/ lunes 13 de septiembre de 2021

¡De Tepito para el mundo! Doña Mari, un ejemplo de sobrevivencia y lucha

Doña Mari, orgullosa de ser comerciante, alienta a las nuevas generaciones a no desesperarse al emprender un negocio

El duro movimiento en el barrio de Tepito, el terremoto de 1985, la pérdida de una hija, la muerte de su esposo, la pandemia y la competencia en su ramo, no han sido un impedimento para que María del Rosario Luévano saliera adelante junto a su familia durante todos años, con ganas de vivir y afrontar los retos con la cara en alto.

Desde hace 52 años atiende su local de abarrotes ubicado en la colonia Morelos de la alcaldía Cuauhtémoc, colindante con el Barrio Bravo, donde llegó con dos hijas muy pequeñas y codo a codo, con su marido, levantaron el negocio que le compraron a un hombre español.

A las 9:00 horas, Doña Mari abre la tienda El Venadito en la que despacha junto a una de sus hijas, ahí, tiene la oportunidad de convivir con algunos de sus vecinos, a los que conoce desde hace años, así como a sus proveedores, quienes le tienen respeto y cariño.

“No me meto con nadie y como mis nietas le hablan a todo mundo no se meten conmigo, eso sí, cierro temprano a eso de la 19:00 horas, aparte que está muy sola la calle y si me da miedo porque estamos las dos solitas”, contó para los lectores de LA PRENSA.

Foto: Arianna Alfaro / La Prensa

Dice que nunca la han asaltado, “me han llegado a pedir un refresquito y luego se quieren pasar de listos, pero con tantos años, uno se hace de carácter y les digo que, nada de refresco, que yo estoy trabajando y se van”.

La comerciante de 73 años, sabe que, algunas zonas de los alrededores son poco seguras, por lo que toma sus precauciones y evita meterse con la gente, además de que la mayoría se conocen de toda la vida, incluso porque sus hijos trabajan cerca de su casa.

Una vida de retos

A pesar de que la pandemia la ha puesto contra las cuerdas por la falta de ingreso, Doña Mari ha tratado de sobreponerse a otros embates de la vida, como la muerte de una de sus tres hijas y después, el fallecimiento de su marido a causa de la diabetes.

Tras el terremoto de 1985 se vino abajo su negocio, mismo que le fue reconstruido en calle Jarciería 123 y, además, pudo hacerse una vivienda ahí mismo en la zona.

Su hijo, el más chico, “tenía dos años cuando su papá murió y me he tenido que hacer cargo de mis hijos desde hace 32 años, como madre soltera y sostén de la familia”, ahora cuenta con una familia numerosa con ocho nietos y 11 bisnietos a los que quiere y apoya.

A Doña Mari le ha dado temor contagiarse, pero más le preocupa su hija mayor, quien ha sido diagnosticada con cáncer, “ella está muy baja de defensas, a veces está mal a veces mejora, afortunadamente no se ha contagiada y no pierde sus citas en el Instituto de Cancerología a veces va a dos o tres veces a la semana”.

Foto: Arianna Alfaro / La Prensa


Además de mantener el negocio cerrado, las noticias no eran alentadoras en su comunidad, “sí hubo bastantes decesos, muchos aquí de esta cuadra, de la calle de Mecánicos, en una semana se fueron como 6 personas”, lo que la tenía con preocupación por sus seres queridos.

La mujer proveniente de Jalisco, quien llegó a la Ciudad de México a los tres años de edad y poco a poco se fue adaptando se ha ido adaptando a la ciudad, actualmente dice salir muy justa con sus gastos al mes, “afortunadamente no pago renta, pero voy saliendo con lo que se vende día con día, sobre todo con la pandemia”, dijo.

“Lo que me ayuda es que hago bolsitas de dulces y botanas, es lo que más me deja, en todos los negocios, lo que más deja es la cerveza y los dulces porque, a lo demás, se le gana muy poco y sale para los gastos básicos la luz la despensa”, compartió.

Recuerda que con la llegada de los oxxos, “bajo la venta porque ponen algo barato y la gente se va para allá, pero no me ha perjudicado tanto como las tiendas de autoservicio, aquí cerca tenemos como tres o cuatro y lo que nos ha afectado mucho, también, son las “micheladas”, hay mucha vent los sábados domingos y nosotros casi no vendemos la cerveza como antes”.

Foto: Arianna Alfaro / La Prensa


“Lo más complicado de mantener una tienda son los precios, porque cambian de la noche a la mañana y tanta competencia, incluso en las tiendas que se abren en las casas y no pagan impuestos, nos perjudica”, cuenta Doña Mari.

Orgullosa de ser comerciante, alienta a las nuevas generaciones a no desesperarse al emprender un negocio, “hoy en día es muy complicado hacer crecer un negocio, pero esto es socorrido, así que hay para todos”, pero también alienta a no dejarse vencer por el miedo y seguir adelante en cualquier situación, por compleja que parezca.

