/ viernes 20 de septiembre de 2019

DENNIS NILSEN, EL DESCUARTIZADOR DE MUSWELL HILL

Michael Cattran encontró una masa pestilente y pegajosa; un escalofrío invadió su cuerpo al darse cuenta de que se trataba de restos humanos

En la sala imperaba la tranquilidad a pesar del desorden en que se encontraban varios objetos. El humo de cigarro envolvía de penumbras el ambiente y olía a alcohol. Ropa sucia se apilaba en uno de los sillones y varios vinilos estaban esparcidos por la alfombra. Des se acercó, tomó algunos, los miró y seleccionó uno, fue hasta el tocadiscos y lo puso con un volumen muy tenue, como si quisiera que la música sólo sonara de fondo.

Des contempló por varios segundos a su invitado, quien dormía profundamente en un sillón. Stephen había bebido demasiado. Después se fue a sentar a su lado y se colocó los audífonos para escuchar la música. De pronto, con la combinación del whisky y las notas musicales evocó en su mente varios recuerdos al lado de su abuelo Andrew, su mejor amigo en la infancia.

Recordó lo bien que lo pasaban juntos, pero de forma repentina, también se le vino la imagen de su cadáver inerte, aquella tarde en que su madre lo llevó a su cuarto para que se despidiera de él. Des volvió a sentir esa terrible soledad que lo invadía constantemente y comenzó a llorar.

Se quitó los audífonos y acarició la cabeza de su invitado: -¿Cómo estás, Stephen? Sigue durmiendo. Eres un gran chico.- El joven continuó en su letargo, así que Des se levantó, caminó algunos pasos y del cajón de un librero tomó una cuerda que en los extremos tenía pedazos de una corbata suya.

Su respiración se aceleró y por sus poros transpiraba alcohol. Llegó hasta el sillón donde dormía Stephen, lo miró de nuevo, escuchó su aliento y estaba seguro de que nada lo despertaría. Lo que sucedió después, pasó muy rápido, casi en silencio. Des se colocó detrás de Stephen, rodeó su cuello con la cuerda y comenzó a estrangularlo con todas sus fuerzas, con frenesí. El joven no pudo defenderse, sólo jadeó y después de algunos segundos dejó de moverse, de respirar.

-Lo ves Stephen, no ha dolido tanto. Ahora ya nadie podrá hacerte daño-, susurró el asesino, quien se dejó caer a su lado, después de haber cumplido con esa misión.

EL HALLAZGO DE UN FONTANERO

Una fría mañana de febrero de 1983, los vecinos del número 23 de la avenida Cranley Gardens, al norte de Londres, solicitaron los servicios de un fontanero debido a que llevaban cinco días con los caños de sus departamentos atascados y desprendían un olor nauseabundo, el cual se había vuelto insoportable. Al lugar llegó el trabajador Michael Cattran para revisar los desagües.

El fontanero levantó la alcantarilla y se introdujo para revisar el pozo del drenaje, la pestilencia era terrible. En el fondo, el trabajador encontró el registro atascado por una masa gris y pegajosa. Con la mano removió aquel asqueroso puré y tomó varios trozos de carne y algunos huesos, los examinó en la superficie y se aterró, nunca había visto nada parecido, se trataban de restos humanos, los cuales estaban obstruyendo las cañerías de todo el edificio. Cattran se los comunicó a los inquilinos y decidieron llamar a la policía.

A la mañana siguiente, el inspector Peter Jay llegó al sitio del hallazgo y con ayuda de Cattran, sacaron más restos del drenaje y se los llevó para que los analizaran en la unidad forense del hospital de Charing Cross. Después de varios días de estudios, el especialista David Bowen confirmó que los despojos encontrados en Cranley Gardens, eran en efecto, huesos y tejido humanos.

El inspector Peter Jay y sus colaboradores se dispusieron a interrogar a todos los inquilinos del edificio número 23 de la calle Cranley Gardens.

EL ASESINO DE LA CORBATA

ALFREDO SOSA

UN TÍMIDO Y RETRAÍDO OFICINISTA

Dennis volvió del trabajo a casa, como casi todos los días, a las 6 de la tarde. Tenía un empleo en una oficina de gobierno en Kentish Town. Subió las escaleras del edificio y afuera de su departamento lo estaban esperando los detectives Peter Jay y Steve McCusker: -¿Dennis Nilsen? ¿Es usted el señor, Dennis Nilsen? –Sí, soy yo. ¿Qué desean? –Soy el inspector en jefe Peter Jay y hemos venido a tratar un asunto relacionado con sus desagües. -¡Qué extraño! ¿Desde cuándo la policía se interesa en las cañerías? –Contestó Dennis. –Queremos hacerle algunas preguntas, señor Nilsen. ¿Podemos pasar a su departamento? –dijo el inspector-. –Claro, no hay ningún problema –respondió el inquilino.

