/ viernes 7 de agosto de 2020

Masacre en el casino Royale

Hace 9 años, un atentado contra una casa de apuestas en Monterrey indignó a todo el país, en lo que se consideró el peor acto de terror contra la población civil

El 25 de agosto del 2011, los teléfonos de la Secretaría de Seguridad Pública de Monterrey y del Heroico Cuerpo de Bomberos de Nuevo León comenzaron a sonar sin descanso.

Los llamados alertaron en un inicio sobre un tiroteo y también de un gran incendio hacia el poniente de la ciudad, nada concreto, por el contrario, la información fue muy incierta.

Sin embargo los equipos de rescate, policías y tragahumo se dirigieron en específico, a la avenida San Jerónimo y la calle Jesús María González, a sólo 10 minutos del centro de la urbe, con mucha incertidumbre sobre el escenario que se podrían encontrar.

De camino al lugar del siniestro, a los radios de los camiones de bomberos llegó más información: “a todas las unidades, al parecer tenemos dos posibles escenarios, un clave 1-3 o un clave 4-2, en el número 205 de San Jerónimo, en la casa de apuestas Royale. Así que ya saben que hacer, Z-12, cambio y fuera”.

A medio kilómetro del incendio, se podía ver una gran nube de humo y conforme se acercaron los equipos de rescate y de policía, el caos reinaba en el lugar. Decenas de personas corrían despavoridas por las banquetas para tratar de alejarse de las llamas, las cuales salían furiosas por las puertas y ventanas del inmueble.

Foto: Archivo La Prensa

Otras yacían tiradas a unos cuantos metros del fuego, del humo y cristales rotos, habían sido aquellas que lograron salir del local de apuestas, pero no soportaron más, y apenas se encontraron afuera, se desplomaron con las vías respiratorias intoxicadas sin que alguien pudiera auxiliarlas de inmediato.

Pronto la policía acordonó un perímetro amplio, para desalojar a transeúntes y cortar el flujo de los automovilistas sobre la avenida San Jerónimo, mientras los bomberos se desplegaron y comenzaron a maniobrar para combatir el fuego.

Eran cerca de las 16:00 horas, el sol caía con furia sobre la urbe regiomontana y la paz de aquella tarde se vio interrumpida por la confusión, el miedo… la vorágine.

O tal vez, el diablo ya tenía amedrentados a los regiomontanos desde meses atrás, en los que se registraron ataques de sujetos fuertemente armados a varias casas de apuestas. Al parecer, uno o varios grupos del crimen organizado se estaban disputando el cobro sobre derecho de piso a varios negocios de la ciudad.

EL NORTE INVADIDO POR LA VIOLENCIA

Pero no sólo el estado de Nuevo León estaba atemorizado por la violencia, en Coahuila también se registraron ataques similares de sicarios a varios negocios, en uno de ellos, hasta hicieron estallar una granada, causando la muerte de dos personas.

Y en un hecho insólito en nuestro país, a principios de agosto, se registró un tiroteo a las afueras del estadio Corona, perteneciente al club de futbol Santos Laguna. Los aficionados invadieron el terreno de juego para tratar de ponerse a salvo y el partido que se disputaba fue suspendido. Aquella tarde, el enfrentamiento entre sicarios y policías dejó un saldo de un uniformado lesionado, pero sin duda, la tranquilidad murió para decenas de ciudadanos que vieron su vida en peligro, cuando sólo querían divertirse en la grada del estadio apoyando al equipo de sus amores.

No obstante, la peor tragedia firmada por el crimen organizado hasta ese momento, fue la ocurrida en San Fernando, Tamaulipas, justo un año antes, en agosto de 2010, cuando un comando de “Los Zetas” asesinó de forma brutal a 72 migrantes. Según las investigaciones, el grupo delictivo los ultimó porque se negaron a formar parte de sus filas y propagar el mal.

CUERPOS ESPARCIDOS EN EL SUELO COMO HOJAS MUERTAS

La situación en el casino era compleja, el fuego impedía que rescatistas y bomberos ingresaran con facilidad para salvar a las personas que se encontraban adentro, aun así, entraron en pequeñas brigadas, mientras los tragahumo combatían con las llamas por todos los flancos.

Con el paso de los minutos el panorama se cubrió de muerte, bomberos salían cargando cuerpos de hombres y mujeres que se encontraban en la agonía y en otros casos, ya no respiraban. Los paramédicos no eran suficientes para atender la magnitud del problema, así que tuvieron que pedir más unidades para tratar de salvar la vida a los desfallecientes. Pero no hubo esperanza, cada vez que salían más brigadistas, lo hacían con personas ya muertas, las cuales se contaban por decenas.

Pronto la desgracia comenzó a difundirse, primero en los noticieros locales, después en los de todo el país. Testigos del horror que estaban presenciando, los ciudadanos regiomontanos se preguntaron: “¿Quién y por qué había hecho tal acto de barbarie?”

Terror y muerte en un casino de Monterrey

Charlaron y acordaron los detalles alrededor de una hora en el restaurante El Gran Pastor, ubicado en la avenida Gonzalitos. Cerca de las 3 de la tarde, los 12 sujetos abandonaron el lugar, subieron a cuatro vehículos: dos camionetas, un auto deportivo y un sedán. A menos de un kilómetro, entraron a una gasolinera y llenaron varios bidones con combustible. Aunque su comportamiento parecía sospechoso, nadie reparó en ellos, total, qué podía alterar la cotidianidad aquella tarde.

