La importancia de la nota roja  

Foto: Cortesía

La importancia de la nota roja  

La Prensa en Línea 

Por Carmen Sánchez

El crítico de cine, investigador y guionista Rafael Aviña comparte en entrevista con OEM cómo fue su infancia y su relación con el periódico La Prensa que lo motivó a ser uno de los más avezados especialistas en asesinos seriales, y algunos de estos casos los conoció a través de las páginas de este diario.

El investigador y crítico de cine Rafael Aviña creció en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México en los años sesenta. En ese entonces, todos los periódicos sin excepción alguna, otorgaban un espacio importante a los informes de policía.

“Los relatos verdaderos de asesinatos, abusos y fraudes colmaban las planas de los diarios para trastocarse casi de inmediato y de forma azarosa para el lector, en argumentos de suspenso de la vida real, tal y como si se tratara de un folletón, o de una novela por entregas”, explica.

“Si Honorato de Balzac, Alexandre Dumas, Charles Dickens, Fiódor Dostoyevski y Sir Arthur Conan Doyle, practicaron ese género periodístico-literario en el siglo XIX, por que no habrían de intentarlo en la década de los cincuenta y sesenta escritores, periodistas, reporteros policíacos y hasta fotógrafos como: José Revueltas, José Pérez Moreno, Eduardo El Güero Téllez, David García Salinas, Carlos Ravelo y Alberto Ramírez de Aguilar, al igual que Enrique El Niño Metinides, Ignacio Nacho López, e incluso, Manuel Álvarez Bravo con sus cámaras.

“Así, el crimen se instaló en la comodidad de los hogares y en la intimidad familiar. Día a día, como los capítulos de una telenovela, o un serial radiofónico, periódicos y revistas narraban hechos similares: violaciones, robos, secuestros, asesinatos por venganza, crímenes pasionales, suicidios. Cambiaban los rostros, los nombres, el número de puñaladas, o de balazos. Las colonias, o las calles, las intenciones, o las edades. Sin embargo, en el fondo no había mayor variante.

“Se trataba de una historia común tendiente a la repetición, incluyendo los típicos descuidos y errores. En esencia, todo se reducía a la misma trama contada una y mil veces, alimentada una y otra vez, con sangre y lágrimas.

Lee también: ¡Aquí estamos! La Prensa cumple 90 años de historia

“Sin embargo, de todos ellos, el periódico La Prensa otorgaba a sus voraces lectores, yo entre ellos a pesar de mi edad, el pulso vibrante y clandestino de una nación en crisis permanente. La historia no oficial de una sociedad desigual que generaba rencores, temores y desilusiones. Los reportajes y las imágenes que acompañaban las notas policíacas, eran comentadas de boca en boca en las bancas de los parques, cantinas, peluquerías, cabaretuchos. En la fila de las tortillas, en la larga hilera que causaba un estreno en el cine, una corrida de toros, o un clásico de futbol. Las crónicas de policía, así como las historias de crímenes y pasiones desbordadas, acaparaban la atención de todos.

“Representaban el rumor más extendido en la sociedad en una época ausente de chats, twitters y facebooks y otras absurdas deformaciones del lenguaje como: viral o hashtag.  

“Al igual que mi interés por coleccionar álbumes educativos, como Nuestro Mundo que patrocinaba Bimbo-Marinela, Don Quijote de la Mancha cuyas estampas aparecían en los chocolates de la Larín, El legendario Far West de los pastelitos Wonder, abracé con pasión la lectura de la nota roja en La Prensa, en donde seguí casos como el de La empaquetada que al paso de los años me inspiraría para realizar el guión de la película Borrar de la memoria dirigida por Alfredo Gurrola en 2010.

“Al periódico La Prensa le debo mucho, le debo ensoñaciones fatídicas, horas de placer culposas y en buena medida un resquicio importante de mi trabajo profesional aparecido en libros como: Asesinos seriales. Grandes crímenes. De la nota roja a la pantalla grande (1996), David Silva. Un campeón de mil rostros (2006), Orson Welles en Acapulco (y el misterio de la Dalia Negra) (2103) o Mex Noir. Cine Mexicano Policiaco (2017), entre otros”.