/ viernes 3 de julio de 2020

Cae el líder del culto a la Santa Muerte

David Romo fue detenido en 2011 junto con nueve cómplices, entre ellos su pareja sentimental; eran señalados como integrantes de la banda “El Aztlán”

En realidad, no sabemos qué motiva a una persona a cometer un crimen. Quizá primero se comienza con algo inverosímil y luego, poco a poco, se va adentrando en la sordidez del mundo bajo. Se obtienen ganancias ilícitas, las cosas parecen fáciles, se saca provecho de los menos afortunados, por decirlo de algún modo.

Esta ocurrió hace casi diez años. Se trató de un de las capturas de un delincuente poco común. Ciertamente todo comenzó en el 2010, aunque la captura de los responsables y la desarticulación de la organización criminal se haya dado hasta 2011.

El antecedente próximo anterior a la detención ocurrió el 14 de diciembre de 2010, cuando se reportó que un matrimonio de adultos mayores había sido secuestrado por la organización delictiva “Los Aztlán” -a la cual pertenecía el obispo de la iglesia de la Santa Muerte, David Romo Guillén-; se trataba, nada menos, que de los suegros del diputado federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en ese momento, por el Distrito 3 del Estado de Guerrero, Armando Ríos Piter.

Tal evento obligó, o, por decirlo más precisamente, exigió a la Procuraduría General de Justicia del entonces Distrito Federal (PGJ DF), a mover toda la estructura de investigación e impartición de justicia para localizar y detener a la banda delictiva; porque, de otro modo, la situación hubiera continuado del mismo modo sin resolverse ni atrapar a los responsables, ya que la banda había cometido antes al menos otros diez secuestros y habían permanecido en la impunidad.

Foto: Archivo La Prensa

ÚLTIMO GOLPE PAGOS CHIQUITOS

De acuerdo con las investigaciones de la PGJ DF, tras ése que sería su último golpe - aunque la banda no lo supiera-, los criminales -que tuvieron a las víctimas privadas de la libertad en dos casas de seguridad, según se informó a los medios de comunicación-, obligaron inicialmente al suegro del legislador a acudir a una sucursal bancaria para que retirara 250 mil pesos, cantidad que sirvió como primer pago anticipo; más tarde se efectuó un segundo pago de 313 mil pesos, además de la entrega de dos autos de reciente modelo: por una parte, una camioneta Honda y, por otra, un Mercedes Benz.

Una vez que los integrantes de la organización delictiva “Los Aztlán” cobraron la suma del rescate, o supuesto rescate, así como tras de apoderarse de los vehículos, decidieron liberar a la pareja de la tercera edad. Por supuesto, las consecuencias derivaron en una cacería a partir de entonces, puesto que diputado federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Armando Ríos Piter, presentó la denuncia penal formalmente ante la Fiscalía Antisecuestros de la PGJ DF.

Foto: Archivo La Prensa

SEGUIMIENTO DE LOS HECHOS

El entonces fiscal procurador de la capital, Miguel Ángel Mancera, tras la detención señaló que el plagio se había consumó consumado durante el transcurso de la mañana del 14 de diciembre de 2010 en la casa-habitación de las víctimas.

Allí los secuestradores habían irrumpido de manera violenta, para lograr su objetivo, que era, además del plagio, sustraer tomar las joyas, el dinero en efectivo y todo aquello de valor que pudieran llevarse. En el transcurso de la irrupción asalto, la empleada doméstica fue atada.

Luego con posterioridad pero casi de inmediato, ya que el plagio duró no más de un día, se realizó un depósito bancario y otro en especie para pagar el rescate, además de que se obligó al varón a realizar una transferencia bancaria a cuenta de uno de los criminales.

Con base en la evidencia recabada por los circuitos -cerrados de televisión (CCTV) de las instituciones bancarias donde se registraron los cobros, fue como se logró la identificación plena de los presuntos delincuentes. De tal suerte que los sabuesos pronto dieron con los culpables y se montó el operativo específico para aprehenderlos.

Debía pagar por su crimen; lo delataron sus cómplices

De acuerdo con la información de El Diario de las Mayorías, David Romo Guillén fue detenido y arraigado el 17 de diciembre de 2010 cuando llegaba a su templo. Hay que recordar que se hacía llamar obispo de la Santa Muerte. Se le acusó de ser integrante de la banda de secuestradores liderada por “El Aztlán” y, en ese momento de las indagatorias ya se sabía había participado en la privación de la libertad contra a una pareja de ancianos en la entonces delegación Magdalena Contreras, que a la postre se supo que eran familiares indirectos de un diputado federal.

