/ jueves 4 de noviembre de 2021

Desempleo y precariedad laboral siguen altos; la recuperación es lenta

Aumentó también la subocupación y 7.3 millones de personas trabajan “a medias” y ganan menos que antes

Eduardo Álvarez daba clases de chino mandarín en un conocido colegio, hasta que llegó la pandemia y se quedó sin trabajo, dice que ganaba 300 pesos por hora y le iba bastante bien, hasta que por medio de un mensaje de texto le dieron las gracias.

El profesor considera que la recuperación es lenta y aún hay mucha gente desempleada, pero “todos hacemos la lucha”.

“Tenía un buen trabajo dando clases de chino mandarín y cobraba 300 pesos por hora, no me quejaba, me iba bastante bien hasta que comenzó la pandemia y a los pocos días por medio de un mensaje me dijeron que ya no iba a dar clases”, dijo con voz entrecortada.

Ahora se mantiene vendiendo cuernitos en una esquina de la Avenida Juárez, en el centro de la Ciudad de México. “Espero pronto poder encontrar un buen trabajo, con la ayuda de Dios”, agregó.

“Me pagaban 300 pesos la hora y daba cuatro horas a la semana y exactamente recuerdo la fecha, fue un mes después del inicio de la pandemia, me dijeron nosotros lo buscamos en abril y ya no me hablaron”, señaló.

Hay 2.6 millones desempleados más que antes del inicio de la pandemia, mientras que 32 millones de personas con ingreso laboral insuficiente para superar la pobreza.

El salario mínimo en el 2022 a 182 pesos, será un paso en una ruta para reordenar el mundo laboral.

El mundo del trabajo muestra claroscuros: por un lado, una recuperación económica y del empleo aún lenta e inercial, con desempleo que todavía afecta a 10 millones de personas, 2.6 millones más que al inicio de 2020; con pérdida de trabajos mejor pagados, un millón 960 mil menos respecto al inicio de la pandemia y aún 32 millones de personas trabajando sin ingreso suficiente para superar el umbral de pobreza, con una situación un poco más grave para mujeres y para jóvenes.

En este sentido, la tasa de desempleo es mayor para las mujeres (21.3%) y para jóvenes (20.3%). En total, son cinco millones 854 mil mujeres desempleadas, hay un millón 230 mil más que a inicio de 2020. Es un incremento de 27%.

En total, son tres millones 845 mil jóvenes en desempleo, hay 489 mil más que antes de iniciar la pandemia. Es un incremento de 15%.

La lenta recuperación económica aumentó también la subocupación, 7.3 millones de personas trabajan “a medias” y por tanto ganan menos que antes.

El índice de desempleo se ubica en 15.8%; antes de iniciar la pandemia era 12.3%. Foto Rogelio Tinoco | La Prensa

Y, por otra parte, se empieza a mostrar una incipiente mejoría de algunas condiciones de trabajo para alrededor de 500 mil trabajadores, respecto a la afiliación a la seguridad social, a la contratación estable y a prestaciones. Esta cantidad podría subir aún más en los próximos meses, pues estos cambios menores, pero ya significativos, podrían ser apenas los primeros impactos positivos de la reciente reforma que prohibió la subcontratación abusiva (outsourcing), lo cual muestra la importancia y el impacto positivo de aplicar la ley y garantizar derechos laborales como base de un nuevo modelo económico incluyente y equitativo.

Los indicadores del Observatorio de Trabajo Digno confirman la importancia de avanzar aún más y más rápido en reordenar el sistema laboral y económico para colocar los derechos laborales y la recuperación gradual del salario en el centro del impulso a la recuperación económica, especialmente acelerando la aplicación de la reforma laboral y con un nuevo incremento sustantivo para la recuperación del salario mínimo.

Los datos de nuestro 10º reporte del Observatorio de Trabajo Digno confirman la necesidad urgente de equilibrar los factores de la producción para que México pueda crecer de manera sostenida impulsado por el potencial del mercado interno fortalecido por la mejora salarial de las mayorías, de tal manera que el crecimiento no solo dependa de las exportaciones. Un nuevo equilibrio que pueda armonizar la competitividad y el incremento de la productividad con la mejora de las remuneraciones, de las condiciones del trabajo y sobre todo en el respeto a derechos laborales garantizados en la ley.