Luego, a bordo de sus unidades, volvieron a enfilar por la avenida Gonzalitos con rumbo al poniente de la ciudad. Al llegar al gran puente de la avenida Constitución, tomaron el carril lateral y doblaron a la derecha, sobre San Jerónimo.

PÁNICO A PLENA TARDE

A pocos metros de llegar al objetivo, los sujetos alistaron sus armas de fuego, se dieron las últimas instrucciones y se detuvieron en el número 205 de mencionada avenida. El reloj marcaba las 15:48 horas, cuando un Mini Cooper fue el primero en subir la rampa que conducía a la entrada principal de la casa de apuestas, detrás, se posicionó una camioneta Equinox gris, después una Chevrolet S10 negra y al final, un auto sedán.

Sin titubear y con movimientos rápidos, de cada vehículo descendieron entre dos y tres hombres con arma en mano y dispuestos a todo. Las personas que pasaban en esos momentos por la banqueta intuyeron lo que sucedía y de inmediato corrieron despavoridos para alejarse del lugar.

Un agresor tomó por sorpresa al joven de la recepción y con furia lo golpeó en la cabeza con la cacha de su pistola, éste cayó al piso sangrando, se enconchó y no le quedaron ganas de moverse. En segundos, otros sujetos ingresaron al casino y uno de ellos gritó: -¡Ya se los cargó la chingada, se los advertimos, con nosotros no se juega!

Foto: Archivo La Prensa

Varios de sus cómplices despojaron de dinero y pertenencias a algunos clientes, que ya se encontraban jugando a esa hora, mientras otros esparcían la gasolina de los bidones entre las máquinas de la sección del bingo. Algunos afortunados aprovecharon esos segundos de confusión y lograron salir a toda prisa del casino, pero la mayoría no tuvo la misma suerte y trataron de refugiarse donde pudieron.

Después de esparcir el combustible, uno de los sujetos encendió un cigarro y lo arrojó al piso, al instante se suscitaron las llamas y decenas de personas quisieron salir por la puerta de acceso, sin embargo, se los impidió el hecho de que otro individuo ya derramaba más carburante por toda esa zona, así que algunos corrieron envueltos en pánico hacia los baños y otros trataron de refugiarse en el piso de arriba.

Cuando las llamas comenzaban a devorar todo a su paso, uno de los atacantes gritó: ¡A ver si con este pinche susto aprenden! ¡Vámonos, a estos cabrones ya se los cargó la chingada! ¡Afuera, vámonos! Y acto seguido, también encendió un cigarro y lo aventó sobre el líquido inflamable. Las puertas de entrada también ardieron de inmediato y cobijados bajo una enorme nube negra de humo, el comando de criminales aprovechó para abordar sus unidades y escapar del Casino Royale.

Apenas huyó el comando, en el interior de la casa de juego se registró un fuerte estallido. Los clientes se asustaron mucho más y trataban de alejarse de las llamas lo más que podían, pero todo se tornó violento y caótico, pues decenas de personas corrían sin sentido, presas de la desesperación chocaban unas con otras y varias fueron pisoteadas por la estampida. Otras subieron a la planta alta y buscaron con afán las salidas de emergencia, pero se llevaron la desagradable sorpresa de que estaban cerradas. Trataron de tirarlas a golpes y empellones, pero les fue imposible lograrlo.

Pocos minutos después, se registró una segunda explosión, entonces el humo negro se tornó más denso y se coló por todos los resquicios del inmueble. El ambiente se volvió irrespirable. Los que se refugiaron en los baños trataron de humedecer algunas prendas y colocárselas en la nariz para poder respirar, sin embargo, la nube de monóxido de carbono invadió sus vías respiratorias y luego pasó a sus torrentes sanguíneos y las fulminó. Lo mismo sucedió con aquellos que intentaron ponerse a salvo en algún rincón, pues sucumbieron con su último rezo.

Al mismo tiempo, un grupo aproximado de 20 personas, guiadas por dos trabajadores del casino, trataron de ponerse a salvo en unas oficinas situadas en la segunda planta del inmueble. En un inicio, pensaron que los hombres armados habían entrado al casino a robar y lo único que se les ocurrió fue subir a esconderse; sin embargo, con el paso de los minutos, el terror se apoderó de ellos. Con los estallidos, el fuego, el humo, los gritos y el caos, se sintieron inmersos en una pesadilla. Si bien no sabían con precisión qué sucedía, una sola certeza sí tenían, la de que iban a morir.

Se encontraban tirados en el piso, hasta cierto punto resignados, como esperando la muerte. El humo comenzaba a hacer estragos en sus cuerpos, cuando de pronto, a uno de los trabajadores del casino, de nombre Gerardo, se le ocurrió que tal vez, podrían escapar por la azotea del inmueble. Al menos, pensó que arriba habría aire para poder respirar. Así que les compartió su idea y pidió que lo siguieran y que resistieran un poco más.

Gerardo conocía bien el camino, así que sin dudar y con paso veloz caminó por un largo pasillo y llegó hasta una puerta, la cual, para su fortuna se encontraba abierta. Cuando se encontraron en la azotea, el trabajador se percató de que el grupo estaba conformado en su mayoría por mujeres, varias de avanzada edad y también una jovencita embarazada. Todas lloraban y algunas se encontraban en estado de shock. Sintieron tan cerca la muerte que varias pensaron en aventarse al vacío. Entonces el empleado trató de calmarlas y se dio cuenta también, que ellas se encontraba su compañero Juan Francisco, un muchacho menudito, quien lo ayudó a darles ánimos.

