/ jueves 26 de septiembre de 2019

Felipe Campos pasó tres años en la cárcel por un homicidio que no cometió

Además, se le sancionó con el pago de 12 mil 737 pesos por concepto de gastos funerarios y 45 mil 500 por concepto de reparación del daño moral

Devolver la esperanza

Todo empezó de noche y así terminó. Felipe Campos dormía a lado de su esposa ese 23 de noviembre de 2012, mientras a unos metros afuera de su casa una persona armada detonaba un arma disparando en contra de otra.

Felipe había pasado los últimos años rogando para que los intensos dolores de cabeza cedieran y le permitieran reunir la fuerza necesaria para levantarse de la cama a las 3:00 am para preparar la masa con la que elaboraba el pan que vendía. De ahí obtenía ingresos para ayudar a su esposa e hijas.

Días después, ‘El Donas’ salió de su domicilio en la alcaldía de Iztapalapa para comprar unos tendederos. A su regreso, un grupo de policías lo increpó y lo subió a una patrulla sin darle ningún motivo.

“Yo no sé por qué lo hicieron. Me llevaron sin decirme ni explicarme nada”Felipe Campos, "El Donas"

Ocho horas después, en la agencia número 9 del Ministerio Público, la vida de Felipe se reconfiguraría: lo acusaban de haber cometido un homicidio en contra de una persona que ni siquiera conocía.

Ese día comenzó su lucha.

Los invisibles de la sociedad

El gobierno mexicano y las instituciones responsables de contabilizar a la población al interior de centros penitenciarios en el país no cuenta con información suficiente que permita conocer con exactitud la ubicación y las condiciones de las personas mayores de 60 años.

Hasta junio de 2017, el Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación (Segob), tenía registro de 5mil 846 adultos mayores, de los cuales 234 eran mujeres y 5 mil 612 hombres, cuyas edades iban de los 60 años a los 81 y más.

Foto: Ilustrativa | Ignacio Huitzil

Dentro de la población privada de la libertad ubicados en los centros penitenciarios, un 59.03 por ciento tiene entre 60 y 65 años, en tanto que el 40.97 por ciento tienen más de 66 años.

Es difícil decirlo y reconocerlo, pero en el sistema penitenciario no se cuenta con mucha información sobre esta población porque a nadie le interesa. Es un gran reto porque las personas de 60 años y más están olvidadas, nadie quiere hablar de ellas

Maïssa Hubert, investigadora de la organización Documenta

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha realizado diversos Diagnósticos Nacionales de Supervisión Penitenciaria desde hace años con el objetivo de dar atención oportuna y pertinente a los rubros de salud, accesibilidad y espacios adecuados para esta población, con el objetivo de garantizar una estancia digna en los centros de reclusión.

Sin embargo, después de analizar las quejas de personas mayores de 60 años en la última década, se evidencia la invisibilidad en que se encuentran. En promedio, 66 por ciento de los escritos son por la negativa de conceder un beneficio de libertad anticipada, la cual, a partir de la reforma constitucional del 18 de junio de 2008, esta facultad recae en el poder judicial.

Un 34 por ciento de las quejas se refieren a los aspectos de salud, atención médica, marginación, seguridad jurídica y reinserción social.

La CNDH y otras asociaciones civiles han advertido de la vulnerabilidad de esta población por la falta de espacios adecuados para permitir su desplazamiento, hecho que los vuelve más vulnerables a surfrir actos de violencia y discriminación.

La Encuesta Nacional de Envejecimiento elaborada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) revela que la discriminación es el principal problema al que se enfrentan las personas mayores, con un 37.2 por ciento, y en segundo lugar con un 31.5 por ciento el abandono y maltrato, situaciones que demandan una mayor atención.

No existen condiciones para ninguna persona privada de su libertad, menos para los adultos mayores de 60 años y la discriminación también es económica, pues algunos buscan obtener algún ingreso, pero las actividades al interior de los centros penitenciarios tampoco están diseñadas para ellos

Maïssa Hubert, investigadora de la organización Documenta

“Soy inocente”

Desde los 12 años, Felipe Campos se dedica a elaborar pan. La necesidad y, con el tiempo, el gusto lo llevaron a poner su propio negocio, el cual ayudó a sacar adelante a sus cuatro hijas, en especial a una de ellas que vive en el hogar parental debido a que padece de epilepsia.

