(Video) Los onces: La historia de la época dorada de la nota roja en México

La Prensa en Línea

Andrea Pérez, Estefanía Meré, Guadalupe Bustamante y Sandra Lucía Moreno

Nadie dijo que fuera fácil cubrir la nota roja, ver a las personas en el peor día de su vida, observar cómo desconocidos lloran sobre el cadáver de un ser querido tendido sin vida en la vía pública, al interior de su automóvil, de su domicilio o ver cómo terminan con su vida.

Desde novatos, hasta experimentados reporteros se aventuraban día a día a cubrir estas emergencias a bordo de las llamadas R11, ambulancias que la Cruz Roja Mexicana designó especialmente para ellos, con el fin de hacer un poco más sencilla la labor de llevar la nota y la imagen del día.

Desde su instauración hasta el año 2003 cuando está emblemática ambulancia dejó de dar servicio varios fueron los nombres que dejaron su huella en ella, como Enrique “El Niño” Metinides, quien creó las claves que actualmente se utilizan y al grupo de los Onces.

Los famosos onces eran un grupo de reporteros y fotógrafos que sin importar el riesgo que corrían al cubrir la nota policiaca, destacaban por capturar el momento perfecto de la escena del crimen, del accidente y tragedia.

Los otros rostros detrás de la ambulancia fueron el comandante, Heriberto Escalera y el paramédico, Salvador Gudiño, quienes además de convivir con los reporteros, vivieron, sufrieron y manejaron la R11.

El auge de los onces y la Cruz Roja

En el apogeo de los onces, la Cruz Roja desempeñó un papel muy importante, al brindar apoyo a reporteros y fotógrafos de la nota policiaca para trasladarlos a la emergencia y lograran obtener la imagen del día.

El comándate, Heriberto Escalera, fue en ese tiempo una de las personas que convivio muy de cerca con ellos, ya que como lo recuerda, estuvo presente en varios eventos importantes en los cuales además de ser socorrista fue espectador del intrépido trabajo que los onces realizaban en cada cobertura.

El comándate Escalera, tiene varias vivencias como socorrista que lo han marcado, ya que no sólo los onces se concretaban en sacar foto, además apoyaban algunas veces en labores de rescate.

Tal como sucedió un 6 de enero de 1980, cuando dos profesores y 20 niños murieron al ser atropellados por un camión de carga, en el bosque de Nativitas.

“El camión se quedó sin frenos al subir una cuneta, su fue en reversa y sucedió la tragedia”, declaró.

Otro suceso fue el terremoto del 85, cuando el trabajo se multiplicó y se incrementó la demanda de fotógrafos, reporteros y ambulancias; Heriberto recuerda las pesadas jornadas a lo largo de tres meses.

No cabe duda de que reportear la emergencia era una labor importante, pero había que llegar al lugar del siniestro y para eso se requería de un conductor ágil, como Salvador Gudiño, quien fuera por seis años chofer de los onces.

Chava recordó cómo fue su primer servicio con ellos y aunque confesó sentirse nervioso en ese momento, supo llevarles el ritmo.

“Íbamos a una balacera en Vallejo y los onces estaba medio ‘pitis’ o ‘exaltaditos’ porque querían que se les manejara de cierta forma la ambulancia, para llegar al lugar de los hechos”.

Dentro del grupo de reporteros que hacían equipo con la Cruz Roja destacaron figuras como Enrique Metinides y Carlos Peláez quienes además de trabajar para “La Prensa” fueron pilares importantes dentro de los onces.

El fotógrafo, Metinides fue el creador de las claves que permitieron una comunicación más directa entre servicios de emergencia, la cual consistía en un lenguaje codificado.

Enrique Metinides, su vida a través de una cámara

México es de los pocos países que cubre la fuente policiaca en todos sus matices, el crimen pasional, el asalto y accidentes de todo tipo son los que se ven a diario desde hace noventa años en las páginas de La Prensa.

Enrique Metinides fue el pionero en hacer fotografía de nota roja y gracias a él surgió la idea de los once y de las claves que actualmente la Cruz Roja usa para comunicar e identificar las emergencias.

Metinides revolucionó la manera de cubrir la fuente policiaca, su estilo fue adoptado por los reporteros y fotógrafos de la época. En los años 70 los únicos que utilizaban claves para reportar las emergencias era la Policía Federal de Caminos, la Cruz Roja no tenía códigos y la noticia de una muerte era impactante para el público y los familiares del herido o víctima.

“Estábamos en un accidente de un niño atropellado que había fallecido y cuando el socorrista dio la noticia de que había muerto, una señora que estaba cerca se desmayó de la impresión” dijo al resaltar que a raíz de este evento surgió la idea de que la Cruz Roja tuviera una comunicación codificada y ágil.

Aunque parecía complejo, en realidad crear las claves para Metinides fue algo muy sencillo, ya que se guío por pruebas de sonido y utilizaba las palabras que mejor quedaron con el tipo de emergencia, así surgieron las 75 claves que hasta hoy utiliza la institución que desde 1910 presta auxilio a la población que se encuentre en riesgo.