Entonces Gerardo dio un ligero recorrido por las esquinas de la azotea para observar que era lo que sucedía y fue cuando cobró consciencia del grave problema en el que estaban inmersos. El casino se encontraba envuelto en llamas y humo, algunas estructuras comenzaban a colapsar, mientras los rescatistas entraban y salían como podían del inmueble para salvar a los clientes. Pero quedó estupefacto al observar que la mayoría de los cuerpos que sacaban ya no se movían y varios se encontraban esparcidos en la rampa de acceso. Los bomberos trataban de apagar las llamas lo más pronto posible, pero el fuego se resistía.

Aunque a Gerardo lo invadió el miedo y la impotencia, supo que no podía quedarse de brazos cruzados. Por su cabeza pasó la idea clara de que si iba a morir, al menos tenía que intentar salvar a esas personas que se encontraban desesperadas al borde de la muerte.

FCH: "¡Atraparemos a los homicidas incendiarios!"

El ataque al casino Royale fue un hecho inaudito y deplorable de violencia, fuera de todo lo visto en nuestro país, que demandó la presencia inmediata del Presidente Felipe Calderón en la ciudad de Monterrey. El viernes 26 de agosto por la mañana, se reunió con su gabinete de seguridad, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz y el secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, en el mismo Palacio de Gobierno de aquel estado.

En ese encuentro, las autoridades definieron una serie de acuerdos por seguir; en el primero se estableció el protocolo para atender a las víctimas y sus familiares, mediante una Mesa Única, instalada junto al Hospital Universitario, la cual se encargaría de trabajar por tiempo indefinido para apoyar con trámites y diligencias, así como todo lo relacionado con el rescate y entrega de cadáveres a sus deudos.

Como segundo punto, por instrucciones del Presidente Felipe Calderón, se acordó reforzar la presencia de las fuerzas públicas en la Zona Metropolitana de Monterrey. Fue cuestión de un par de horas, para que decenas de elementos del Ejército Mexicano y de la Policía Federal arribaran a las calles de la gran urbe.

En tercer lugar, se pactó declarar tres días de luto nacional, a consecuencia de lo que se declaró como “el más grave atentado contra la población civil inocente que jamás haya visto el país en mucho tiempo”. Y por último, las autoridades ofrecieron una recompensa de 30 millones de pesos, a quien ofreciera información fidedigna que ayudara a la captura de los sicarios.

MENSAJE DEL PRESIDENTE A LA NACIÓN

Ante la magnitud de tal clima desafiante, horas más tarde Felipe Calderón tuvo que asumir los extremos de su cargo y emitió un mensaje a todo el país: “Lo que ha sucedido en Monterrey es un acto terrorista… y como toda acción asesina, esta tragedia reclama una respuesta contundente y unificada de todos los mexicanos”. Y destacó: “Pero no nos confundamos ni nos equivoquemos. No estamos hablando en lo medular de un accidente sino de un homicidio brutal e incalificable…, Estamos hablando de criminales, que de manera artera, con premeditación, alevosía y ventaja, llegaron al lugar, amagaron a las personas que ahí se encontraban y prendieron fuego sin más”.

Continuó: “¡Homicidas incendiarios y verdaderos terroristas sobre quienes debe caer, no sólo todo el peso de la ley sino el unánime repudio de la sociedad, de los poderes públicos, de los partidos políticos, de los líderes sociales y de los medios de comunicación! Lo peor que nos pudiera pasar es renunciar a nuestro deber y entregar nuestras comunidades y familias al capricho y arbitrio de las bandas delincuenciales”.

Enfatizó: “Quizá la gente se pregunta ahora, qué pasará y qué vamos a hacer.” A lo que el mismo respondió: “De parte del Gobierno federal la respuesta es clara, es perseverar y redoblar esfuerzos hasta alcanzar la paz y la justicia, porque no nos vamos a rendir. Al contrario, iremos adelante porque queremos un México en paz, de libertades que han amenazado los criminales…

Asimismo señaló que giró instrucciones precisas para que la PGR y la Procuraduría de Justicia del estado de Nuevo León trabajaran coordinadas para investigar y esclarecer el atentado.

Y concluyó haciendo expreso su dolor con las víctimas: “Mis más sinceras condolencias por esta terrible e irreparable pérdida. Su dolor, es el dolor de todo México, y sabemos que, en particular, este delito y ninguno pueden quedar impunes”.

Por su parte, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz, pidió a los regiomontanos mantener la calma y estar unidos en tan complicados momentos y se comprometió en colaborar con el Gobierno federal para dar con los responsables del ataque al casino Royale.

Dolor y furia en la morgue de Nuevo León

Fue una tarde nublada y lluviosa, la del viernes 26 de agosto, como si el clima se hubiera enturbiado también por la desgracia del día anterior. La cita inesperada, más bien obligatoria, en la morgue del Hospital Universitario para los familiares de los fallecidos, son situaciones tan complejas que uno no se puede explicar. Tan sólo un día antes, habían podido abrazar, conversar, reír y compartir con sus seres queridos. Ahora, estaban ahí, desvalidos de todo, pues nada les devolvería a sus deudos. Quizá, sólo la captura de los asesinos y aplicarles un castigo ejemplar serviría para redimir un poco el dolor y que hechos tan deplorables no se volvieran a repetir.