Dennis se veía muy tranquilo, metió las llaves en la chapa y apenas abrió la puerta, un olor desagradable se pudo percibir. Los tres hombres ingresaron y desde un inicio, el inspector intuyó que algo andaba mal. Comenzó a observar por todos los rincones del departamento, escudriñaba en alguno y luego volvía la vista hacia Dennis, éste seguía muy sereno, entonces el inspector fue al grano: -Las cañerías están obstruidas por restos humanos -¡Madre mía, es terrible! –exclamó Nilsen-. Su extraña pasividad inquietaba mucho al detective, quien pensó para sí mismo: -¡En qué demonios está pensando este sujeto! Así que decidió acorralarlo: -No nos haga perder el tiempo, ¿dónde está el resto del cadáver? Se miraron en silencio por algunos segundos hasta que Dennis contestó: -Está bien, se lo diré, se encuentra en las bolsas de plástico que están dentro del armario en mi habitación. Vamos, se lo mostraré.

Nilsen abrió la puerta de su habitación, los detectives lo siguieron y aunque las ventanas estaban abiertas, el olor cada vez era más insoportable. El delgado sujeto le dio las llaves del mueble al inspector, éste las tomó y lo abrió, la pestilencia a carne podrida lo golpeó de lleno en la cara. Dentro había varias bolsas de plástico negras apiladas, los detectives se quedaron asombrados: -¿Hay algo más que quiera contarme, señor Nilsen?- -dijo Peter- -Se lo contaré todo, pero aquí no, en la comisaría- -contestó Dennis. El detective le leyó sus derechos y le informó que lo arrestaba por ser sospechoso de asesinato.

“HAY QUINCE O DIECISÉIS”

Los detectives se encontraban consternados y su siguiente misión era identificar a la víctima y conocer los motivos del por qué había tenido un final tan horrible. Por otra parte, para McCusker algo no era lógico, se trataba de las bolsas de plástico en el interior del armario de Nilsen. Él se había dado cuenta de que esos sacos eran enormes, entonces pensó que si ahí había una persona muerta, tenía que ser muy grande, en dado caso era ilógico el enorme tamaño de esos bultos. Dentro de la patrulla se le ocurrió hacerle una pregunta al detenido:

-¿Díganos señor Nilsen, cuántos cadáveres hay adentro de su closet, uno o dos? Si los investigadores se encontraban confundidos, la respuesta de Denis los dejó perplejos: -No, quizás haya unos 15 o 16, en realidad, ustedes me han ayudado a quitarme un gran peso de encima. Las palabras de Nilsen sonaron tan escalofriantes, que los policías se dieron cuenta de que no estaba mintiendo. El caso parecía ser más complejo y tenían que actuar lo más rápido posible para esclarecerlo.

TRES CUERPOS DESMEMBRADOS

Con Dennis Nilsen ya en prisión, Peter Jay, McCusker y un equipo de criminólogos regresaron al edificio 23 de Cranley Gardens. Los detectives hallaron tres cuerpos en el armario, los cuales habían sido descuartizados en cinco partes y decapitados. Esos despojos fueron también llevados al laboratorio forense para que el especialista David Bowen los analizara y se pudiera conocer a quién pertenecieron.

LA POLICÍA TRABAJA A CONTRARRELOJ

Mientras tanto, los detectives aceleraron los interrogatorios hacia Dennis Nilsen, ya que sólo tenían 48 horas para recabar pruebas sólidas en su contra, pero el detenido volvió a sorprenderlos: -¿Han registrado todo mi departamento o sólo mi habitación? –Hasta el momento, sólo su habitación y hemos encontrado en total tres cuerpos desmembrados y decapitados, ¿desea contarnos más al respecto, señor Nilsen? –dijo McCusker- -Hay más restos de cuerpos en una caja de madera, en el mueble del baño y en los cajones del librero-. Nilsen siempre tenía algo reservado que enchinaba la piel de los policías.

Peter Jay dio la orden a los peritos en criminología para corroborar las declaraciones de Nilsen, volvieron a su departamento y en efecto, había más restos humanos en los lugares señalados por el detenido, todos metidos en bolsas de plástico, la situación era realmente terrorífica.

