Urge aliviar daños por Covid en La Marquesa, piden campaña para atraer visitantes

Pese a estar en semáforo naranja, el parque ecoturístico continúa desangelado

Rubén Pérez | La Prensa

  · jueves 1 de octubre de 2020

Rubén Pérez | La Prensa

Ciudad de México.- Desesperados porque sus ventas siguen en el abismo, después de más de seis meses de pandemia, comerciantes, prestadores de servicios, propietarios y encargados de los cientos de covachas que funcionan como pequeños restaurantes en el parque ecoturístico La Marquesa, piden a las autoridades instrumentar una campaña de promoción para reactivar la llegada de visitantes a la zona y aliviar los daños económicos del coronavirus.

Al cumplirse siete meses del primer caso de Covid-19 en México, (27 de febrero de 2020) y luego de la inmediata decisión del gobierno federal por exhortar al encierro doméstico a todas las familias para evitar cadenas de contagios, los comerciantes y restauranteros aseguran que la pesadilla sigue, aun cuando el Estado de México se encuentra en semáforo naranja.

Indicaron que desde marzo pasado las autoridades los obligaron a cerrar y así se mantuvo el Parque Nacional Insurgente Miguel Hidalgo y Costilla, conocido popularmente como La Marquesa, durante más de cuatro meses, sin actividad y sin tener ingresos para los miles de familias que viven de las derramas económicas que generan los turistas.

“El gobierno no nos ha ayudado en nada; nos dejó solos y en el tiempo en que todo estuvo cerrado tuvimos que sobrevivir como pudimos”, dijo Adriana, quien sólo quiso mencionar su nombre, tras ser cuestionada sobre la actual situación que viven en medio de la emergencia sanitaria.

Una vez que el gobierno mexiquense decretó el semáforo naranja, que representa el reinicio paulatino de actividades en diversos giros, cientos de pequeños restaurantes de La Marquesa comenzaron a reabrir sus puertas.

Sin embargo, Adriana explica que la gente sigue con miedo y “hoy no tenemos a los visitantes que teníamos hasta antes de la pandemia; ni siquiera en fines de semana, sábados o domingos, es la misma situación”, dijo.

Ella es la encargada de darle la bienvenida a los turistas. Parada en la entrada de un pequeño restaurante, donde se venden platillos endémicos, como la preparación culinaria de conejo en sus diferentes recetas, así como carnes asadas y sopas calientes, sin dejar de ofrecer las tradicionales quesadillas de chorizo toluqueño, Adriana reveló que las ganancias que logran sacar en un día, a lo mucho, suman mil 200 pesos.

“Las ganancias están por los suelos; no conseguimos recaudar ni siquiera para pagar sueldos. Con esto de la pandemia también tuvimos que despedir personal porque simplemente ya no había dinero para cumplir compromisos de salarios”, agregó.

Manifestó que los gastos para mantener el negocio también los están asfixiando, ya que además de los insumos que deben adquirir para los alimentos, también tienen que atender pagos de servicios para mantener en funcionamiento los negocios.

Afirmó, por ejemplo, que el pago de luz es uno de los más altos, pues los recibos llegan como mínimo de 3 mil 500 pesos, y aunque en el caso de agua potable es más laxo el compromiso por ser una región hídrica, dijo que tienen que comprar gas para poder preparar los alimentos.

“Son gastos que realmente se tienen que hacer para poder mantener en operación el restaurante, y el gobierno ni en eso nos ha ayudado, por lo que hemos solicitado cuando menos que las autoridades hagan algo para poder atraer a gente. La Marquesa siempre ha sido una zona tradicionalmente visitada por cientos de familias y hoy sigue desangelada”, dijo.

Rubén Pérez | La Prensa

LAS PEORES VACACIONES

Sobre uno de los corredores donde se ubican los restaurantes, que con grandes letreros buscan invitar a los automovilistas que circulan por la zona para que hagan un alto, Sergio Martínez se la pasa desde las primeras horas del día haciendo señas, con una franela en la mano, a los coches para invitarlos a que se estacionen.

“En realidad este tormento comenzó desde que el gobierno decidió adelantar el periodo de vacaciones de Semana Santa; todavía nosotros estábamos abiertos los días previos, pero cuando anunciaron que a partir del 20 de marzo ya no habría actividades escolares, los planes de las familias se bloquearon y todos se quedaron en sus casas”, mencionó Sergio, tras calificar esas vacaciones como las peores que han tenido los negocios.