Con sufrimiento e indignación, así llegaron los allegados a la morgue para reconocer a sus familiares, varios de ellos, irreconocibles porque terminaron carbonizados. Pero no menos doloroso para los que sí pudieron identificarlos. Pues qué se puede hacer ante el peso contundente de una realidad atroz.

A otras personas tuvieron que tomarles muestras de ADN para identificar a sus fallecidos, como fue el testimonio de una mujer a quien sólo le mostraron una bolsa con restos carbonizados: “Me dijeron que podría ser mi mamá. Yo me enteré ayer por la televisión de lo que había pasado”, señaló destrozada y con llanto en los ojos.

Otras dos señalaron: “Nosotras también nos enteramos por medio de las noticias que habían atacado al casino donde trabajaba mi hermana. Ayer, por la mañana, todavía la vi en casa, me dijo que no iba a ir a trabajar porque se le había hecho muy tarde, pero cambió de decisión de un momento a otro y fue sólo para encontrarse con la muerte. Murió asfixiada. La acabó de identificar. Ya firmamos los papeles para que nos la entreguen”, mencionó una de las mujeres, todavía incrédula por lo ocurrido.

Otras personas sufrían por la incertidumbre, pues las autoridades les comentaron que los cadáveres de sus conocidos aún no aparecían. Y durante varios días, las escenas fueron las mismas en la morgue, indignación y sufrimiento. Los testimonios eran contundentes: “Tenemos mucho miedo. No vamos a dar nuestros nombres porque aquí, está claro, no hay seguridad para nadie”, declaró un grupo de mujeres, que lo único que reclamaban era la garantía más básica que un Gobierno debe garantizarle a sus ciudadanos: seguridad y paz en las calles.

HABLAN SOBREVIVIENTES DEL TERRIBLE ATENTADO CON LA PRENSA

Dejar huella imborrable y dar testimonio de los acontecimientos nacionales para informar a sus lectores, ha sido la ardua tarea de El Diario que Dice lo que Otros Callan, LA PRENSA recabó algunas historias de este terrible caso, en la voz de sus protagonistas.

Así que el reportero Manuel Olmos viajó hasta el estado de Nuevo León y logró entrevistar a varias personas que vivieron en carne propia la tragedia.

-Mucho gusto, señor Francisco, puede platicarnos qué fue lo pasó aquella tarde, -preguntó el periodista.

-Sí, pues un grupo de hombres armados entraron al casino y pidieron a la gente que se saliera ya que iban a incendiar el lugar, pero no nos dieron tiempo de hacerlo, de inmediato comenzaron a rociar gasolina y ya no pudimos escapar. Después intentamos salir por algunas puertas de emergencia, pero estaban cerradas con llave. Fue cuestión de segundos en que todo se convirtió en un infierno, declaró conmovido el hombre.

Por otra parte. La señora Leonorilda “N”, clienta frecuente de la casa de apuestas, relató a nuestro compañero:

-Después de alertar a los clientes que se encontraban en la planta baja, comenzaron a rociar la gasolina entre los pasillos y las máquinas del bingo, realizaron también varios disparos con sus armas y lanzaron cuando menos, un artefacto explosivo, que provocó el incendio en el lugar.

La señora Cristina “N” compartió lo siguiente: -Estuvo horrible, no puedo expresar con palabras lo que sentí. La gente corría y corría por todas partes para ponerse a salvo y muchos se cayeron o chocaron unos con otros. Varios pensamos que se trataba de un asalto y corrimos a la planta de arriba para escondernos. Después se escucharon varias explosiones más, no podría asegurar si fueron dos o tres, pero sí se oyeron más.

El joven Juan “N” narró: -Todas las salidas estaban cerradas con llave, en la parte alta del casino quedaron atrapadas, al menos 20 personas, por lo cual, los rescatistas tuvieron que romper paredes y ventanas para sacarlos, varios de ellos ya estaban desmayados por el humo.

Un empleado del casino, de nombre Félix, también nos compartió su amarga experiencia: -Un comando fuertemente armado entró al establecimiento, amagó a las personas y con galones de gasolina rociaron todo el lugar, para después provocar las llamas. Nosotros al ver que todo se estaba quemando, la verdad salimos corriendo con el temor de que nos fueran a disparar, y en cuestión de segundos, todo se convirtió en un verdadero infierno.

RETRATOS HABLADOS DE TRES SICARIOS

Al mediodía del 26 de agosto, el procurador del estado de Nuevo León, Adrián de la Garza, informó a los medios de comunicación que el organismo a su cargo, ya trabajaba en la elaboración de los retratos hablados de por lo menos tres de los agresores al Casino Royale.

Indicó que después de que se realizaron varios peritajes por la noche dentro del inmueble siniestrado, se habían encontrado varias armas de fuego de distintos calibres y serían analizadas para establecer si había huellas dactilares que contribuyeran para dar con los responsables.

El funcionario local dio a conocer que, gracias al testimonio de 16 sobrevivientes, se estaba trabajando en la elaboración de los retratos, para que toda la sociedad conociera la identidad de los criminales y los denunciara lo más pronto posible.

Por último, indicó que tres de los cuatro autos en los que se trasladaron los agresores, ya habían sido localizados, éstos tenían reporte de robo, y uno de los vehículos se encontró en el estacionamiento de otro casino, a menos de ocho kilómetros del Royale.

Ese mismo día, antes de que anocheciera, se esperaba el arribo del Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, y su gabinete de seguridad, en el mismo lugar de la tragedia: el Casino Royale, para rendir un homenaje a las víctimas.

