Historia de un migrante

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Historia de un migrante

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Por Guillermo Saucedo

México.- Mientras miles de mexicanos sueñan con ingresar a los Estados Unidos para encontrar un buen empleo y conseguir con el paso del tiempo los documentos legales que permitan vivir allá, Vladimir Hernández Páez decidió abandonar a aquel país Norteamericano para conocer su lugar de origen: México.

El joven de 22 años de edad, originario de Ciudad Isla, Veracruz, emigró desde los cinco años a Carolina del Norte junto con su madre y sus cuatro hermanos, siendo en esa entidad donde pasó toda su infancia y estudió hasta el penúltimo año de preparatoria.

Con su mochila en su espalda y cubierto con una cobija que lo protegía del frío, el joven contó que la discriminación hacia los mexicanos y latinos fue lo que provocó abandonar a los Estados Unidos para comenzar una nueva aventura en su vida, que es viajar por toda Latinoamérica.

Athens Drive Magnet High School fue la institución académica en la que estudió materias relacionadas con la arqueología y el ecosistema marino, siendo la antigua ciudad inca, Machu Picchu, situada en Perú, el destino al que desea llegar con mucha ilusión.

“Iba en Athens Drive Magnet High School, es para talentosos y más o menos así, estamos mejor porque lo que más me enseñaron era el inglés y no el español, el español fue como que más me lo tuve que aprender como yo pude. Puedo regresar pero ya no le encuentro chiste ir allá, yo quiero ir para abajo ahora, quiero hacer un dinero aquí como tengo papeles mexicanos, no quiero conocer tanto México, sino irme pa’ abajo a Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, todo, llegar hasta Machu Picchu, Perú, es mi sueño. Yo estudié arqueología en Estados Unidos, lo que es también el estudio de la vida acuática y también el océano, más o menos así y eso te van enfocando en lo que quieres trabajar”, abundó.

Fue así que después de llegar a Veracruz, Vladimir aceptó la propuesta de un amigo de viajar en tren por todo el país, siendo Hermosillo, Sonora, el lugar en que desde hace dos meses ha trabajado en la agricultura, precisamente en un rancho ubicado en el ejido El Tronconal, propiedad de un hombre a quien llaman “Don Goyo”.

Con palos, cobijas, hules y colchones, sus compañeros migrantes construyen sus casas improvisadas para cubrirse del frío y el calor de la capital sonorense, siendo en la prolongación de la calle Salamanca, de la colonia Las Amapolas, en donde se encuentra dicho campamento.

Según el Instituto Nacional de Migración (INM), desde el 1 de noviembre hasta el 14 de diciembre en Sonora se han brindado atenciones a 8 mil 644 migrantes mexicanos y 11 mil 881 extranjeros mediante el operativo de invierno “Paisano 2017”, en donde el respeto a sus derechos es la meta a cumplir durante su estadía en tierras sonorenses.

Ciudadanos entregan comida de manera diaria en el sector que duerme Vladimir mientras llegan camionetas ofreciendo empleo a los migrantes, no siendo una excepción el día de esta entrevista.

“Vienen todos los días a ayudarnos con comida, en Estados Unidos no hacen tanto eso como acá, la verdad allá un mexicano no necesita tanto apoyo, he visto a mucha gente en Estados Unidos que los pobres son los gabachos y no los propios mexicanos, porque para nosotros siempre hay trabajo donde sea allá. Aquí he trabajado en agricultura en El Tronconal con un cierto señor que se llama Don Goyo, que él vive en un rancho aquí cerca y la verdad me ha apoyado mucho en lo que es el trabajo, ganaba 250 más la comida, pues ya es ganancia, está bien mil 500 a la semana, está muy bien”, relató.

Se observó como un guardia de seguridad que trabaja en la gasolinera de Pemex más cercana corrió a Vladimir, ya que a los migrantes del sector se les prohíbe su estancia en el establecimiento, cosa que el joven entendió porque considera que “solo están haciendo su trabajo”.

Fuera de ello, mencionó que lo que más le gusta de Hermosillo es su gente, pues en diversas ocasiones ha sentido la empatía de los ciudadanos, a tal grado de que si no tuviera su objetivo ya trazado se quedaría a vivir en la llamada “Ciudad del Sol”.

Agregó que en el tren ha perdido la vida de dos amigos de viaje, ha soportado la rudeza climatológica a causa de las lluvias, vientos fuertes y el calor sofocante de un cielo completamente despejado, como el de Sonora.

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