Aseveró que la campaña de “Quédate en casa” pulverizó los planes de muchas personas en el periodo vacacional. Dijo estar consciente de que primero, antes que nada, está la salud de las personas. “No es que yo esté en contra del llamado que hizo el gobierno para que las familias se guardaran, pero la realidad es que en los periodos vacaciones La Marquesa siempre había recibido a cientos de visitantes, y en esta ocasión ni una sola alma llegó y esto nos tiene en ruinas”.

SE DESVIVEN EN ATENCIONES

A la entrada de los pequeños restaurantes, los pocos visitantes que llegan, son recibidos con amabilidad y se les ofrece gel antibacterial y se les conmina a que adentro tengan precauciones para mantener la sana distancia, además de que se les invita a sentarse a donde deseen.

El trato es por demás amable, ofreciendo inmediatamente percheros para que las mujeres dejen sus bolsos de mano, mientras que a los hombres, en algunos casos, se les apoya para quitarse su saco, además, previo a tomar asiento se realiza un rápido aseo en los alrededores de las sillas y en la mesa se procede a limpiar con sanitizante.

Con todo y esas atenciones, que deberían ser el sello de los negocios con o sin pandemia, los establecimientos lucen prácticamente vacíos, sólo adornos y coloridas decoraciones se mantienen como mudos testigos de una de las peores crisis que ha vivido la economía nacional, como consecuencia de una emergencia sanitaria.

Los espacios destinados a los coches, frente a los negocios, dan muestra de la amplia área destinada para el aparcamiento, pues tampoco se registra la llegada de vehículos. A las puertas de los restaurantes, grupos de empleados, algunos platicando entre ellos y otros en silencio total, con miradas desconcertadas, solo ven pasar a los automóviles. Los negocios están vacíos prácticamente todo el día.

Rubén Pérez | La Prensa

GOLPE GENERALIZADO

Toda la cadena productiva en el parque ecoturístico La Marquesa se ha visto afectada por la pandemia, a lo largo de las mil 760 hectáreas de la zona boscosa, golpeando la economía de los más de 2 mil ejidatarios que tienen actividades tan solo del lado del Estado de México, pues el gigantesco parque también abarca parte de la alcaldía Cuajimalpa, en la capital.

La producción de trucha, que es otro de los distintivos del lugar, pues que los visitantes pueden pescarla y ahí mismo, de manera inmediata, están las cocinas que las preparan de diversa manera para degustarla, también se vio alterada por el coronavirus y las ganancias por este platillo continúan deprimidas, y en el reinicio de actividades en el marco del semáforo naranja, las pérdidas se mantienen en más del 70 por ciento, de acuerdo con los ejidatarios.

La misma situación viven las familias dedicas a la renta de cuatrimotos, Go Karts y el alquiler de la monta de caballos. “La gente sigue sin venir y la verdad nos hemos quedado sin dinero; estamos sobreviviendo de milagro y para el gobierno no existimos, solo para aportarles, ahí sí nos toman en cuenta”, dijo Mauricio López, dedicado a los equinos.

Agregó que los animales también comen y requieren atenciones que conllevan gastos, “y por lo mismo estamos al filo de la desgracia porque las pocas ganancias se van en mantenimiento de los caballos”.

Confió en que todos los que viven de los atractivos de La Marquesa puedan ponerse de acuerdo y exigir apoyo al gobierno, en tanto las cosas se estabilizan. “Creo que todos coincidimos en exigir a las autoridades que pongan en marcha una campaña para atraer visitantes, pero también requerimos más apoyos para poder subsistir”, dijo.

Expresó su temor de que esta situación se prolongue más allá de este año. “Todavía faltan meses para que termine el 2020, y se nos ha hecho eterno el paso de los días, sin gente, sin turistas, sin visitantes que nos dejen algo de dinero.”

Relató que en su caso ha tenido que dedicarse a otras cosas, haciendo trabajos hasta de albañilería para poder mantener a su familia y a sus animales, “pero siento que cada vez más las fuerzas se me acaban y así estamos todos. La pandemia nos está matando de hambre y lo peor es que no tiene para cuando acabar”.

Rubén Pérez | La Prensa