Por otra parte, Peter Jay recibió el informe del laboratorio forense, el cual confirmaba que los restos hallados en el departamento de Nilsen eran humanos, también David Bowen escribió una nota especial para los detectives, mencionando que los cortes los había hecho una persona con pleno conocimiento en cómo desmembrar los cuerpos. Otro dato destacado que aportó Bowen, fue que una de las víctimas tenía pocos días de ser asesinada, otra llevaba cerca de 9 meses y la tercera unos 16, por ello la insoportable pestilencia en el departamento de Dennis, pues los cadáveres estaban en absoluto estado de descomposición.

¿QUIÉNES ERAN LAS VÍCTIMAS?

La policía londinense a cargo de Peter Jay, necesitaba dos elementos al menos para procesar a Dennis Nilsen; uno era saber el nombre de una de las víctimas, y la otra identificar con certeza mediante pruebas forenses, el ADN de alguno de los fallecidos, por ello siguió cuestionando a Nilsen, para obtener la mayor información posible.

-¿Quiénes eran las víctimas?- -cuestionó McCusker-. –Sobre dos de ellas, no lo recuerdo, pero la última se llamaba Stephen Sinclair- -respondió el tímido oficinista-. Los investigadores no perdieron tiempo y centraron todas sus indagatorias en el cuerpo de la última víctima.

En el depósito de cadáveres, Bowen y el equipo forense se esforzaron por tratar de reconstruir el cuerpo de la última víctima de Nilsen como si fuera un rompecabezas, cuando lo consiguieron, le tomaron las huellas dactilares y las enviaron a Peter Jay, para que las cotejara con los informes de la policía. El resultado fue positivo para los investigadores, las huellas coincidieron con las de Stephen Sinclair, de 22 años, la última persona a la que había matado Dennis Nilsen. Con ello, el detenido quedó formalmente acusado por el delito de asesinato, al menos respondería por un muerto.

No obstante, Peter Jay necesitaba saber cómo habían ocurrido los hechos: -Señor Nilsen, hábleme sobre Stephen Sinclair. ¿Cómo lo conoció?

–Nos conocimos en el Golden Lion, un pub en el centro de Londres, después lo invité a ir a mi departamento y bebimos algunos wiskis. Él se quedó dormido y yo me puse los audífonos para escuchar música- -de pronto Nilsen hizo una pausa, apretó sus puños que tenía sobre la mesa y con la voz entrecortada continuó- -Vinieron a mi mente varios recuerdos y sabía que tenía que matarlo. Me invadió un sentimiento recurrente de soledad y comencé a llorar. Tomé una de mis corbatas y lo estrangulé con todas mis fuerzas. Me senté a su lado en el sillón y me quedé dormido hasta la mañana siguiente.

DENNIS, EL CARNICERO

Continuó el detective Jay: -¿Qué hizo al otro día cuando vio a Sinclair muerto en el sillón?- -Nada, me metí a bañar, me arreglé y me fui a trabajar, lo dejé ahí. Cuando volví por la tarde, coloqué un plástico negro en medio de la sala, lo desnudé, recosté encima, fui a la cocina y tomé el cuchillo más grande que tenía y comencé a cortarle los brazos; brotaba mucha sangre. Después seguí con la cabeza. –Narró con mucha tranquilidad el oficinista-. –Tomé una olla grande, metí la cabeza dentro y la llené de agua.

Dennis Nilsen contó con detalles a los detectives la forma en cómo hirvió los miembros descuartizados de Stephen Sinclair para separar la carne de los huesos y después, los fue arrojando de forma gradual por el excusado, de ahí, el motivo por el cual las cañerías del edificio se habían tapado y la asquerosa pestilencia.

El investigador McCusker lo cuestionó acerca de dónde había aprendido a diseccionar los miembros, a lo cual Nilsen contestó que se instruyó durante su estancia en el ejército, ya que de soldado pasó a ser el jefe de cocina, quien abastecía a los militares y a la realeza escocesa, en el año de 1970. Fue ahí, donde aprendió a destazar reses, cerdos y las habilidades de un carnicero. Los años más felices de su vida, señaló el propio Nilsen, pero decidió retirarse en 1972.

El siguiente paso de los detectives era saber qué pasó con las demás víctimas, quiénes habían sido y cómo fue que Nilsen las mató. Así que decidieron llegar hasta los límites de la investigación y para ello, se enfocaron en el antiguo domicilio de Dennis Nilsen, en Melrose Avenue, al noroeste de Londres.

