/ domingo 20 de septiembre de 2020

Mi querido Capitán

CRÓNICAS DEL METRO

Javier Vivas llegó un día de 1970 a lo que era el Distrito Federal --- hoy Ciudad de México ---, procedente de su natal Orizaba, Veracruz. Tenía 13 años de edad. Su mamá lo llevaba por Calzada de Tlalpan en uno de esos camiones color verde de 30 centavos el pasaje. Desde ahí vio por primera vez uno de los trenes del Metro; en ese momento pensó: algún día voy a trabajar ahí.

Ocho años después, en 1978, Javier cumplió su sueño y entró al Sistema de Transporte Colectivo Metro como auxiliar administrativo. Hoy, es uno de los conductores en activo más antiguos, aunque por su edad, tiene 63 años, desde marzo pasado, permanece en casa hasta que las autoridades determinen su regreso.

Recordó que cuando tenía cuatro meses de conductor una persona de unos 25 años de edad se lanzó a las vías, lo esperó de frente con los brazos abiertos, pero Javier aplicó el frenado de urgencia para detener el tren e informó al puesto central de control para que hicieran de inmediato el corte de la corriente. Por fortuna, comentó, no lo arrolló ni lo golpeó, pero el hecho lo dejó muy marcado y preparado para incidentes similares.

Una de sus hermanas, también conductora, atropelló a un joven de 17 años de edad, quien desafortunadamente falleció. A ella eso le provocó una fuerte depresión y tuvo que estar en tratamiento psiquiátrico durante varios meses.

Sobre los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, Javier dijo que en el primero le tocó la réplica del día siguiente en la noche. Estaba en Taxqueña a punto de circular cuando empezó el movimiento telúrico. El servicio se suspendió mientras se revisaban los posibles daños en las instalaciones.

En el temblor del 19 de septiembre de 2017, que fue a las 13 horas con 14 minutos, Javier señaló que, aunque él no estaba en el trabajo, sus compañeros aplicaron los protocolos, detuvieron cada uno sus trenes y por el interfón, pidieron calma a los usuarios. En los andenes, el jefe de estación les pidió a los pasajeros replegarse a la pared para evitar una caída con el movimiento y no hubo incidentes que lamentar.

El conductor, con 42 años en el Sistema de Transporte Colectivo, afirmó que las instalaciones del Metro son muy seguras, en ningún temblor han sufrido daños severos, están diseñadas para garantizar la seguridad de los usuarios y de las estaciones y trenes.

Javier destacó que los conductores del Metro son como los capitanes de barco en un temblor porque no pueden abandonar el tren; deben estar en todo momento para apoyar a los usuarios. Tampoco pueden llamar a sus familiares porque les prohíben usar sus teléfonos móviles y así tienen que laborar con la angustia por sus seres queridos.

Con muchos años de experiencia, el servidor público pidió que durante un sismo los usuarios tengan confianza de que van a estar sin problemas dentro del vagón mientras ocurre el fenómeno.

Sabemos que el Metro es uno de los lugares más seguros si ocurre un temblor, pero ojalá nunca vuelvan a suceder con la intensidad de 1985 y 2017.

Javier Vivas llegó un día de 1970 a lo que era el Distrito Federal --- hoy Ciudad de México ---, procedente de su natal Orizaba, Veracruz. Tenía 13 años de edad. Su mamá lo llevaba por Calzada de Tlalpan en uno de esos camiones color verde de 30 centavos el pasaje. Desde ahí vio por primera vez uno de los trenes del Metro; en ese momento pensó: algún día voy a trabajar ahí.

Ocho años después, en 1978, Javier cumplió su sueño y entró al Sistema de Transporte Colectivo Metro como auxiliar administrativo. Hoy, es uno de los conductores en activo más antiguos, aunque por su edad, tiene 63 años, desde marzo pasado, permanece en casa hasta que las autoridades determinen su regreso.

Recordó que cuando tenía cuatro meses de conductor una persona de unos 25 años de edad se lanzó a las vías, lo esperó de frente con los brazos abiertos, pero Javier aplicó el frenado de urgencia para detener el tren e informó al puesto central de control para que hicieran de inmediato el corte de la corriente. Por fortuna, comentó, no lo arrolló ni lo golpeó, pero el hecho lo dejó muy marcado y preparado para incidentes similares.

Una de sus hermanas, también conductora, atropelló a un joven de 17 años de edad, quien desafortunadamente falleció. A ella eso le provocó una fuerte depresión y tuvo que estar en tratamiento psiquiátrico durante varios meses.

Sobre los sismos del 19 de septiembre de 1985 y 2017, Javier dijo que en el primero le tocó la réplica del día siguiente en la noche. Estaba en Taxqueña a punto de circular cuando empezó el movimiento telúrico. El servicio se suspendió mientras se revisaban los posibles daños en las instalaciones.

En el temblor del 19 de septiembre de 2017, que fue a las 13 horas con 14 minutos, Javier señaló que, aunque él no estaba en el trabajo, sus compañeros aplicaron los protocolos, detuvieron cada uno sus trenes y por el interfón, pidieron calma a los usuarios. En los andenes, el jefe de estación les pidió a los pasajeros replegarse a la pared para evitar una caída con el movimiento y no hubo incidentes que lamentar.

El conductor, con 42 años en el Sistema de Transporte Colectivo, afirmó que las instalaciones del Metro son muy seguras, en ningún temblor han sufrido daños severos, están diseñadas para garantizar la seguridad de los usuarios y de las estaciones y trenes.

Javier destacó que los conductores del Metro son como los capitanes de barco en un temblor porque no pueden abandonar el tren; deben estar en todo momento para apoyar a los usuarios. Tampoco pueden llamar a sus familiares porque les prohíben usar sus teléfonos móviles y así tienen que laborar con la angustia por sus seres queridos.

Con muchos años de experiencia, el servidor público pidió que durante un sismo los usuarios tengan confianza de que van a estar sin problemas dentro del vagón mientras ocurre el fenómeno.

Sabemos que el Metro es uno de los lugares más seguros si ocurre un temblor, pero ojalá nunca vuelvan a suceder con la intensidad de 1985 y 2017.

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