¡Aquí estamos!

Foto: La Prensa

¡Aquí estamos!

Luis Carriles

Fue en la calle de Humboldt 15 cuando en 1928 la compañía Mexicana de Rotograbado se puso a trabajar en el proyecto más ambicioso que cualquier taller gráfico pusiera en marcha: iniciar un diario que reflejara el sentimiento del pueblo después de la revolución.

Fundar el diario La Prensa, Diario Ilustrado de la Mañana, fue idea de don Pablo Langarica, un empresario con espíritu inquieto que deseaba tener un diario fiel a los principios de la gente, hecho que se reflejó en su primer lema: “El periódico que dice lo que otros callan”.

La Prensa convocó a una comida en el restaurante Mancera –uno de los más elegantes de la ciudad de México–, amenizada por una cantante de época, traída desde Nueva York: Rosita Fontanar.

Los primeros tres años de vida de La Prensa se reconocen como los más azarosos de esa primera época. La empresa sufría por sus limitaciones económicas. Fundado bajo el régimen de Sociedad Anónima su primer consejo de administración logró que sus trabajadores se involucraran más con el proyecto y lo hicieran suyo.

Fue ideado desde un principio como diario policiaco y popular, con grandes titulares –realmente enormes-, que buscaba diariamente conmover al lector, ya fuera con las causas de la gente, del pueblo, del ciudadano común o con hechos policiacos, respaldados con un gran peso gráfico.

El director fundador fue José E. Campos, de quien surgieron ideas como hacer que el diario fuera tamaño tabloide y preponderantemente policiaco, aunque buscaba siempre terminar en la casa del lector.

De hecho, en el mercado ya estaban Excélsior y El Universal, marcadamente empresariales, mientras que La Prensa se identificaba con el sector obrero.

Don Pablo Langarica enferma de gravedad y muere el 10 de octubre de 1931 en la ciudad de Los Ángeles, California. Esto provoca un enfrentamiento dentro del Consejo de Administración y los trabajadores, mientras el gobierno presiona para lograr su apoyo editorial incondicional.

En el gobierno esta sucesión genera un enfrentamiento entre los herederos del “maximato” de Plutarco Elías Calles y el presidente en turno, Lázaro Cárdenas. El adeudo de La Prensa con la empresa Papelera Mexicana o Fábrica de Papel San Rafael y Anexas S.A., de don Miguel de la Macorra, es enorme: 200 mil pesos y sin crédito, porque el secretario de Hacienda de la época, Narcisso Bassols Batalla, no da tregua al periódico.

Al final del día, esta deuda es tomada por el gobierno y la convierte en acciones de la editora, agresión que va a ser decisiva en la historia del diario.

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La Prensa toma partido y se va contra los secretarios de Estado que eran afines a Plutarco Elías Calles, lo que implicó la salida de José E. Campos y el regreso, desde el exilio, de Miguel Ordorica Castillo, uno de los mejores diaristas de la Ciudad de México, creador de cabezas vendedoras de notas.

Éste nombra a Enrique de Llano como Jefe de Redacción y a Miguel V. Casasola, como jefe de Fotografía. Ordorica Castillo fue quien lidió con los callistas que estaban metidos en el gabinete de Lázaro Cárdenas; su enfrentamiento con el secretario de Gobernación, Juan de Dios Bojórquez, es una joya.

Este secretario le solicita deje de pelear con ellos (con los callistas) y le recuerda que su pasado está marcado por su cercanía con el traidor Victoriano Huerta, al que alguna vez apoyó, cosa que era cierta.

El caso es que Bojórquez le dice: “Mire Miguel, cuídese, tiene muchos enemigos todavía muy poderosos en México. Además, andan diciendo por ahí que usted fue huertista”.

– “¡Mienten! No fui, sigo siendo huertista”, fue su respuesta.