Todos los días, ‘El Donas’ se despertaba antes de que saliera el sol a preparar la masa y prender los hornos donde el pan tomaba vida. Antes de que la campana de la escuela sonara, él ya tenía montaba su canasta en el triciclo y recorría las calles. Todos lo saludaban.

Su vida está regida por a base de la cultura del esfuerzo. Felipe no sabe leer ni escribir. Tanto él como su esposa estudiaron únicamente los primeros años de primaria y sus hijas tampoco lograron concluir la educación básica, pero eso no les impidió forjar valores y que se convirtieran en buenas personas. Para él, eso fue algo que lo redimió con la vida.

El estado de salud del padre de familia era bueno, hasta que un día sufrió un accidente en su triciclo provocándole una fractura en el cráneo y pérdida parcial de la movilidad en el brazo izquierdo, además de lesiones que le generaron serias repercusiones como dolores de cabeza y somnolencia. ‘El Donas’ era incapaz de levantar un vaso de agua a causa de este accidente, mucho menos de disparar un arma.

Además, fue intervenido quirúrgicamente con motivo de una peritonitis y a la fecha sufre de padecimientos derivados de una hernia hiatal inoperable, pues comprometería otros órganos, sin dejar de mencionar la hipertensión y gota.

En 2012, su detención material se efectúo antes de que existiera una determinación del Ministerio Público. Durante las horas que estuvo privado de su libertad se emitió un acuerdo de detención por caso urgente.

Felipe había llegado al MP sin un sustento probatorio.

Sin embargo, bastó con el dicho de un testigo, quien formuló la imputación directa en contra de ‘El Donas’, para que un juez en 2013 lo declarara culpable por homicidio calificado, con una sanción de 23 años y 9 meses.

Aunque la ley establece que cuando se trata de testigos únicos esto debe estar corroborado por el resto del material probatorio, algo que no sucedió.

Además, se le sancionó con el pago de 12 mil 737 pesos por concepto de gastos funerarios y 45 mil 500 por concepto de reparación del daño moral.

“Soy inocente”, repitió varias veces Felipe frente al juez, pero su única respuesta fue el silencio.

Normas que socavan la desigualdad

A pesar de la última reforma constitucional de 2011, las normas mexicanas no se homologan a la de los tratados internacionales que identifican a las personas mayores de 60 años.

Esto quiere decir que en México solo las personas de 70 años que enfrentan un proceso penal pueden solicitar el beneficio de prisión preventiva a domicilio o en un centro geriátrico, según lo establecido en el Código Penal Federal y el Código Nacional de Procedimientos Penales.

Las personas mayores de 60 años en México involucradas en justicia penal están involucrados con delitos de carácter sexual y homicidio, este patrón sigue y hay una falla por parte del sistema de justicia penal, ya que no está haciendo nada para que esas personas dejen de cometerlos.

El primer paso sería tener información clara para saber cuáles son las motivaciones de esta población. Antes de voltear a ver cómo mejorar las condiciones de los adultos mayores de 60 años, primero hay que preguntarnos por qué están llegando a esa situación y qué es lo que vamos a hacer para que no entren a centros penitenciarios

Roberto Cortés, abogado del Programa de Sistema Penitenciario y Reinserción Social

En abril pasado se sentó un precedente. La Cámara de Diputados aprobó, en lo general y particular con 318 votos a favor y 2 abstenciones, reformas a la Ley Nacional de Ejecución Penal en materia de derechos humanos de adultos mayores en los centros penitenciarios para crear un registro de esta población que incluya información específica sobre sus condiciones de salud, necesidades de alimentación, apoyos y ubicación.

El dictamen precisa que la autoridad penitenciaria implementará políticas públicas que garanticen el pleno respeto a sus derechos humanos en condiciones de igualdad respecto al resto de la población en internamiento.

Foto: Ilústrativa

La reforma tiene el objetivo de que las autoridades penitenciarias implementen políticas públicas que garanticen el pleno respeto a los derechos de este sector.

Aunque la propuesta puede parecer positiva, Roberto Cortés adelanta que antes de proponer esta clase de políticas públicas, que si bien no son malas, primero hay que mirar un poco más atrás. “El adulto no tendría por qué entrar a centros penitenciarios y por esa razón están olvidados porque socialmente se piensa que nunca se va a llegar ahí. Las autoridades no quieren hablar de eso porque implicaría un mayor esfuerzo y también analizar cómo involucrar a las víctimas”.

La deuda pendiente

Durante tres años, Felipe fue permaneció en en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente por un delito que no cometió. Pero las consecuencias no solo fueron para él. Su familia también vivió su propio viacrucis.

