/ domingo 1 de agosto de 2021

Bitácora del desplome de Línea 12: testigos y sobrevivientes narran la tragedia

Tláhuac nunca será el mismo tras el colapso del Metro, mucho menos la vida de las 26 familias que perdieron algún integrante, tampoco para 75 personas que lograron sobrevivir y se recuperan de las lesiones y traumas que les dejó la mayor tragedia de este transporte

La noche del tres de mayo del 2021 quedará marcada como una fecha trágica para los capitalinos, especialmente para los usuarios de la línea 12 del Metro, una línea controversial desde sus inicios y opacada por sus fallas técnicas, cuyas deficiencias sepultaron las ilusiones de 26 familias, que de amarga manera, perdieron a uno de sus integrantes tras el colapso de dos vagones en el tramo elevado cerca de la estación Olivos.

Minutos después de las diez de la noche, decenas de capitalinos abordaron un tren de la línea 12 para regresar a casa y descansar después de un día de jornada; unos acompañados por amigos o pareja, otros más viajaban solos, nunca imaginaron lo que minutos después iba a suceder.

El tren de la línea dorada emprendió marcha, a tan solo unos metros antes de la estación Olivos los pasajeros escucharon un estruendo que provenía de las vías por donde transitaba el tren, dos vagones se desplomaron en el aire; la escena parecía irreal ante los ojos de los espectadores y un cuento de horror para la gente que viajaba a bordo.

El ambiente se tornó tenso, una gran nube de polvo cubrió el lugar, el silencio se hizo presente por tan solo unos segundos, todo se detuvo y después el caos comenzó. La gente que caminaba sobre avenida Tláhuac, corrió para auxiliar a los heridos, "¡Se cayó, se cayó!, ¡Madre santísima, vamos a ayudar!, ¡Ayúdenlos a salir!" La gente gritaba desesperada, una vez más la solidaridad de los mexicanos dio muestra de su apoyo incondicional en los momentos de tragedia.

Raúl Alcántara, un peatón que presenció el momento exacto del debacle quedó inmóvil: “La verdad no sabía qué hacer, estaba impactado viendo lo que había sucedido, el polvo que se levantó entró a mis ojos, de pronto gritos de auxilio me hicieron reaccionar, por lo que corrí al lugar”

Comencé a gritar para llamar la atención de algunas personas que se encontraban bajo los escombros, al principio escuché tantos quejidos y gritos de ayuda que me espanté, pero poco a poco logramos liberar a algunas personas en lo que llegaban los servicios de emergencia

Exponiendo sus propias vidas, un ejercito de servidores públicos acudieron a la zona de la tragedia para intentar rescatar el mayor número de sobrevivientes. Foto: José Melton

LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

Vecinos de la zona corrieron a brindar apoyo, muchos de ellos arriesgando su vida. Los latidos se aceleraron, las caras de angustia se hicieron notar, muchos rogaban, incluso, rezaban porque ninguno de sus seres queridos se encontrara bajo las toneladas de fierro y escombros.

Con un notable golpe en la cara, desconcertado y en shock, quedó Felipe Bonilla, uno de los pasajeros sobrevivientes de este siniestro “Venía tranquilo, escuché un estruendo y todo se sacudió, mi vista se nubló y solo pude aferrarme a un tubo, gracias a eso salvé mi vida. Por un momento me desconecté de la realidad y cuando entré en razón lo único que pude hacer fue llorar.”

Familiares de Felipe Bonilla al exterior de la clínica Durango, lugar donde fue trasladado el sobreviviente y fue intervenido a distintas operaciones. Foto: Rogelio Tinoco

Arrastrándose y con poca fuerza salió de uno de los vagones desplomados, los gritos de auxilio de desesperación de las personas atrapadas retumbaban en su cabeza. Luego de ser valorado por paramédicos pudo retomar el camino a su casa, acompañado de sonidos de sirenas, en la periferia de la ciudad que esa noche fue noticia en todo el mundo.

Una reacción similar tuvo Luis Gustavo Rodríguez, en el camino el cansancio lo venció y se quedó dormido, esto ocasionó que se pasara una estación más de su destino, quizá la suerte le hizo una mala jugada.

