/ domingo 1 de marzo de 2020

Llama iglesia católica a escuchar reclamo de mujeres

Es deplorable que hayamos permitido que las mujeres no sientan protegidas en su tierra: lamenta iglesia católica

La iglesia católica llamó a escuchar el reclamo de las mujeres que piden cambiar la violenta realidad que las agrede, que exigen reflexionar desde el corazón y llaman a trabajar por ellas y hacer todo lo necesario para reconocer el valor que tienen, y para que estén siempre seguras y protegidas, y nunca más acosadas o devaluadas. “Es deplorable que hayamos permitido que las mujeres no se sientan protegidas en su propia tierra”.

La Arquidiócesis de México hizo votos para que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sea un impulso para subrayar la dignidad de la mujer, para escuchar su reclamo, defender el ejercicio peno de su libertad de expresión y de manifestación contra la injusticia y en defensa de su propia vida.

En su editorial titulado “Un cambio definitivo por la mujer” publicado en la revista católica Desde la Fe, resaltó que el 2020 es el año de las mujeres.

La Iglesia Católica está obligada a exaltar la dignidad y el respeto hacia las mujeres, así como a acompañarlas en todos los ambientes, comenzando por la familia, donde a pesar de las transformaciones que ésta sufre, ellas siguen siendo pilar; no se diga en el caso de las madres que solas, con amor, valentía e intenso trabajo, cuidan de sus hijos y los sacan adelante a pesar de los entornos hostiles que las rodean.

En la Basílica de Guadalupe, en el día de la familia, el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes invitó a los creyentes a encauzar el individualismo que hace a la persona solo ver lo que le interesa y le conviene; el subjetivismo, hoy está expandido por todas partes, y entonces, hemos perdido mucha capacidad de escuchar de lo que le sucede al otro y el relativismo que conducen al libertinaje, cada quien hace lo que le pega la gana.

Pues si hay odio, violencia y agresión al interior de la familia, “estamos fallándole a nuestra vocación porque estamos haciendo que estos nuevos seres con las heridas que van desarrollando en la niñez, en la adolescencia y la juventud, se hagan agresivos, violentos, sin respeto a la dignidad humana.

Ello lo estamos viviendo en la sociedad, en los feminicidios, de la muerta a la mujer, por violencia, que son incomprensibles. Por lo que la iglesia llama a trabajar porque se tenga en la práctica la misma dignidad y se genere una cultura de que el varón y la mujer tenemos la misma dignidad de ser hijos de dios.

En su homilía, el cardenal nayarita invitó a ser de esta cuaresma una reflexión personal, familiar y en los círculos en donde las personas se muevan, “para superar, el individualismo, y el subjetivismo y le relativismo que están mal encausados que tanto nos dañan en nuestra sociedad”.

En la revista Desde la Fe resaltó la legítima lucha de las mujeres y la urgente exigencia de justicia ante la inaceptable violencia contra ellas ha escalado a niveles sin precedentes. El ‘ahora o nunca’ se escucha con toda claridad y fuerza, al igual que la voz silenciada de las víctimas, que se eleva de la tierra al cielo.

Como han señalado nuestros obispos en su reciente mensaje titulado Educar para la paz, urgencia nacional, los feminicidios han llenado a México de dolor, amargura, tristeza, llanto, indignación, impotencia y, por desgracia, también de enojo y deseos de venganza.

Ante el enojo, es humano el impulso de pagar mal con mal, y es responsabilidad de todos los actores sociales, entre ellos la familia, la escuela y la Iglesia Católica, escuchar, reconfortar y actuar en promoción de una cultura de justicia, esperanza y paz.

El gobierno, por su parte, tiene la responsabilidad fundamental de garantizar que se cumpla el Estado de Derecho para salvaguardar la dignidad y la vida de todos, y para hacer valer la Ley.

La Iglesia en México renueva su participación en esta misión de pacificación, a través de sus Centros de Escucha y de atención a las víctimas, bajo la convicción de que es necesario frenar la espiral de violencia que se pudiera generar. La Iglesia tiene que asumir su función y su compromiso especial ante el reto de proyectar la dignidad de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, comenzando por las que trabajan en esta Arquidiócesis de México.

Las mujeres dan armonía y sentido al mundo –nos ha dicho el Papa Francisco– y efectivamente, no podemos referirnos a ellas hablando sólo de la función que cumplen en la comunidad o en las instituciones, sino de su papel trascendente para la humanidad, donde su misión va más allá, al amar con la ternura que sólo ellas poseen y que ha hecho del mundo, a través de la historia, un lugar más amable.