Los indicadores muestran también la importancia de debatir y acordar una ruta para una reforma de gran calado para eliminar los incentivos a la informalidad y así superar la exclusión de millones de personas de los beneficios de la seguridad social: acceso a servicios de salud; estancias infantiles; pensiones por incapacidad, maternidad y edad avanzada; ahorro para el retiro y fondo para vivienda. En pocas palabras, se reafirma la necesidad de transitar de un modelo de seguridad social condicionado y excluyente a un sistema universal de salud y protección social, como derecho de todas las personas y ya no más vinculado como prestación laboral.

En lo más urgente, el Observatorio de Trabajo Digno, muestra la importancia de avanzar en la recuperación gradual del salario mínimo, para alcanzar un monto suficiente para quien trabaja y una persona, con una cantidad suficiente al menos para cubrir dos canastas básicas en 2024, esto es dentro de tres años. Para lo cual, el incremento del salario mínimo para 2022 a ser aprobado por Conasami en las próximas semanas, requiere cumplir al menos dos criterios: usar como porcentaje de referencia el incremento del costo de la canasta básica (y no solo el índice general de precios al consumidor), y añadir al menos 25 pesos como monto de recuperación (MIR), aplicable únicamente al salario mínimo.

Algunos indicadores del 10ª reporte del Observatorio de Trabajo Digno de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza con datos oficiales del INEGI para el 2º trimestre de 2021 (disponible en https://frentealapobreza.mx/observatorio-de-trabajo-digno/) muestran resultados con claroscuros, con persistencia de altos niveles en desempleo, ingreso insuficiente, falta de seguridad social, y mejoras leves iniciales en condiciones laborales como prestaciones, contratación estable y capacidad de negociación colectiva mediante la afiliación sindical.

Aunque el número de personas desempleadas se ha ido reduciendo, pues llegó a 22.1 millones en abril de 2020 y a 21.6 millones en mayo del año pasado, aún hay 10 millones 339 mil personas desempleadas a mediados de este año.

Son dos millones 597 mil personas desempleadas más que antes del inicio de la pandemia. Es un incremento de 34%.

El índice de desempleo se ubica en 15.8%; antes de iniciar la pandemia era 12.3%.

La pandemia también incrementó la subocupación, pues en abril de 2020 se elevó a 11 millones de personas y en mayo subió aún más hasta 13.1 millones. Actualmente quedan siete millones 332 mil personas trabajando a medio tiempo (subocupadas).

Son dos millones 647 mil personas subocupadas más que antes del inicio de la pandemia. Es un incremento de 56% respecto al primer trimestre de 2020.

Hay leves mejoras en condiciones laborales para las personas que tienen un trabajo asalariado. Foto Rogelio Tinoco | La Prensa

El índice de subocupación se ubica en 13.3%; antes de iniciar la pandemia era 8.5%.

En este aspecto, hay 32 millones 77 mil personas sin un ingreso laboral suficiente para adquirir dos canastas básicas. Su ingreso laboral no les permite superar el umbral de pobreza de quien trabaja y una persona más. Representan el 66% de las personas ocupadas.

Entre las personas con trabajo asalariado el incremento es de un millón 211 mil personas más sin ingreso suficiente. 7% más que antes de iniciar la pandemia. En total son 19 millones 339 mil personas asalariadas sin ingreso suficiente.

Es así que la tasa de mujeres sin ingreso suficiente es mayor al promedio: 74% de las mujeres ocupadas carecen de ingreso suficiente.

Respecto a la situación previa a la pandemia, hay una leve mejora, pues al inicio de 2020 había 34 millones 248 mil. Actualmente son 540 mil personas menos, trabajando sin seguridad social. El porcentaje en el inicio de 2020 era el 62.1% de la población ocupada.