Otra víctima mortal fue Liliana López, una joven madre de familia que regresaba de su trabajo como gerente en una tienda de ropa, antes del desplome alistaba sus cosas para bajar en la próxima estación Nopalera, donde su familia y su hijo esperaban ansiosos su llegada a casa. Lamentablemente, Liliana no volvió a convivir con sus seres queridos, su cuerpo quedó atorado de entre los escombros.

En otro punto de la escena se escuchaba, “Estoy buscando a mí hijo de trece años, por favor ayúdenme” una madre desesperada gritaba y lloraba entre el desorden, “Estoy buscando a mi hijo Brandon, nos avisó que ya estaba cerca de la casa, justo antes de que esto pasara”.

La mamá de Brandon, la víctima más joven de esta tragedia, es entrevistada por medios de comunicación, días después interpuso una denuncia penal en contra de distintos funcionarios, entre ellos a la actual jefa de gobierno y el canciller. Foto: Rogelio Tinoco


Efraín Juárez, se enteró por las noticias lo que ocurría en la zona de Tláhuac, anonadado por lo que estaba pasando se aproximó a la zona cero preguntando por su hijo José Juan y su nuera, pese a que no viajaban en el Metro la tragedia los alcanzó a bordo de su automóvil, el cual quedó debajo de una pesada estructura que sepultó toda esperanza de sobrevivencia.

LA REALIDAD SUPERÓ LA FICCIÓN

Al epicentro de la tragedia llegaron decenas de ambulancias y elementos de seguridad, una escena llena de desesperación, angustia y asombro, que aumentaba a cada instante al dimensionar la tragedia. “Ya los vamos a sacar, tranquilos”, “¿Quién está aquí?”, “Los estamos ayudando, ¿Cuántas personas hay aquí? respondan, por favor”, eran las expresiones de un ejército de servidores públicos que enfrentaba la mayor de las tragedias del transporte más popular de la ciudad capital.

La gente que sabía que algún conocido estaba a bordo del Metro esa noche, no podía creer lo que pasaba, sus corazones latían con fuerza, era incierto saber si estaban vivos o nunca más volverían a verlos sonreír.

Desconsolada y llorando se encontraba la madre de las hermanas Tania y Nancy Lezama, su angustia era doble, pues ambas jovencitas estaban en calidad de desaparecidas.

La cabeza de Tania quedó fuera de todos los escombros, solo escuchó gritos y vio como las luces del vagón se apagaron y todo se derrumbó; cuando pudo volver en si, solo percibía el olor del polvo y charcos de sangre que escurrían por todos lados.

“Sentí como unos cordones encima de mí, cuando traté de quitarlos y me di cuenta que eran las vísceras de alguien más, no podía creerlo, estaba muy asustada”.

Mientras tanto su hermana Nancy estaba atrapada, el tiempo pasaba y por más velocidad que los rescatistas pusieron en la búsqueda, los intentos fueron en vano, la joven de 22 años perdió la vida sumándose a las 26 víctimas mortales del accidente.

Otro testigo de la tragedia fue Miguel Córdova, quien presenció el momento exacto “Se vio como se vino abajo y se partió en dos, se hundió, una desesperación horrible de la gente, no le deseo a nadie esto”.

En la tranquilidad de la noche estaba junto a sus amigos, acostados bajo el puente donde comúnmente solían descansar a diario, “Eran más o menos como las 10 de la noche y se escuchó como si tronara un fierro, se cimbró la banqueta y solo alcance a correr, ni siquiera jalamos nuestras cobijas”.

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La tragedia sin precedentes prolongó por varios días las tareas de rescate, poco a poco se conocieron más detalles de las víctimas, gente trabajadora que utilizaban este medio por su rapidez, por su costo y por la calidad del servicio que se creía podía ofrecer. Incluso, por brindar una aparente seguridad que evitaba a sus usuarios ser víctimas de robos y asaltos, muy comunes en el transporte público de esa zona, por muchos años olvidada por las autoridades.

Tláhuac no será el mismo después de esta tragedia, mucho menos la vida de las 26 familias que perdieron a uno de sus integrantes, tampoco para 75 personas más que lograron sobrevivir y se recuperan de las heridas y traumas tras el colapso, del que hasta el momento no hay responsables presentados ante la justicia, pero que se exige los haya pronto.

