Oscar Campos Contreras lamenta la violencia en Oaxaca

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Ciudad de México.-Frente a los lamentables hechos ocurridos en Nochixtlán, Oaxaca, donde hubo pérdidas humanas y lesiones de algunas personas durante el desarrollo de los hechos, el obispo de Tehuantepec, Oscar Campos Contreras y los sacerdotes de esa Diócesis lamentaron y condenaron la violencia, que afecta a la región y a sus habitantes a raíz de los reclamos del Magisterio al Gobierno Federal, por lo que llamaron a poner la razón por encima de la pasión a las dos partes: autoridades y maestros.
La diócesis de Tehuantepec resaltó que sería criminal desear siquiera el derramamiento de sangre de alguna persona. Ante esa situación, pidieron a la Virgen de Juquila que interceda el pueblo oaxaqueño y porque estos problemas se superen para bien de todos.
El obispo Oscar Campos pidió a los sacerdotes que no olviden promover en las parroquias y capillas de la Diócesis la oración de la comunidad para pedir por todo nuestro Estado de Oaxaca y particularmente por esta región del Istmo, pues el diálogo para trabajar por la justicia, la verdad y el bien común, necesitan de la caridad, para que se construya una sociedad justa y fraterna que permita a las nuevas generaciones un futuro mejor.
Los religiosos destacaron que la actual tensión social no puede verse como un problema pasajero o aislado, pues tiene como caldo de cultivo los rencores alimentados por las carencias y las frustraciones sociales que han padecido estos pueblos. Eso hace que cualquier problema se convierta en un catalizador que agrupa a otros, haciendo más grandes los conflictos y más difíciles las soluciones.
En ese sentido, la jerarquía religiosa oaxaqueña subrayó que es necesario tender puentes de diálogo, pues lo que se consigue con autoritarismo o violencia sólo puede alimentar respuestas de la misma naturaleza. Autoritarismo y violencia son dos caras de la misma moneda. Además, todos sabemos y vemos que en los conflictos se cuelan y se cuelgan muchos intereses diversos para sacar “ganancia del rio revuelto”.
La actual tensión social no puede verse como un problema pasajero o aislado, pues tiene como caldo de cultivo los rencores alimentados por las carencias y las frustraciones sociales que han padecido estos pueblos. Eso hace que cualquier problema se convierta en un catalizador que agrupa a otros, haciendo más grandes los conflictos y más difíciles las soluciones.
Mediante un pronunciamiento, que firmó el obispo y 14 sacerdotes, expusieron que ante esta situación, en primer lugar, queremos decir que nuestra palabra sólo puede estar movida por el interés de reconstruir el tejido social dañado ya, desde hace bastante tiempo, por la violencia, la injusticia, la pobreza, la ignorancia, el crimen, la corrupción.
“Todos estamos llamados a trabajar con urgencia para que en nuestra región y en todo el estado sea posible una convivencia social armónica que permita el desarrollo integral de los niños y los jóvenes, cuyo futuro no puede verse como moneda de cambio para los intereses de cualquier grupo. Nadie debe hipotecar el porvenir de las nuevas generaciones”, afirmaron.
El Papa Francisco, en su reciente visita a México, dijo que esta realidad nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre la propia responsabilidad a la hora de construir el México que queremos, el México que deseamos legar a las generaciones venideras (Discurso a la Autoridades).
Ese es el desafío de la vida social que nos pide respuesta. El diálogo es la forma civilizada de escucharnos y juntos buscar respuestas y solución a los problemas que afectan ahora la vida social. Quien sólo se escucha a sí mismo nunca se abre al diálogo.
Reconocemos que la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones particulares. Pero con las diversas fuerzas sociales, acompaña las propuestas que mejor respondan a la dignidad de la persona humana y al bien común.
La mentira manipula y cualquier manipulación es ya una forma de sometimiento injusto que degrada la vida personal y social.