En las personas con trabajo asalariado, cuya afiliación es obligatoria por parte de quien les contrata, también hay una leve mejoría: 14 millones 839 mil sin seguridad social actualmente; eran 15 millones 163 mil antes de iniciar la pandemia. La tasa de trabajo asalariado sin seguridad social, baja de 42.3% a 41.8% de inicio de 2020 a la situación actual.

Actualmente suman 540 mil personas menos que trabajan sin seguridad social. Foto Rogelio Tinoco | La Prensa

También hay leves mejoras en condiciones laborales de personas con trabajo asalariado, con reducción pequeñas en trabajos sin prestaciones (-3%), sin contratación estable (-3%) y sin afiliación sindical (-4%).

Hay 12 millones 67 mil personas con trabajo asalariado sin prestaciones. Representan el 33.6% del total; 390 mil menos en esta condición que a inicios de la pandemia.

Hay 18 millones 331 mil personas con trabajo asalariado sin contrato estable. Representan el 51.6% del total; 558 mil menos que al inicio de la pandemia, cuando la tasa de trabajo asalariado sin contrato estable era de 53%.

Mientras que sigue siendo abrumadora la cantidad de trabajadores asalariados sin afiliación sindical: 29 millones 585 mil, el 86% [4], y también son un poco menos que a inicio de 2020, en que eran 30 millones 871 mil, el 86.8% del total.

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También se confirma la urgencia del debate sobre la ruta para desvincular el acceso a servicios de salud del régimen laboral. La salud es un derecho humano, indispensable para todas las personas y no debe ser asimilado y financiado como si fuera una prestación laboral para quienes tienen trabajos “formales”.

Reiteramos las propuestas de cambio urgente que apuntan en el sentido señalado de la fórmula México sin Pobreza = Trabajo Digno + Sistema universal de salud y protección social.

Establecer una política de fomento de la economía social y solidaria que permita crecer a las empresas de propiedad colectiva del sector social. Crear condiciones legales y económicas que les permitan captar inversión, acceder a crédito, abrir nuevos canales de comercialización y contar con apoyos para la capacitación y la innovación.

Impulsar la inserción económica de jóvenes con mayores desventajas sociales, para lo cual hay que ajustar y mejorar el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, conforme a las propuestas de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno.

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Eduardo Álvarez daba clases de chino mandarín en un conocido colegio, hasta que llegó la pandemia y se quedó sin trabajo, dice que ganaba 300 pesos por hora y le iba bastante bien, hasta que por medio de un mensaje de texto le dieron las gracias.

El profesor considera que la recuperación es lenta y aún hay mucha gente desempleada, pero “todos hacemos la lucha”.

“Tenía un buen trabajo dando clases de chino mandarín y cobraba 300 pesos por hora, no me quejaba, me iba bastante bien hasta que comenzó la pandemia y a los pocos días por medio de un mensaje me dijeron que ya no iba a dar clases”, dijo con voz entrecortada.

Ahora se mantiene vendiendo cuernitos en una esquina de la Avenida Juárez, en el centro de la Ciudad de México. “Espero pronto poder encontrar un buen trabajo, con la ayuda de Dios”, agregó.

“Me pagaban 300 pesos la hora y daba cuatro horas a la semana y exactamente recuerdo la fecha, fue un mes después del inicio de la pandemia, me dijeron nosotros lo buscamos en abril y ya no me hablaron”, señaló.

Hay 2.6 millones desempleados más que antes del inicio de la pandemia, mientras que 32 millones de personas con ingreso laboral insuficiente para superar la pobreza.

El salario mínimo en el 2022 a 182 pesos, será un paso en una ruta para reordenar el mundo laboral.

El mundo del trabajo muestra claroscuros: por un lado, una recuperación económica y del empleo aún lenta e inercial, con desempleo que todavía afecta a 10 millones de personas, 2.6 millones más que al inicio de 2020; con pérdida de trabajos mejor pagados, un millón 960 mil menos respecto al inicio de la pandemia y aún 32 millones de personas trabajando sin ingreso suficiente para superar el umbral de pobreza, con una situación un poco más grave para mujeres y para jóvenes.