Síguenos en Facebook: La Prensa Oficial y en Twitter: @laprensaoem

La noche del tres de mayo del 2021 quedará marcada como una fecha trágica para los capitalinos, especialmente para los usuarios de la línea 12 del Metro, una línea controversial desde sus inicios y opacada por sus fallas técnicas, cuyas deficiencias sepultaron las ilusiones de 26 familias, que de amarga manera, perdieron a uno de sus integrantes tras el colapso de dos vagones en el tramo elevado cerca de la estación Olivos.

Minutos después de las diez de la noche, decenas de capitalinos abordaron un tren de la línea 12 para regresar a casa y descansar después de un día de jornada; unos acompañados por amigos o pareja, otros más viajaban solos, nunca imaginaron lo que minutos después iba a suceder.

El tren de la línea dorada emprendió marcha, a tan solo unos metros antes de la estación Olivos los pasajeros escucharon un estruendo que provenía de las vías por donde transitaba el tren, dos vagones se desplomaron en el aire; la escena parecía irreal ante los ojos de los espectadores y un cuento de horror para la gente que viajaba a bordo.

El ambiente se tornó tenso, una gran nube de polvo cubrió el lugar, el silencio se hizo presente por tan solo unos segundos, todo se detuvo y después el caos comenzó. La gente que caminaba sobre avenida Tláhuac, corrió para auxiliar a los heridos, "¡Se cayó, se cayó!, ¡Madre santísima, vamos a ayudar!, ¡Ayúdenlos a salir!" La gente gritaba desesperada, una vez más la solidaridad de los mexicanos dio muestra de su apoyo incondicional en los momentos de tragedia.

Raúl Alcántara, un peatón que presenció el momento exacto del debacle quedó inmóvil: “La verdad no sabía qué hacer, estaba impactado viendo lo que había sucedido, el polvo que se levantó entró a mis ojos, de pronto gritos de auxilio me hicieron reaccionar, por lo que corrí al lugar”

Comencé a gritar para llamar la atención de algunas personas que se encontraban bajo los escombros, al principio escuché tantos quejidos y gritos de ayuda que me espanté, pero poco a poco logramos liberar a algunas personas en lo que llegaban los servicios de emergencia

Exponiendo sus propias vidas, un ejercito de servidores públicos acudieron a la zona de la tragedia para intentar rescatar el mayor número de sobrevivientes. Foto: José Melton

LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

Vecinos de la zona corrieron a brindar apoyo, muchos de ellos arriesgando su vida. Los latidos se aceleraron, las caras de angustia se hicieron notar, muchos rogaban, incluso, rezaban porque ninguno de sus seres queridos se encontrara bajo las toneladas de fierro y escombros.

Con un notable golpe en la cara, desconcertado y en shock, quedó Felipe Bonilla, uno de los pasajeros sobrevivientes de este siniestro “Venía tranquilo, escuché un estruendo y todo se sacudió, mi vista se nubló y solo pude aferrarme a un tubo, gracias a eso salvé mi vida. Por un momento me desconecté de la realidad y cuando entré en razón lo único que pude hacer fue llorar.”

Familiares de Felipe Bonilla al exterior de la clínica Durango, lugar donde fue trasladado el sobreviviente y fue intervenido a distintas operaciones. Foto: Rogelio Tinoco

Arrastrándose y con poca fuerza salió de uno de los vagones desplomados, los gritos de auxilio de desesperación de las personas atrapadas retumbaban en su cabeza. Luego de ser valorado por paramédicos pudo retomar el camino a su casa, acompañado de sonidos de sirenas, en la periferia de la ciudad que esa noche fue noticia en todo el mundo.

Una reacción similar tuvo Luis Gustavo Rodríguez, en el camino el cansancio lo venció y se quedó dormido, esto ocasionó que se pasara una estación más de su destino, quizá la suerte le hizo una mala jugada.