-Hemos registrado su departamento en Cranley Gardens, señor Nilsen, pero tenemos conocimiento de que también vivió en Willesden Green, en la calle de Melrose- -señaló Peter Jay- -Sí, viví en la parte baja y era el único que tenía acceso al jardín- -contestó Dennis- ¿Dígame, qué encontraremos allí? –Volvió a cuestionar el detective-. –Si los dueños de aquel edificio no han limpiado o removido nada, debería haber pruebas de los restos de 12 o 13 personas más- -respondió el asesino, dejando pasmados una vez más a los investigadores-.

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE ESTA MENTE PERTURBADA?

Dennis Andrew Nilsen nació en Fraserburgh, Escocia, el 23 de noviembre de 1945; su madre fue Betty White y su padre Olaf Magnus Nilsen, un soldado noruego. El matrimonio no prosperó y se divorciaron. Dennis creció al lado de sus abuelos maternos: Andrew y Lily, quienes eran muy estrictos y no permitían que Des, como le llamaban de cariño, escuchara la radio, porque la consideraban cosa del diablo.

Sin embargo su abuelo se convirtió en el héroe de Dennis, lo llevaba con él a pescar, le contaba historias y lo cargaba en hombros, pero un día, sucedió lo inesperado, Andrew murió de un infarto. Cuando Des vio a su abuelo en el ataúd, tuvo su primer acercamiento con la muerte, sí, el primero, pero también una relación de la que nunca se podría desenganchar, pues al ver el cadáver de su mejor amigo, la muerte y el amor se fusionaron en su mente para siempre. Desde aquel día, Des se volvió introvertido, solitario y en la pubertad cuando descubrió que le atraían los hombres, supo que nadie lo comprendería.

Fue a los pocos meses del fallecimiento de su abuelo, cuando decidió marcharse de casa e ingresó al ejército, donde estuvo 11 años. Al retirarse de la milicia, en 1972, Nilsen entró a las filas de la Policía Metropolitana de Londres, pero sólo trabajó ahí durante 11 meses, pues fue un puesto en el que nunca se sintió satisfecho.

PONER CITA DE MARTYN HUNTER-CRAIG, EXPAREJA DE NILSEN: “DES ERA UNA PERSONA MUY AGRADABLE Y SENSIBLE, PERO CUANDO BEBÍA SE TRANSFORMABA, SE VOLVÍA DETESTABLE”.

SE DESATÓ EL FRENESÍ DEL ASESINO

Los detectives tenían todavía muchas dudas y ansiedad por saber, cómo un respetable empleado de gobierno, se había convertido en uno de los asesinos seriales más sanguinarios en la historia de Reino Unido: -¿Cómo fue la primera vez que mató, señor Nilsen? –Cuestionó Peter Jay- -Todo empezó la Noche Vieja de 1978, no quería pasar Año Nuevo solo y acudí a un bar gay en el centro de Londres, ahí comencé a hablar con un chico muy joven, le invité algunos tragos, después le propuse ir a mi departamento donde nos pusimos muy borrachos; a la mañana siguiente, cuando desperté, él seguía a mi lado dormido, no quería que se fuera, de pronto, una fuerza muy extraña en mi mente me ordenó que lo matara, no pude hacer nada contra ello. Miré nuestras ropas que se encontraban esparcidas por el suelo y entre ellas estaba mi corbata, así que sin dudar, la tomé, rodeé su cuello con ella y comencé a estrangularlo. Me sorprendió la fuerza que brotó de mi cuerpo.

Después lo bañé, le puse calcetines, calzoncillos y una camiseta y lo senté en el sillón para que me hiciera compañía. Por las noches lo acostaba en la cama conmigo y me dormía abrazado a él. Así pasaron varios días hasta que regresé al trabajo, entonces durante el día lo dejaba sentado frente al televisor, yo pensé que me arrestarían en cualquier momento. Creí que su familia lo estaría buscando y que pronto darían con nosotros y me llevarían preso, pero eso nunca ocurrió.

-¿Qué hiciste con su cuerpo? –dijo el detective McCusker-.

-Pasaron varias semanas y el cadáver se puso rígido, lo que hice fue esconderlo debajo de unas tablas del piso. Desclavé algunas y ahí coloqué el cuerpo unos días más, pero cuando empezó a descomponerse, lo enterré en el jardín.

El detective en jefe, Peter Jay, hizo la última pregunta de aquella noche: -¿Se acuerda de cómo se llamaba aquel chico?

Dennis colocó las manos sobre su cabeza y contestó: -No, no recuerdo su nombre, sólo me acuerdo que era muy joven.

El extraño comportamiento del criminal desconcertaba y asombraba cada vez más a los detectives Jay y McCusker, quienes aún tenían muchos pendientes en la investigación, debido a que el rastro de mutilación y muerte que dejó Dennis Nilsen era todavía más extenso de lo que se imaginaban.