JLP

La iglesia católica llamó a escuchar el reclamo de las mujeres que piden cambiar la violenta realidad que las agrede, que exigen reflexionar desde el corazón y llaman a trabajar por ellas y hacer todo lo necesario para reconocer el valor que tienen, y para que estén siempre seguras y protegidas, y nunca más acosadas o devaluadas. “Es deplorable que hayamos permitido que las mujeres no se sientan protegidas en su propia tierra”.

La Arquidiócesis de México hizo votos para que el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, sea un impulso para subrayar la dignidad de la mujer, para escuchar su reclamo, defender el ejercicio peno de su libertad de expresión y de manifestación contra la injusticia y en defensa de su propia vida.

En su editorial titulado “Un cambio definitivo por la mujer” publicado en la revista católica Desde la Fe, resaltó que el 2020 es el año de las mujeres.

La Iglesia Católica está obligada a exaltar la dignidad y el respeto hacia las mujeres, así como a acompañarlas en todos los ambientes, comenzando por la familia, donde a pesar de las transformaciones que ésta sufre, ellas siguen siendo pilar; no se diga en el caso de las madres que solas, con amor, valentía e intenso trabajo, cuidan de sus hijos y los sacan adelante a pesar de los entornos hostiles que las rodean.

En la Basílica de Guadalupe, en el día de la familia, el arzobispo primado de México, Carlos Aguiar Retes invitó a los creyentes a encauzar el individualismo que hace a la persona solo ver lo que le interesa y le conviene; el subjetivismo, hoy está expandido por todas partes, y entonces, hemos perdido mucha capacidad de escuchar de lo que le sucede al otro y el relativismo que conducen al libertinaje, cada quien hace lo que le pega la gana.

Pues si hay odio, violencia y agresión al interior de la familia, “estamos fallándole a nuestra vocación porque estamos haciendo que estos nuevos seres con las heridas que van desarrollando en la niñez, en la adolescencia y la juventud, se hagan agresivos, violentos, sin respeto a la dignidad humana.

Ello lo estamos viviendo en la sociedad, en los feminicidios, de la muerta a la mujer, por violencia, que son incomprensibles. Por lo que la iglesia llama a trabajar porque se tenga en la práctica la misma dignidad y se genere una cultura de que el varón y la mujer tenemos la misma dignidad de ser hijos de dios.

En su homilía, el cardenal nayarita invitó a ser de esta cuaresma una reflexión personal, familiar y en los círculos en donde las personas se muevan, “para superar, el individualismo, y el subjetivismo y le relativismo que están mal encausados que tanto nos dañan en nuestra sociedad”.

En la revista Desde la Fe resaltó la legítima lucha de las mujeres y la urgente exigencia de justicia ante la inaceptable violencia contra ellas ha escalado a niveles sin precedentes. El ‘ahora o nunca’ se escucha con toda claridad y fuerza, al igual que la voz silenciada de las víctimas, que se eleva de la tierra al cielo.

Como han señalado nuestros obispos en su reciente mensaje titulado Educar para la paz, urgencia nacional, los feminicidios han llenado a México de dolor, amargura, tristeza, llanto, indignación, impotencia y, por desgracia, también de enojo y deseos de venganza.

Ante el enojo, es humano el impulso de pagar mal con mal, y es responsabilidad de todos los actores sociales, entre ellos la familia, la escuela y la Iglesia Católica, escuchar, reconfortar y actuar en promoción de una cultura de justicia, esperanza y paz.

El gobierno, por su parte, tiene la responsabilidad fundamental de garantizar que se cumpla el Estado de Derecho para salvaguardar la dignidad y la vida de todos, y para hacer valer la Ley.

La Iglesia en México renueva su participación en esta misión de pacificación, a través de sus Centros de Escucha y de atención a las víctimas, bajo la convicción de que es necesario frenar la espiral de violencia que se pudiera generar. La Iglesia tiene que asumir su función y su compromiso especial ante el reto de proyectar la dignidad de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad, comenzando por las que trabajan en esta Arquidiócesis de México.

Las mujeres dan armonía y sentido al mundo –nos ha dicho el Papa Francisco– y efectivamente, no podemos referirnos a ellas hablando sólo de la función que cumplen en la comunidad o en las instituciones, sino de su papel trascendente para la humanidad, donde su misión va más allá, al amar con la ternura que sólo ellas poseen y que ha hecho del mundo, a través de la historia, un lugar más amable.

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