/ martes 29 de septiembre de 2020

Reivindicar vivencias de los barrios, el mayor éxito de Ya no estoy aquí: Fernando Frías

El ganador del Ariel, Fernando Frías de la Parra, mostró la crudeza de México en Ya no estoy aquí

Contar una historia sobre el respeto a las contraculturas fue una de las motivaciones que llevó a Fernando Frías de la Parra a escribir y dirigir Ya no estoy aquí, película que el pasado domingo se convirtió en la máxima ganadora de la edición 62 del Premio Ariel, al llevarse 10 de los 13 premios por los que aspiraba.

El director viajó a Monterrey y conoció en los barrios marginados de esta ciudad y a pandillas de jóvenes que en medio de un contexto de violencia, originado por la influencia del narcotráfico, encontraron en la cumbia rebajada (subgénero musical derivado de la cumbia colombiana) un punto de comunión e identidad. Una vez ahí, los invitó a participar en su película –aun sin tener experiencia previa como actores– y contó su historia desde una perspectiva propia, pero también a partir de las inquietudes que estos mismos jóvenes tenían.

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“Si bien ellos como personas no son exactamente igual a los personajes de la película, sí son totalmente cercanos a su realidad. Y haber hecho una película así, y que sea vista por público de todas partes del mundo, ha dado un nuevo significado a sus comunidades y a sus vidas, los ha provisto de una dignidad que quizá no habían experimentado y eso se ha contagiado a su propia comunidad para después irse expandiendo”, platica el cineasta en entrevista.

Fernanda Frías de la Parra modificó el guion de esta historia en varias ocasiones, sobre todo cuando los mismos chavos le daban comentarios para hacerla más atractiva.

“A veces mi filtro como director se quedaba corto. Y es ahí cuando el oficio del cineasta debe hacerse ayudar, de escuchar a los propios chicos decir: ‘si le metemos por acá esto va a quedar más verga’. Esto fue un trabajo de comunión. Y me parece que el público ha sabido identificar eso, porque más allá de reivindicar a una comunidad marginada y de ver lo rico de la cumbia, esta es una historia triste que cuestiona la falta de oportunidades y la movilidad social”, cuenta.

Esta es una historia triste que cuestiona la falta de oportunidades y la movilidad social

Ya no estoy aquí narra la historia de Ulises –interpretado por Juan Daniel García, que antes de este proyecto nunca había actuado–, un joven miembro de una pandilla conocida como Los terkos, quien después de un malentendido con un cártel de narcotráfico es obligado a dejar su tierra natal para viajar a Nueva York, donde se enfrenta a una cultura totalmente diferente a la suya.

La cinta se estrenó en octubre pasado en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, donde fue reconocida como Mejor Largometraje Mexicano de Ficción y el Premio del Público, a pesar de que tanto el director como su equipo de producción llegaron con la moral caída, luego de que el proyecto fuera rechazado en otros festivales internacionales: “Fue un proyecto muy solitario al principio, porque íbamos perdiendo la fe y la esperanza y eso va diezmando el proyecto”.

Sin embargo, la película triunfó en este certamen y posteriormente fue adquirida por Netflix para su distribución, lo que permitió que mayor público pudiera conocerla. “Es una película que de alguna forma llegó sin anunciarse, sin pedir permiso a nadie, sin la bendición ni el apadrinamiento de nadie. Simplemente llegó, se acomodó y ha hecho que aterrice en los brazos del público mexicano”, finaliza.




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Contar una historia sobre el respeto a las contraculturas fue una de las motivaciones que llevó a Fernando Frías de la Parra a escribir y dirigir Ya no estoy aquí, película que el pasado domingo se convirtió en la máxima ganadora de la edición 62 del Premio Ariel, al llevarse 10 de los 13 premios por los que aspiraba.

El director viajó a Monterrey y conoció en los barrios marginados de esta ciudad y a pandillas de jóvenes que en medio de un contexto de violencia, originado por la influencia del narcotráfico, encontraron en la cumbia rebajada (subgénero musical derivado de la cumbia colombiana) un punto de comunión e identidad. Una vez ahí, los invitó a participar en su película –aun sin tener experiencia previa como actores– y contó su historia desde una perspectiva propia, pero también a partir de las inquietudes que estos mismos jóvenes tenían.

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“Si bien ellos como personas no son exactamente igual a los personajes de la película, sí son totalmente cercanos a su realidad. Y haber hecho una película así, y que sea vista por público de todas partes del mundo, ha dado un nuevo significado a sus comunidades y a sus vidas, los ha provisto de una dignidad que quizá no habían experimentado y eso se ha contagiado a su propia comunidad para después irse expandiendo”, platica el cineasta en entrevista.

Fernanda Frías de la Parra modificó el guion de esta historia en varias ocasiones, sobre todo cuando los mismos chavos le daban comentarios para hacerla más atractiva.

“A veces mi filtro como director se quedaba corto. Y es ahí cuando el oficio del cineasta debe hacerse ayudar, de escuchar a los propios chicos decir: ‘si le metemos por acá esto va a quedar más verga’. Esto fue un trabajo de comunión. Y me parece que el público ha sabido identificar eso, porque más allá de reivindicar a una comunidad marginada y de ver lo rico de la cumbia, esta es una historia triste que cuestiona la falta de oportunidades y la movilidad social”, cuenta.

Esta es una historia triste que cuestiona la falta de oportunidades y la movilidad social

Ya no estoy aquí narra la historia de Ulises –interpretado por Juan Daniel García, que antes de este proyecto nunca había actuado–, un joven miembro de una pandilla conocida como Los terkos, quien después de un malentendido con un cártel de narcotráfico es obligado a dejar su tierra natal para viajar a Nueva York, donde se enfrenta a una cultura totalmente diferente a la suya.

La cinta se estrenó en octubre pasado en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, donde fue reconocida como Mejor Largometraje Mexicano de Ficción y el Premio del Público, a pesar de que tanto el director como su equipo de producción llegaron con la moral caída, luego de que el proyecto fuera rechazado en otros festivales internacionales: “Fue un proyecto muy solitario al principio, porque íbamos perdiendo la fe y la esperanza y eso va diezmando el proyecto”.

Sin embargo, la película triunfó en este certamen y posteriormente fue adquirida por Netflix para su distribución, lo que permitió que mayor público pudiera conocerla. “Es una película que de alguna forma llegó sin anunciarse, sin pedir permiso a nadie, sin la bendición ni el apadrinamiento de nadie. Simplemente llegó, se acomodó y ha hecho que aterrice en los brazos del público mexicano”, finaliza.




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