Continuará…

El 25 de agosto del 2011, los teléfonos de la Secretaría de Seguridad Pública de Monterrey y del Heroico Cuerpo de Bomberos de Nuevo León comenzaron a sonar sin descanso.

Los llamados alertaron en un inicio sobre un tiroteo y también de un gran incendio hacia el poniente de la ciudad, nada concreto, por el contrario, la información fue muy incierta.

Sin embargo los equipos de rescate, policías y tragahumo se dirigieron en específico, a la avenida San Jerónimo y la calle Jesús María González, a sólo 10 minutos del centro de la urbe, con mucha incertidumbre sobre el escenario que se podrían encontrar.

De camino al lugar del siniestro, a los radios de los camiones de bomberos llegó más información: “a todas las unidades, al parecer tenemos dos posibles escenarios, un clave 1-3 o un clave 4-2, en el número 205 de San Jerónimo, en la casa de apuestas Royale. Así que ya saben que hacer, Z-12, cambio y fuera”.

A medio kilómetro del incendio, se podía ver una gran nube de humo y conforme se acercaron los equipos de rescate y de policía, el caos reinaba en el lugar. Decenas de personas corrían despavoridas por las banquetas para tratar de alejarse de las llamas, las cuales salían furiosas por las puertas y ventanas del inmueble.

Foto: Archivo La Prensa

Otras yacían tiradas a unos cuantos metros del fuego, del humo y cristales rotos, habían sido aquellas que lograron salir del local de apuestas, pero no soportaron más, y apenas se encontraron afuera, se desplomaron con las vías respiratorias intoxicadas sin que alguien pudiera auxiliarlas de inmediato.

Pronto la policía acordonó un perímetro amplio, para desalojar a transeúntes y cortar el flujo de los automovilistas sobre la avenida San Jerónimo, mientras los bomberos se desplegaron y comenzaron a maniobrar para combatir el fuego.

Eran cerca de las 16:00 horas, el sol caía con furia sobre la urbe regiomontana y la paz de aquella tarde se vio interrumpida por la confusión, el miedo… la vorágine.

O tal vez, el diablo ya tenía amedrentados a los regiomontanos desde meses atrás, en los que se registraron ataques de sujetos fuertemente armados a varias casas de apuestas. Al parecer, uno o varios grupos del crimen organizado se estaban disputando el cobro sobre derecho de piso a varios negocios de la ciudad.

EL NORTE INVADIDO POR LA VIOLENCIA

Pero no sólo el estado de Nuevo León estaba atemorizado por la violencia, en Coahuila también se registraron ataques similares de sicarios a varios negocios, en uno de ellos, hasta hicieron estallar una granada, causando la muerte de dos personas.

Y en un hecho insólito en nuestro país, a principios de agosto, se registró un tiroteo a las afueras del estadio Corona, perteneciente al club de futbol Santos Laguna. Los aficionados invadieron el terreno de juego para tratar de ponerse a salvo y el partido que se disputaba fue suspendido. Aquella tarde, el enfrentamiento entre sicarios y policías dejó un saldo de un uniformado lesionado, pero sin duda, la tranquilidad murió para decenas de ciudadanos que vieron su vida en peligro, cuando sólo querían divertirse en la grada del estadio apoyando al equipo de sus amores.

No obstante, la peor tragedia firmada por el crimen organizado hasta ese momento, fue la ocurrida en San Fernando, Tamaulipas, justo un año antes, en agosto de 2010, cuando un comando de “Los Zetas” asesinó de forma brutal a 72 migrantes. Según las investigaciones, el grupo delictivo los ultimó porque se negaron a formar parte de sus filas y propagar el mal.

CUERPOS ESPARCIDOS EN EL SUELO COMO HOJAS MUERTAS

La situación en el casino era compleja, el fuego impedía que rescatistas y bomberos ingresaran con facilidad para salvar a las personas que se encontraban adentro, aun así, entraron en pequeñas brigadas, mientras los tragahumo combatían con las llamas por todos los flancos.

Con el paso de los minutos el panorama se cubrió de muerte, bomberos salían cargando cuerpos de hombres y mujeres que se encontraban en la agonía y en otros casos, ya no respiraban. Los paramédicos no eran suficientes para atender la magnitud del problema, así que tuvieron que pedir más unidades para tratar de salvar la vida a los desfallecientes. Pero no hubo esperanza, cada vez que salían más brigadistas, lo hacían con personas ya muertas, las cuales se contaban por decenas.

Pronto la desgracia comenzó a difundirse, primero en los noticieros locales, después en los de todo el país. Testigos del horror que estaban presenciando, los ciudadanos regiomontanos se preguntaron: “¿Quién y por qué había hecho tal acto de barbarie?”

Terror y muerte en un casino de Monterrey

Charlaron y acordaron los detalles alrededor de una hora en el restaurante El Gran Pastor, ubicado en la avenida Gonzalitos. Cerca de las 3 de la tarde, los 12 sujetos abandonaron el lugar, subieron a cuatro vehículos: dos camionetas, un auto deportivo y un sedán. A menos de un kilómetro, entraron a una gasolinera y llenaron varios bidones con combustible. Aunque su comportamiento parecía sospechoso, nadie reparó en ellos, total, qué podía alterar la cotidianidad aquella tarde.

