/ martes 4 de junio de 2019

Mascarita Año 2000 lucha por justicia ante la muerte por negligencia de su hijo

Hace tres años Mario Alberto Ángel Ortega, perdió la vida tras un accidente que lo llevó a vivir una serie de sucesos en el hospital, que derivaron en su muerte y en un calvario para su familia, misma que en sus esfuerzos por conservar su vida, quedaron con deudas y con la responsabilidad de tres pequeños en la orfandad.

A sus 28 años de edad, comerciante y despachador en una ruta base de microbuses y amante de la lucha libre como su padre, Mascarita Año 2000, Alberto había ingresado a entrenar para postularse como uno de los grandes en el cuadrilátero con los consejos de su progenitor, llevaba a cabo sus entrenamientos a la par de su trabajo, pero un accidente lo dejó fuera de la jugada.

Alfredo Catalino Ángel Andrade apoyó con orgullo a su hijo en todo momento para sus entrenamientos, pero más, después de ser atropellado por un camión de los llamados “chimecos” en el Municipio de Chimalhuacán, para él la labor no termina, ahora también lucha por justicia ante la negligencia que le ocasionó una batería y llevó a la muerte de Alberto en la Clínica de Traumatología y Ortopedia de Oriente.

En medio de las prisas, Alberto conocido como Sangre Nueva Junior subió en 2016 a la unidad por la puerta trasera y poco después de avanzar, no logró sostenerse y cayó, provocando que sus dos piernas fueran afectadas al pasar el camión por encima.

El chófer no se quería hacer cargo, pero los pasajeros lo obligaron a detenerse y hacer algo por la víctima.

El grupo de camioneros respondió favorablemente según contó Alfredo, ya que llegaron a un acuerdo legal donde se hicieron responsables de los gastos derivados del accidente, por lo que Alberto fue trasladado a dicha clínica ubicada en Av. Xochimilco No. 44 en la Colonia Metropolitana en Nezahualcóyotl en el Estado de México, donde se le practicaron dos operaciones de carácter urgente, que en el servicio público tardarían en realizar.

Mascarita Año 2000 platica con dolor el trance por el que pasaron durante las operaciones donde “se llevó a cabo un trasplante y una trasfusión que nos incrementaron los costos porque nos cobraron tanto el almacenaje de la sangre como el proceso de trasfusión”, pero quería ver a su hijo bien, y eso, no tenía precio para él, aun cuando no contara con los recursos.

Después de 11 días, tras la intervención a una de las piernas donde le atendieron ambas extremidades y les retiraron las partes infectadas, vieron una mejoría en el ánimo y estado de Alberto, a pesar de que la situación seguía tensa, por sus avances y la economía, ya que el arreglo con el responsable no fue suficiente para los gastos que derivaron posteriormente.

Alfredo no sabía que las cosas empeorarían en poco tiempo dentro del hospital, ya que por algunos días vieron mejorías en Alberto, aun cuando era alimentado con comida de la calle como “quesadillas o sopes, el aseo era malo y escaso y las sábanas no las cambiaban constantemente, a pesar de que mi nuera y mi esposa eran las más insistentes en que lo bañaran y cambiaran la ropa de su cama, pero no lo hacían con frecuencia”.

La familia de Alberto no cesó en los reclamos sobre las atenciones recibidas en la Clínica de Traumatología y Ortopedia de Oriente, pero no sabían qué más hacer por su hijo, y solo confió en las decisiones de los médicos Alejandro López Becerra y el Dr. Alejo Urbieta Magaña pero el veredicto fue desalentador.

Alberto ahora tendría que luchar por librarse de una bacteria que le produjo la salida de la clínica privada en la que era atendido, “me dijo qué cree que se le formó una bacteria, pero no te espantes vamos a esperar a que se desarrolle este tipo de bacteria para matarla eso fue un domingo en la noche, cuando mi hijo nos pidió a mi esposa y a mí que nos quedáramos a dormir”, contó Alfredo.

La mañana siguiente Alberto comenzó a empeorar “fue el martes a mediodía que me llamaron para una reunión con cuatro doctores, mismos que me pidieron que sacara a mi hijo de la clínica, ya que no contaban con los medios para atenderlo”. “Me dieron una hoja con los hospitales a los que no podía llevar porque aquí no tenemos los suficientes aparatos que requiere.

Me hicieron firmar un documento y la verdad yo por andar movido y nervioso no vi el documento y me obligaron a sacar mi hijo estaba ya casi muerto la ambulancia me cobró $7000 y lo llevé al Hospital General 90 camas” continuó.

El desenlace fue fatal, a casi 20 minutos de haber ingresado al hospital, Alfredo fue notificado de la muerte de su hijo por causas ajenas al accidente que casi 15 días atrás lo mandó al hospital.

La familia de Alberto busca justicia por su muerte debido a la negligencia por parte de la Clínica de Traumatología y Ortopedia de Oriente, y aunque sabe que no le regresarán a su hijo vivo, busca una reparación de daños. La batalla ha sido ardua, pero Mascarita Año 2000, haciendo alarde de su fuerza interior, narra para La Prensa el dolor que siente por una de las pérdidas más grandes de su vida, la de su hijo, pero también, el apoyo que continúa dando a su hijo, a través de sus tres nietos.

