/ viernes 20 de noviembre de 2020

El reto de la educación a partir de la nueva norma de evaluación

Especialmente en esta pandemia, las redes y las telecomunicaciones, que en su momento nos alejaron, hoy cobran un nuevo significado y nos unen y conectan a pesar de la distancia

Este año 2020 revolucionó nuestra vida, nos hizo revalorar lo realmente importante y volver a fijar la mirada en las cosas aparentemente simples. Conservar la salud se volvió prioritario, cuidar de la familia lo único importante y hacer sentir a nuestros seres queridos lo mucho que los amamos dio un nuevo significado a nuestro día a día; añoramos lo que era cotidiano.

Recuperar la vida llevará un poco de tiempo; hablar de paternidad responsable hoy tiene otro significado. Por muchos años equiparamos el bienestar familiar con la estabilidad financiera.

Hoy, padres, madres y tutores, enfrentan el reto mayúsculo de fortalecer emocionalmente a sus hijos, enseñarles a conservar la salud, revalorar la vida, los amigos, la familia, el trabajo y el cuidado del entorno desde una nueva perspectiva, incluso las redes y las telecomunicaciones que en su momento nos alejaron, hoy cobran un nuevo significado y nos unen y conectan a pesar de la distancia.

Emprendamos el camino juntos, aceptemos el reto en unidad, aprendamos a ser padres y maestros ante un nuevo contexto.

La actual norma de evaluación nos presenta una realidad escolar preocupante.

Se deberá cuidar la acreditación, las estadísticas de cobertura y valorar los aprendizajes adquiridos en contexto.

Esto es válido ante un panorama tan complejo como el que hoy enfrentamos hablando de educación.

Lo que no podemos permitirnos, autoridades, educadores y padres de familia, es deslindarnos de nuestras responsabilidades en el proceso formativo de niños y jóvenes.

Validar el aprendizaje y los esfuerzos de un alumno es pertinente, lo que no lo es, es la falta de compromiso para acompañar a nuestra población escolar en la consolidación de aprendizajes.

Ante un nuevo contexto educativo no queda más que reinventar la práctica, adaptarnos y con humildad reconocer que todo aquel que se involucra en el proceso educativo formal de un alumno, a través de la paternidad o la actividad docente, tiene la responsabilidad de aprender y actualizarse, no es válido deslindarnos o justificarnos, somos responsables hoy igual que siempre de “educar para la vida y acoplarnos a las exigencias de las mentes del futuro”, atendiendo al ideario filosófico del maestro Justo Sierra, de facilitar la construcción del conocimiento, de brindar herramientas a quienes pasan por nuestras aulas para enfrentar la vida y sus retos, dejemos de ser un obstáculo y sumemos. De aquí en adelante esta es la realidad de nuestros niños y jóvenes, la educación ha cambiado, y quienes formamos parte del proceso debemos asumir con responsabilidad nuestra tarea.

Nuestras autoridades tendrán que dotar de recursos las aulas, proveer de conectividad a todas las regiones del país y las aulas inteligentes serán condición indispensable.

Los padres deberán retomar la autoridad y dirección de la vida de sus hijos, la formación de buenos ciudadanos exige la presencia de padres responsables que eduquen con el ejemplo. No se puede exigir a un hijo lo que no se le ha enseñado.

A los docentes nos corresponde impartir clases con verdadera ética, ofrecer educación de calidad, aquella que permita el desarrollo de nuevas habilidades, que facilite a nuestras sociedades consolidarse como verdaderas comunidades de conocimiento. Si la adaptabilidad y evolución en nuestra práctica no acompaña este proceso será en vano cualquier esfuerzo.

Es imperante que todo docente domine el uso de recursos digitales y los adapte a su práctica, que haga uso de ellos, pero de ninguna manera podrán sustituir su intervención. Continúa siendo el mediador del trabajo en el aula (virtual o presencial), el líder y quien administra los retos cognitivos, como lo señalaba el maestro Miguel Ángel Pérez Álvarez (Director de las áreas de educación y bienestar de la Universidad Hebraica y profesor de Tecnologías en Educación UNAM).

