/ lunes 11 de julio de 2022

La Mora Parte 6: Karaoke y poppers, es mi escena

Sammy Loren es un escritor y productor de videos. Está lanzando ‘Cartel, Inc.,’ una novela sobre un videoartista fracasado que es secuestrado por un cartel mexicano y forzado a dirigir sus publicidades de TikTok. Ahora vive en LA y cura Casual Encounters, una serie de lectura semanal

Esta canción sí la conocí.

“Bad guy” de Billie Eilish sonaba en los altavoces de la Escalade mientras me sobaba mi hombro. El dolor valía la pena con tal de tener a La Mora de vuelta en mis brazos. Después de nuestras 48 horas juntos, sabía que estábamos enamorados. Los románticos, soñadores y locos tenemos ojo para este tipo de cosas.

“Mucho que demostrar” estaba de copiloto y un silencioso hombre de mediana edad manejaba por los sitios protegidos con cercas eléctricas que frecuenta la élite de la Ciudad de México.

—¿Quieres un Redbull?—me dijo Pollo con un inglés impecable.

—¿Tienes Red Bull sin azúcar?

—No mames, eres una perrita flaquilla—dijo Pollo. —Dale un agua al gringo.

Con el cañón de su pistola, “Mucho que demostrar” destapó un Topo Chico. Las mansiones pasaban ante mis ojos, cada una con sus propios tipos rudos que enjabonaban otras camionetas de lujo.

—Entonces, ¿conociste a La Mora en Los Ángeles la semana pasada?—preguntó Pollo, lamiendo un Pulparindo.

—Nos conocimos en un café…—comencé a contarle, teniendo sumo cuidado con mis palabras porque “Mucho que demostrar” no me quitaba los ojos de encima y no había enfundado su pistola. —...se quedó conmigo y mi novio en nuestra casa.

—¿Novio?—inquirió.

—¿Hay algo de malo en ser gay?—le pregunté.

—Para nada. He tomado fotos tipo BDSM a mis amantes: hombres, mujeres, dominatrix, sumisos y trabajadores sexuales. ¿Quieres estar en una sesión en lo que estás en la ciudad?

—Tal vez…—le dije mientras imaginaba si esas fotos serían consideradas como algo progre y de empoderamiento sexual o algo muy cutre y amateur.

—La Mora y yo fuimos a Los Ángeles para una feria de arte. En lo que mi jet privado cargaba gasolina, La Mora fue al baño del aeropuerto. Seguro lo conoces, el que está en Van Nuys…Imaginé que necesitaba privacidad así que no me sorprendió. Esperé y esperé hasta que fui a buscarla y me di cuenta que ya se había marchado.

—¡Qué fuerte!—le dije mientras imaginaba a La Mora buscando un raite para escapar de ese infierno de Van Nuys hasta Echo Park, donde atrapó al primer conejito que vio: yo. —¡Qué impulsiva!

—La Mora no es impulsiva, dijo Pollo. Es calculadora y astuta, una loba.

—Ah…sí, claro—dije, pensando que si La Mora había abandonado a un millonario por mí, ¿acaso no era esa la prueba de que éramos el uno para el otro?

—¿Tienes hambre?—preguntó El Pollo. En la calle, un letrero de luz neón con una tipografía que emulaba lo oriental decía “Hunan”.

Pollo terminó su Redbull. “Mucho que demostrar” tomó la lata vacía y la aplastó en su mano.

—“Hunan” es el mejor restaurante chino de la Ciudad de México.

—Tengo una reservación en “Pujol”—le dije.

—¡Órale! Perrrrdón, wey, eres un gringo fancy…la próxima vez podemos dragearnos y comer, meternos poppers y al final, ir a un karaoke…

—Poppers y karaoke, es de lo que vivo.—le contesté.

No olvides seguirnos en Google Noticias para mantenerte informado

Pollo salió de la camioneta y se acercó a mi ventana. “Mucho que demostrar” me pasó un celular.

—¿Y esto?—pregunté.

—Mis muchachos te dejarán en Pujol. Estoy impresionado de que hayas podido conseguir una reservación.—contestó Pollo mientras sangoloteaba su Rolex—Ten el celu prendido, me gusta estar conectado con mis nuevos amigos.

—¿Apoco ya somos amigos?

—Claro, güerito. La Mora tiene algo mío. Ayúdame a recuperarlo y te ayudaré a encontrarla.

Síguenos en Facebook: La Prensa Oficial y en Twitter: @laprensaoem


Esta canción sí la conocí.