Hace tres años Mario Alberto Ángel Ortega, perdió la vida tras un accidente que lo llevó a vivir una serie de sucesos en el hospital, que derivaron en su muerte y en un calvario para su familia, misma que en sus esfuerzos por conservar su vida, quedaron con deudas y con la responsabilidad de tres pequeños en la orfandad.

A sus 28 años de edad, comerciante y despachador en una ruta base de microbuses y amante de la lucha libre como su padre, Mascarita Año 2000, Alberto había ingresado a entrenar para postularse como uno de los grandes en el cuadrilátero con los consejos de su progenitor, llevaba a cabo sus entrenamientos a la par de su trabajo, pero un accidente lo dejó fuera de la jugada.

Alfredo Catalino Ángel Andrade apoyó con orgullo a su hijo en todo momento para sus entrenamientos, pero más, después de ser atropellado por un camión de los llamados “chimecos” en el Municipio de Chimalhuacán, para él la labor no termina, ahora también lucha por justicia ante la negligencia que le ocasionó una batería y llevó a la muerte de Alberto en la Clínica de Traumatología y Ortopedia de Oriente.

En medio de las prisas, Alberto conocido como Sangre Nueva Junior subió en 2016 a la unidad por la puerta trasera y poco después de avanzar, no logró sostenerse y cayó, provocando que sus dos piernas fueran afectadas al pasar el camión por encima.

El chófer no se quería hacer cargo, pero los pasajeros lo obligaron a detenerse y hacer algo por la víctima.

El grupo de camioneros respondió favorablemente según contó Alfredo, ya que llegaron a un acuerdo legal donde se hicieron responsables de los gastos derivados del accidente, por lo que Alberto fue trasladado a dicha clínica ubicada en Av. Xochimilco No. 44 en la Colonia Metropolitana en Nezahualcóyotl en el Estado de México, donde se le practicaron dos operaciones de carácter urgente, que en el servicio público tardarían en realizar.

Mascarita Año 2000 platica con dolor el trance por el que pasaron durante las operaciones donde “se llevó a cabo un trasplante y una trasfusión que nos incrementaron los costos porque nos cobraron tanto el almacenaje de la sangre como el proceso de trasfusión”, pero quería ver a su hijo bien, y eso, no tenía precio para él, aun cuando no contara con los recursos.

Después de 11 días, tras la intervención a una de las piernas donde le atendieron ambas extremidades y les retiraron las partes infectadas, vieron una mejoría en el ánimo y estado de Alberto, a pesar de que la situación seguía tensa, por sus avances y la economía, ya que el arreglo con el responsable no fue suficiente para los gastos que derivaron posteriormente.

Alfredo no sabía que las cosas empeorarían en poco tiempo dentro del hospital, ya que por algunos días vieron mejorías en Alberto, aun cuando era alimentado con comida de la calle como “quesadillas o sopes, el aseo era malo y escaso y las sábanas no las cambiaban constantemente, a pesar de que mi nuera y mi esposa eran las más insistentes en que lo bañaran y cambiaran la ropa de su cama, pero no lo hacían con frecuencia”.

La familia de Alberto no cesó en los reclamos sobre las atenciones recibidas en la Clínica de Traumatología y Ortopedia de Oriente, pero no sabían qué más hacer por su hijo, y solo confió en las decisiones de los médicos Alejandro López Becerra y el Dr. Alejo Urbieta Magaña pero el veredicto fue desalentador.

Alberto ahora tendría que luchar por librarse de una bacteria que le produjo la salida de la clínica privada en la que era atendido, “me dijo qué cree que se le formó una bacteria, pero no te espantes vamos a esperar a que se desarrolle este tipo de bacteria para matarla eso fue un domingo en la noche, cuando mi hijo nos pidió a mi esposa y a mí que nos quedáramos a dormir”, contó Alfredo.

La mañana siguiente Alberto comenzó a empeorar “fue el martes a mediodía que me llamaron para una reunión con cuatro doctores, mismos que me pidieron que sacara a mi hijo de la clínica, ya que no contaban con los medios para atenderlo”. “Me dieron una hoja con los hospitales a los que no podía llevar porque aquí no tenemos los suficientes aparatos que requiere.

Me hicieron firmar un documento y la verdad yo por andar movido y nervioso no vi el documento y me obligaron a sacar mi hijo estaba ya casi muerto la ambulancia me cobró $7000 y lo llevé al Hospital General 90 camas” continuó.

El desenlace fue fatal, a casi 20 minutos de haber ingresado al hospital, Alfredo fue notificado de la muerte de su hijo por causas ajenas al accidente que casi 15 días atrás lo mandó al hospital.

La familia de Alberto busca justicia por su muerte debido a la negligencia por parte de la Clínica de Traumatología y Ortopedia de Oriente, y aunque sabe que no le regresarán a su hijo vivo, busca una reparación de daños. La batalla ha sido ardua, pero Mascarita Año 2000, haciendo alarde de su fuerza interior, narra para La Prensa el dolor que siente por una de las pérdidas más grandes de su vida, la de su hijo, pero también, el apoyo que continúa dando a su hijo, a través de sus tres nietos.

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