Luego, a bordo de sus unidades, volvieron a enfilar por la avenida Gonzalitos con rumbo al poniente de la ciudad. Al llegar al gran puente de la avenida Constitución, tomaron el carril lateral y doblaron a la derecha, sobre San Jerónimo.

PÁNICO A PLENA TARDE

A pocos metros de llegar al objetivo, los sujetos alistaron sus armas de fuego, se dieron las últimas instrucciones y se detuvieron en el número 205 de mencionada avenida. El reloj marcaba las 15:48 horas, cuando un Mini Cooper fue el primero en subir la rampa que conducía a la entrada principal de la casa de apuestas, detrás, se posicionó una camioneta Equinox gris, después una Chevrolet S10 negra y al final, un auto sedán.

Sin titubear y con movimientos rápidos, de cada vehículo descendieron entre dos y tres hombres con arma en mano y dispuestos a todo. Las personas que pasaban en esos momentos por la banqueta intuyeron lo que sucedía y de inmediato corrieron despavoridos para alejarse del lugar.

Un agresor tomó por sorpresa al joven de la recepción y con furia lo golpeó en la cabeza con la cacha de su pistola, éste cayó al piso sangrando, se enconchó y no le quedaron ganas de moverse. En segundos, otros sujetos ingresaron al casino y uno de ellos gritó: -¡Ya se los cargó la chingada, se los advertimos, con nosotros no se juega!

Foto: Archivo La Prensa

Varios de sus cómplices despojaron de dinero y pertenencias a algunos clientes, que ya se encontraban jugando a esa hora, mientras otros esparcían la gasolina de los bidones entre las máquinas de la sección del bingo. Algunos afortunados aprovecharon esos segundos de confusión y lograron salir a toda prisa del casino, pero la mayoría no tuvo la misma suerte y trataron de refugiarse donde pudieron.

Después de esparcir el combustible, uno de los sujetos encendió un cigarro y lo arrojó al piso, al instante se suscitaron las llamas y decenas de personas quisieron salir por la puerta de acceso, sin embargo, se los impidió el hecho de que otro individuo ya derramaba más carburante por toda esa zona, así que algunos corrieron envueltos en pánico hacia los baños y otros trataron de refugiarse en el piso de arriba.

Cuando las llamas comenzaban a devorar todo a su paso, uno de los atacantes gritó: ¡A ver si con este pinche susto aprenden! ¡Vámonos, a estos cabrones ya se los cargó la chingada! ¡Afuera, vámonos! Y acto seguido, también encendió un cigarro y lo aventó sobre el líquido inflamable. Las puertas de entrada también ardieron de inmediato y cobijados bajo una enorme nube negra de humo, el comando de criminales aprovechó para abordar sus unidades y escapar del Casino Royale.

Apenas huyó el comando, en el interior de la casa de juego se registró un fuerte estallido. Los clientes se asustaron mucho más y trataban de alejarse de las llamas lo más que podían, pero todo se tornó violento y caótico, pues decenas de personas corrían sin sentido, presas de la desesperación chocaban unas con otras y varias fueron pisoteadas por la estampida. Otras subieron a la planta alta y buscaron con afán las salidas de emergencia, pero se llevaron la desagradable sorpresa de que estaban cerradas. Trataron de tirarlas a golpes y empellones, pero les fue imposible lograrlo.

Pocos minutos después, se registró una segunda explosión, entonces el humo negro se tornó más denso y se coló por todos los resquicios del inmueble. El ambiente se volvió irrespirable. Los que se refugiaron en los baños trataron de humedecer algunas prendas y colocárselas en la nariz para poder respirar, sin embargo, la nube de monóxido de carbono invadió sus vías respiratorias y luego pasó a sus torrentes sanguíneos y las fulminó. Lo mismo sucedió con aquellos que intentaron ponerse a salvo en algún rincón, pues sucumbieron con su último rezo.

Al mismo tiempo, un grupo aproximado de 20 personas, guiadas por dos trabajadores del casino, trataron de ponerse a salvo en unas oficinas situadas en la segunda planta del inmueble. En un inicio, pensaron que los hombres armados habían entrado al casino a robar y lo único que se les ocurrió fue subir a esconderse; sin embargo, con el paso de los minutos, el terror se apoderó de ellos. Con los estallidos, el fuego, el humo, los gritos y el caos, se sintieron inmersos en una pesadilla. Si bien no sabían con precisión qué sucedía, una sola certeza sí tenían, la de que iban a morir.

Se encontraban tirados en el piso, hasta cierto punto resignados, como esperando la muerte. El humo comenzaba a hacer estragos en sus cuerpos, cuando de pronto, a uno de los trabajadores del casino, de nombre Gerardo, se le ocurrió que tal vez, podrían escapar por la azotea del inmueble. Al menos, pensó que arriba habría aire para poder respirar. Así que les compartió su idea y pidió que lo siguieran y que resistieran un poco más.

Gerardo conocía bien el camino, así que sin dudar y con paso veloz caminó por un largo pasillo y llegó hasta una puerta, la cual, para su fortuna se encontraba abierta. Cuando se encontraron en la azotea, el trabajador se percató de que el grupo estaba conformado en su mayoría por mujeres, varias de avanzada edad y también una jovencita embarazada. Todas lloraban y algunas se encontraban en estado de shock. Sintieron tan cerca la muerte que varias pensaron en aventarse al vacío. Entonces el empleado trató de calmarlas y se dio cuenta también, que ellas se encontraba su compañero Juan Francisco, un muchacho menudito, quien lo ayudó a darles ánimos.