Síguenos en Facebook: La Prensa Oficial y en Twitter: @laprensaoem

El duro movimiento en el barrio de Tepito, el terremoto de 1985, la pérdida de una hija, la muerte de su esposo, la pandemia y la competencia en su ramo, no han sido un impedimento para que María del Rosario Luévano saliera adelante junto a su familia durante todos años, con ganas de vivir y afrontar los retos con la cara en alto.

Desde hace 52 años atiende su local de abarrotes ubicado en la colonia Morelos de la alcaldía Cuauhtémoc, colindante con el Barrio Bravo, donde llegó con dos hijas muy pequeñas y codo a codo, con su marido, levantaron el negocio que le compraron a un hombre español.

A las 9:00 horas, Doña Mari abre la tienda El Venadito en la que despacha junto a una de sus hijas, ahí, tiene la oportunidad de convivir con algunos de sus vecinos, a los que conoce desde hace años, así como a sus proveedores, quienes le tienen respeto y cariño.

“No me meto con nadie y como mis nietas le hablan a todo mundo no se meten conmigo, eso sí, cierro temprano a eso de la 19:00 horas, aparte que está muy sola la calle y si me da miedo porque estamos las dos solitas”, contó para los lectores de LA PRENSA.

Foto: Arianna Alfaro / La Prensa

Dice que nunca la han asaltado, “me han llegado a pedir un refresquito y luego se quieren pasar de listos, pero con tantos años, uno se hace de carácter y les digo que, nada de refresco, que yo estoy trabajando y se van”.

La comerciante de 73 años, sabe que, algunas zonas de los alrededores son poco seguras, por lo que toma sus precauciones y evita meterse con la gente, además de que la mayoría se conocen de toda la vida, incluso porque sus hijos trabajan cerca de su casa.

Una vida de retos

A pesar de que la pandemia la ha puesto contra las cuerdas por la falta de ingreso, Doña Mari ha tratado de sobreponerse a otros embates de la vida, como la muerte de una de sus tres hijas y después, el fallecimiento de su marido a causa de la diabetes.

Tras el terremoto de 1985 se vino abajo su negocio, mismo que le fue reconstruido en calle Jarciería 123 y, además, pudo hacerse una vivienda ahí mismo en la zona.

Su hijo, el más chico, “tenía dos años cuando su papá murió y me he tenido que hacer cargo de mis hijos desde hace 32 años, como madre soltera y sostén de la familia”, ahora cuenta con una familia numerosa con ocho nietos y 11 bisnietos a los que quiere y apoya.

A Doña Mari le ha dado temor contagiarse, pero más le preocupa su hija mayor, quien ha sido diagnosticada con cáncer, “ella está muy baja de defensas, a veces está mal a veces mejora, afortunadamente no se ha contagiada y no pierde sus citas en el Instituto de Cancerología a veces va a dos o tres veces a la semana”.

Foto: Arianna Alfaro / La Prensa


Además de mantener el negocio cerrado, las noticias no eran alentadoras en su comunidad, “sí hubo bastantes decesos, muchos aquí de esta cuadra, de la calle de Mecánicos, en una semana se fueron como 6 personas”, lo que la tenía con preocupación por sus seres queridos.

La mujer proveniente de Jalisco, quien llegó a la Ciudad de México a los tres años de edad y poco a poco se fue adaptando se ha ido adaptando a la ciudad, actualmente dice salir muy justa con sus gastos al mes, “afortunadamente no pago renta, pero voy saliendo con lo que se vende día con día, sobre todo con la pandemia”, dijo.

“Lo que me ayuda es que hago bolsitas de dulces y botanas, es lo que más me deja, en todos los negocios, lo que más deja es la cerveza y los dulces porque, a lo demás, se le gana muy poco y sale para los gastos básicos la luz la despensa”, compartió.

Recuerda que con la llegada de los oxxos, “bajo la venta porque ponen algo barato y la gente se va para allá, pero no me ha perjudicado tanto como las tiendas de autoservicio, aquí cerca tenemos como tres o cuatro y lo que nos ha afectado mucho, también, son las “micheladas”, hay mucha vent los sábados domingos y nosotros casi no vendemos la cerveza como antes”.

Foto: Arianna Alfaro / La Prensa


“Lo más complicado de mantener una tienda son los precios, porque cambian de la noche a la mañana y tanta competencia, incluso en las tiendas que se abren en las casas y no pagan impuestos, nos perjudica”, cuenta Doña Mari.

Orgullosa de ser comerciante, alienta a las nuevas generaciones a no desesperarse al emprender un negocio, “hoy en día es muy complicado hacer crecer un negocio, pero esto es socorrido, así que hay para todos”, pero también alienta a no dejarse vencer por el miedo y seguir adelante en cualquier situación, por compleja que parezca.

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