Captura de pantalla

No podemos dejar a la deriva la formación de niños y jóvenes bajo ningún argumento, hagamos todos nuestra parte, no confundamos la meta. Debemos facilitar la construcción del conocimiento, y la adquisición de habilidades para afrontar la vida y sus retos, no la acreditación.

Este año 2020 revolucionó nuestra vida, nos hizo revalorar lo realmente importante y volver a fijar la mirada en las cosas aparentemente simples. Conservar la salud se volvió prioritario, cuidar de la familia lo único importante y hacer sentir a nuestros seres queridos lo mucho que los amamos dio un nuevo significado a nuestro día a día; añoramos lo que era cotidiano.

Recuperar la vida llevará un poco de tiempo; hablar de paternidad responsable hoy tiene otro significado. Por muchos años equiparamos el bienestar familiar con la estabilidad financiera.

Hoy, padres, madres y tutores, enfrentan el reto mayúsculo de fortalecer emocionalmente a sus hijos, enseñarles a conservar la salud, revalorar la vida, los amigos, la familia, el trabajo y el cuidado del entorno desde una nueva perspectiva, incluso las redes y las telecomunicaciones que en su momento nos alejaron, hoy cobran un nuevo significado y nos unen y conectan a pesar de la distancia.

Emprendamos el camino juntos, aceptemos el reto en unidad, aprendamos a ser padres y maestros ante un nuevo contexto.

La actual norma de evaluación nos presenta una realidad escolar preocupante.

Se deberá cuidar la acreditación, las estadísticas de cobertura y valorar los aprendizajes adquiridos en contexto.

Esto es válido ante un panorama tan complejo como el que hoy enfrentamos hablando de educación.

Lo que no podemos permitirnos, autoridades, educadores y padres de familia, es deslindarnos de nuestras responsabilidades en el proceso formativo de niños y jóvenes.

Validar el aprendizaje y los esfuerzos de un alumno es pertinente, lo que no lo es, es la falta de compromiso para acompañar a nuestra población escolar en la consolidación de aprendizajes.

Ante un nuevo contexto educativo no queda más que reinventar la práctica, adaptarnos y con humildad reconocer que todo aquel que se involucra en el proceso educativo formal de un alumno, a través de la paternidad o la actividad docente, tiene la responsabilidad de aprender y actualizarse, no es válido deslindarnos o justificarnos, somos responsables hoy igual que siempre de “educar para la vida y acoplarnos a las exigencias de las mentes del futuro”, atendiendo al ideario filosófico del maestro Justo Sierra, de facilitar la construcción del conocimiento, de brindar herramientas a quienes pasan por nuestras aulas para enfrentar la vida y sus retos, dejemos de ser un obstáculo y sumemos. De aquí en adelante esta es la realidad de nuestros niños y jóvenes, la educación ha cambiado, y quienes formamos parte del proceso debemos asumir con responsabilidad nuestra tarea.

Nuestras autoridades tendrán que dotar de recursos las aulas, proveer de conectividad a todas las regiones del país y las aulas inteligentes serán condición indispensable.

Los padres deberán retomar la autoridad y dirección de la vida de sus hijos, la formación de buenos ciudadanos exige la presencia de padres responsables que eduquen con el ejemplo. No se puede exigir a un hijo lo que no se le ha enseñado.

A los docentes nos corresponde impartir clases con verdadera ética, ofrecer educación de calidad, aquella que permita el desarrollo de nuevas habilidades, que facilite a nuestras sociedades consolidarse como verdaderas comunidades de conocimiento. Si la adaptabilidad y evolución en nuestra práctica no acompaña este proceso será en vano cualquier esfuerzo.

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