En este sentido, la tasa de desempleo es mayor para las mujeres (21.3%) y para jóvenes (20.3%). En total, son cinco millones 854 mil mujeres desempleadas, hay un millón 230 mil más que a inicio de 2020. Es un incremento de 27%.

En total, son tres millones 845 mil jóvenes en desempleo, hay 489 mil más que antes de iniciar la pandemia. Es un incremento de 15%.

La lenta recuperación económica aumentó también la subocupación, 7.3 millones de personas trabajan “a medias” y por tanto ganan menos que antes.

El índice de desempleo se ubica en 15.8%; antes de iniciar la pandemia era 12.3%. Foto Rogelio Tinoco | La Prensa

Y, por otra parte, se empieza a mostrar una incipiente mejoría de algunas condiciones de trabajo para alrededor de 500 mil trabajadores, respecto a la afiliación a la seguridad social, a la contratación estable y a prestaciones. Esta cantidad podría subir aún más en los próximos meses, pues estos cambios menores, pero ya significativos, podrían ser apenas los primeros impactos positivos de la reciente reforma que prohibió la subcontratación abusiva (outsourcing), lo cual muestra la importancia y el impacto positivo de aplicar la ley y garantizar derechos laborales como base de un nuevo modelo económico incluyente y equitativo.

Los indicadores del Observatorio de Trabajo Digno confirman la importancia de avanzar aún más y más rápido en reordenar el sistema laboral y económico para colocar los derechos laborales y la recuperación gradual del salario en el centro del impulso a la recuperación económica, especialmente acelerando la aplicación de la reforma laboral y con un nuevo incremento sustantivo para la recuperación del salario mínimo.

Los datos de nuestro 10º reporte del Observatorio de Trabajo Digno confirman la necesidad urgente de equilibrar los factores de la producción para que México pueda crecer de manera sostenida impulsado por el potencial del mercado interno fortalecido por la mejora salarial de las mayorías, de tal manera que el crecimiento no solo dependa de las exportaciones. Un nuevo equilibrio que pueda armonizar la competitividad y el incremento de la productividad con la mejora de las remuneraciones, de las condiciones del trabajo y sobre todo en el respeto a derechos laborales garantizados en la ley.

Los indicadores muestran también la importancia de debatir y acordar una ruta para una reforma de gran calado para eliminar los incentivos a la informalidad y así superar la exclusión de millones de personas de los beneficios de la seguridad social: acceso a servicios de salud; estancias infantiles; pensiones por incapacidad, maternidad y edad avanzada; ahorro para el retiro y fondo para vivienda. En pocas palabras, se reafirma la necesidad de transitar de un modelo de seguridad social condicionado y excluyente a un sistema universal de salud y protección social, como derecho de todas las personas y ya no más vinculado como prestación laboral.

En lo más urgente, el Observatorio de Trabajo Digno, muestra la importancia de avanzar en la recuperación gradual del salario mínimo, para alcanzar un monto suficiente para quien trabaja y una persona, con una cantidad suficiente al menos para cubrir dos canastas básicas en 2024, esto es dentro de tres años. Para lo cual, el incremento del salario mínimo para 2022 a ser aprobado por Conasami en las próximas semanas, requiere cumplir al menos dos criterios: usar como porcentaje de referencia el incremento del costo de la canasta básica (y no solo el índice general de precios al consumidor), y añadir al menos 25 pesos como monto de recuperación (MIR), aplicable únicamente al salario mínimo.

Algunos indicadores del 10ª reporte del Observatorio de Trabajo Digno de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza con datos oficiales del INEGI para el 2º trimestre de 2021 (disponible en https://frentealapobreza.mx/observatorio-de-trabajo-digno/) muestran resultados con claroscuros, con persistencia de altos niveles en desempleo, ingreso insuficiente, falta de seguridad social, y mejoras leves iniciales en condiciones laborales como prestaciones, contratación estable y capacidad de negociación colectiva mediante la afiliación sindical.

Aunque el número de personas desempleadas se ha ido reduciendo, pues llegó a 22.1 millones en abril de 2020 y a 21.6 millones en mayo del año pasado, aún hay 10 millones 339 mil personas desempleadas a mediados de este año.