Continuará…

En la sala imperaba la tranquilidad a pesar del desorden en que se encontraban varios objetos. El humo de cigarro envolvía de penumbras el ambiente y olía a alcohol. Ropa sucia se apilaba en uno de los sillones y varios vinilos estaban esparcidos por la alfombra. Des se acercó, tomó algunos, los miró y seleccionó uno, fue hasta el tocadiscos y lo puso con un volumen muy tenue, como si quisiera que la música sólo sonara de fondo.

Des contempló por varios segundos a su invitado, quien dormía profundamente en un sillón. Stephen había bebido demasiado. Después se fue a sentar a su lado y se colocó los audífonos para escuchar la música. De pronto, con la combinación del whisky y las notas musicales evocó en su mente varios recuerdos al lado de su abuelo Andrew, su mejor amigo en la infancia.

Recordó lo bien que lo pasaban juntos, pero de forma repentina, también se le vino la imagen de su cadáver inerte, aquella tarde en que su madre lo llevó a su cuarto para que se despidiera de él. Des volvió a sentir esa terrible soledad que lo invadía constantemente y comenzó a llorar.

Se quitó los audífonos y acarició la cabeza de su invitado: -¿Cómo estás, Stephen? Sigue durmiendo. Eres un gran chico.- El joven continuó en su letargo, así que Des se levantó, caminó algunos pasos y del cajón de un librero tomó una cuerda que en los extremos tenía pedazos de una corbata suya.

Su respiración se aceleró y por sus poros transpiraba alcohol. Llegó hasta el sillón donde dormía Stephen, lo miró de nuevo, escuchó su aliento y estaba seguro de que nada lo despertaría. Lo que sucedió después, pasó muy rápido, casi en silencio. Des se colocó detrás de Stephen, rodeó su cuello con la cuerda y comenzó a estrangularlo con todas sus fuerzas, con frenesí. El joven no pudo defenderse, sólo jadeó y después de algunos segundos dejó de moverse, de respirar.

-Lo ves Stephen, no ha dolido tanto. Ahora ya nadie podrá hacerte daño-, susurró el asesino, quien se dejó caer a su lado, después de haber cumplido con esa misión.

EL HALLAZGO DE UN FONTANERO

Una fría mañana de febrero de 1983, los vecinos del número 23 de la avenida Cranley Gardens, al norte de Londres, solicitaron los servicios de un fontanero debido a que llevaban cinco días con los caños de sus departamentos atascados y desprendían un olor nauseabundo, el cual se había vuelto insoportable. Al lugar llegó el trabajador Michael Cattran para revisar los desagües.

El fontanero levantó la alcantarilla y se introdujo para revisar el pozo del drenaje, la pestilencia era terrible. En el fondo, el trabajador encontró el registro atascado por una masa gris y pegajosa. Con la mano removió aquel asqueroso puré y tomó varios trozos de carne y algunos huesos, los examinó en la superficie y se aterró, nunca había visto nada parecido, se trataban de restos humanos, los cuales estaban obstruyendo las cañerías de todo el edificio. Cattran se los comunicó a los inquilinos y decidieron llamar a la policía.

A la mañana siguiente, el inspector Peter Jay llegó al sitio del hallazgo y con ayuda de Cattran, sacaron más restos del drenaje y se los llevó para que los analizaran en la unidad forense del hospital de Charing Cross. Después de varios días de estudios, el especialista David Bowen confirmó que los despojos encontrados en Cranley Gardens, eran en efecto, huesos y tejido humanos.

El inspector Peter Jay y sus colaboradores se dispusieron a interrogar a todos los inquilinos del edificio número 23 de la calle Cranley Gardens.

EL ASESINO DE LA CORBATA

ALFREDO SOSA

UN TÍMIDO Y RETRAÍDO OFICINISTA

Dennis volvió del trabajo a casa, como casi todos los días, a las 6 de la tarde. Tenía un empleo en una oficina de gobierno en Kentish Town. Subió las escaleras del edificio y afuera de su departamento lo estaban esperando los detectives Peter Jay y Steve McCusker: -¿Dennis Nilsen? ¿Es usted el señor, Dennis Nilsen? –Sí, soy yo. ¿Qué desean? –Soy el inspector en jefe Peter Jay y hemos venido a tratar un asunto relacionado con sus desagües. -¡Qué extraño! ¿Desde cuándo la policía se interesa en las cañerías? –Contestó Dennis. –Queremos hacerle algunas preguntas, señor Nilsen. ¿Podemos pasar a su departamento? –dijo el inspector-. –Claro, no hay ningún problema –respondió el inquilino.

