Ciclista viaja desde Sonora hasta Yucatán

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Ciclista viaja desde Sonora hasta Yucatán

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Por Alberto Maytorena

México.- Con sólo su bicicleta como vehículo, Raúl Morales Quijada se embarcó en un viaje desde San Luís Río Colorado hasta Mérida, una travesía de tres meses que pondrá a prueba su fortaleza física, intelectual y emocional con numerosas aventuras.

De acuerdo con el Ingeniero Industrial egresado de la Universidad Estatal de Sonora (UES), todo comenzó cuando su deseo de viajar y su afición por el ciclismo se interconectaron, por ello cuando se percató que podía hacer ambas, no lo pensó dos veces y aceptó el reto.

Al aprender de los viajeros en bicicleta que llegaban a San Luis a hospedarse en su casa, comenzó a interesarse en ese tipo de vida, desarrollando simultáneamente una forma de pensar que se ha vuelto su credo durante el viaje.

“Empecé a tener cierta filosofía: al superar nuestros miedos, nuestro límite es solamente cuando vamos a crecer y, al crecer, ya se nos facilitan todas las actividades que nos parecían imposibles. Eso es lo que me motiva a viajar: llevarme a retos físicos, a retos intelectuales, retos emocionales y retos económicos, porque estoy tratando de vivir con lo menos posible”, explicó.

Hay dos cosas que un viajero debe tener en mente cada vez que emprende un peregrinaje como el de Raúl, primero el cicloturismo que implica el viaje en bicicleta y después el minimalismo, que sostiene la posibilidad de sobrevivir exclusivamente con los recursos más básicos e indispensables.

Durante su viaje, el también dueño de una agencia de eventos, se percató de que no se necesita tanto para vivir y las personas pueden cumplir todo lo que se propongan sin necesidad de estar esperando un golpe de suerte, pues sólo basta dar un primer paso.

Actualmente hay dos neoyorquinos viviendo en San Luis Río Colorado, pues les gustó la ciudad y decidieron radicar ahí, por ello pidió recomendaciones sobre su equipo, sin embargo, el único consejo que le dieron fue que el viaje mismo decidirá lo que necesite o no.

“No necesito ver tu equipo para saber, lo que tú decidas llevar es lo correcto y en el transcurso del camino, tú vas a ir deshaciéndote de lo que no necesitas; lo más difícil es tomar la decisión de hacerlo, ya de ahí las cosas salen solas”, dijo uno de los ciclistas.

La ruta del viaje consistirá básicamente en descender por todo el Estado, pasando por Guaymas, Obregón y Navojoa hasta llegar a Sinaloa, después iría a Nayarit y después tomaría dirección a Ciudad de México, posteriormente a Guanajuato, luego a Veracruz, más adelante a Tabasco y por último a Yucatán.

Raúl no teme a las cosas que podrían cruzarse en su camino durante el viaje, pues a pesar de que obviamente hay casos de accidentes con ciclistas donde los atropellan o los roban, él ya ha salido en viaje previamente.

Para el ciclista, los elementos positivos eclipsan a los negativos, pues a pesar de que sólo lleva 12 días de viaje, ha convivido con todo tipo de gente que no hubiera podido hacerlo si hubiera decidido emprender la travesía en cualquier otro medio de transporte, a pesar de que algunos de los individuos con los que convive insisten en que use otro vehículo.

“Lo que más espero de este viaje es un crecimiento personal, me gustaría tener las suficientes experiencias para escribir un libro sobre esto; los viajes nos sirven para enriquecernos, pero antes de salir me di cuenta que nos hacen ver lo ricos que ya somos”, indicó.

Las experiencias que Raúl ha vivido a partir de este viaje no pueden compararse con otra cosa que haya experimentado previamente, pues el convivir con el lado silvestre del mundo lo ha enriquecido.

No obstante, a pesar de no temer de forma particular a lo que aparezca frente así durante el viaje, el ciclista se ha visto en situaciones riesgosas un par de veces.

En una ocasión, el muchacho decidió acampar en medio del desierto en un risco que daba a la playa de Puerto Peñasco, a unos metros de la carretera. Fue entonces cuando escuchó el ruido de unos pasos en la madrugada que lo despertaron de forma inmediata.

“Alguien me encontró, qué raro”, pensó en aquel momento, pero ya que se asomó por la rendija de la tienda, se percató que se trataba de un inmenso lobo gris que, como salido de un pasaje de Herman Hesse, estaba hurgando en un plato con sobras que había dejado frente a su carpa.

Raul ya había acampado en otras ocasiones, por lo que reconocía a coyotes, sin embargo era la primera vez que se encontraba frente a tan imponente canino, por lo que en un principio le dio miedo, pero notó que el animal se acercaba con miedo a la casa, tomaba algo y salía corriendo, por lo que descartó al cuadrúpedo como un peligro.

“Entonces pasé dos horas observándolo y noté que se me quedaba viendo a los ojos, ellos pueden ver en la oscuridad, acercándose, e incluso le ofrecí un poco de agua en una taza que tenía”, narró.

Otro momento de peligro fue cuando circulaba la angosta carretera que divide a San Luis de Puerto Peñasco, jugando a algo que llamó “la raya de la muerte”, pues por un lado estaba la línea blanca que delimitaba la carretera con los automóviles y, por el otro, un precipicio que garantizaba la muerte de caer en él.

Durante tres días Raúl pedaleó carretera arriba con el viento en contra y las piernas hechas pedazos, por lo que al recorrer la carretera de Puerto Peñasco a Caborca no pudo evitar reír mientras hacía el esfuerzo mínimo debido a la naturaleza perpendicular del camino.

Los lugares de hospedaje tampoco representan un grave problema para el ingeniero, en Peñasco lo recibieron amigos de una amiga, mientras que en Santa Ana llegó a la estación de policía, donde se hospedó, y en Hermosillo tiene familiares que lo recibieron.

Sólo dos veces ha tenido que quedarse en hotel porque los lugares a donde tenía que ir no se pudieron concretar o eran sospechosos, sin embargo, su primera opción al llegar a una nueva ciudad es buscar las estaciones de bomberos o anfitriones que le den un espacio para descansar y planear a dónde lo llevarán sus ruedas.

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