Otra víctima mortal fue Liliana López, una joven madre de familia que regresaba de su trabajo como gerente en una tienda de ropa, antes del desplome alistaba sus cosas para bajar en la próxima estación Nopalera, donde su familia y su hijo esperaban ansiosos su llegada a casa. Lamentablemente, Liliana no volvió a convivir con sus seres queridos, su cuerpo quedó atorado de entre los escombros.

En otro punto de la escena se escuchaba, “Estoy buscando a mí hijo de trece años, por favor ayúdenme” una madre desesperada gritaba y lloraba entre el desorden, “Estoy buscando a mi hijo Brandon, nos avisó que ya estaba cerca de la casa, justo antes de que esto pasara”.

La mamá de Brandon, la víctima más joven de esta tragedia, es entrevistada por medios de comunicación, días después interpuso una denuncia penal en contra de distintos funcionarios, entre ellos a la actual jefa de gobierno y el canciller. Foto: Rogelio Tinoco


Efraín Juárez, se enteró por las noticias lo que ocurría en la zona de Tláhuac, anonadado por lo que estaba pasando se aproximó a la zona cero preguntando por su hijo José Juan y su nuera, pese a que no viajaban en el Metro la tragedia los alcanzó a bordo de su automóvil, el cual quedó debajo de una pesada estructura que sepultó toda esperanza de sobrevivencia.

LA REALIDAD SUPERÓ LA FICCIÓN

Al epicentro de la tragedia llegaron decenas de ambulancias y elementos de seguridad, una escena llena de desesperación, angustia y asombro, que aumentaba a cada instante al dimensionar la tragedia. “Ya los vamos a sacar, tranquilos”, “¿Quién está aquí?”, “Los estamos ayudando, ¿Cuántas personas hay aquí? respondan, por favor”, eran las expresiones de un ejército de servidores públicos que enfrentaba la mayor de las tragedias del transporte más popular de la ciudad capital.

La gente que sabía que algún conocido estaba a bordo del Metro esa noche, no podía creer lo que pasaba, sus corazones latían con fuerza, era incierto saber si estaban vivos o nunca más volverían a verlos sonreír.

Desconsolada y llorando se encontraba la madre de las hermanas Tania y Nancy Lezama, su angustia era doble, pues ambas jovencitas estaban en calidad de desaparecidas.

La cabeza de Tania quedó fuera de todos los escombros, solo escuchó gritos y vio como las luces del vagón se apagaron y todo se derrumbó; cuando pudo volver en si, solo percibía el olor del polvo y charcos de sangre que escurrían por todos lados.

“Sentí como unos cordones encima de mí, cuando traté de quitarlos y me di cuenta que eran las vísceras de alguien más, no podía creerlo, estaba muy asustada”.

Mientras tanto su hermana Nancy estaba atrapada, el tiempo pasaba y por más velocidad que los rescatistas pusieron en la búsqueda, los intentos fueron en vano, la joven de 22 años perdió la vida sumándose a las 26 víctimas mortales del accidente.

Otro testigo de la tragedia fue Miguel Córdova, quien presenció el momento exacto “Se vio como se vino abajo y se partió en dos, se hundió, una desesperación horrible de la gente, no le deseo a nadie esto”.

En la tranquilidad de la noche estaba junto a sus amigos, acostados bajo el puente donde comúnmente solían descansar a diario, “Eran más o menos como las 10 de la noche y se escuchó como si tronara un fierro, se cimbró la banqueta y solo alcance a correr, ni siquiera jalamos nuestras cobijas”.

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La tragedia sin precedentes prolongó por varios días las tareas de rescate, poco a poco se conocieron más detalles de las víctimas, gente trabajadora que utilizaban este medio por su rapidez, por su costo y por la calidad del servicio que se creía podía ofrecer. Incluso, por brindar una aparente seguridad que evitaba a sus usuarios ser víctimas de robos y asaltos, muy comunes en el transporte público de esa zona, por muchos años olvidada por las autoridades.

Tláhuac no será el mismo después de esta tragedia, mucho menos la vida de las 26 familias que perdieron a uno de sus integrantes, tampoco para 75 personas más que lograron sobrevivir y se recuperan de las heridas y traumas tras el colapso, del que hasta el momento no hay responsables presentados ante la justicia, pero que se exige los haya pronto.

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