Entonces Gerardo dio un ligero recorrido por las esquinas de la azotea para observar que era lo que sucedía y fue cuando cobró consciencia del grave problema en el que estaban inmersos. El casino se encontraba envuelto en llamas y humo, algunas estructuras comenzaban a colapsar, mientras los rescatistas entraban y salían como podían del inmueble para salvar a los clientes. Pero quedó estupefacto al observar que la mayoría de los cuerpos que sacaban ya no se movían y varios se encontraban esparcidos en la rampa de acceso. Los bomberos trataban de apagar las llamas lo más pronto posible, pero el fuego se resistía.

Aunque a Gerardo lo invadió el miedo y la impotencia, supo que no podía quedarse de brazos cruzados. Por su cabeza pasó la idea clara de que si iba a morir, al menos tenía que intentar salvar a esas personas que se encontraban desesperadas al borde de la muerte.

FCH: "¡Atraparemos a los homicidas incendiarios!"

El ataque al casino Royale fue un hecho inaudito y deplorable de violencia, fuera de todo lo visto en nuestro país, que demandó la presencia inmediata del Presidente Felipe Calderón en la ciudad de Monterrey. El viernes 26 de agosto por la mañana, se reunió con su gabinete de seguridad, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz y el secretario de Gobernación, Francisco Blake Mora, en el mismo Palacio de Gobierno de aquel estado.

En ese encuentro, las autoridades definieron una serie de acuerdos por seguir; en el primero se estableció el protocolo para atender a las víctimas y sus familiares, mediante una Mesa Única, instalada junto al Hospital Universitario, la cual se encargaría de trabajar por tiempo indefinido para apoyar con trámites y diligencias, así como todo lo relacionado con el rescate y entrega de cadáveres a sus deudos.

Como segundo punto, por instrucciones del Presidente Felipe Calderón, se acordó reforzar la presencia de las fuerzas públicas en la Zona Metropolitana de Monterrey. Fue cuestión de un par de horas, para que decenas de elementos del Ejército Mexicano y de la Policía Federal arribaran a las calles de la gran urbe.

En tercer lugar, se pactó declarar tres días de luto nacional, a consecuencia de lo que se declaró como “el más grave atentado contra la población civil inocente que jamás haya visto el país en mucho tiempo”. Y por último, las autoridades ofrecieron una recompensa de 30 millones de pesos, a quien ofreciera información fidedigna que ayudara a la captura de los sicarios.

MENSAJE DEL PRESIDENTE A LA NACIÓN

Ante la magnitud de tal clima desafiante, horas más tarde Felipe Calderón tuvo que asumir los extremos de su cargo y emitió un mensaje a todo el país: “Lo que ha sucedido en Monterrey es un acto terrorista… y como toda acción asesina, esta tragedia reclama una respuesta contundente y unificada de todos los mexicanos”. Y destacó: “Pero no nos confundamos ni nos equivoquemos. No estamos hablando en lo medular de un accidente sino de un homicidio brutal e incalificable…, Estamos hablando de criminales, que de manera artera, con premeditación, alevosía y ventaja, llegaron al lugar, amagaron a las personas que ahí se encontraban y prendieron fuego sin más”.

Continuó: “¡Homicidas incendiarios y verdaderos terroristas sobre quienes debe caer, no sólo todo el peso de la ley sino el unánime repudio de la sociedad, de los poderes públicos, de los partidos políticos, de los líderes sociales y de los medios de comunicación! Lo peor que nos pudiera pasar es renunciar a nuestro deber y entregar nuestras comunidades y familias al capricho y arbitrio de las bandas delincuenciales”.

Enfatizó: “Quizá la gente se pregunta ahora, qué pasará y qué vamos a hacer.” A lo que el mismo respondió: “De parte del Gobierno federal la respuesta es clara, es perseverar y redoblar esfuerzos hasta alcanzar la paz y la justicia, porque no nos vamos a rendir. Al contrario, iremos adelante porque queremos un México en paz, de libertades que han amenazado los criminales…

Asimismo señaló que giró instrucciones precisas para que la PGR y la Procuraduría de Justicia del estado de Nuevo León trabajaran coordinadas para investigar y esclarecer el atentado.

Y concluyó haciendo expreso su dolor con las víctimas: “Mis más sinceras condolencias por esta terrible e irreparable pérdida. Su dolor, es el dolor de todo México, y sabemos que, en particular, este delito y ninguno pueden quedar impunes”.

Por su parte, el gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina de la Cruz, pidió a los regiomontanos mantener la calma y estar unidos en tan complicados momentos y se comprometió en colaborar con el Gobierno federal para dar con los responsables del ataque al casino Royale.

Dolor y furia en la morgue de Nuevo León

Fue una tarde nublada y lluviosa, la del viernes 26 de agosto, como si el clima se hubiera enturbiado también por la desgracia del día anterior. La cita inesperada, más bien obligatoria, en la morgue del Hospital Universitario para los familiares de los fallecidos, son situaciones tan complejas que uno no se puede explicar. Tan sólo un día antes, habían podido abrazar, conversar, reír y compartir con sus seres queridos. Ahora, estaban ahí, desvalidos de todo, pues nada les devolvería a sus deudos. Quizá, sólo la captura de los asesinos y aplicarles un castigo ejemplar serviría para redimir un poco el dolor y que hechos tan deplorables no se volvieran a repetir.

