Los dinamiteros, Infierno en el aire

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Los dinamiteros, Infierno en el aire

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Infierno en el aire

Francisco Sierra estaba casado con Esperanza Iris, La Reina de la Opereta

Todo estaba listo en 1952 para el despegue del avión DC3 de la Compañía Mexicana de Aviación. Era una mañana nublada de septiembre en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Nadie se imaginaba que dos mentes siniestras tenían en la mira a aquel vuelo. Se trataba del barítono Paco Sierra y Emilio Arellano Schetelige, su cómplice en aventuras ilícitas y con negro historial. Además era experto en explosivos. Habían preparado un plan macabro para obtener mucho dinero.

Entre los pasajeros de aquel avión viajaba un grupo de personas engañadas por el par de bribones. Les prometieron que trabajarían en Oaxaca en obras ferroviarias. Paco y Emilio pusieron una bomba en la aeronave. Pero antes les hicieron comprar a los incautos seguros de vida mañosamente elaborados. Se nombró como beneficiarios a gente de confianza de Paco Sierra, de tal modo que los criminales cobrarían las pólizas, que sumaban dos millones de pesos de la época.

El aparato explosivo fue preparado para estallar una hora después del despegue, cuando el avión iba a mitad de camino rumbo a Oaxaca, y hacer creer que se trató de un accidente debido al mal tiempo.

Foto: Archivo La Prensa

Eran otros años los cincuenta. No había atentados ni medidas de seguridad extremas. Las maletas no se revisaban.

En aquellos días Paco estaba casado con Esperanza Iris, La Reina de la Opereta, a quien le doblaba la edad. Él tenía 42 años de edad y Esperanza 64.

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Paco Sierra era un hombre muy ambicioso. Le gustaba el dinero, pero sobre todo, conseguirlo sin mucho esfuerzo. Amaba la buena vida, los lujos y comodidades que le otorgaba Esperanza, pero él quería más, mucho más, lo suficiente para librarse de la tutela matrimonial de Esperanza. Ya no quería depender más de ella, económicamente.

Llegó la hora. El reloj marcaba las 7:45 de la mañana. La bomba fue guardada en una petaquilla que llevaría, sin darse cuenta, un tío de Emilio Arellano, a quien invitaron, también engañado, a trabajar en aquellas obras.

No contaban los dinamiteros con que la aeronave saldría con 45 minutos de retraso. Y cuando el DC3 no llevaba ni media hora de vuelo y todavía no llegaba a su máxima altura, ¡estalló la bomba! Hizo tremendo boquete en el compartimiento de equipajes.

Todo era un caos entre la tripulación. La azafata trataba de tranquilizar a los pasajeros angustiados que se veían morir. El copiloto tapaba el hoyo con maletas para evitar que el aire dificultara las maniobras en la cabina de mando. El capitán hacía lo imposible para mantener el control de la nave. Fueron 20 largos minutos que se hicieron una eternidad en un cielo totalmente brumoso. La radio se descompuso. El experimentado piloto sabía que no podía regresar a México porque la nave no resistiría dar la vuelta y Veracruz tampoco era opción porque estaba lejos. De pronto divisó el aeropuerto militar de Santa Lucía y hacía allá se dirigió. Su pericia puso al avión y su tripulación a salvo.

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Hubo varios pasajeros quemados y uno que se lanzó al vacío y murió al caer en un paraje veracruzano.

Finalmente, después de arduas investigaciones se descubrió la complicidad de Sierra y Arellano en aquel atentado dinamitero. Fueron encerrados en Lecumberri y ambos se echaban la culpa en diversos careos.

Y así, Paco Sierra, quien quería convertirse en el mejor cantante de ópera, el más rico, fue por 18 años el mejor cantante de las cárceles mexicanas. Intensificó su labor cultural en el penal. Tenía grupos musicales, coros, elencos teatrales y hasta mariachis.

Esperanza Iris iba a visitarlo a Lecumberri. Agotó todos sus esfuerzos y dinero para que sus abogados libraran a su esposo de aquel encierro, pero todo fue inútil. La diva de la ópera murió en 1962, estando preso Paco Sierra, quien 9 años después salió libre, en noviembre de 1971.

Volvió a casarse y tuvo cinco hijos. Paco Sierra murió en 1988 sin haber logrado sus sueños como estrella del canto.

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