Dennis se veía muy tranquilo, metió las llaves en la chapa y apenas abrió la puerta, un olor desagradable se pudo percibir. Los tres hombres ingresaron y desde un inicio, el inspector intuyó que algo andaba mal. Comenzó a observar por todos los rincones del departamento, escudriñaba en alguno y luego volvía la vista hacia Dennis, éste seguía muy sereno, entonces el inspector fue al grano: -Las cañerías están obstruidas por restos humanos -¡Madre mía, es terrible! –exclamó Nilsen-. Su extraña pasividad inquietaba mucho al detective, quien pensó para sí mismo: -¡En qué demonios está pensando este sujeto! Así que decidió acorralarlo: -No nos haga perder el tiempo, ¿dónde está el resto del cadáver? Se miraron en silencio por algunos segundos hasta que Dennis contestó: -Está bien, se lo diré, se encuentra en las bolsas de plástico que están dentro del armario en mi habitación. Vamos, se lo mostraré.

Nilsen abrió la puerta de su habitación, los detectives lo siguieron y aunque las ventanas estaban abiertas, el olor cada vez era más insoportable. El delgado sujeto le dio las llaves del mueble al inspector, éste las tomó y lo abrió, la pestilencia a carne podrida lo golpeó de lleno en la cara. Dentro había varias bolsas de plástico negras apiladas, los detectives se quedaron asombrados: -¿Hay algo más que quiera contarme, señor Nilsen?- -dijo Peter- -Se lo contaré todo, pero aquí no, en la comisaría- -contestó Dennis. El detective le leyó sus derechos y le informó que lo arrestaba por ser sospechoso de asesinato.

“HAY QUINCE O DIECISÉIS”

Los detectives se encontraban consternados y su siguiente misión era identificar a la víctima y conocer los motivos del por qué había tenido un final tan horrible. Por otra parte, para McCusker algo no era lógico, se trataba de las bolsas de plástico en el interior del armario de Nilsen. Él se había dado cuenta de que esos sacos eran enormes, entonces pensó que si ahí había una persona muerta, tenía que ser muy grande, en dado caso era ilógico el enorme tamaño de esos bultos. Dentro de la patrulla se le ocurrió hacerle una pregunta al detenido:

-¿Díganos señor Nilsen, cuántos cadáveres hay adentro de su closet, uno o dos? Si los investigadores se encontraban confundidos, la respuesta de Denis los dejó perplejos: -No, quizás haya unos 15 o 16, en realidad, ustedes me han ayudado a quitarme un gran peso de encima. Las palabras de Nilsen sonaron tan escalofriantes, que los policías se dieron cuenta de que no estaba mintiendo. El caso parecía ser más complejo y tenían que actuar lo más rápido posible para esclarecerlo.

TRES CUERPOS DESMEMBRADOS

Con Dennis Nilsen ya en prisión, Peter Jay, McCusker y un equipo de criminólogos regresaron al edificio 23 de Cranley Gardens. Los detectives hallaron tres cuerpos en el armario, los cuales habían sido descuartizados en cinco partes y decapitados. Esos despojos fueron también llevados al laboratorio forense para que el especialista David Bowen los analizara y se pudiera conocer a quién pertenecieron.

LA POLICÍA TRABAJA A CONTRARRELOJ

Mientras tanto, los detectives aceleraron los interrogatorios hacia Dennis Nilsen, ya que sólo tenían 48 horas para recabar pruebas sólidas en su contra, pero el detenido volvió a sorprenderlos: -¿Han registrado todo mi departamento o sólo mi habitación? –Hasta el momento, sólo su habitación y hemos encontrado en total tres cuerpos desmembrados y decapitados, ¿desea contarnos más al respecto, señor Nilsen? –dijo McCusker- -Hay más restos de cuerpos en una caja de madera, en el mueble del baño y en los cajones del librero-. Nilsen siempre tenía algo reservado que enchinaba la piel de los policías.

Peter Jay dio la orden a los peritos en criminología para corroborar las declaraciones de Nilsen, volvieron a su departamento y en efecto, había más restos humanos en los lugares señalados por el detenido, todos metidos en bolsas de plástico, la situación era realmente terrorífica.