Diversos defensores legales se acercaron a su esposa e hijas con la falsa promesa de conseguirían su libertad, sin embargo, ninguno honró a su palabra. Esto provocó que vendieran sus máquinas para hacer pan, los hornos y hasta la camioneta en la que en ocasiones salían a pasear.

Su esposa y una de sus hijas sobrevivían con la venta de uno o dos kilos de donas al día porque era lo único que sabían elaborar.

A pesar de los esfuerzos de su familia por visitarlo, ‘El Donas’ aprendió a entablar un diálogo con la soledad y una batalla con la tristeza, pues el dinero que obtenían no les alcanzaba para ir a verlo o dejarle algo de comida.

Es muy triste, uno solo piensa en la injusticia, es un sufrimiento muy grande porque extrañaba mucho a mi familia, siempre fuimos muy felices repartiendo el pan yo era incapaz de abandonarlosFelipe Campos

Durante el tiempo que fue privado de su libertad, no tuvo acceso a los medicamentos que requería y tampoco a una dieta especial, incluso, los alimentos se le entregaban crudos y eso en alguna ocasión provocó que se quemara en la cocina.

En ocasiones consumía lo mismo que el resto de las personas en el centro penitenciario. Algo de lo que más recuerda es cuando le decían que eran chilaquiles, pero en realidad se trataba de tortilla mojada. “Los frijoles brincaban de lo duros que estaban”.

La organización Documenta había trabajado con Campos en el ámbito de su salud y fue a través de ellos que se logró un acercamiento con la organización Reinserta.

Foto: Reinserta

Reinserta en colaboración con el bufete jurídico Nassar, Nassar y Abogados, asumió la defensa de Felipe y se encargó de la elaboración de su demanda de amparo directo. Ese juicio de garantías fue resulto el 6 de mayo de 2016, de tal suerte que se ordenó la libertad de ‘El Donas’.

Tal y como empezó, el 2 de junio de 2016 Felipe Campos salió del centro penitenciario cuando aún no amanecía. La noche fue testigo del encuentro con su familia.

Felipe sigue trabajando y aunque ha perdido gran parte de su vista y el deterioro de su salud es evidente, mantiene intacto un sentimiento. “Debemos continuar con la lucha para devolver la esperanza en México, aunque en este país los pobres siempre somos los culpables”.

Devolver la esperanza

Todo empezó de noche y así terminó. Felipe Campos dormía a lado de su esposa ese 23 de noviembre de 2012, mientras a unos metros afuera de su casa una persona armada detonaba un arma disparando en contra de otra.

Felipe había pasado los últimos años rogando para que los intensos dolores de cabeza cedieran y le permitieran reunir la fuerza necesaria para levantarse de la cama a las 3:00 am para preparar la masa con la que elaboraba el pan que vendía. De ahí obtenía ingresos para ayudar a su esposa e hijas.

Días después, ‘El Donas’ salió de su domicilio en la alcaldía de Iztapalapa para comprar unos tendederos. A su regreso, un grupo de policías lo increpó y lo subió a una patrulla sin darle ningún motivo.

“Yo no sé por qué lo hicieron. Me llevaron sin decirme ni explicarme nada”Felipe Campos, "El Donas"

Ocho horas después, en la agencia número 9 del Ministerio Público, la vida de Felipe se reconfiguraría: lo acusaban de haber cometido un homicidio en contra de una persona que ni siquiera conocía.

Ese día comenzó su lucha.

Los invisibles de la sociedad

El gobierno mexicano y las instituciones responsables de contabilizar a la población al interior de centros penitenciarios en el país no cuenta con información suficiente que permita conocer con exactitud la ubicación y las condiciones de las personas mayores de 60 años.

Hasta junio de 2017, el Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social de la Secretaría de Gobernación (Segob), tenía registro de 5mil 846 adultos mayores, de los cuales 234 eran mujeres y 5 mil 612 hombres, cuyas edades iban de los 60 años a los 81 y más.

Foto: Ilustrativa | Ignacio Huitzil

Dentro de la población privada de la libertad ubicados en los centros penitenciarios, un 59.03 por ciento tiene entre 60 y 65 años, en tanto que el 40.97 por ciento tienen más de 66 años.

