/ lunes 10 de febrero de 2020

El nopal opción para reducir emisiones de CO2 en la CDMX: UAM

Además de contribuir a la producción de alimentos brinda servicios ecosistémicos

El cultivo del nopal tiene el mismo potencial de captura de carbono (C) que un bosque de pino y encino en la región de Milpa Alta, en la Ciudad de México, por lo que además de contribuir a la producción de alimentos brindaría servicios ecosistémicos, informó Mariela Hada Fuentes Ponce, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En el cultivo del cactus como opción para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), en un suelo con baja fertilidad, realizado en la Alcaldía Milpa Alta, un grupo de investigadores de la UAM comparó los patrones de proyección de CO2 y el TOC en una zona montañosa del centro de México, explicó.

La integrante del equipo de científicos que obtuvo el Premio a la Investigación 2019, en el área de Ciencias Biológicas y de la Salud, que otorga la Casa Abierta al Tiempo, comentó en entrevista que los suelos rurales tienden a perder carbono orgánico, lo que contribuye en gran medida al aumento de emisiones de CO2 a la atmósfera.

Fuentes Ponce explicó el fenómeno de cambio climático intensifica la ocurrencia de lluvias, sequías y heladas por causa -entre otros factores- del incremento en las emanaciones de gases de efecto invernadero, incluido el CO2, cuya fuente principal es la quema de combustibles fósiles, puntualizó la académica del Departamento de Producción Agrícola y Animal de la Unidad Xochimilco.

En los sistemas agrícolas el gas tiene varios orígenes: la elaboración de agroquímicos, entre ellos los fertilizantes nitrogenados; los procedimientos con exceso de labranza; la quema de residuos de cosecha; el uso de tractores, y aun la respiración de las plantas, constituidas básicamente de C, como el resto de los seres vivos, que cuando mueren se incorporan a la tierra y se convierten en materia orgánica.

Foto: ABC Radio

Los complejos agrarios pueden ser generadores de anhídrido carbónico y de óxidos nitrosos -un gas detonante también del efecto invernadero-, pero a la vez se pueden convertir en un reservorio de C, ya que las especies vegetales en el proceso de fotosíntesis integran el que está en el aire a sus tejidos y si son perennes quedará el C en sus tallos, por lo que al morir se incorporarán como abono a la superficie, la cual capturará dicho elemento, detalló la docente.

Un manejo agrícola racional y más pensado conservaría el C por más tiempo en el suelo como materia orgánica estable, en vez de convertirlo nuevamente en CO2, sin embargo, la agricultura convencional -que utiliza agroquímicos y es altamente tecnologizada-, ha aumentado la dispersión de contaminantes al hábitat y ahora aporta 25% de CO2 al planeta; en México, este sector participa con más de 6%.

La fase de pérdida de carbono orgánico ha estado ocurriendo en el país en monocultivos de maíz y en áreas con altos índices de labranza, no obstante, especies perennes -entre ellas el cactus-nopal y el agave-, contribuirían al mantenimiento del carbono orgánico total (TOC) en la planta y el suelo.

Los sistemas de manejo seleccionados fueron monocultivo de maíz con labranza convencional y fertilización sintética; maíz asociado con Vicia faba y adición de estiércol; cactus-nopal sin y con estiércol en composta; bosque de pino-encino y campos que fueron sembrados por el cereal y tenían cuatro años de descanso sin control de arvenses; en todos fueron efectuadas mediciones de CO2 y humedad volumétrica, cada 15 días en cinco puntos de cada parcela.

La doctora en agronomía por el Colegio de Postgraduados y miembro del Laboratorio de Fisiología de Cultivos de la UAM expuso que el bosque de pino-encino mostró dispersiones estables de C-CO2 durante todo el año; en los campos de maíz fueron inestables, con varios picos de respiración, mientras que en el caso del nopal hubo un patrón muy cercano de respiración al forestal.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático ha reconocido que no sólo los bosques, sino que también la agricultura posee importantes capacidades de captura de carbono, “siempre y cuando se hagan manejos más pensados”, así que “nuestro equipo trabaja en implementar mecanismos que no sólo consideren la obtención de alimentos -aunque este es el objetivo central de dicha actividad-, sino que proporcionen también servicios ecosistémicos”.

“Si lo que vamos a hacer con los agricultores implica que no haya autosuficiencia alimentaria para la unidad de producción, no será viable, por más captura de carbono que logremos”, a menos que hubiera una política pública de subsidio que permitiera estas prácticas, y “en ese sentido, el gobierno de la Ciudad de México sí podría otorgar recursos al agrosistema de nopal”, con mayor planeación, puntualizó.