“Bad guy” de Billie Eilish sonaba en los altavoces de la Escalade mientras me sobaba mi hombro. El dolor valía la pena con tal de tener a La Mora de vuelta en mis brazos. Después de nuestras 48 horas juntos, sabía que estábamos enamorados. Los románticos, soñadores y locos tenemos ojo para este tipo de cosas.

“Mucho que demostrar” estaba de copiloto y un silencioso hombre de mediana edad manejaba por los sitios protegidos con cercas eléctricas que frecuenta la élite de la Ciudad de México.

—¿Quieres un Redbull?—me dijo Pollo con un inglés impecable.

—¿Tienes Red Bull sin azúcar?

—No mames, eres una perrita flaquilla—dijo Pollo. —Dale un agua al gringo.

Con el cañón de su pistola, “Mucho que demostrar” destapó un Topo Chico. Las mansiones pasaban ante mis ojos, cada una con sus propios tipos rudos que enjabonaban otras camionetas de lujo.

—Entonces, ¿conociste a La Mora en Los Ángeles la semana pasada?—preguntó Pollo, lamiendo un Pulparindo.

—Nos conocimos en un café…—comencé a contarle, teniendo sumo cuidado con mis palabras porque “Mucho que demostrar” no me quitaba los ojos de encima y no había enfundado su pistola. —...se quedó conmigo y mi novio en nuestra casa.

—¿Novio?—inquirió.

—¿Hay algo de malo en ser gay?—le pregunté.

—Para nada. He tomado fotos tipo BDSM a mis amantes: hombres, mujeres, dominatrix, sumisos y trabajadores sexuales. ¿Quieres estar en una sesión en lo que estás en la ciudad?

—Tal vez…—le dije mientras imaginaba si esas fotos serían consideradas como algo progre y de empoderamiento sexual o algo muy cutre y amateur.

—La Mora y yo fuimos a Los Ángeles para una feria de arte. En lo que mi jet privado cargaba gasolina, La Mora fue al baño del aeropuerto. Seguro lo conoces, el que está en Van Nuys…Imaginé que necesitaba privacidad así que no me sorprendió. Esperé y esperé hasta que fui a buscarla y me di cuenta que ya se había marchado.

—¡Qué fuerte!—le dije mientras imaginaba a La Mora buscando un raite para escapar de ese infierno de Van Nuys hasta Echo Park, donde atrapó al primer conejito que vio: yo. —¡Qué impulsiva!

—La Mora no es impulsiva, dijo Pollo. Es calculadora y astuta, una loba.

—Ah…sí, claro—dije, pensando que si La Mora había abandonado a un millonario por mí, ¿acaso no era esa la prueba de que éramos el uno para el otro?

—¿Tienes hambre?—preguntó El Pollo. En la calle, un letrero de luz neón con una tipografía que emulaba lo oriental decía “Hunan”.

Pollo terminó su Redbull. “Mucho que demostrar” tomó la lata vacía y la aplastó en su mano.

—“Hunan” es el mejor restaurante chino de la Ciudad de México.

—Tengo una reservación en “Pujol”—le dije.

—¡Órale! Perrrrdón, wey, eres un gringo fancy…la próxima vez podemos dragearnos y comer, meternos poppers y al final, ir a un karaoke…

—Poppers y karaoke, es de lo que vivo.—le contesté.

No olvides seguirnos en Google Noticias para mantenerte informado

Pollo salió de la camioneta y se acercó a mi ventana. “Mucho que demostrar” me pasó un celular.

—¿Y esto?—pregunté.

—Mis muchachos te dejarán en Pujol. Estoy impresionado de que hayas podido conseguir una reservación.—contestó Pollo mientras sangoloteaba su Rolex—Ten el celu prendido, me gusta estar conectado con mis nuevos amigos.

—¿Apoco ya somos amigos?

—Claro, güerito. La Mora tiene algo mío. Ayúdame a recuperarlo y te ayudaré a encontrarla.

Síguenos en Facebook: La Prensa Oficial y en Twitter: @laprensaoem


Policiaca

Puente al más allá: motociclista derrapa y muere en Pantitlán

Por ir a alta velocidad, el conductor perdió la vida la noche de este domingo

Elecciones 2024

Candidata de Ocoyoacac sufre atentado rumbo al debate del IEEM

La aspirante a alcaldesa no llegó al debate; de acuerdo a información preliminar resultó ilesa