El estrangulador de Tacuba

LA PRENSA en Línea

Sentía odio y repugnancia hacia las mujeres desde que su esposa le fue infiel

Estuvo preso 34 años en el Palacio Negro de Lecumberri; salió libre en 1976

Olía a muerte aquella tarde de septiembre cuando fueron desenterrados uno a uno los cuerpos de cuatro jovencitas en el jardín de la casa 20 de Mar del Norte, en el barrio de Tacuba.  Nadie daba crédito a los horripilantes hallazgos que dejaron al descubierto la maldad y locura de un hombre que se convirtió en uno de los primeros asesinos seriales del México de aquella época: Goyo Cárdenas, también conocido como El Estrangulador de Tacuba. Era el año de 1942.

Todo comenzó con la búsqueda de la joven Graciela Arias, desaparecida después de asistir a clases en la Prepa 1. Se supo entonces que tenía un amigo y pretendiente, Gregorio Cárdenas Hernández.

Goyo era brillante estudiante de la facultad de Ingeniería Química en el Politénico.

Al ser capturado, Goyo dijo que había matado a Graciela en un arrebato de celos a bordo de su automóvil después de que la recogió en la escuela para llevarla a su casa. Las otras chicas asesinadas eran prostitutas, a quienes estranguló en su laboratorio, después de practicar con ellas experimentos sexuales.

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Al ser interrogado por la policía, Goyo dijo que desde su divorcio había declarado la guerra al sexo opuesto. Su esposa le había sido infiel y desde entonces sintió odio y repugnancia hacia las mujeres.

La sociedad se indignó con sus crímenes, exigían su linchamiento. Aunque, por otro lado Goyo despertó en algunas mujeres una extraña curiosidad.

Muchas lo admiraban, pues se convirtió en un personaje famoso. Hacían fila para visitarlo en Lecumberri y hasta se ofrecían para lavarle su ropa y llevarle comida.

Goyo estuvo recluido en el tristemente célebre Palacio Negro, así como en La Castañeda, que era el manicomio de la ciudad. Escapó y fue capturado en Oaxaca. Pasó más de 30 años encerrado y fue sujeto a agotadores estudios psiquiátricos.

En prisión aprendió leyes, música, idiomas y ayudó a muchos presos a salir de prisión sin cobrarles un sólo centavo. También estudió medicina y psiquiatría.

Goyo Cárdenas abandonó la cárcel el 7 de septiembre de 1976, precisamente al cumplirse 34 años de las exhumaciones de los cuatro cadáveres en su casa de Tacuba.

Se casó y tuvo hijos y vivió en forma ejemplar hasta el día de su muerte. No volvió a ser noticia policíaca, sin embargo, su nombre quedó registrado como parte de una de las historias más impactantes en los anales de la criminalística en México.

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