El choque con el gobierno es importante y las acciones que fueron tomadas por medio de un juicio al final terminan jugando un papel importante, porque el conflicto laboral por el cual los trabajadores se enfrentan con el Consejo de Administración sirve para crear, con el patrimonio original, un nuevo proyecto.

La creación de la Cooperativa

El 19 de agosto de 1935 el gobierno de Lázaro Cárdenas decide que las acciones son de los trabajadores y se las entrega, con lo que crean una Sociedad Cooperativa que pudo entonces competir abiertamente con los diarios capitalinos de gran prosapia.

Tras la intervención cardenista las cosas cambiaron radicalmente. El 1º de julio de 1935 se constituyó Editora de Periódicos, SCL, bajo la presidencia de Geo W. Glass y el 19 de agosto de 1935 reaparecieron en la calle.

El negocio comienza a caminar cuando uno de los consejeros, Luis Novaro, inició una renovación editorial. Desde su cargo de gerente general le otorga la dirección a Fernando Mora, quien termina convertido en delegado de la Federación Internacional de Periodistas con la capacidad de publicar en cualquier diario afiliado.

Para marzo de 1939 se incorporó al equipo editorial a Magdalena Mondragón, una reportera feminista, especializada en política y cercana a al general Francisco J, Múgica. La crónica taurina estaba a cargo de Juan Gallardo, un especialista; y se contaba con uno de los más grandes cronistas parlamentarios que ha dado México: don Federico Barrera Fuentes.

Parte de su éxito fue lograr que al menos el 40% del diario tuviera publicidad. La Cooperativa se convierte también en editora e impresora gráfica y es cuando inician los trabajos comerciales de las grandes tiendas en sus rotativas.

En 1947 es nombrado Director General un personaje que empezó en 1928 como office boy: Mario Santaella de la Cajiga, a quien le toca administrar la etapa más fuerte del diario.

Es bajo su dirección que se creó la primera misión de la editora. “Informar veraz y oportunamente, orientar hacia las más nobles metas y coadyuvar con ilimitado entusiasmo en la realización de todas las empresas que redunden en beneficio de la colectividad”.

El crecimiento de los productos editoriales más el tamaño del tiraje hizo que la Cooperativa se planteara la adquisición de un nuevo inmueble para las rotativas. Por eso es que al buscar una nueva ubicación se mueven hacia Basilio Vadillo 40 en donde deciden construir las nuevas oficinas correspondientes a producción, administración redacción y fotografía. Con dos entradas, una principal sobre Basilio Vadillo y otra para anunciantes y visitas sobre Paseo de la Reforma.

La decisión es tomada porque buscan aprovechar el incremento a la plusvalía que les da la ampliación de Paseo de la Reforma hacia el norte de la Ciudad. La idea era tener de un lado todo el proceso industrial, sin molestar a la gente, y del otro tener las entradas para servicios y bodegas.

En esta primera etapa de Mario Santaella de la Cajiga como director, se toman varias decisiones importantes: una de ellas fue mantener en constante crecimiento el tiraje del diario ya que, de acuerdo con sus mediciones, la gente seguía comprando diarios después del mediodía, pero este aumento sólo sería posible si se consiguiera un mayor número de anunciantes.

La segunda decisión tomada fue no entrar a las dinámicas de rifas y premios que hacía la competencia. “Nuestros lectores, cuya mayoría pertenece a esas clases llamadas populares, son sin lugar a duda la mejor clientela potencial para todos los productos a su alcance”, señala la editora en 1962.

“No venderemos periódicos por lo que regalemos, sino por el gran cariño que nos tiene la gente. La Prensa seguirá siendo su periódico de absoluta confianza y al que constantemente le patentizan, con su demanda espontánea, el gran cariño que le tienen”.

De ahí su frase de batalla de esa época: “La Prensa se vende sola”.

La tercera gran decisión de la empresa fue no entrar a las actividades ajenas al periodismo y eso incluye la suscripción y el servicio de entrega a domicilio. Es la época de Miguel Alemán Valdés como Presidente y La Prensa es el diario de mayor circulación en el país.

