¡El Nuevo Periodismo Judicial viene a desafiarte!

En la gráfica David Joe Kaplan escucha en el Penal de Santa Martha la lectura de los cargos en su contra: Foto Archivo gráfica La Prensa

¡El Nuevo Periodismo Judicial viene a desafiarte!

Cambiar el modelo mental de la nota roja

Marco Lara Klahr

Ya que las pruebas materiales eran inciertas o contradictorias se ha recurrido a pruebas mentales, y ¿dónde obtenerlas si no en la propia mentalidad de los acusadores?

Roland Barthes [Mitologías]

Durante casi cuatro décadas, sabiendo que soy periodista de seguridad y justicia abundan preguntas así: “¿Qué opinas de los descabezados?”, “¿Qué es lo peor que te ha tocado?”, “Cuándo has sentido más miedo?”, “¿Qué se siente estar con asesinos, mareros, violadores?” o “Seguro tienes muchos amigos policías, ministerios públicos y jueces, ¿eh?”.

Aunque hacen añicos mi ya frágil paciencia, opto por no responder, apenas gruñir o soltar entre dientes que no opino ni he visto ni temido nada, ni cultivo tales amistades.

He reflexionado que todo esto se debe, en parte, a que prevalece el modelo mental de la nota roja, según el cual periodismo es el “oficio” de buscar tragedias, sopesar su dosis de brutalidad, maquilarlas en el conocido cúmulo de clichés y publicarlos, todo con supuestas motivaciones como “la pasión”, “denunciar a los delincuentes”, “para que se sepa lo que hacen”, “vender noticias”, satisfacer el “morbo” o “es mi chamba”.

Esa nata justificatoria pretende invisibilizar conductas antiéticas o francamente delictivas de colegas: Desde “litigadas” para “librar” o “hundir” a personas en custodia, o instrumentalización por parte de instituciones con pagos en dinero o especie ―filtraciones, fiestas y rifas, empleos o aviadurías, créditos inmobiliarios, autos “recuperados”, concesiones o placas de taxi, mariguana y cocaína, o armas―, hasta cometer extorsiones y golpizas contra personas detenidas, que llegaron, al menos en un caso de los ochenta, al homicidio; alterar escenas o manipular cuerpos “para la cámara”, acceso a interrogatorios, e intervención en tortura policial o ministerial.

En fin, uno de los poderosos referentes del modelo mental mencionado es La Prensa, que tras nueve décadas, cuando varios medios han sido desplazados o transitado al ámbito digital, destaca en el mercado, habiendo establecido un canon que solo halla parangón con el Alarma! de los sesenta-ochenta del siglo XX.

Todo esto nos ha determinado profesionalmente y a mí me ha motivado, con parte del gremio y la sociedad civil organizada, a proponer desde la década anterior una perspectiva que he llamado Nuevo Periodismo Judicial, fruto de la mezcla entre teoría, ética, marketing social y práctica, y cuyo marco deontológico presupone el respeto a la ley y los derechos humanos.

La meta: apurar la extinción de la nota roja, frame de noticias por cierto nada privativo de la idiosincrasia mexicana, como suele repetirse ―bajo diferentes denominaciones ha existido en todos los países desde los orígenes del periodismo y la industria noticiosa, entre los siglos XVII y XIX―; criminalizante y discriminatorio; atentatorio contra el derecho a la información, al difundir fake news; vejatorio de quienes protagonizan sus notas; que confina al periodista y al medio al aberrante papel de apéndices del sistema penal abusivo, corrupto, violador de derechos e ineficiente que hoy tenemos en México; inhibitorio del periodismo profesional y que pone en riesgo nuestra integridad y nuestra vida.

El Nuevo Periodismo Judicial se ha desarrollado en paralelo y es parte de la construcción del paradigma de justicia penal acusatorio vigente. Por eso hoy, aquí, desafía a La Prensa como empresa y medio, a ser capaz de modernizarse y honrar al periodismo, abandonando su perspectiva medieval de la seguridad y la justicia, hasta convertirse, con su poder de incidencia masiva, en instrumento social para el derecho a la información, la fiscalización ciudadana del sistema penal y la construcción de paz. Si no, irá extinguiéndose fatalmente con la propia nota roja.

¿Cómo empezar? Dejando de lucrar con noticias sobre acusaciones penales sustentadas en “pruebas mentales”, al menos verificando la veracidad de la información. “¡Eso no deja”, repararía cualquier colega. Miente. La seguridad y la justicia, como se informen, serán siempre de primer interés del público.