Es difícil decirlo y reconocerlo, pero en el sistema penitenciario no se cuenta con mucha información sobre esta población porque a nadie le interesa. Es un gran reto porque las personas de 60 años y más están olvidadas, nadie quiere hablar de ellas

Maïssa Hubert, investigadora de la organización Documenta

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) ha realizado diversos Diagnósticos Nacionales de Supervisión Penitenciaria desde hace años con el objetivo de dar atención oportuna y pertinente a los rubros de salud, accesibilidad y espacios adecuados para esta población, con el objetivo de garantizar una estancia digna en los centros de reclusión.

Sin embargo, después de analizar las quejas de personas mayores de 60 años en la última década, se evidencia la invisibilidad en que se encuentran. En promedio, 66 por ciento de los escritos son por la negativa de conceder un beneficio de libertad anticipada, la cual, a partir de la reforma constitucional del 18 de junio de 2008, esta facultad recae en el poder judicial.

Un 34 por ciento de las quejas se refieren a los aspectos de salud, atención médica, marginación, seguridad jurídica y reinserción social.

La CNDH y otras asociaciones civiles han advertido de la vulnerabilidad de esta población por la falta de espacios adecuados para permitir su desplazamiento, hecho que los vuelve más vulnerables a surfrir actos de violencia y discriminación.

La Encuesta Nacional de Envejecimiento elaborada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) revela que la discriminación es el principal problema al que se enfrentan las personas mayores, con un 37.2 por ciento, y en segundo lugar con un 31.5 por ciento el abandono y maltrato, situaciones que demandan una mayor atención.

No existen condiciones para ninguna persona privada de su libertad, menos para los adultos mayores de 60 años y la discriminación también es económica, pues algunos buscan obtener algún ingreso, pero las actividades al interior de los centros penitenciarios tampoco están diseñadas para ellos

Maïssa Hubert, investigadora de la organización Documenta

“Soy inocente”

Desde los 12 años, Felipe Campos se dedica a elaborar pan. La necesidad y, con el tiempo, el gusto lo llevaron a poner su propio negocio, el cual ayudó a sacar adelante a sus cuatro hijas, en especial a una de ellas que vive en el hogar parental debido a que padece de epilepsia.

Todos los días, ‘El Donas’ se despertaba antes de que saliera el sol a preparar la masa y prender los hornos donde el pan tomaba vida. Antes de que la campana de la escuela sonara, él ya tenía montaba su canasta en el triciclo y recorría las calles. Todos lo saludaban.

Su vida está regida por a base de la cultura del esfuerzo. Felipe no sabe leer ni escribir. Tanto él como su esposa estudiaron únicamente los primeros años de primaria y sus hijas tampoco lograron concluir la educación básica, pero eso no les impidió forjar valores y que se convirtieran en buenas personas. Para él, eso fue algo que lo redimió con la vida.

El estado de salud del padre de familia era bueno, hasta que un día sufrió un accidente en su triciclo provocándole una fractura en el cráneo y pérdida parcial de la movilidad en el brazo izquierdo, además de lesiones que le generaron serias repercusiones como dolores de cabeza y somnolencia. ‘El Donas’ era incapaz de levantar un vaso de agua a causa de este accidente, mucho menos de disparar un arma.

Además, fue intervenido quirúrgicamente con motivo de una peritonitis y a la fecha sufre de padecimientos derivados de una hernia hiatal inoperable, pues comprometería otros órganos, sin dejar de mencionar la hipertensión y gota.

En 2012, su detención material se efectúo antes de que existiera una determinación del Ministerio Público. Durante las horas que estuvo privado de su libertad se emitió un acuerdo de detención por caso urgente.

Felipe había llegado al MP sin un sustento probatorio.

Sin embargo, bastó con el dicho de un testigo, quien formuló la imputación directa en contra de ‘El Donas’, para que un juez en 2013 lo declarara culpable por homicidio calificado, con una sanción de 23 años y 9 meses.

Aunque la ley establece que cuando se trata de testigos únicos esto debe estar corroborado por el resto del material probatorio, algo que no sucedió.

Además, se le sancionó con el pago de 12 mil 737 pesos por concepto de gastos funerarios y 45 mil 500 por concepto de reparación del daño moral.

“Soy inocente”, repitió varias veces Felipe frente al juez, pero su única respuesta fue el silencio.

Normas que socavan la desigualdad

A pesar de la última reforma constitucional de 2011, las normas mexicanas no se homologan a la de los tratados internacionales que identifican a las personas mayores de 60 años.

Esto quiere decir que en México solo las personas de 70 años que enfrentan un proceso penal pueden solicitar el beneficio de prisión preventiva a domicilio o en un centro geriátrico, según lo establecido en el Código Penal Federal y el Código Nacional de Procedimientos Penales.