Durante la conferencia de prensa que encabezó el entonces procurador de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, fueron presentados los integrantes de la peligrosa banda criminal.

Foto: Archivo La Prensa

En total fueron nueve los detenidos y, entre éstas sobresalía una jovencita de 17 años. Otro de los datos relevantes es que se hacían pasar como integrantes del grupo delictivo de “Los Zetas”, lo cual les funcionaba para amedrentar a sus posibles rivales y, en general, para infundir temor (aunque este dato aún no se podía descartar, pero tampoco confirmar hasta que no terminara toda la investigación). Finalmente, había dos delincuentes que operaban desde el interior del reclusorio.

Ante tal declaración, Mancera señaló que se obtuvo la muestra de voz de un reo de la Penitenciaria de Santa Martha Acatitla, quien era señalado de haber participado en los hechos delictivos y se tuvo un positivo en reconocimiento.

Por su parte, el inculpado obispo de la huesuda afirmaba otra versión, la cual dio a conocer a través de sus abogados. De acuerdo con él, supuestamente el día de su detención, algunos agentes de la ley ya lo esperaban en autos particulares y que, sin mediar palabra, lo subieron a uno de esos vehículos, por lo cual pensó que se trataba de un secuestro.

Foto: Archico La Prensa

Pasaron largos días sin que se supiera nada de él, desde el momento de su detención hasta que fue presentado ante los medios. Asimismo Romo comentó a sus abogados que lo habían metido a un lugar desconocido -que posiblemente se trataba del centro de arraigos- donde lo habrían sometido a rigurosas torturas, desde golpes, hasta intentos de asfixia con una bolsa.

“Me torturaron hasta con toques en los ...”

Cuando David Romo fue presentado como posible integrante de una banda de secuestradores y extorsionadores, no dudó en gritar, literalmente, mientras se llevaba a cabo la conferencia de prensa, que había sido torturado por elementos de la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJ DF).

Las acusaciones en ambos sentidos, tanto de la Procuraduría como del inculpado eran graves. Sin embargo, pesaba en su contra toda la evidencia sobre los actos ilícitos, y no había elementos que indicaran que hubiera sido sometido a tales procedimientos. Lo que era una duda razonable estribaba en que era más plausible que el líder del culto argumentara cualquier cosa con tal de salvarse.

El 4 de enero de 2011 fue cuando la PGJ DF decidió que la banda denominada como “El Aztlán”


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En realidad, no sabemos qué motiva a una persona a cometer un crimen. Quizá primero se comienza con algo inverosímil y luego, poco a poco, se va adentrando en la sordidez del mundo bajo. Se obtienen ganancias ilícitas, las cosas parecen fáciles, se saca provecho de los menos afortunados, por decirlo de algún modo.

Esta ocurrió hace casi diez años. Se trató de un de las capturas de un delincuente poco común. Ciertamente todo comenzó en el 2010, aunque la captura de los responsables y la desarticulación de la organización criminal se haya dado hasta 2011.

El antecedente próximo anterior a la detención ocurrió el 14 de diciembre de 2010, cuando se reportó que un matrimonio de adultos mayores había sido secuestrado por la organización delictiva “Los Aztlán” -a la cual pertenecía el obispo de la iglesia de la Santa Muerte, David Romo Guillén-; se trataba, nada menos, que de los suegros del diputado federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en ese momento, por el Distrito 3 del Estado de Guerrero, Armando Ríos Piter.

Tal evento obligó, o, por decirlo más precisamente, exigió a la Procuraduría General de Justicia del entonces Distrito Federal (PGJ DF), a mover toda la estructura de investigación e impartición de justicia para localizar y detener a la banda delictiva; porque, de otro modo, la situación hubiera continuado del mismo modo sin resolverse ni atrapar a los responsables, ya que la banda había cometido antes al menos otros diez secuestros y habían permanecido en la impunidad.

Foto: Archivo La Prensa

ÚLTIMO GOLPE PAGOS CHIQUITOS

De acuerdo con las investigaciones de la PGJ DF, tras ése que sería su último golpe - aunque la banda no lo supiera-, los criminales -que tuvieron a las víctimas privadas de la libertad en dos casas de seguridad, según se informó a los medios de comunicación-, obligaron inicialmente al suegro del legislador a acudir a una sucursal bancaria para que retirara 250 mil pesos, cantidad que sirvió como primer pago anticipo; más tarde se efectuó un segundo pago de 313 mil pesos, además de la entrega de dos autos de reciente modelo: por una parte, una camioneta Honda y, por otra, un Mercedes Benz.

