Que Dios nos bendiga: “los músicos de calle”

No hay gente, se silenciaron los boleros, polkas, rancheras y norteñas en los mercados

Alejandra Ruiz |El Sol de San Luis

  · viernes 3 de abril de 2020

Foto: Alejandra Ruiz

San Luis Potosí, S.L.P., 3 de abril.- La música es un arte universal y como tal son diversas sus manifestaciones y estilos, mismos que han evolucionado conjuntamente con la situación sociocultural en la que se desenvuelven históricamente.

En la capital, existen gran cantidad de intérpretes, músicos y bandas que han adquirido una enorme importancia identitaria, como lo son las agrupaciones de música popular mexicana de acordeón, tríos y duetos potosinos, que realizan breves interpretaciones musicales dentro de los mercados que convergen en el Centro Histórico y que hoy se han quedado sin trabajo debido a la contingencia sanitaria por la pandemia del Covid-19.

La interculturalidad que hay dentro de los mercados municipales, es bastante notoria, ahí confluyen bandas que tocan polkas, rancheras y hasta corridos, acordeones norteños, instrumentos de cuerda y percusiones, que buscan amenizar y acompañar a los comensales y visitantes, que se detienen unos minutos a degustar el típico caldo de espinazo que se ofrece en el área de fondas y comida de estos espacios.

Música y letras que exponen gran cantidad de historias sobre la vida en la frontera, el sueño americano, el deseo de regresar a su lugar de origen, el amor, el desencanto y la familia, donde cantantes con potente calidad interpretativa, le hacen recordar a cualquiera las legendarias letras de este peculiar estilo musical, como los son “La venganza de María”, “Soy troquero”, “El Pavido navido, “Chaparra de mi amor”, “Mi tesoro”, “La chica está enojada”, hits musicales que fueron todo un éxito desde mediados de los años 40 hasta la década de los 90,

Compuestas e interpretadas por artistas musicales legendarios como “Los Doneños”, “Los Cadetes de Linares”, Ramón Ayala y “Los Cardenales de Nuevo León”, por mencionar algunos.

Foto: Alejandra Ruiz

Para muchos la interpretación y ejecución de la música norteña, es una opción de trabajo informal itinerante, que se realiza de forma tradicional en estos espacios mercantiles de la capital, actividad que significa para muchos hombres, jefes y padres de familia, una vía para sacar adelante económicamente sus hogares, actividad que lamentablemente se vio afectada por el coronavirus.

Al no poder contar con un espacio en dónde ofrecer sus servicios, ya que para evitar la propagación de dicho virus, la gente que antes confluía en estos espacios de trabajo ha dejado de ir para evitar contagios.

Para el señor José Ernesto Hernández, de 67 años de edad, originario de San Luis Potosí, y quien ha radicado casi la mitad de su vida en la frontera, esta situación es preocupante ya que en más de 40 años de carrera musical, nunca había sido testigo de algo parecido.

Don José comenzó a desenvolverse en el área musical de manera autodidacta a la edad de 11 años, para así sacar adelante a toda su familia. Carente de estudios y de oportunidades, buscó aprender a tocar diversos instrumentos para tener una herramienta que le ayudara a subsistir el día a día, los cuales aprendió a utilizar observando a sus amigos y familiares, “Sé tocar muy pocos instrumentos, como el tololonche, acordeón y bajo sexto, por mencionar algunos. La música que a mí me gusta tocar, son los huapangos, corridos, polkas y música norteña” señaló orgulloso, don José.

Cada mañana se prepara, porta sus botas, pantalón de mezclilla, camisa a cuadros y viste el típico chaleco de corte vacuno, que le da ese sello distintivo de identidad ranchera, con el que sale a trabajar a la calle.

En palabras del don Ernesto el oficio de la música, le ha dado la oportunidad de tener un trabajo honesto y justamente remunerado, que no le da lujos, pero sí le permite vivir dignamente, aunque en estos tiempos de epidemia signifique para él que su entrada económica diaria se merme un poco.

En su acontecer diario, su trabajo le da el acceso de convivir con infinidad de clientes, con gustos diversos que le solicitan gran variedad de interpretaciones musicales, “la gente es como en una tienda de abarrotes, le piden a uno desde boleros, mambos, polkas, huapangos, cumbias, de todo. Estas semanas los mercados se han encontrado solos, ahora no tengo a quien cantarle”, manifestó.

Y a diferencia de lo que pudieran pensar los visitantes que convergen en estos mercados, los músicos que aquí se desenvuelven laboralmente, se buscan y se ponen de acuerdo para sacar el trabajo de manera diaria, es decir, la mayoría de ellos asiste de forma individual a trabajar, para después unirse con otros músicos para interpretar su contenido musical.

Actualmente en los mercados Hidalgo y República, existe una población de músicos independientes que oscilan entre las 35 y 60 personas, mismas que se mantienen en movimiento entre estos dos lugares y a las afueras de los mismos, a pesar de que muchos de ellos son adultos mayores y deberían estar resguardados en casa por la pandemia.

Foto: Alejandra Ruiz

Salir adelante a través de la música, de igual manera lo es para el señor Fidel de 64 años de edad, quien cada vez que se encuentra con don José, le acompaña en su transitar por los mercados, para sacar aunque sea un peso que haga frente a sus necesidades, y más ahora donde él continúa siendo cabeza de familia y no se puede dar el lujo de evitar salir, aunque esto le signifique poner en riesgo su salud. Don Fidel comenzó a trabajar como músico a la edad de 14 años, “toda mi familia son músicos, y por ellos me enseñé a tocar todo tipo de instrumentos, pero desde hace 10 años yo me dedico a tocar el acordeón. Mi fuerte es el bajo eléctrico, yo estudié música a diferencia de muchos que sí son autodidactas”, puntualizó.

Asimismo, él tiene más de 20 años acudiendo al mercado República al área de comida, a trabajar la música, en la que actualmente dice, no hay gente. Su profesión lo ha ayudado a salir de dificultades económicas, donde en sus propias palabras mencionó que por su edad le es difícil conseguir un trabajo estable, “Mientras se pueda seguiré tocando, es un legado que también les he heredado a mis hijos, la música es la que nos ha ayudado a sobrevivir”, mencionó.

El fenómeno social que envuelve a la música norteña es muy distintiva, sus intérpretes cuentan con un carisma muy singular, más aquellos que dependen del pueblo para subsistir. Para don José y Fidel este es un estilo de vida que no piensan cambiar, por el simple hecho de que no conocen otro, la falta de oportunidades a una vida digna les ha hecho repensar una y otra vez si es la decisión más correcta, pero como dicen ellos “No nos queda de otra, que dios nos bendiga”.

EG