Prensa, realidad e historia

Foto: Archivo La Prensa/ Manuel-Buendía en sus días de reportero trabajando en la mejor tradición de La Prensa: en contacto directo con la gente

Prensa, realidad e historia

La Escuela del Reportero

Juan José Rodríguez

 

La mejor escuela para el joven periodista es la sección policiaca. Ahí está la realidad dentro y fuera de la redacción. Para empezar, no hay boletín alcahuete sino la frialdad del parte oficial. Datos duros, directos, crudos, a veces legales y legaloides: accidente vial, dos adultos mayores, edades, tipos de lesiones y demás datos de los que el redactor debe exprimir la realidad, sin fantasear y dar justicia a la hora de recrear el suceso. Y debe hacerlo rápido porque urge que se ponga a trabajar las prensas, las rotativas o lo que sea que dé forma de papel y tinta a la noticia. Pero la prensa siempre es La Prensa.

El reportero de nota roja también tiene que aprender y prender a sus lectores con verdaderos conocimientos legales. Desde aprender a traducir las descripciones forenses de los partes (¿qué es un cuerpo en decúbito supino?) hasta saber la diferencia entre una violación o estupro si la nota informa de un abuso sexual. Tampoco dejarse sorprender por las argucias inevitables para disimular un delito cuando hay acuerdo

En América del sur está disciplina se le llama Periodistas Judiciales porque cubren precisamente asuntos jurídicos en proceso… aquí en México no aplicamos esa denominación por la existencia simultánea de una Policía Judicial, que obtuvo ese nombre para diferenciarla de la Preventiva, a la que un gobierno presidencial desapareció cambiándole el nombre por Ministerial.

Agustín “EL Chino” Pérez Escamilla, uno de los primeros fotoreporeros, maestro de varias generaciones

Agustín “EL Chino” Pérez Escamilla, uno de los primeros fotoreporeros, maestro de varias generaciones

La Prensa: el nombre genérico del verdadero periodismo evoca a las imprentas de palancas, de tipos movibles de plomo que se guardaban en cajones estilo mostrador y el olor dulzón de la tinta y la grasa para mantener los tornillos en acción, entre un extinto aroma de cigarrillos. No pocas veces el reportero llegaba con su nota a mano para dictarle al linotipista, oficio perdido con la aparición del offset y la composición electronica. No faltaban ocasiones que el propio operador del linotipo o el cargador de rollos de papel marca PIPSA sabía más de la tragedia transcrita que el propio reportero, azorado de que la realidad acampase también en los talleres de casa.

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Aparte de mi trabajo como autor de novelas policiacas, me he desempeñado como historiador y dejado parte de mi vida en archivos. Aunque buscase hechos de tipo político o social, leer en diarios del ayer la sección policial ayuda a entender que tipo de sociedad queremos entender. En mi Mazatlán querido me imponían ternura los reportes sobre diversos fantasmas aparecidos en casas donde hubo un crimen, quejas por hombres desnudos que corrían por las calles o hasta la irrupción de “un fantasma sin cabeza con ojos verdes”. En los años cuarenta se hablaba de “Mercaderes furtivos de adormidera” en vez de “narcotraficantes”. Si, la realidad estuvo siempre en las prensas, aunque fuera para revelar la inocencia o ignorancia de una población donde los crímenes no eran comunes o se daban solo en áreas rurales.

El nombre de Prensa sobrevive en otros idiomas, sea “Press” en ingles o en italia “Stampa”, aunque aquí las palabras estampa y estampador se fue más por las imágenes gráficas. Otros genéricos como “Televisión” ya agonizan ante las “pantallas” y decir fonógrafo suena a tocadiscos con bocina de margarita en casa de la bisabuela, a pesar de que el termino es correcto para definir un reproductor de sonido.

En México, la prensa sigue siendo el diario LA PRENSA y para muchos lectores, solo lo que se ven en La Prensa es auténtico, ya que el genocidio cultural de las redes sociales cunde como un desafío a la credibilidad. Noventa años son un buen principio.

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