/ jueves 17 de diciembre de 2020

El confinamiento, la vida en pareja y las dificultades de la crianza

En la entrega anterior dejamos un punto sobre la mesa, México ocupa el primer lugar entre los países miembros de la OCDE en embarazo adolescente.


Esta estadística nos enfrenta a un escenario muy complejo; hablamos de personas que truncaron su trayecto formativo y su proyecto de vida, que interrumpieron una etapa del desarrollo y se llenaron de responsabilidades de adultos sin serlo todavía.

Que empezaron a trabajar sin contar con la preparación necesaria para obtener una adecuada remuneración y emprender la crianza de un hijo cuando no concluyeron la propia que les correspondía recibir.

Estos adolescentes-padres, permanecerán en el cobijo de su familia de origen siguiendo reglas que les impedirán poner las suyas en la crianza de sus propios hijos.

Quizás emprenderán una vida en solitario si el embarazo incluyó la expulsión de casa, o bien, una vida en pareja sin estar preparados para ello; tener el deseo por iniciar una vida sexual activa es distinto al deseo de ser padres o cabezas de familia.

Sin duda el confinamiento nos enfrentó a una difícil realidad: personas sufriendo soledades y abandono por haber tomado malas decisiones, entornos familiares violentos, derivados de la falta de ingresos, de las responsabilidades adquiridas sin conciencia y agravadas por las necesidades de unos hijos que están ahí; agreguemos la frustración de las expectativas y deseos personales por sacar adelante una vida que se vio truncada por un deseo y la falta de información.

Suena complejo, pero esta es la realidad de miles de familias de padres jóvenes que hoy enfrentan la pandemia y un retorno al “hogar” que dista mucho de ser el remanso de paz añorado por lo idealizado en un justo deseo.

La sexualidad en el ser humano tiene componentes biológicos, pero también en buena medida sociales; debemos reconocer que como sociedad estamos sexualizando a nuestros niños y jóvenes en edades muy tempranas; despertando deseos a muy corta edad a través de la forma de vida cada vez más abierta y expuesta del erotismo, la forma de vestir, de bailar y a través de la música, entre muchos otros componentes.

Sus oídos son “taladrados” una y otra vez con letras incestuosas y eróticas que van desde el reguetón hasta el pornocorrido, que degradan a través del lenguaje a la gente, que legitiman la violencia y el uso y desuso de las personas como meros objetos.

¿Qué está ocurriendo con la vida en pareja y con la crianza de las nuevas generaciones?, una sexualización inminente y absoluta que pasó del derecho al exceso y del exceso al abuso, escalando estadísticas inimaginables de abuso de menores y consumo de pornografía infantil.

Retomemos nuestras responsabilidades, como esposos o parejas, como padres y cabezas de familia, démosle sentido a lo que hacemos; habrá cosas que ya no podamos cambiar, pero tenemos de aquí en adelante para “reparar” la parte de la vida que nos corresponde.

Si tomamos la decisión de vivir en pareja asumamos el compromiso con respeto por la integridad y el desarrollo del otro. Si no es así y apostamos por la libertad, cuidemos de esos hijos que engendramos juntos y unidos saquemos adelante su vida.

Si tenemos la fortuna de emprender la crianza juntos hagámoslo a conciencia, los padres no somos amigos de nuestros hijos, sino somos los responsables de su vida hasta que tengan la capacidad de actuar con autonomía; mientras tanto, eduquemos desde el amor, lo cual no significa darles todo. Enseñemos con el ejemplo, no hay otra manera de formar seres humanos.

Si pido de ellos respeto, debo enseñarles a ser respetuosos, si les pido dar un trato digno a las personas, deberé tratar con dignidad a quienes me rodean; si pido responsabilidad debo asumir con integridad la vida, no puedo esperar que un hijo adquiera en la escuela lo que se forma en casa.

La rutina laboral cada vez se torna más absorbente para muchos. Nos hace extrañar los momentos en pareja, la convivencia en familia y los momentos de recreación con los hijos.

Ya que la vida o las circunstancias nos han regresado en este tiempo a casa, a volver a asumir la responsabilidad de la crianza y la vida en pareja, preguntémonos ¿estamos listos para enfrentarlo o vamos a evadirlo responsabilizando a los demás de nuestros fracasos o amalgamándolo a la "descomposición social"?

Retomemos la parte de responsabilidad que nos corresponda.

No hay marcha atrás, evaluemos verdaderamente qué clase de personas somos, qué clase de parejas somos y qué clase de padres somos.

Solamente nosotros tenemos la respuesta y podemos anticipar el resultado de las personas que formaremos y estamos formando; asumamos la responsabilidad. Porque la gente no es desechable.

