Historias de amor

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¡Premio Mayor!

Pedro y Gina comenzaron a ser novios a los 15 y 17 años respectivamente, tras haber sido el chambelán de Gina, Pedro la comenzó a ver con otros ojos a pesar de que ella era una  “niña consentida”  la invitaba por helados y a salir a pasear por las calles de la colonia Jardín Balbuena, un 15 de septiembre Pedro se armó de valor y le pidió a esa “niña consentida” que fuera su novia, la dueña de sus entonces inexistentes quincenas,  Gina aceptó.

Pasaron nueve años antes de que ellos, por cuestiones de la vida separaran sus destinos, tras el rompimiento Gina quedó muy triste, pero nunca falta quien llegué para tratar de arreglar lo descompuesto. Ella comenzó a salir con un joven bien parecido originario de Reynosa, Tamaulipas, pero un día él le dijo que tenía que irse de emergencia a su estado por una situación familiar.

-No te preocupes, yo te llamo-  fue lo último que le dijo.

El destino siempre tiene formas chuscas para hacernos entender que todo está marcado en nuestra vida, no importa los caminos que tomemos, el destino ya está escrito. Gina había esperado una semana la llamada de aquel galán tamaulipeco, Pedro ya había arreglado las cuestiones en su vida que no estaban muy bien, entonces decidió buscarla.

El teléfono sonó, Gina emocionada contestó, era él, Pedro.

Gina, soy Pedro ¿Quieres ir al cine? la llamada la dejó helada, de los puros nervios aceptó volver a salir con él, tras un larga plática, Gina y Pedro decidieron darse otra oportunidad.

Al llegar a su casa esa noche, una de las hermanas de Gina dijo lo siguiente:

-Gin, te habló un muchacho, dijo que después marcaba-

Ella sólo preguntó por los datos del chico, su hermana le dijo que no los había anotado, no se dijo nada más.

Unos meses después, Gina compró un boleto de lotería con la esperanza de ganarse, aunque fuera un reintegro, esa mañana ella le pidió a su papá que por favor checara su billete.

Las esperanzas de Gina se hicieron realidad, su billete salió con premio 30 mil viejos pesos, fue la cantidad premiada.

Ella no dudo en hablarle a Pedro, esa tarde se vieron, le dio la noticia y de la boca de él sólo salieron las palabras

¡Pues, nos casamos!

¡Por siempre!

Fue un 16 de marzo del 2011, que Kenji Hashimoto le declaró si amor a Samara, por cuestiones de la vida decidieron terminar su relación, sin embargo, seguían frecuentándose y el cariño estaba presente.

Todo cambió hace un año, la noticia de la muerte de Kenji sacudió la vida de Samara por completo, pero bien dicen que un gran amor es para siempre y esta es la manera en la que Sam honra la memoria de su gran amor.

Siempre le dije a mamá que mi primer novio sería hasta la universidad, que no tenía ni idea de cómo llegaría a ser con alguien cuando estuviera enamorada ya que me consideraba una persona fría para esas cosas, odiaba los globos, cartitas; la idea de tener novio y ser cursi me era nefasta.

Hasta que un día, conocí a un niño de ojos rasgados con cabello chino y altísimo. Creo que la mayoría tienen los ojos iguales, cabello lacio y chaparros, él era diferente.

Aún recuerdo que después de despedirnos me quedé pensando ” ¿Qué tal qué llegamos a ser novios?”

No creo en las coincidencias, él llegó a mi vida por algo.

Pasó el tiempo y nos llevábamos cada día un poco más, siempre reíamos y jugábamos a molestarnos, de verdad me la pasaba increíble.

En los recesos tocaba la guitarra (dos o tres segundos porque no sabía muchas notas jajaja) era su forma de ligarme. En época de exámenes me decía que él me ayudaba a estudiar porque era un “crack”, así decía.

A las dos semanas de entrar a la escuela, me pidió que fuera su novia, yo no sabía que decirle, por un lado, quería decirle que sí porque ya estaba enamorada de él, pero por otro no estaba segura porque nunca había tenido novio, porque no quería pensar en que algún día nuestros caminos se separarían… miedo, tenía mucho miedo en convertirlo mi todo y que un día no estuviera.

Pero así lo hice, le dije que sí y le dije que si porque me aseguró que teníamos bastante tiempo para conocernos y amarnos.

Kenji, fuiste lo mejor que me ha pasado en mi vida, sacaste lo mejor de mí y eso te hace el más especial y siempre lo serás.

Mis ojos brillaban, sonreía a diario, nada importaba más que tú nuestros juegos de “te amo una vez más que tú” y quien lo dijera ganaba, era cosa de todos los días.

Después nuestros caminos tomaron rumbos diferentes, pero no tanto, sabes, solo crecimos.  Siempre estuvimos juntos en las buenas y en las malas, incluso cuando no éramos novios, siempre que te veía provocabas mariposas en mi estómago incluso la última vez que nos vimos.

Me alegra que siempre supiste lo mucho que te amaba.

Contigo conocí lo que es el verdadero amor. Amar y ser amado, y te lo agradezco porque sólo tú me has hecho sentir así. En estos tiempos ya no es fácil sentirse de esa manera y como me dijiste en mis sueños “SIEMPRE”

Tecnología del amor

Todo empezó hace ocho años, Paulina trabajaba en una empresa de papelería industrial, cuando conoció a Damián, el hombre de su vida.

Él y yo no nos hablábamos mucho, pero un día mi computadora se descompuso y de inmediato avisé a mis superiores.

Mientras esperaba que llegara alguien a brindarme apoyo técnico, de manera inesperada se acercó Damián a mi lugar y yo, como si estuviera viviendo un sueño, me quedé paralizada al ver cómo el chico que me gustaba me habló por primera vez para decirme que me ayudaría a repararla.

Llegó el fin de semana y de manera inesperada me habló por teléfono, en ese momento entré en pánico, pues no sabía cómo había conseguido mi número de casa. Durante el tiempo en que estuvimos hablando me contó lo divertida que le parecía y que nunca había encontrado la forma en cómo acercarse a mí, por lo que me contó que aprovechó el problema que tuve con la computadora para dirigirme la palabra.

Debo confesar, que pensé que era una broma, pero después me invitó a comer.

No sé si era por la adrenalina combinada con nervios, pero me sentí tan cómoda en nuestra primera cita que sin querer se me soltó la lengua como merolico y le hablé de todo. Le conté de mi familia, de mi gusto por los libros y el periodismo, así como de mis hobbies. Él también me platicó de algunas cosas, pero siendo sincera la que más habló fui yo.

Cuando pensé que todo había quedado en nuestra pequeña reunión, antes de despedirme, me agarró de la mano, se acercó a mí y me besó.

Ese primer beso fue lo que terminó convenciéndome de que lo quería y que deseaba iniciar un noviazgo que disfruté por un año, para luego dar el gran paso y proponerme matrimonio.

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