Las personas mayores de 60 años en México involucradas en justicia penal están involucrados con delitos de carácter sexual y homicidio, este patrón sigue y hay una falla por parte del sistema de justicia penal, ya que no está haciendo nada para que esas personas dejen de cometerlos.

El primer paso sería tener información clara para saber cuáles son las motivaciones de esta población. Antes de voltear a ver cómo mejorar las condiciones de los adultos mayores de 60 años, primero hay que preguntarnos por qué están llegando a esa situación y qué es lo que vamos a hacer para que no entren a centros penitenciarios

Roberto Cortés, abogado del Programa de Sistema Penitenciario y Reinserción Social

En abril pasado se sentó un precedente. La Cámara de Diputados aprobó, en lo general y particular con 318 votos a favor y 2 abstenciones, reformas a la Ley Nacional de Ejecución Penal en materia de derechos humanos de adultos mayores en los centros penitenciarios para crear un registro de esta población que incluya información específica sobre sus condiciones de salud, necesidades de alimentación, apoyos y ubicación.

El dictamen precisa que la autoridad penitenciaria implementará políticas públicas que garanticen el pleno respeto a sus derechos humanos en condiciones de igualdad respecto al resto de la población en internamiento.

Foto: Ilústrativa

La reforma tiene el objetivo de que las autoridades penitenciarias implementen políticas públicas que garanticen el pleno respeto a los derechos de este sector.

Aunque la propuesta puede parecer positiva, Roberto Cortés adelanta que antes de proponer esta clase de políticas públicas, que si bien no son malas, primero hay que mirar un poco más atrás. “El adulto no tendría por qué entrar a centros penitenciarios y por esa razón están olvidados porque socialmente se piensa que nunca se va a llegar ahí. Las autoridades no quieren hablar de eso porque implicaría un mayor esfuerzo y también analizar cómo involucrar a las víctimas”.

La deuda pendiente

Durante tres años, Felipe fue permaneció en en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente por un delito que no cometió. Pero las consecuencias no solo fueron para él. Su familia también vivió su propio viacrucis.

Diversos defensores legales se acercaron a su esposa e hijas con la falsa promesa de conseguirían su libertad, sin embargo, ninguno honró a su palabra. Esto provocó que vendieran sus máquinas para hacer pan, los hornos y hasta la camioneta en la que en ocasiones salían a pasear.

Su esposa y una de sus hijas sobrevivían con la venta de uno o dos kilos de donas al día porque era lo único que sabían elaborar.

A pesar de los esfuerzos de su familia por visitarlo, ‘El Donas’ aprendió a entablar un diálogo con la soledad y una batalla con la tristeza, pues el dinero que obtenían no les alcanzaba para ir a verlo o dejarle algo de comida.

Es muy triste, uno solo piensa en la injusticia, es un sufrimiento muy grande porque extrañaba mucho a mi familia, siempre fuimos muy felices repartiendo el pan yo era incapaz de abandonarlosFelipe Campos

Durante el tiempo que fue privado de su libertad, no tuvo acceso a los medicamentos que requería y tampoco a una dieta especial, incluso, los alimentos se le entregaban crudos y eso en alguna ocasión provocó que se quemara en la cocina.

En ocasiones consumía lo mismo que el resto de las personas en el centro penitenciario. Algo de lo que más recuerda es cuando le decían que eran chilaquiles, pero en realidad se trataba de tortilla mojada. “Los frijoles brincaban de lo duros que estaban”.

La organización Documenta había trabajado con Campos en el ámbito de su salud y fue a través de ellos que se logró un acercamiento con la organización Reinserta.

Foto: Reinserta

Reinserta en colaboración con el bufete jurídico Nassar, Nassar y Abogados, asumió la defensa de Felipe y se encargó de la elaboración de su demanda de amparo directo. Ese juicio de garantías fue resulto el 6 de mayo de 2016, de tal suerte que se ordenó la libertad de ‘El Donas’.

Tal y como empezó, el 2 de junio de 2016 Felipe Campos salió del centro penitenciario cuando aún no amanecía. La noche fue testigo del encuentro con su familia.

Felipe sigue trabajando y aunque ha perdido gran parte de su vista y el deterioro de su salud es evidente, mantiene intacto un sentimiento. “Debemos continuar con la lucha para devolver la esperanza en México, aunque en este país los pobres siempre somos los culpables”.

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