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Llegan los Populibros

 

Por ese entonces se creó la sección literaria y el área de Popugráficos, totalmente ilustrados.  Ediciones tamaño bolsillo a precio económico, que pretendían tomar temas selectos de la literatura mundial para convertirlos en comics, de tal manera que estimularan en adolescentes y adultos el hábito de la lectura.

La cooperativa consideró que este esfuerzo era una contribución en bien de la cultura popular. Se publicaron títulos como La Batalla de Midway, El Visitante, Mau Mau o Fábrica de Monstruos, en su versión de comics.

Los Populibros fueron pensados en grandes títulos comerciales y escritores exitosos, con un tiraje de al menos 100 mil ejemplares que deberían ser movidos por los voceadores y los propios trabajadores.

Al final, la empresa terminó comprando una nueva propiedad en la calle de Pino número 577. Fueron 3 mil 175 metros cuadrados dedicados al nuevo negocio de La Prensa, en julio de 1955.

El inmueble usado para los Populibros luego sirvió para trabajos comerciales, catálogos de las grandes marcas y de las tiendas de moda, así como de las empresas automotrices o eléctricas, nutrían a las rotativas de la impresora que no paraba de crecer.

El edificio de Basilio Vadillo ya era insuficiente, por lo que en 1962 se adquirieron nuevas propiedades para poder atender la demanda de trabajo en Pino 577, con lo que ya sumaban un total de 4 mil 249 metros cuadrados de espacio para redactar e imprimir.

Los trabajos comerciales de empresas como Ford, Pepsi, la SEP o los Arquitectos de México sumados a textos y folletos impresos e ilustrados en español, inglés, alemán, francés e italiano, más los libros de texto gratuitos, eran un proceso constante para la editora que pudo tener su propio departamento de dibujo comercial para sus dos series: Clásicos Infantiles y Clásicos Ilustrados y sin dejar de contar con el estudio fotográfico de Basilio Vadillo y las primeras revistas.

Para diciembre de 1956, con Adolfo Ruiz Cortines como Presidente, se puso en marcha la rotativa de La Prensa, que en ese momento era la más avanzada de América Latina, un logro de la gestión de Mario Santaella y Mariano de Urdanivia, director del diario.

En 1960 Editora de Periódicos SCL La Prensa hizo el libro “4 mil años de arquitectura en México”, patrocinado por la SEP, el Colegio Nacional de Arquitectos y la Sociedad de Arquitectos Mexicanos.

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Manuel Buendía, al frente

 

El 4 de enero de 1960 Manuel Buendía es nombrado Director Editorial del diario y le da su toque personal: sin desdeñar la nota roja busca que el diario se concentre en temas políticos, apuesta a temas populares y crea una alianza con la XEW para tener un noticiario matutino por radio. Por supuesto, sin abandonar la tendencia guadalupana que caracteriza al diario.

Empuja a Los Leones como divisa de La Prensa y un estilo para redactar: “Hemos dicho: Grandes notas, sí: notas grandes, no. Aún, cuando el espacio nos sobrara, protesto a ustedes que jamás decidiría atiborrar el diario de notas descomunales (…) Quien carezca de poder de síntesis no puede ser llamado periodista”.

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Buendía tuvo conflictos internos y a pesar de ello los tres años en que estuvo al frente fue un formador de talentos, entre otros fue el impulsor de Eduardo del Río, Rius, como caricaturista. Tuvo a Horacio Guajardo, un demócrata cristiano que ya no estaba a gusto ni con el PAN; Guillermo Martínez Domínguez escribía a sobre economía; y Enrique Ramírez y Ramírez, un marxista del Partido Comunista fueron parte de sus plumas en un esquema de vanguardia plural.

Buendía fue alumno de Carlos Septién y empezó como reportero de guardia apenas en la mayoría de edad en La Prensa; a los 33 años fue el director del diario y tres años después, en julio de 1963, salió del diario.

