuánto vamos a tomar de lo que la vida nos está poniendo (enfrente) para que podamos tener esa responsabilidad y ser más conscientes. Esta sociedad tiene que cambiar sí o sí, porque no podemos seguir con estas dinámicas de accidentes en donde están involucradas muchas personas que tomaron y, desgraciadamente, hay muchas víctimas que no tienen una gota de alcohol en la sangre”.

Al preguntarle qué es lo más impactante que le ha tocado vivir, comentó que, aunque la lista es larga, mencionó, sin temor a equivocarse, que a él le causa mucho impacto atender a un niño que sufrió algún accidente.

viví dos momentos muy importantes que marcaron mi vida para entender que realmente los capitalinos somos muy unidos...

“Si duda hay una larga lista, pero lo que a mí me causa mucho impacto, son los niños, atender a un niño accidentado, o que se encuentre atrapado, a mí me genera mucha angustia, porque siento que la distancia del accidente al hospital se vuelve eterno y causa mucho dolor atender a un niño atropellado que, por alguna razón, se cruzó la calle y el auto no se detuvo, y llevarlo inconsistente es algo muy complicado”.

Foto: David Deolarte | La Prensa / Foto: David Deolarte | La Prensa

Importancia de la salud mental

Al preguntarle cómo sobrelleva todas esas emociones que a diario experimenta atendiendo a personas accidentadas que incluso pierden la vida ante él, narró:

“Hace muchos años, cuando nosotros pasábamos una crisis emocional por la atención de un paciente –como haya sido–, salíamos solos, con el mecanismo de autodefensa, cambiábamos nuestro estilo de vida. Muchos, desgraciadamente, se fueron de la institución porque se quedaron con ese impacto psicológico

“Hoy, afortunadamente, tenemos un área de salud mental, que es la que cuando nosotros tenemos esa angustia, pues buscamos la salud mental y la terapia, y que la gente pueda trabajar con sus emociones”.

Compartió que ha tenido que recurrir a esa asistencia tres veces a pesar de que estudió psicología; sin embargo, considera que sabe intuitivamente y de manera inmediata, en qué momento tiene que acudir con ellos.

“Me daban trastornos de sueño y mucha ansiedad, empezaba con respiraciones rápidas y una opresión en el pecho; ya en la sesión, uno va entendiendo que este dolor y la angustia es porque no trabajamos a tiempo, aunque el servicio no nos haya causado impacto emocional es un cúmulo de cosas que se vienen juntando hasta que se presenta una situación, por pequeña que sea, que nos mueve tantito las emociones, y ¡explotamos!”.

Pese a todo lo que le ha tocado enfrentar, Héctor Páramo considera que la gente es naturalmente buena, y dice que empieza a tener un cambio en su conducta. Mencionó que cuando se tienen hábitos que dañan a la sociedad se debe a que esa persona tuvo ciertos abandonos o simplemente por el medio social en el que se relaciona.

“Creo que la gente nace buena, posteriormente va cambiando o va reafirmando, si tenemos una buena parte de los capitalinos que responden con solidaridad, esa es bondad, esa es gente buena; lo que nosotros vemos a veces, lo impactante de la nota, de la violencia, eso nos habla de que es poco un sector el que lo hace, sin embargo, esa gente tuvo que vivir algo para transformarse y tener ese resentimiento”.

La bipolaridad de la Ciudad de México

Dijo que la Ciudad de México tiene un comportamiento dinámico muy curioso, y “si nos enfocamos a todo lo malo que ha habido en las sociedades, es decir, los asaltos, la violencia… se podría decir que estamos enfrentando una situación muy grave, que como sociedad ya no tenemos a dónde ir; lo cierto es que cuando conocemos la dinámica, y cuando vemos la solidaridad de la gente de cuando llegan a un accidente, la gente busca la manera de cómo nos puede ayudar, y entonces ahí es cuando uno comprende que le damos más peso a lo malo que está pasando en la sociedad”.