Por otra parte, Peter Jay recibió el informe del laboratorio forense, el cual confirmaba que los restos hallados en el departamento de Nilsen eran humanos, también David Bowen escribió una nota especial para los detectives, mencionando que los cortes los había hecho una persona con pleno conocimiento en cómo desmembrar los cuerpos. Otro dato destacado que aportó Bowen, fue que una de las víctimas tenía pocos días de ser asesinada, otra llevaba cerca de 9 meses y la tercera unos 16, por ello la insoportable pestilencia en el departamento de Dennis, pues los cadáveres estaban en absoluto estado de descomposición.

¿QUIÉNES ERAN LAS VÍCTIMAS?

La policía londinense a cargo de Peter Jay, necesitaba dos elementos al menos para procesar a Dennis Nilsen; uno era saber el nombre de una de las víctimas, y la otra identificar con certeza mediante pruebas forenses, el ADN de alguno de los fallecidos, por ello siguió cuestionando a Nilsen, para obtener la mayor información posible.

-¿Quiénes eran las víctimas?- -cuestionó McCusker-. –Sobre dos de ellas, no lo recuerdo, pero la última se llamaba Stephen Sinclair- -respondió el tímido oficinista-. Los investigadores no perdieron tiempo y centraron todas sus indagatorias en el cuerpo de la última víctima.

En el depósito de cadáveres, Bowen y el equipo forense se esforzaron por tratar de reconstruir el cuerpo de la última víctima de Nilsen como si fuera un rompecabezas, cuando lo consiguieron, le tomaron las huellas dactilares y las enviaron a Peter Jay, para que las cotejara con los informes de la policía. El resultado fue positivo para los investigadores, las huellas coincidieron con las de Stephen Sinclair, de 22 años, la última persona a la que había matado Dennis Nilsen. Con ello, el detenido quedó formalmente acusado por el delito de asesinato, al menos respondería por un muerto.

No obstante, Peter Jay necesitaba saber cómo habían ocurrido los hechos: -Señor Nilsen, hábleme sobre Stephen Sinclair. ¿Cómo lo conoció?

–Nos conocimos en el Golden Lion, un pub en el centro de Londres, después lo invité a ir a mi departamento y bebimos algunos wiskis. Él se quedó dormido y yo me puse los audífonos para escuchar música- -de pronto Nilsen hizo una pausa, apretó sus puños que tenía sobre la mesa y con la voz entrecortada continuó- -Vinieron a mi mente varios recuerdos y sabía que tenía que matarlo. Me invadió un sentimiento recurrente de soledad y comencé a llorar. Tomé una de mis corbatas y lo estrangulé con todas mis fuerzas. Me senté a su lado en el sillón y me quedé dormido hasta la mañana siguiente.

DENNIS, EL CARNICERO

Continuó el detective Jay: -¿Qué hizo al otro día cuando vio a Sinclair muerto en el sillón?- -Nada, me metí a bañar, me arreglé y me fui a trabajar, lo dejé ahí. Cuando volví por la tarde, coloqué un plástico negro en medio de la sala, lo desnudé, recosté encima, fui a la cocina y tomé el cuchillo más grande que tenía y comencé a cortarle los brazos; brotaba mucha sangre. Después seguí con la cabeza. –Narró con mucha tranquilidad el oficinista-. –Tomé una olla grande, metí la cabeza dentro y la llené de agua.

Dennis Nilsen contó con detalles a los detectives la forma en cómo hirvió los miembros descuartizados de Stephen Sinclair para separar la carne de los huesos y después, los fue arrojando de forma gradual por el excusado, de ahí, el motivo por el cual las cañerías del edificio se habían tapado y la asquerosa pestilencia.

El investigador McCusker lo cuestionó acerca de dónde había aprendido a diseccionar los miembros, a lo cual Nilsen contestó que se instruyó durante su estancia en el ejército, ya que de soldado pasó a ser el jefe de cocina, quien abastecía a los militares y a la realeza escocesa, en el año de 1970. Fue ahí, donde aprendió a destazar reses, cerdos y las habilidades de un carnicero. Los años más felices de su vida, señaló el propio Nilsen, pero decidió retirarse en 1972.

El siguiente paso de los detectives era saber qué pasó con las demás víctimas, quiénes habían sido y cómo fue que Nilsen las mató. Así que decidieron llegar hasta los límites de la investigación y para ello, se enfocaron en el antiguo domicilio de Dennis Nilsen, en Melrose Avenue, al noroeste de Londres.

-Hemos registrado su departamento en Cranley Gardens, señor Nilsen, pero tenemos conocimiento de que también vivió en Willesden Green, en la calle de Melrose- -señaló Peter Jay- -Sí, viví en la parte baja y era el único que tenía acceso al jardín- -contestó Dennis- ¿Dígame, qué encontraremos allí? –Volvió a cuestionar el detective-. –Si los dueños de aquel edificio no han limpiado o removido nada, debería haber pruebas de los restos de 12 o 13 personas más- -respondió el asesino, dejando pasmados una vez más a los investigadores-.