Con sufrimiento e indignación, así llegaron los allegados a la morgue para reconocer a sus familiares, varios de ellos, irreconocibles porque terminaron carbonizados. Pero no menos doloroso para los que sí pudieron identificarlos. Pues qué se puede hacer ante el peso contundente de una realidad atroz.

A otras personas tuvieron que tomarles muestras de ADN para identificar a sus fallecidos, como fue el testimonio de una mujer a quien sólo le mostraron una bolsa con restos carbonizados: “Me dijeron que podría ser mi mamá. Yo me enteré ayer por la televisión de lo que había pasado”, señaló destrozada y con llanto en los ojos.

Otras dos señalaron: “Nosotras también nos enteramos por medio de las noticias que habían atacado al casino donde trabajaba mi hermana. Ayer, por la mañana, todavía la vi en casa, me dijo que no iba a ir a trabajar porque se le había hecho muy tarde, pero cambió de decisión de un momento a otro y fue sólo para encontrarse con la muerte. Murió asfixiada. La acabó de identificar. Ya firmamos los papeles para que nos la entreguen”, mencionó una de las mujeres, todavía incrédula por lo ocurrido.

Otras personas sufrían por la incertidumbre, pues las autoridades les comentaron que los cadáveres de sus conocidos aún no aparecían. Y durante varios días, las escenas fueron las mismas en la morgue, indignación y sufrimiento. Los testimonios eran contundentes: “Tenemos mucho miedo. No vamos a dar nuestros nombres porque aquí, está claro, no hay seguridad para nadie”, declaró un grupo de mujeres, que lo único que reclamaban era la garantía más básica que un Gobierno debe garantizarle a sus ciudadanos: seguridad y paz en las calles.

HABLAN SOBREVIVIENTES DEL TERRIBLE ATENTADO CON LA PRENSA

Dejar huella imborrable y dar testimonio de los acontecimientos nacionales para informar a sus lectores, ha sido la ardua tarea de El Diario que Dice lo que Otros Callan, LA PRENSA recabó algunas historias de este terrible caso, en la voz de sus protagonistas.

Así que el reportero Manuel Olmos viajó hasta el estado de Nuevo León y logró entrevistar a varias personas que vivieron en carne propia la tragedia.

-Mucho gusto, señor Francisco, puede platicarnos qué fue lo pasó aquella tarde, -preguntó el periodista.

-Sí, pues un grupo de hombres armados entraron al casino y pidieron a la gente que se saliera ya que iban a incendiar el lugar, pero no nos dieron tiempo de hacerlo, de inmediato comenzaron a rociar gasolina y ya no pudimos escapar. Después intentamos salir por algunas puertas de emergencia, pero estaban cerradas con llave. Fue cuestión de segundos en que todo se convirtió en un infierno, declaró conmovido el hombre.

Por otra parte. La señora Leonorilda “N”, clienta frecuente de la casa de apuestas, relató a nuestro compañero:

-Después de alertar a los clientes que se encontraban en la planta baja, comenzaron a rociar la gasolina entre los pasillos y las máquinas del bingo, realizaron también varios disparos con sus armas y lanzaron cuando menos, un artefacto explosivo, que provocó el incendio en el lugar.

La señora Cristina “N” compartió lo siguiente: -Estuvo horrible, no puedo expresar con palabras lo que sentí. La gente corría y corría por todas partes para ponerse a salvo y muchos se cayeron o chocaron unos con otros. Varios pensamos que se trataba de un asalto y corrimos a la planta de arriba para escondernos. Después se escucharon varias explosiones más, no podría asegurar si fueron dos o tres, pero sí se oyeron más.

El joven Juan “N” narró: -Todas las salidas estaban cerradas con llave, en la parte alta del casino quedaron atrapadas, al menos 20 personas, por lo cual, los rescatistas tuvieron que romper paredes y ventanas para sacarlos, varios de ellos ya estaban desmayados por el humo.

Un empleado del casino, de nombre Félix, también nos compartió su amarga experiencia: -Un comando fuertemente armado entró al establecimiento, amagó a las personas y con galones de gasolina rociaron todo el lugar, para después provocar las llamas. Nosotros al ver que todo se estaba quemando, la verdad salimos corriendo con el temor de que nos fueran a disparar, y en cuestión de segundos, todo se convirtió en un verdadero infierno.

RETRATOS HABLADOS DE TRES SICARIOS

Al mediodía del 26 de agosto, el procurador del estado de Nuevo León, Adrián de la Garza, informó a los medios de comunicación que el organismo a su cargo, ya trabajaba en la elaboración de los retratos hablados de por lo menos tres de los agresores al Casino Royale.

Indicó que después de que se realizaron varios peritajes por la noche dentro del inmueble siniestrado, se habían encontrado varias armas de fuego de distintos calibres y serían analizadas para establecer si había huellas dactilares que contribuyeran para dar con los responsables.

El funcionario local dio a conocer que, gracias al testimonio de 16 sobrevivientes, se estaba trabajando en la elaboración de los retratos, para que toda la sociedad conociera la identidad de los criminales y los denunciara lo más pronto posible.

Por último, indicó que tres de los cuatro autos en los que se trasladaron los agresores, ya habían sido localizados, éstos tenían reporte de robo, y uno de los vehículos se encontró en el estacionamiento de otro casino, a menos de ocho kilómetros del Royale.

Ese mismo día, antes de que anocheciera, se esperaba el arribo del Presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, y su gabinete de seguridad, en el mismo lugar de la tragedia: el Casino Royale, para rendir un homenaje a las víctimas.

Continuará…

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