"Aquí no se come lo que se quiere, se come lo que se puede"

Cesárea Palacios, "Doña Chayo" gana 150 pesos diarios, tiene 8 hijas, un hijo y 18 nietos, ella es el sostén de su familia

Ana María Vacio | El Sol de Zacatecas

  · viernes 6 de noviembre de 2020

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

Pinos Zacatecas.- Aquí no se come lo que se quiere, se come lo que se puede. “Doña Chayo” aún logra comer dos veces al día, pero hay veces que no alcanza ni para ello. En algunas ocasiones hay gente que le ayuda con comida, otras veces debe pedir prestado para poder llevar alimento a la familia.

Cesárea Palacios Mota, mejor conocida como “Doña Chayo”, mujer bajita y muy delgada, con ojos grandes, tiene hoy 52 años, sale todos los días a vender fruta y su percepción varía -en promedio son 150 pesos diarios- y es el sostén de su familia. Tiene ocho hijas, un hijo y 18 nietos.

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De ellos, nueve viven con ella, cinco de sus hijos, entre ellos una discapacitada que recibe una beca que se gasta en su totalidad en sus cuidados, y cuatro nietos, su casa son unos pequeños cuartitos cerca del centro de la cabecera municipal, que tienen como techo una lámina sobrepuesta que deja pasar el frío.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

Almuerzan casi al mediodía, sobre dos camas que hacen la función de mesa.

Rodeada de sus hijas y sus nietos que ríen y disfrutan de unos huevos con tomate y cebolla con frijoles, tortilla y se acompañan de una botella de refresco grande, que reparte religiosamente entre todos.

Esta es parte de la cotidianeidad de Doña Chayo, quien tiene que salir a trabajar y endeudarse porque no le alcanza para cubrir los gastos del hogar.

LA HISTORIA DE VIDA

Doña Chayo, enviudó a los 26 años de edad, quedando en el desamparo, pues su familia política la despojó de la tierra que tenía a su nombre su esposo, Juan Jiménez Nava, quien murió alcanzado por un rayo cuando cuidaba sus cabras en la comunidad de Cerro Gordo.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

Intentó lavar ropa ajena, pero lo tuvo que dejar porque “casi todos estaban igual que uno, sin dinero”.

Nunca se dio por vencida y decidió emigrar a la cabecera municipal.

Desde que inició la pandemia por el Covid-19 sus ventas disminuyeron drásticamente y ahora saca la mitad de lo que obtenía con sus ventas en los días que se llenaba la plaza de gente que venía de las localidades.

Aún logra comer por lo menos dos veces al día, pero con ayuda de la gente que le lleva de comer a su puesto y endeudándose.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

La puerta de su casa da inmediatamente a una habitación en donde apenas queda espacio para pasar, justo frente a dos camas que lucen tendidas y que diariamente sirven como mesa para la familia, que se conecta con otro pequeño espacio que tiene la función de cocina, pero en donde solo hay una pequeña estufa, no hay refrigerador, solo algunas cosas apiladas y hasta la base de una cama.

LA SANTA MUERTE “BORRACHA”

Frente a las dos camas que tienen la función de dormitorio y comedor están sobre un mueble, cuatro imágenes de la Santa Muerte, una de ellas, la más grande, es muy colorida y también muy “borracha”, ríe Rosa María, una de las hijas de doña Chayo, quien luce extremadamente delgada y asegura que su fe en “la niña blanca” la salvó prácticamente de la muerte cuando se encontraba perdida en la drogadicción y ahora de ofrenda le trae dulces, pan, galletas y mezcal, “pues la más grande es muy borracha”.

Rosa María no tiene trabajo, apoya a su mamá en la casa, ya que el departamento de Plazas y Mercados de la Presidencia Municipal la retiraron de vender gelatinas en la plaza principal.

Ella, al igual que Liliana, su hermana, la más chica, quien es discapacitada y hermana gemela de José Luis, permanecen en la casa con el apoyo de Doña Chayo, así como algunos de sus nietos, como Tadeo.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

Doña Chayo por su parte prefiere venerar a la Virgen de Guadalupe, que tiene en un cuadro grande en la pared, “a pesar de que me llama (la Santa Muerte), yo sí le digo: no, yo no creo en ti, yo mejor con mi Virgencita”, señala la mujer, mientras llama a sus nietos y a sus hijas a comer.

