/ lunes 3 de diciembre de 2018

Colombia quiere dejar atrás a Pablo Escobar

La Prensa en Línea

Bogotá, 2 dic (EFE).- Series detelevisión, programas especiales, novelas y biografíassobre Pablo Escobar se multiplican desde haceaños en el mundo olvidando la memoria de sus víctimas yreabriendo una herida que Colombia trata de cerrar para dejaratrás una de sus épocas más oscuras.Precisamente, hoy se cumplen25 años desde que el capo más célebre cayó abatido en lostejados de su último refugio de Medellín, la ciudad quecontribuyó a transformar en la más violenta del mundo y en la quetodavía hoy, como si de un peregrinar se tratara, acuden turistaspara ver su tumba o conocer su hacienda.

Allí, algunos vecinos se ofrecen gustosos a hacer tours de todopelaje para conocer más acerca de la vida de un capo que pareceque se ha convertido en un icono pop sin importar el reguero desangre y miedo que dejó a sus espaldas.

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Su incómoda presencia, frecuente en las conversaciones, nosupone para el sociólogo Fabián Sanabria, profesor de laUniversidad Nacional, un estigma para Colombia, puesto que "formaparte de la realidad y de los procesos históricos de lasnaciones".

Para Sanabria, que cursó su doctorado en la Escuela de EstudiosSuperiores en Ciencias Sociales de París, no es muy distinto a lacarga que tienen otros países con Hitler, Mussolini, Franco,Stalin o Tito.

"Es exactamente lo mismo, no creo que sea un estigma, formaparte de la realidad histórica de este país, forma parte de sustinieblas, de su oscuridad y hubo un contexto histórico muypreciso para que el narcotráfico se incubara en Colombia",sostiene.

En su opinión, lo más grave es "pretender que aquí no hapasado nada", como considera que está haciendo el alcalde deMedellín, Federico Gutiérrez, y fingir "que está tododivinamente y ya superamos la oscuridad y las tinieblas".

Escobar ya ha muerto,pero esas tinieblas permanecen vivas y se observan en el aumento delos cultivos de coca en Colombia, los nuevos ciclos de violenciaque, olvidados en las zonas rurales, no paran de crecer, y tambiénen una cierta indulgencia hacia el reguero de sangre que dejó elnarco a su paso.

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También en esas rutas turísticas que ofrecen desde el momentoen que los visitantes se suben a un taxi en Medellín.

Sin embargo, hay otra faceta que también se percibe en Colombiay es el rechazo a ser asociados con una época que consideranpasada y que se ha enraizado en los estereotipos de todo elmundo.

Sanabria recuerda como, cuando estudiaba en Europa, le hacían"chistes" y le pedían que llevara cocaína en la maleta.

"Y yo les decía, ¿su abuelo fue (militante) delnacionalsocialismo? El problema es que a veces miramos de unamanera geométrica al otro y no nos miramos de manera geométrica anosotros mismos", subraya Sanabria.

En su opinión, recurrir a ese estereotipo es como "cuando unoasocia a España con Franco y no con (el expresidente del Gobierno)Felipe González" o a "Alemania con Hitler y no con GünterGrass".

"El mismo de asociar a Italia con Mussolini y no con (elcineasta y escritor Pier Paolo) Pasolini", comenta.

Tal vez por eso, en Colombia se sigue lidiando con esa imagenque surge en conversaciones con extranjeros como una especie decatarsis.

viaGIPHY

Sin embargo, Sanabria considera que la herencia de Pablo Escobar sigue muy viva en la sociedadcolombiana y se puede percibir en cómo "la maldad ha permeado enel Estado colombiano".

"Se nos pegó la idea del dinero fácil, del 'pa' las que sea',del pasar por encima de la ley, de la puerta giratoria entreprivado y público", comenta.

En buena medida, considera que esa herencia se debe a que "lasélites pactaron con el narcotráfico, comieron y bebieron conellos".

Por eso y pese al esfuerzo de crear una nueva narrativa, elsociólogo considera que, al final, la Colombia de hoy vive de unmodo similar a "cuando se va al cine, que uno a va a ver unapelícula y dice: 'quiero que termine con un final feliz,edificante'".

"Pero Pablo Escobar está vivo porque se hareencarnado en toda la maldad y la corrupción que ha permeado elEstado colombiano", subraya.

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Mientras esas dos facetas coexisten, la de una nueva narrativaque permite pasar la página y la herencia de Escobar, Sanabria recuerda que contarla historia del capo del narcotráfico en primer plano como hacenalgunas series, humanizando al criminal, es como "ver a Hitlerenternecido con un gatito".