EG

El cultivo del nopal tiene el mismo potencial de captura de carbono (C) que un bosque de pino y encino en la región de Milpa Alta, en la Ciudad de México, por lo que además de contribuir a la producción de alimentos brindaría servicios ecosistémicos, informó Mariela Hada Fuentes Ponce, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

En el cultivo del cactus como opción para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2), en un suelo con baja fertilidad, realizado en la Alcaldía Milpa Alta, un grupo de investigadores de la UAM comparó los patrones de proyección de CO2 y el TOC en una zona montañosa del centro de México, explicó.

La integrante del equipo de científicos que obtuvo el Premio a la Investigación 2019, en el área de Ciencias Biológicas y de la Salud, que otorga la Casa Abierta al Tiempo, comentó en entrevista que los suelos rurales tienden a perder carbono orgánico, lo que contribuye en gran medida al aumento de emisiones de CO2 a la atmósfera.

Fuentes Ponce explicó el fenómeno de cambio climático intensifica la ocurrencia de lluvias, sequías y heladas por causa -entre otros factores- del incremento en las emanaciones de gases de efecto invernadero, incluido el CO2, cuya fuente principal es la quema de combustibles fósiles, puntualizó la académica del Departamento de Producción Agrícola y Animal de la Unidad Xochimilco.

En los sistemas agrícolas el gas tiene varios orígenes: la elaboración de agroquímicos, entre ellos los fertilizantes nitrogenados; los procedimientos con exceso de labranza; la quema de residuos de cosecha; el uso de tractores, y aun la respiración de las plantas, constituidas básicamente de C, como el resto de los seres vivos, que cuando mueren se incorporan a la tierra y se convierten en materia orgánica.

Foto: ABC Radio

Los complejos agrarios pueden ser generadores de anhídrido carbónico y de óxidos nitrosos -un gas detonante también del efecto invernadero-, pero a la vez se pueden convertir en un reservorio de C, ya que las especies vegetales en el proceso de fotosíntesis integran el que está en el aire a sus tejidos y si son perennes quedará el C en sus tallos, por lo que al morir se incorporarán como abono a la superficie, la cual capturará dicho elemento, detalló la docente.

Un manejo agrícola racional y más pensado conservaría el C por más tiempo en el suelo como materia orgánica estable, en vez de convertirlo nuevamente en CO2, sin embargo, la agricultura convencional -que utiliza agroquímicos y es altamente tecnologizada-, ha aumentado la dispersión de contaminantes al hábitat y ahora aporta 25% de CO2 al planeta; en México, este sector participa con más de 6%.

La fase de pérdida de carbono orgánico ha estado ocurriendo en el país en monocultivos de maíz y en áreas con altos índices de labranza, no obstante, especies perennes -entre ellas el cactus-nopal y el agave-, contribuirían al mantenimiento del carbono orgánico total (TOC) en la planta y el suelo.

Los sistemas de manejo seleccionados fueron monocultivo de maíz con labranza convencional y fertilización sintética; maíz asociado con Vicia faba y adición de estiércol; cactus-nopal sin y con estiércol en composta; bosque de pino-encino y campos que fueron sembrados por el cereal y tenían cuatro años de descanso sin control de arvenses; en todos fueron efectuadas mediciones de CO2 y humedad volumétrica, cada 15 días en cinco puntos de cada parcela.

La doctora en agronomía por el Colegio de Postgraduados y miembro del Laboratorio de Fisiología de Cultivos de la UAM expuso que el bosque de pino-encino mostró dispersiones estables de C-CO2 durante todo el año; en los campos de maíz fueron inestables, con varios picos de respiración, mientras que en el caso del nopal hubo un patrón muy cercano de respiración al forestal.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático ha reconocido que no sólo los bosques, sino que también la agricultura posee importantes capacidades de captura de carbono, “siempre y cuando se hagan manejos más pensados”, así que “nuestro equipo trabaja en implementar mecanismos que no sólo consideren la obtención de alimentos -aunque este es el objetivo central de dicha actividad-, sino que proporcionen también servicios ecosistémicos”.

“Si lo que vamos a hacer con los agricultores implica que no haya autosuficiencia alimentaria para la unidad de producción, no será viable, por más captura de carbono que logremos”, a menos que hubiera una política pública de subsidio que permitiera estas prácticas, y “en ese sentido, el gobierno de la Ciudad de México sí podría otorgar recursos al agrosistema de nopal”, con mayor planeación, puntualizó.

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