Misa luctuosa en honor a Antonio Aguilar

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EL SOL DE ZACATECAS

Por Juan Castro

Fotos Osvaldo Martínez

ZACATECAS, ZAC., 18 de junio (OEM/Informex).- El obispo de la Diócesis de Zacatecas, Sigifredo Noriegas Barceló, celebró la misa del décimo aniversario luctuoso de “El Charro de México”, Antonio Aguilar, en la que dijo que 10 años después del tránsito a la otra vida se puede decir “misión cumplida”.

 

En la ceremonia religiosa estuvo presente la familia Aguilar, entre ellos Pepe y Antonio Aguilar hijo, además de Flor Silvestre, Ángela y Leonardo Aguilar, y Guadalupe Pineda.

 

El obispo de la Diócesis de Zacatecas Sigifredo Noriega Barceló, indicó que Antonio Aguilar no sólo dejó huella por su canto, sino también por su generosidad.

 

Indicó que hace poco, en camino de Tabasco, pasó por El Soyate, e iba recordando que un ser humano, un hijo, un hermano, un padre de familia, un artista, un artesano de la vida, porque todo artista es artesano de la vida.

 

Dijo que pensó también cómo todos tienen una misión en la vida, y la vida se va a medir conforme a cómo se vaya cumpliendo esa misión, si se cumple bien, si se cumple a medias, si el tiempo se terminó antes de tiempo, esta vida es un plazo que se tiene, un plazo para sembrar, para cultivar.

 

En el cómo esta misión y este plazo se ven mejor si se cumple o no años después, y 10 años después de tránsito a la otra vida se tiene tiempo suficiente para vislumbrar la misión cumplida.

 

La bondad del corazón humano, la herencia de valores, los principios, y la bondad no es automática, es cuestión de educación.

 

Y 10 años después se puede decir misión cumplida.

 

Señaló que Antonio Aguilar no fue perfecto, nadie es perfecto, y que bueno que no haya sido perfecto.

 

EL DÍA DEL PADRE

 

Hizo también una reflexión sobre el Día del Padre, de la misión que tiene un padre, y no ocupa un momento, sino que ocupa toda la vida.

 

Y todos iniciamos en la vida con esa experiencia que fundamenta todas las demás experiencias, la experiencia de ser hijo, y que se va a convertir en padre unos años después.

 

Uno nunca termina de ser hijo, siempre se sigue con esa experiencia, al igual que la paternidad no es cuestión de un instante, y mucho menos de una equivocación, es cuestión de toda la vida.

 

Cuando se es niño se ve la experiencia como niño, se ve a papá como el héroe, el mejor de los artistas, de los artesanos, uno ve a su padre como el todopoderoso, piensa uno que sólo basta decir dame y papá nos va a dar, no sabemos de dónde va a sacar.

 

Qué bueno que empezamos siendo niños, porque empezamos con la inocencia, con la ingenuidad, empezamos siendo así viviendo así, con toda la confianza que necesita un ser humano.

 

Cuando uno es adolescente ve a papá de manera diferente, no con la misma confianza ni la misma cercanía, ya empieza a verse a papá como la autoridad, o como aquel que tiene la llave para abrir o para cerrar, el de los permisos.

 

Cuando uno es adulto empieza a ver la vida de otra manera, y uno dice ahora que soy padre, ahora que soy madre, entiendo a mis padres.

 

Es un amor limpio, un amor total, un amor eterno.

 

La vida va cerrando sus ciclos, etapas, y se continúa o se abren algunos otros horizontes, pero lo vivido ahí trasciende.

 

En casa empieza esa sensibilidad, esa apertura, la paternidad es maternidad al mismo tiempo, es la mejor escuela de la vida.

 

El amor no se acaba, el amor se va ampliando, se va expandiendo.