Juana Barraza, la mataviejitas

La Prensa en Línea

Era considerada una persona tranquila y reservada

Juana Barraza fue una asesina profesional. No estudió para llegar a ser lo que fue, simplemente a veces uno se tiene que ensuciar las manos para lograr sus objetivos, así sean siniestros. El porqué de sus crímenes sólo ella lo sabrá, y quizá un Dios a quien no se le escape nada, porque como ella misma lo declaró: “Hay un Dios, y Dios tarda, pero no olvida”. Siempre supo cómo acabaría su historia.

Lo cierto es que -y no es justificación- Juana refirió que su niñez fue un martirio. Su madre fue una alcohólica consuetudinaria que la intercambió por tres botellas a un sujeto mayor, quien la mantuvo sometida y la violó… Como consecuencia de ese abuso concibió un hijo.

Con el paso del tiempo Juana intentó llevar una vida normal, manteniendo en silencio el pasado, que jamás desaparecería.

Contrajo nupcias en dos ocasiones y procreó a tres hijos más, pero siempre el destino le exigió como pago el sufrimiento; por lo cual, sobrevino el asesinato de su primer hijo. La vida se ensañaba con la dama.

Pese a todo, Barraza intentó sobreponerse. Así pues, se desempeñó como afanadora, vendedora y luchadora. Y probablemente debido a su aspecto físico varonil, su 1.75 metros, y a causa del abuso sexual, psicológico y violación que sufrió, Juana trató de desahogar ese resentimiento de maltrato o rechazo social de alguna manera: asesinando.

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Finalmente, luego de ser buscada y por sembrar el terror durante años, el 25 de enero de 2006 se cometió un error y fue arrestada por el homicidio de Ana María Reyes Alfaro, de 82 años de edad.

Entonces confesó que al menos había acabado con la vida de otras 10 mujeres mayores.

Fue gracias al inquilino de la última víctima que se logró la captura de esta delincuente, que se hacía llamar La Dama del Silencio; coincidencia entre su oficio en los encordados y en su lucha contra la vida como “Mataviejitas”.

Aquel día había salido Barraza en busca de una nueva víctima. Abordó a la señora Ana María en la calle y la acompañó hasta su hogar, hablándole astutamente, para ganar su confianza.

Luego, ya en el domicilio de la occisa, Juana Barraza ofreció sus servicios, pero al recibir esta respuesta: “todavía después de que son unas gatas quieren ganar el doble o más”, “La Mataviejitas” se abalanzó sobre la mujer para culminar un crimen más.

No obstante, cuando salía a toda prisa de la casa de la occisa para darse a la fuga, el inquilino llegaba; y al entrar y ver el cuerpo de la señora tendido, pronto salió tras la asesina, pidiendo el apoyo de elementos policiacos, quienes después de una breve persecución la detuvieron.

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Después de la detención se compararon sus huellas digitales en la base de datos de la AFIS, con lo cual se corroboró su participación en otros asesinatos.

Asimismo. sus características físicas correspondieron con las del busto realizado por peritos en retrato hablado, fotografía y antropología en la PGJDF.

Tal como lo informó LA PRENSA en su edición del 26 de enero de 2006: “Cínica, sin arrepentimiento, contradictoria, retadora e invocando a Dios”, Juana Barraza Samperio confesó que ella era la responsable de haber estrangulado a casi una docena de mujeres de la tercera edad. No obstante, queda en la duda a cuántas más habrá matado antes de convertirse en un depredador serial

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