/ lunes 19 de octubre de 2020

Retó a nieto que podía mejorar calificación y está a punto de acabar licenciatura

La abuelita de Teresa Valdez Pino-Camacho de 79 años necesita una computadora para las clases en línea

Teresa Valdez es una abuelita de 79 años de edad, un día apostó con su nieto que podría mejorar las calificaciones del menor, para lograrlo empezó a estudiar y ahora está a punto de acabar una carrera universitaria, aunque la pandemia y la falta de una computadora le impide seguir adelante, no obstante que lleva diez de calificación.

Así lo relató a La Prensa, durante una conversación en estas instalaciones, donde orgullosa mostró su credencial del Centro Tecnológico de Estudios Superiores del Valle de México.

Teresita, como cariñosamente le llaman sus más cercanos amigos, comentó que de niña vivió por el rumbo de La Raza, a donde llegaron a vivir sus padres provenientes de Senguio, Michoacán.

Con una niñez al lado de un padre militar, tuvo una niñez dedicada al estudio, con lo que logró ser auxiliar de contador.

En su vida adulta se casó y tuvo 11 hijos, de los cuales le sobrevivieron 7, que le dieron 13 nietos; y a pesar de tanto trabajo las ganas de salir adelante no la detuvieron, ella quería ser doctora, pero quiso el destino que las cosas fueran diferentes.

Pese a todo, en la edad adulta estudió primero auxilio, corte, belleza y auxiliar en trabajo social, narró a La Prensa.

Gran deportista, aprendió a nadar y en su gusto por manejar en carretera, usaba su carrito para ir por quesos y otros productos al Estado de México, con lo que se sostenía.

Sin embargo, un día al ver que su nieto desaprovechaba el tiempo y no rendía en las clases, lo retó a que si fuera a la escuela podría mejorar las calificaciones del menor.

Entonces se inscribió y empezó a crecer en sus clases.

Esto no le quitó las ganas de tener una vida con los nietos, de manera que su carita se ilumina cuando habla de jugar con ellos y conversar.

Incluso les apoya en las tareas, mientras que ellos le explican cuando algún tema se le dificulta, como las matemáticas, además que juntos practicaban otras como el Inglés.

Por desgracia, todos sus esfuerzos podrían verse truncados por falta de una computadora, que necesita para sus clases virtuales y otras tareas.

Por ello, es que pide el apoyo de la ciudadanía, quienes pueden acercarse a esta estudiosa abuelita en su domicilio de Avenida Morelos y Pavón 16, colonia Ampliación Independencia, en Tlalnepantla, Estado de México.

Al relatar los obstáculos que le ha puesto la vida, señala que ha sufrido varios infartos, una vez fue arrollada, incluso pensó que en ese accidente moriría, pero asegura que aún no es tiempo, pues a pesar de se quedó sin frenos pudo controlar su carro, de manera que Teresita, una estudiante de espíritu emprendedor todavía tiene tantos planes, como terminar su carrera y poder trabajar en la Comisión Federal de Electricidad, que es uno de sus sueños.

Su sueño de doctora no se cumplió, pero conversar con ella cura el alma pues demuestra que el trabajo y una vida lejos de los vicios siempre da frutos.

Teresa Valdez es una abuelita de 79 años de edad, un día apostó con su nieto que podría mejorar las calificaciones del menor, para lograrlo empezó a estudiar y ahora está a punto de acabar una carrera universitaria, aunque la pandemia y la falta de una computadora le impide seguir adelante, no obstante que lleva diez de calificación.

Así lo relató a La Prensa, durante una conversación en estas instalaciones, donde orgullosa mostró su credencial del Centro Tecnológico de Estudios Superiores del Valle de México.

Teresita, como cariñosamente le llaman sus más cercanos amigos, comentó que de niña vivió por el rumbo de La Raza, a donde llegaron a vivir sus padres provenientes de Senguio, Michoacán.

Con una niñez al lado de un padre militar, tuvo una niñez dedicada al estudio, con lo que logró ser auxiliar de contador.

En su vida adulta se casó y tuvo 11 hijos, de los cuales le sobrevivieron 7, que le dieron 13 nietos; y a pesar de tanto trabajo las ganas de salir adelante no la detuvieron, ella quería ser doctora, pero quiso el destino que las cosas fueran diferentes.

Pese a todo, en la edad adulta estudió primero auxilio, corte, belleza y auxiliar en trabajo social, narró a La Prensa.

Gran deportista, aprendió a nadar y en su gusto por manejar en carretera, usaba su carrito para ir por quesos y otros productos al Estado de México, con lo que se sostenía.

Sin embargo, un día al ver que su nieto desaprovechaba el tiempo y no rendía en las clases, lo retó a que si fuera a la escuela podría mejorar las calificaciones del menor.

Entonces se inscribió y empezó a crecer en sus clases.

Esto no le quitó las ganas de tener una vida con los nietos, de manera que su carita se ilumina cuando habla de jugar con ellos y conversar.

Incluso les apoya en las tareas, mientras que ellos le explican cuando algún tema se le dificulta, como las matemáticas, además que juntos practicaban otras como el Inglés.

Por desgracia, todos sus esfuerzos podrían verse truncados por falta de una computadora, que necesita para sus clases virtuales y otras tareas.

Por ello, es que pide el apoyo de la ciudadanía, quienes pueden acercarse a esta estudiosa abuelita en su domicilio de Avenida Morelos y Pavón 16, colonia Ampliación Independencia, en Tlalnepantla, Estado de México.

Al relatar los obstáculos que le ha puesto la vida, señala que ha sufrido varios infartos, una vez fue arrollada, incluso pensó que en ese accidente moriría, pero asegura que aún no es tiempo, pues a pesar de se quedó sin frenos pudo controlar su carro, de manera que Teresita, una estudiante de espíritu emprendedor todavía tiene tantos planes, como terminar su carrera y poder trabajar en la Comisión Federal de Electricidad, que es uno de sus sueños.

Su sueño de doctora no se cumplió, pero conversar con ella cura el alma pues demuestra que el trabajo y una vida lejos de los vicios siempre da frutos.

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