 

Los amos de las rotativas

 

El gran brinco que se da dentro de la cooperativa es cuando en julio de 1963 se tiene la primera impresión a color por medio de una rotativa Web Offset con capacidad para imprimir a cinco colores. De hecho, el 22 de julio de ese año el Consejo Nacional de Publicidad, presidido por Juan Martínez del Campo, le hizo un reconocimiento.

La Prensa tuvo en su proceso una buena cantidad de rotativas, desde la enorme HOE hasta la Puebla, Campeche, La Reina, en la calle de Pino 577.

La rotativa offset Miehle web, hecha por el fabricante Miehle Goss Dexter, fue la más avanzada en su tipo en el país, ninguna como esa por velocidad, por tamaño y por calidad. Es 1964 y, técnicamente, ninguna sala de rotativas se compara con las que para trabajo comercial y el diario tenía La Prensa.

El mundial de futbol en México 1970 abre una nueva perspectiva. Reporteros como Rafael Cardona son parte de esa plantilla que impone la portada a todo color.

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Cambio de régimen jurídico

 

La Cooperativa se mantiene sin cambios en la dirección de La Prensa hasta el 4 de mayo de  1993, cuando Mario Santaella de la Cajiga y su hijo, Mario Santaella Herrera, junto con Augusto Corro Ortiz y Carlos Peláez Fuentes, del Consejo de Administración, crean una Sociedad Anónima.

La Prensa vivió como Sociedad Cooperativa desde Lázaro Cárdenas hasta 1990.  Los registros que se tienen señalan que se convenció a los cooperativistas de que era hora de vender el activo y había empresarios dispuestos a pagar 90 millones de dólares, así que primero disolvían la sociedad de cooperativa y luego vendían la empresa.

En la asamblea del 18 de junio de ese año da a conocer que, por su fortaleza y tamaño, tenían una oferta de parte del banquero Carlos Abedrop Dávila y del Grupo Prisa, de España, encabezado por Jesús de Polanco, para adquirir el diario.

El 26 de junio nació Impulsora de Empresas Periodísticas, que es la razón social con que el grupo de inversionistas compra el diario luego de que el gobierno lleva a cabo cambios importantes en el régimen fiscal y legal de las cooperativas en México.

En estos trances administrativos estaban cuando La Prensa alcanzó uno de los mayores tirajes de la historia, con la noticia sobre el asesinato del candidato priísta a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio, crimen calificado como magnicidio ocurrido el 23 de marzo de 1994. La edición del día siguiente de La Prensa fue de más de medio millón de ejemplares vendidos.

 

Su incorporación a la OEM

 

La sociedad entre el banquero mexicano y las empresas españolas no logró consolidarse y el 31 de mayo de 1996 La Prensa es objeto de una nueva venta, esta vez a Organización Editorial Mexicana, la empresa periodística más grande de América Latina. Así, de la mano de Don Mario Vázquez Raña, La Prensa volvía por sus fueros.

Foto: La Prensa

Han transcurrido ya 22 años de aquel 31 de mayo de 1996 y la historia de éxito aún continúa. En estos últimos 22 años nuestras páginas se han llenado de noticias que le dieron la vuelta al mundo, como ocurrió en el año 2000, la noche en que México no durmió por esperar el triunfo de Vicente Fox.

Esa jornada La Prensa tuvo seis ediciones diferentes el mismo día, cada una de acuerdo con el momento en que transcurría la noticia, la última trajo ya a Vicente Fox como ganador de la elección presidencial.

Foto: La Prensa

La historia de La Prensa siempre ha ido de la mano paralelamente con el acontecer diario de nuestro país. Acontecimientos políticos de gran relevancia, deportivos, sociales y policiacos, han sido plasmados en sus páginas siempre con veracidad.

Hoy 29 de agosto de 2018, a noventa años de su fundación, la historia de La Prensa se sigue y se seguirá escribiendo día a día.