En eso aparece una de sus hijas con una botella grande de refresco que reparte entre cada uno de los presentes y con una sonrisa en su boca se sienta a comer en las camas con ellos y recuerda que Tadeo, el niño que más la sigue y que se tiene que llevar a la plaza a vender, “es malo para comer”, pues refiere que a veces prefiere las Sabritas.

Entre anécdotas almuerzan todos y refieren que las tortillas y el huevo cada vez están más caros y ni pensar en la leche, “ya está muy cara, ahora nada más tomamos de vez en cuando”. También muestran la fotografía de bodas de Doña Chayo, quien a la corta edad de 16 años se casó con Don Juan en la comunidad de Cerro Gordo.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

Reconoce Doña Chayo que allá en el rancho se come mejor, “pero nos teníamos que levantar a las cinco de la mañana a moler el nixtamal, luego a preparar las tortillas y después a sacar el aguamiel que nos comíamos con tortilla y estaba muy buena”, refiere la mujer quien hace un llamado de auxilio, pues afirma que ya le advirtieron de parte de la Presidencia Municipal que si no paga el predial le pueden quitar la casita en la que le da refugio a sus hijas que no tienen trabajo y a sus nietos.

SIN COMIDA

Del otro lado de la cabecera municipal se encuentra Don Juan, un hombre de la tercera edad que vive con sus hijas y aunque en su cocina sí hay mesa y una estufa, no se alcanza a ver comida por ningún lado, afirma que el apoyo que le llega apenas le alcanza para sobrevivir, aunque algunas personas lo invitan a comer, por lo que da dos comidas al día, pero eso sí, su coquita no puede faltar en el almuerzo.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

Presume su árbol de limones, que ya tiene una gran cantidad y, generoso, ofrece alguno a quienes lo visitan.

Don Juan, es viudo, su mujer murió cuando sus hijos estaban pequeños, por lo cual batalló, pero eso no le impidió sostener a su familia con trabajos de albañilería, en el campo y en la mina cuando era jornalero.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

A unos cuantos pasos de la casa de Don Juan, a un lado del antiguo templo de Tlaxcala, está una casa de campaña, ahí vive un hombre también de la tercera edad en abandono, que regresó de Estados Unidos para vivir con su familia, pero de acuerdo a la versión de los vecinos, ya su familia no lo quiso recibir, por lo que ahora deambula por las calles en busca de alguien que le ofrezca algo de comida.

Una mujer que pasa por el lugar, donde ya hay un fuerte olor a orines, señala que los hijos y su mujer ya no se quisieron hacer cargo de ese hombre por lo que ahora deambula por las calles y duerme en la casa de campaña en la que los días lluviosos amanece empapado y temblando de frío.

Javier Gallegos Jiménez por su parte, es albañil, pero dura largas temporadas sin trabajar y va hasta la sierra a traer cargas de leña a lomo de un burro que vende en las panaderías o a particulares. Ahora vive con sus papás, quienes son personas de la tercera edad y con quienes de manera común comen frijoles y sopa, solo en ocasiones especiales comen carne. Toman agua y refresco, pero la leche “es difícil consumirla porque está muy cara”.

EL MUNICIPIO DE PINOS

El municipio de Pinos se enclava en sureste zacatecano, en los límites con San Luis Potosí.

Según el censo de 2010, la población es de 69 mil 844 personas, un total de 58 mil 628 individuos (el 73 por ciento del total de la población) se encontraban en situación de pobreza, de los cuales 42 mil 254 (el 52.6 por ciento) presentaban pobreza moderada y 16 mil 375 (20.4 por ciento) estaban en pobreza extrema.

La condición de rezago educativo afectó al 26.1 por ciento de la población, lo que significa que 21 mil 011 individuos presentaron esta carencia social.

Foto: Flor Castañeda | El Sol de Zacatecas

El porcentaje de personas sin acceso a servicios de salud fue de 28.9 por ciento, equivalente a 23 mil 238 personas.

La carencia por acceso a la seguridad social afectó a 81.8 por ciento de la población, es decir 65 mil 701 personas se encontraban bajo esta condición.

El porcentaje de individuos que reportó habitar en viviendas con mala calidad de materiales y espacio insuficiente fue de 6.3 por ciento (5 mil 066 personas).

El porcentaje de personas que reportó habitar en viviendas sin disponibilidad de servicios básicos fue de 53.9 por ciento, lo que significa que las condiciones de vivienda no son las adecuadas para 43 mil 297 personas.

La incidencia de la carencia por acceso a la alimentación fue de 37.4 por ciento, es decir, una población de 30 mil 014 personas.

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