Foto: David Deolarte | La Prensa / Foto: David Deolarte | La Prensa

“Los capitalinos tienen de bueno la solidaridad; viví dos momentos muy importantes que marcaron mi vida para entender que realmente los capitalinos somos muy unidos: en 1985 yo todavía no estaba en la institución, llegaban masas, lo vimos a través de los medios de Comunicación, la gente se reunía para ayudar a todos los que estaban en los escombros, a mover lozas lo más que podían, y se quedaban días y días, a veces les llevaban de comer ahí, se olvidaron de las familias, hasta que el Ejército tomó control y, juntos, siguieron trabajando.

La gente busca la manera de cómo nos puede ayudar, y entonces ahí es cuando uno comprende que le damos más peso a lo malo que está pasando en la sociedad

“El otro momento importante, que sí viví en el 2017, donde de igual manera, aunque son generaciones diferentes, tienen el mismo comportamiento: salió la gente joven con picos, palas, cubetas, cascos, ya más protegidos que en el 85; ellos mismos salieron y fueron los primeros que empezaron a dar la atención para mover todos los escombros. Sí, me dejan un gran aprendizaje, porque la sociedad es muy solidaria, porque además llevaban de comer, los que no podían cargar llevaban tortas, llevaban café para todos los cuerpos de socorro, y eso deja un buen sabor de boca, un agradecimiento y una maravillosa experiencia”.

Salvar vidas, el pan de cada día

Héctor Páramo Álvarez es paramédico de la Cruz Roja Mexicana desde hace 30 años, aunque él quería dedicarse a las artes escénicas, acompañar a un amigo que se iba a inscribir a la Cruz Roja como socorrista cambió su rumbo, decidió probar y quedó atrapado por la idea de salvar vidas.

Durante 10 años fue voluntario de Cruz Roja, y lleva 20 más en la institución, aunque su turno inicia a las 20:00 horas Héctor llega a las 18:00 a diario para revisar las comisiones de las unidades, ver qué unidades van a salir y distribuirlas por toda la ciudad.

“Tengo que tener el tacto para saber en qué posición debo tenerlas, para que lleguen rápido en caso de un siniestro, conformo las tripulaciones y a las ocho damos las indicaciones al personal para que sepa cuáles son las novedades; por ejemplo, ahora que vienen las lluvias, normalmente sale todo el aceite hacia el pavimento y se hace muy resbaloso, por eso hay muchos accidentes al inicio de lluvias, se les recuerda las indicaciones a los operadores, se les pide a los paramédicos que llenen bien los formatos para evitar consecuencias legales, se van de base, y entonces empieza la supervisión, en cierto horario, salgo en la unidad y empiezo a supervisar que todos estén en sus bases, que estén uniformados, llegamos a los servicios a donde a ellos los mandan para apoyarles, y si es que es necesario, dar una atención avanzada, les ayudamos, y se hace el traslado al hospital y ya en la mañana se entrega guardia, y yo no me voy hasta que llega el último compañero que salió a dar servicio en mi turno”.

Foto: David Deolarte | La Prensa

El paramédico explica que si todas las ambulancias estuvieran concentradas en Polanco y hay un servicio en Iztapalapa, tardarían más de dos horas en llegar por la condición tiempo- tráfico

No olvides seguirnos en Google Noticias para mantenerte informado

“Lo que hacemos es asignar una unidad, a la cual le pedimos que haga base en cierto punto, que sea la zona de Iztapalapa donde hay más alta incidencia de servicios y tenemos otra de enlace que se queda en Iztacalco, para que apoye a Iztacalco e Iztapalapa y así vamos escalonado ambulancias en distintas partes de la Ciudad para reducir los tiempos de respuesta y tardamos en llegar a un servicio en un tiempo de 20 a 25 minutos”.

Detalló que los viernes, hay 14 operadores y 14 paramédicos, que son jefes de servicio más algunos voluntarios que son, máximo, dos por ambulancia ósea que sale una fuerza operativa de 14 ambulancias y 54 elementos entre voluntarios y paramédicos pagados.

Y compartió que su mayor satisfacción es conocer a mucha gente, “así como he entrado a un lugar de escasos recursos económicos, he entrado a lugares con poder económico y he tenido la oportunidad de conocer a miles de familias”.

Con motivo del aniversario número 95 de La Prensa, Héctor Páramo mandó una felicitación para todo el equipo que trabaja en el periódico.

Y que la Cruz Roja esté cerca, trabajando de la mano, cada quien haciendo su labor

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