Los amantes de Lucerna 84

Una vida de lujos, soledad y placeres dieron pábulo en el drama

Los amantes de Lucerna 84

La Prensa en Línea

Mercedes Cassola Meler vivía en una fastuosa residencia de la Colonia Juárez. Llegó a México procedente de su natal Barcelona siendo muy joven, acompañada de su esposo, el también hispano, Félix Herrán.

Los retratos de las páginas sociales de la época la daban a conocer como una mujer hermosa y dueña de incalculable fortuna, heredada de su padre.

En los años cuarenta los esposos se dedicaron a engrosar la herencia. Hacían prósperos negocios. Trabajaban demasiado y compraban todo lo que podían. Parecían felices.

Mercedes era estéril. Y su esposo nunca se lo reprochó. Y hacía lo imposible por darle una vida de placeres y comodidades a fin de llenar ese vacío por la falta de un hijo en el hogar.

A los tres años de casados, Félix conoció a otra mujer, se hicieron amantes y ella le anunció su embarazo. Entonces surgieron los disgustos entre los esposos. Llegó el divorcio y ella se hundió en un abismo de soledad y pena.

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La enorme casa de la calle Lucerna 84 se le venía encima con los recuerdos. Buscaba engañar a la férrea soledad a través de las diversiones que le brindaba su posición social. De algo le serviría todo su dinero. Pero ni las glamurosas fiestas, ni el coñac, ni la bohemia con trasnochadores la satisfacían.

En aquella época estaba de moda asistir al Frontón México. Y Mercedes comenzó a apostar en el jai alai. Incrementó su ya jugosa fortuna. Disfrutaba de lujos rodeada del jet set de aquellos años. Pero al final, nada la satisfacía.

En el frontón conoció Mercedes a Ycilio Massine, a quien le doblada la edad. Y comenzó así un amor rentado. La compañía a cambio de un cheque. La millonaria española le cumplía todos sus caprichos.

Los amantes planearon un viaje a España. Pero antes pararían en Las Vegas, donde apostarían fuerte cantidad de dinero.

Un día antes de salir rumbo al aeropuerto, fueron a cenar y luego regresaron a la mansión de Lucerna para hacer su equipaje, pero ya no lo usaron jamás… al día siguiente fueron encontrados sin vida en una escena de horror: fueron apuñalados con saña inaudita.

Nadie se explicaba quienes eran los asesinos porque la torpeza de algunos agentes borró huellas dactilares que pudieron aclarar el doble crimen.

Pero el experto detective del Servicio Secreto, Mauro Morales, aseguraba que los autores de aquella masacre fueron el gángster cubano, Tony Espino y su banda, quienes en los años cincuenta aterrorizaban todas las esferas de la sociedad. De hecho, la banda de Tony desplumaba a políticos, artistas y hombres de negocios a las puertas del Frontón México.

Era fácil suponer que Mercedes, nada discreta, fue vista muchas veces apostando y ganando mucho dinero en el Frontón México. Y ahí se movían y orquestaban muchos golpes hamponiles.

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Lo que la policía nunca investigó es que Tony Espino vivía atrás de la casa de Mercedes y que años atrás fue su chofer y cobrador de facturas y rentas. El señor hablaba cuatro idiomas y era muy hábil para introducirse en altos círculos sociales. (Tony Espino murió asesinado a tiros cuando purgaba una condena en Lecumberri, en 1962).

Los detectives hallaron en la casa de Mercedes una botella de coñac y varias copas. Las cerraduras de las puertas no fueron forzadas. Las víctimas conocían a sus verdugos. Se supo que fueron torturados antes de morir, quizá para que dijera la millonaria dónde tenía su dinero. Pero aquella fortuna estaba en cajas de seguridad bancarias.

También se manejó la hipótesis de la venganza pasional, al creer que Ycilio tendría un amante despechado que pagaría por el doble crimen.

El caso de los amantes de Lucerna 84, aquella madrugada del 13 de septiembre de 1959, quedó en el más oscuro misterio.

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