En la entrega anterior dejamos un punto sobre la mesa, México ocupa el primer lugar entre los países miembros de la OCDE en embarazo adolescente.


Esta estadística nos enfrenta a un escenario muy complejo; hablamos de personas que truncaron su trayecto formativo y su proyecto de vida, que interrumpieron una etapa del desarrollo y se llenaron de responsabilidades de adultos sin serlo todavía.

Que empezaron a trabajar sin contar con la preparación necesaria para obtener una adecuada remuneración y emprender la crianza de un hijo cuando no concluyeron la propia que les correspondía recibir.

Estos adolescentes-padres, permanecerán en el cobijo de su familia de origen siguiendo reglas que les impedirán poner las suyas en la crianza de sus propios hijos.

Quizás emprenderán una vida en solitario si el embarazo incluyó la expulsión de casa, o bien, una vida en pareja sin estar preparados para ello; tener el deseo por iniciar una vida sexual activa es distinto al deseo de ser padres o cabezas de familia.

Sin duda el confinamiento nos enfrentó a una difícil realidad: personas sufriendo soledades y abandono por haber tomado malas decisiones, entornos familiares violentos, derivados de la falta de ingresos, de las responsabilidades adquiridas sin conciencia y agravadas por las necesidades de unos hijos que están ahí; agreguemos la frustración de las expectativas y deseos personales por sacar adelante una vida que se vio truncada por un deseo y la falta de información.

Suena complejo, pero esta es la realidad de miles de familias de padres jóvenes que hoy enfrentan la pandemia y un retorno al “hogar” que dista mucho de ser el remanso de paz añorado por lo idealizado en un justo deseo.

La sexualidad en el ser humano tiene componentes biológicos, pero también en buena medida sociales; debemos reconocer que como sociedad estamos sexualizando a nuestros niños y jóvenes en edades muy tempranas; despertando deseos a muy corta edad a través de la forma de vida cada vez más abierta y expuesta del erotismo, la forma de vestir, de bailar y a través de la música, entre muchos otros componentes.

Sus oídos son “taladrados” una y otra vez con letras incestuosas y eróticas que van desde el reguetón hasta el pornocorrido, que degradan a través del lenguaje a la gente, que legitiman la violencia y el uso y desuso de las personas como meros objetos.

¿Qué está ocurriendo con la vida en pareja y con la crianza de las nuevas generaciones?, una sexualización inminente y absoluta que pasó del derecho al exceso y del exceso al abuso, escalando estadísticas inimaginables de abuso de menores y consumo de pornografía infantil.

Retomemos nuestras responsabilidades, como esposos o parejas, como padres y cabezas de familia, démosle sentido a lo que hacemos; habrá cosas que ya no podamos cambiar, pero tenemos de aquí en adelante para “reparar” la parte de la vida que nos corresponde.

Si tomamos la decisión de vivir en pareja asumamos el compromiso con respeto por la integridad y el desarrollo del otro. Si no es así y apostamos por la libertad, cuidemos de esos hijos que engendramos juntos y unidos saquemos adelante su vida.

Si tenemos la fortuna de emprender la crianza juntos hagámoslo a conciencia, los padres no somos amigos de nuestros hijos, sino somos los responsables de su vida hasta que tengan la capacidad de actuar con autonomía; mientras tanto, eduquemos desde el amor, lo cual no significa darles todo. Enseñemos con el ejemplo, no hay otra manera de formar seres humanos.

Si pido de ellos respeto, debo enseñarles a ser respetuosos, si les pido dar un trato digno a las personas, deberé tratar con dignidad a quienes me rodean; si pido responsabilidad debo asumir con integridad la vida, no puedo esperar que un hijo adquiera en la escuela lo que se forma en casa.

La rutina laboral cada vez se torna más absorbente para muchos. Nos hace extrañar los momentos en pareja, la convivencia en familia y los momentos de recreación con los hijos.

Ya que la vida o las circunstancias nos han regresado en este tiempo a casa, a volver a asumir la responsabilidad de la crianza y la vida en pareja, preguntémonos ¿estamos listos para enfrentarlo o vamos a evadirlo responsabilizando a los demás de nuestros fracasos o amalgamándolo a la "descomposición social"?

Retomemos la parte de responsabilidad que nos corresponda.

No hay marcha atrás, evaluemos verdaderamente qué clase de personas somos, qué clase de parejas somos y qué clase de padres somos.

Solamente nosotros tenemos la respuesta y podemos anticipar el resultado de las personas que formaremos y estamos formando; asumamos la responsabilidad. Porque la gente no es desechable.

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