Las posadas se viven en familia

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Las posadas se viven en familia

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Genoveva Ortiz

Del 16 al 24 de diciembre se llevan a cabo las tradicionales Posadas, que marcan la temporada de Adviento, en la que el pueblo católico se prepara para la llegada del Niño Jesús.

El padre María José Silias llamó a los padres de familia explicar el significado e importancia del Adviento a los hijos, e involucrarlos en la organización de las tradicionales posadas, y todos los elementos con que deben de contar, como es el ponche, las velas, la piñata y la colación.

El sacerdote indicó que las posadas terminan el 24 de diciembre con la llegada de Jesús, así que aparte del canto para pedir posada, se cantan villancicos para adorar y arrullar al Niño.

Esta temporada no sólo es para estrenar ropa o hacer regalos, es también un tiempo propicio de preparación espiritual y reflexión, que se debe compartir en familia, recordó el padre Silas.

Las posadas no son solamente pretexto para reunirse con los amigos, compañeros de trabajo, familiares o vecinos, se trata de un tiempo de preparación para recibir con alegría la llegada del Niño Dios.

Su origen se remonta al poblado de San Agustín de Acolman y los misioneros agustinos, quienes nueve días antes de Noche Buena, reunían a la gente en el atrio de la iglesia para rezar una novena con cantos, y realizar representaciones del Evangelio, así como la entrega de “aguinaldos”. Con el tiempo, la tradición se esparció poco a poco.

Las posadas comienzan a celebrarse desde el 16 de diciembre, precisamente por el rezo de la novena, y para representar cada día como un mes más de la espera de la Virgen. Al terminar las letanías se hace la representación de María y José que “piden posada” en su camino a Belén para la llegada del Niño Jesús, dividiendo a la gente dentro y fuera de la casa en que se reúnen para la celebración.

Después del canto de la posada, se permite la entrada a los peregrinos, dando paso al canto de villancicos, y se termina rompiendo las piñatas y distribuyendo los aguinaldos.

Las piñatas representan con sus siete picos los pecados capitales, y al ser golpeadas y partidas, caen las gracias (frutas y dulces) de haber renunciado al pecado. Los aguinaldos representan las gracias que uno recibe al aceptar la doctrina del amor de Jesús.

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