"Hay que reconocer la humanidad y lo diabólico de un fenómenosocial", concluye. EFE

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Bogotá, 2 dic (EFE).- Series detelevisión, programas especiales, novelas y biografíassobre Pablo Escobar se multiplican desde haceaños en el mundo olvidando la memoria de sus víctimas yreabriendo una herida que Colombia trata de cerrar para dejaratrás una de sus épocas más oscuras.Precisamente, hoy se cumplen25 años desde que el capo más célebre cayó abatido en lostejados de su último refugio de Medellín, la ciudad quecontribuyó a transformar en la más violenta del mundo y en la quetodavía hoy, como si de un peregrinar se tratara, acuden turistaspara ver su tumba o conocer su hacienda.

Allí, algunos vecinos se ofrecen gustosos a hacer tours de todopelaje para conocer más acerca de la vida de un capo que pareceque se ha convertido en un icono pop sin importar el reguero desangre y miedo que dejó a sus espaldas.

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Su incómoda presencia, frecuente en las conversaciones, nosupone para el sociólogo Fabián Sanabria, profesor de laUniversidad Nacional, un estigma para Colombia, puesto que "formaparte de la realidad y de los procesos históricos de lasnaciones".

Para Sanabria, que cursó su doctorado en la Escuela de EstudiosSuperiores en Ciencias Sociales de París, no es muy distinto a lacarga que tienen otros países con Hitler, Mussolini, Franco,Stalin o Tito.

"Es exactamente lo mismo, no creo que sea un estigma, formaparte de la realidad histórica de este país, forma parte de sustinieblas, de su oscuridad y hubo un contexto histórico muypreciso para que el narcotráfico se incubara en Colombia",sostiene.

En su opinión, lo más grave es "pretender que aquí no hapasado nada", como considera que está haciendo el alcalde deMedellín, Federico Gutiérrez, y fingir "que está tododivinamente y ya superamos la oscuridad y las tinieblas".

Escobar ya ha muerto,pero esas tinieblas permanecen vivas y se observan en el aumento delos cultivos de coca en Colombia, los nuevos ciclos de violenciaque, olvidados en las zonas rurales, no paran de crecer, y tambiénen una cierta indulgencia hacia el reguero de sangre que dejó elnarco a su paso.

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También en esas rutas turísticas que ofrecen desde el momentoen que los visitantes se suben a un taxi en Medellín.

Sin embargo, hay otra faceta que también se percibe en Colombiay es el rechazo a ser asociados con una época que consideranpasada y que se ha enraizado en los estereotipos de todo elmundo.

Sanabria recuerda como, cuando estudiaba en Europa, le hacían"chistes" y le pedían que llevara cocaína en la maleta.

"Y yo les decía, ¿su abuelo fue (militante) delnacionalsocialismo? El problema es que a veces miramos de unamanera geométrica al otro y no nos miramos de manera geométrica anosotros mismos", subraya Sanabria.

En su opinión, recurrir a ese estereotipo es como "cuando unoasocia a España con Franco y no con (el expresidente del Gobierno)Felipe González" o a "Alemania con Hitler y no con GünterGrass".

"El mismo de asociar a Italia con Mussolini y no con (elcineasta y escritor Pier Paolo) Pasolini", comenta.

Tal vez por eso, en Colombia se sigue lidiando con esa imagenque surge en conversaciones con extranjeros como una especie decatarsis.

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Sin embargo, Sanabria considera que la herencia de Pablo Escobar sigue muy viva en la sociedadcolombiana y se puede percibir en cómo "la maldad ha permeado enel Estado colombiano".

"Se nos pegó la idea del dinero fácil, del 'pa' las que sea',del pasar por encima de la ley, de la puerta giratoria entreprivado y público", comenta.

En buena medida, considera que esa herencia se debe a que "lasélites pactaron con el narcotráfico, comieron y bebieron conellos".

Por eso y pese al esfuerzo de crear una nueva narrativa, elsociólogo considera que, al final, la Colombia de hoy vive de unmodo similar a "cuando se va al cine, que uno a va a ver unapelícula y dice: 'quiero que termine con un final feliz,edificante'".

"Pero Pablo Escobar está vivo porque se hareencarnado en toda la maldad y la corrupción que ha permeado elEstado colombiano", subraya.

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Mientras esas dos facetas coexisten, la de una nueva narrativaque permite pasar la página y la herencia de Escobar, Sanabria recuerda que contarla historia del capo del narcotráfico en primer plano como hacenalgunas series, humanizando al criminal, es como "ver a Hitlerenternecido con un gatito".

"Hay que reconocer la humanidad y lo diabólico de un fenómenosocial", concluye. EFE

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