Son dos millones 597 mil personas desempleadas más que antes del inicio de la pandemia. Es un incremento de 34%.

El índice de desempleo se ubica en 15.8%; antes de iniciar la pandemia era 12.3%.

La pandemia también incrementó la subocupación, pues en abril de 2020 se elevó a 11 millones de personas y en mayo subió aún más hasta 13.1 millones. Actualmente quedan siete millones 332 mil personas trabajando a medio tiempo (subocupadas).

Son dos millones 647 mil personas subocupadas más que antes del inicio de la pandemia. Es un incremento de 56% respecto al primer trimestre de 2020.

Hay leves mejoras en condiciones laborales para las personas que tienen un trabajo asalariado. Foto Rogelio Tinoco | La Prensa

El índice de subocupación se ubica en 13.3%; antes de iniciar la pandemia era 8.5%.

En este aspecto, hay 32 millones 77 mil personas sin un ingreso laboral suficiente para adquirir dos canastas básicas. Su ingreso laboral no les permite superar el umbral de pobreza de quien trabaja y una persona más. Representan el 66% de las personas ocupadas.

Entre las personas con trabajo asalariado el incremento es de un millón 211 mil personas más sin ingreso suficiente. 7% más que antes de iniciar la pandemia. En total son 19 millones 339 mil personas asalariadas sin ingreso suficiente.

Es así que la tasa de mujeres sin ingreso suficiente es mayor al promedio: 74% de las mujeres ocupadas carecen de ingreso suficiente.

Respecto a la situación previa a la pandemia, hay una leve mejora, pues al inicio de 2020 había 34 millones 248 mil. Actualmente son 540 mil personas menos, trabajando sin seguridad social. El porcentaje en el inicio de 2020 era el 62.1% de la población ocupada.

En las personas con trabajo asalariado, cuya afiliación es obligatoria por parte de quien les contrata, también hay una leve mejoría: 14 millones 839 mil sin seguridad social actualmente; eran 15 millones 163 mil antes de iniciar la pandemia. La tasa de trabajo asalariado sin seguridad social, baja de 42.3% a 41.8% de inicio de 2020 a la situación actual.

Actualmente suman 540 mil personas menos que trabajan sin seguridad social. Foto Rogelio Tinoco | La Prensa

También hay leves mejoras en condiciones laborales de personas con trabajo asalariado, con reducción pequeñas en trabajos sin prestaciones (-3%), sin contratación estable (-3%) y sin afiliación sindical (-4%).

Hay 12 millones 67 mil personas con trabajo asalariado sin prestaciones. Representan el 33.6% del total; 390 mil menos en esta condición que a inicios de la pandemia.

Hay 18 millones 331 mil personas con trabajo asalariado sin contrato estable. Representan el 51.6% del total; 558 mil menos que al inicio de la pandemia, cuando la tasa de trabajo asalariado sin contrato estable era de 53%.

Mientras que sigue siendo abrumadora la cantidad de trabajadores asalariados sin afiliación sindical: 29 millones 585 mil, el 86% [4], y también son un poco menos que a inicio de 2020, en que eran 30 millones 871 mil, el 86.8% del total.

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También se confirma la urgencia del debate sobre la ruta para desvincular el acceso a servicios de salud del régimen laboral. La salud es un derecho humano, indispensable para todas las personas y no debe ser asimilado y financiado como si fuera una prestación laboral para quienes tienen trabajos “formales”.

Reiteramos las propuestas de cambio urgente que apuntan en el sentido señalado de la fórmula México sin Pobreza = Trabajo Digno + Sistema universal de salud y protección social.

Establecer una política de fomento de la economía social y solidaria que permita crecer a las empresas de propiedad colectiva del sector social. Crear condiciones legales y económicas que les permitan captar inversión, acceder a crédito, abrir nuevos canales de comercialización y contar con apoyos para la capacitación y la innovación.

Impulsar la inserción económica de jóvenes con mayores desventajas sociales, para lo cual hay que ajustar y mejorar el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, conforme a las propuestas de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno.

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