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE ESTA MENTE PERTURBADA?

Dennis Andrew Nilsen nació en Fraserburgh, Escocia, el 23 de noviembre de 1945; su madre fue Betty White y su padre Olaf Magnus Nilsen, un soldado noruego. El matrimonio no prosperó y se divorciaron. Dennis creció al lado de sus abuelos maternos: Andrew y Lily, quienes eran muy estrictos y no permitían que Des, como le llamaban de cariño, escuchara la radio, porque la consideraban cosa del diablo.

Sin embargo su abuelo se convirtió en el héroe de Dennis, lo llevaba con él a pescar, le contaba historias y lo cargaba en hombros, pero un día, sucedió lo inesperado, Andrew murió de un infarto. Cuando Des vio a su abuelo en el ataúd, tuvo su primer acercamiento con la muerte, sí, el primero, pero también una relación de la que nunca se podría desenganchar, pues al ver el cadáver de su mejor amigo, la muerte y el amor se fusionaron en su mente para siempre. Desde aquel día, Des se volvió introvertido, solitario y en la pubertad cuando descubrió que le atraían los hombres, supo que nadie lo comprendería.

Fue a los pocos meses del fallecimiento de su abuelo, cuando decidió marcharse de casa e ingresó al ejército, donde estuvo 11 años. Al retirarse de la milicia, en 1972, Nilsen entró a las filas de la Policía Metropolitana de Londres, pero sólo trabajó ahí durante 11 meses, pues fue un puesto en el que nunca se sintió satisfecho.

PONER CITA DE MARTYN HUNTER-CRAIG, EXPAREJA DE NILSEN: “DES ERA UNA PERSONA MUY AGRADABLE Y SENSIBLE, PERO CUANDO BEBÍA SE TRANSFORMABA, SE VOLVÍA DETESTABLE”.

SE DESATÓ EL FRENESÍ DEL ASESINO

Los detectives tenían todavía muchas dudas y ansiedad por saber, cómo un respetable empleado de gobierno, se había convertido en uno de los asesinos seriales más sanguinarios en la historia de Reino Unido: -¿Cómo fue la primera vez que mató, señor Nilsen? –Cuestionó Peter Jay- -Todo empezó la Noche Vieja de 1978, no quería pasar Año Nuevo solo y acudí a un bar gay en el centro de Londres, ahí comencé a hablar con un chico muy joven, le invité algunos tragos, después le propuse ir a mi departamento donde nos pusimos muy borrachos; a la mañana siguiente, cuando desperté, él seguía a mi lado dormido, no quería que se fuera, de pronto, una fuerza muy extraña en mi mente me ordenó que lo matara, no pude hacer nada contra ello. Miré nuestras ropas que se encontraban esparcidas por el suelo y entre ellas estaba mi corbata, así que sin dudar, la tomé, rodeé su cuello con ella y comencé a estrangularlo. Me sorprendió la fuerza que brotó de mi cuerpo.

Después lo bañé, le puse calcetines, calzoncillos y una camiseta y lo senté en el sillón para que me hiciera compañía. Por las noches lo acostaba en la cama conmigo y me dormía abrazado a él. Así pasaron varios días hasta que regresé al trabajo, entonces durante el día lo dejaba sentado frente al televisor, yo pensé que me arrestarían en cualquier momento. Creí que su familia lo estaría buscando y que pronto darían con nosotros y me llevarían preso, pero eso nunca ocurrió.

-¿Qué hiciste con su cuerpo? –dijo el detective McCusker-.

-Pasaron varias semanas y el cadáver se puso rígido, lo que hice fue esconderlo debajo de unas tablas del piso. Desclavé algunas y ahí coloqué el cuerpo unos días más, pero cuando empezó a descomponerse, lo enterré en el jardín.

El detective en jefe, Peter Jay, hizo la última pregunta de aquella noche: -¿Se acuerda de cómo se llamaba aquel chico?

Dennis colocó las manos sobre su cabeza y contestó: -No, no recuerdo su nombre, sólo me acuerdo que era muy joven.

El extraño comportamiento del criminal desconcertaba y asombraba cada vez más a los detectives Jay y McCusker, quienes aún tenían muchos pendientes en la investigación, debido a que el rastro de mutilación y muerte que dejó Dennis Nilsen era todavía más extenso de lo que se imaginaban.

Continuará…