Una vez que los integrantes de la organización delictiva “Los Aztlán” cobraron la suma del rescate, o supuesto rescate, así como tras de apoderarse de los vehículos, decidieron liberar a la pareja de la tercera edad. Por supuesto, las consecuencias derivaron en una cacería a partir de entonces, puesto que diputado federal del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Armando Ríos Piter, presentó la denuncia penal formalmente ante la Fiscalía Antisecuestros de la PGJ DF.

Foto: Archivo La Prensa

SEGUIMIENTO DE LOS HECHOS

El entonces fiscal procurador de la capital, Miguel Ángel Mancera, tras la detención señaló que el plagio se había consumó consumado durante el transcurso de la mañana del 14 de diciembre de 2010 en la casa-habitación de las víctimas.

Allí los secuestradores habían irrumpido de manera violenta, para lograr su objetivo, que era, además del plagio, sustraer tomar las joyas, el dinero en efectivo y todo aquello de valor que pudieran llevarse. En el transcurso de la irrupción asalto, la empleada doméstica fue atada.

Luego con posterioridad pero casi de inmediato, ya que el plagio duró no más de un día, se realizó un depósito bancario y otro en especie para pagar el rescate, además de que se obligó al varón a realizar una transferencia bancaria a cuenta de uno de los criminales.

Con base en la evidencia recabada por los circuitos -cerrados de televisión (CCTV) de las instituciones bancarias donde se registraron los cobros, fue como se logró la identificación plena de los presuntos delincuentes. De tal suerte que los sabuesos pronto dieron con los culpables y se montó el operativo específico para aprehenderlos.

Debía pagar por su crimen; lo delataron sus cómplices

De acuerdo con la información de El Diario de las Mayorías, David Romo Guillén fue detenido y arraigado el 17 de diciembre de 2010 cuando llegaba a su templo. Hay que recordar que se hacía llamar obispo de la Santa Muerte. Se le acusó de ser integrante de la banda de secuestradores liderada por “El Aztlán” y, en ese momento de las indagatorias ya se sabía había participado en la privación de la libertad contra a una pareja de ancianos en la entonces delegación Magdalena Contreras, que a la postre se supo que eran familiares indirectos de un diputado federal.

Durante la conferencia de prensa que encabezó el entonces procurador de Justicia del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa, fueron presentados los integrantes de la peligrosa banda criminal.

Foto: Archivo La Prensa

En total fueron nueve los detenidos y, entre éstas sobresalía una jovencita de 17 años. Otro de los datos relevantes es que se hacían pasar como integrantes del grupo delictivo de “Los Zetas”, lo cual les funcionaba para amedrentar a sus posibles rivales y, en general, para infundir temor (aunque este dato aún no se podía descartar, pero tampoco confirmar hasta que no terminara toda la investigación). Finalmente, había dos delincuentes que operaban desde el interior del reclusorio.

Ante tal declaración, Mancera señaló que se obtuvo la muestra de voz de un reo de la Penitenciaria de Santa Martha Acatitla, quien era señalado de haber participado en los hechos delictivos y se tuvo un positivo en reconocimiento.

Por su parte, el inculpado obispo de la huesuda afirmaba otra versión, la cual dio a conocer a través de sus abogados. De acuerdo con él, supuestamente el día de su detención, algunos agentes de la ley ya lo esperaban en autos particulares y que, sin mediar palabra, lo subieron a uno de esos vehículos, por lo cual pensó que se trataba de un secuestro.

Foto: Archico La Prensa

Pasaron largos días sin que se supiera nada de él, desde el momento de su detención hasta que fue presentado ante los medios. Asimismo Romo comentó a sus abogados que lo habían metido a un lugar desconocido -que posiblemente se trataba del centro de arraigos- donde lo habrían sometido a rigurosas torturas, desde golpes, hasta intentos de asfixia con una bolsa.

“Me torturaron hasta con toques en los ...”

Cuando David Romo fue presentado como posible integrante de una banda de secuestradores y extorsionadores, no dudó en gritar, literalmente, mientras se llevaba a cabo la conferencia de prensa, que había sido torturado por elementos de la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJ DF).

Las acusaciones en ambos sentidos, tanto de la Procuraduría como del inculpado eran graves. Sin embargo, pesaba en su contra toda la evidencia sobre los actos ilícitos, y no había elementos que indicaran que hubiera sido sometido a tales procedimientos. Lo que era una duda razonable estribaba en que era más plausible que el líder del culto argumentara cualquier cosa con tal de salvarse.

El 4 de enero de 2011 fue cuando la PGJ DF decidió que la banda denominada como “El Aztlán”


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