“En una ocasión un paramédico me preguntó que cómo podríamos saber si el accidente fue grave o se trataba de alguna persona quemada y le dije que para no complicarnos 5 era una persona herida más la primera letra de la palabra que era Q”.

Podría pensarse que existe una historia extraordinaria detrás del apodo de los once, para los reporteros y fotógrafos de policía, pero de acuerdo con Metinides, el once fue un número que se le ocurrió para identificar a la gente de prensa en la Cruz Roja.

Enrique Metinides, apodado como “El Niño”, inició su carrera desde los nueve años, inspirado en las películas de gánster, decidió salir a las calles a inmortalizar los accidentes que acontecían en la ciudad. Fue entonces cuando Antonio Velázquez “El Indio”, fotógrafo de La Prensa le llamó la atención que un menor con cámara en mano retratara lo que sucedía y lo invitó a colaborar en el periódico.

“Gracias a un accidente que ocurrió en San Cosme, el fotógrafo Antonio Velázquez se acercó a mí, y me dijo que visitará la redacción del periódico para mostrarle las fotografías que había tomado”.

La historia de Metinides como fotógrafo comenzó y sus imágenes llegaron a ser la primera plana del periódico.  

“A los 11 años estaba en la estación de bomberos esperando que ocurriera alguna emergencia, cuando sucedía, me iba con ellos, me subían en sus hombros para que pudiera tomar la fotografía y salieran en la portada”  

La gran oportunidad se presentó cuando a Enrique con tan sólo doce años le ofrecieron que estuviera de planta en la Cruz Roja para retratar todos los accidentes de la Ciudad de México.

“Fui el primer fotógrafo de toda la república mexicana en estar de planta en la Cruz Roja y para poder subirme a la ambulancia me capacitaron y me dieron mi credencial de socorrista.”

Su amplia experiencia en el campo policiaco hizo que su trabajo marcará un antes y un después en la forma de reportear y fotografiar los hechos de esta fuente, los periódicos comenzaron a imitar su trabajo, la nota policiaca como él afirma que en realidad se llama, tuvo una época de oro.

Actualmente Enrique Metinides está retirado, sin embargo, no pasa un día que no recuerde sus andanzas en el campo de batalla, el considera que tiene más vidas que un gato y asegura que su edad real es de 133 años, por los 19 accidentes que sufrió durante su carrera y las siete vidas que según, tienen los felinos.  

 

Carlos Peláez, a la orden en la emergencia

Carlos Peláez además de haber sido fotógrafo de La Prensa por 46 años, fue uno de los primeros en formar parte de los once, su vida estuvo marcada por el riesgo que involucraba cubrir la nota policiaca, desde accidentes como caer de un helicóptero, hasta ver morir a socorristas.

Como fotógrafo de nota roja, uno nunca se imagina ser protagonista del hecho, sin embargo, durante sus andanzas Peláez se volvió la portada del periódico cuando vivió en carne propia la volcadura de la R-11 con él y sus compañeros dentro.

Una mañana, la emergencia se presentó y los onces como acostumbraban abordaron su ambulancia, pero el destino les tenía una jugarreta. A la altura de Avenida Chapultepec para salir a Reforma, un conductor les chocó por atrás y provocó que el vehículo de la Cruz Roja perdiera el control y sufrieron el percance.

Con una mano lastimada y con cámara en mano, Carlos no dudó y el amor a la profesión hicieron que tomara la imagen del propio accidente del que alcanzó a librar la muerte.

Al día siguiente su fotografía fue la portada de “La Prensa” y otros periódicos.

“Quedamos prensados todos los que íbamos atrás en la ambulancia, gritabamos a la gente que nos ayudara y no fue hasta que el mesero de un restaurante que se encontraba enfrente del lugar del accidente nos abrió las puertas para salir” añadió, que sin revisar su estado físico lo primero que hicieron fue tomar fotos del suceso.

El trabajar cerca de la muerte, no te asegura que te salves de ella o que tengas que ver morir a quien aprecias y así sucedió cuando Carlos acudió con socorristas a cubrir un accidente en la México-Pachuca, cuando la flaca se le volvió a cruzar en su camino y un joven en su automóvil atropelló a tres socorristas y uno de ellos perdió la vida.

“Un jovencito venía con la novia en el carro, al ver a la Cruz Roja se espantó porque no traía licencia y al tratar de esquivarlos perdió el control y se fue contra nosotros. Gracias a mis reflejos no terminé atropellado y logré capturar el momento.”

Al pasar de los años, el grupo de los once se disolvió, pero marcaron un estilo en la manera de cubrir la nota roja.

Jaime Llera y el peligro de la nota policiaca

Actualmente la forma de trabajar la fuente policiaca ha cambiado por la legislación, sin embargo, Jaime Llera fotógrafo de La Prensa recordó cómo fueron los últimos años de los onces.

“La Cruz Roja nos dio muchas facilidades para cubrir los accidentes, nos trasladaban, nos dejaban tomar fotos y además recibíamos una capacitación de primeros auxilios, ya que no sólo cumplíamos con nuestra labor, sino que también auxiliábamos a la gente involucrada en el accidente”  

Aunque los reporteros coinciden que cubrir los aconteceres diarios es toda una experiencia, los accidentes son parte de los gajes del oficio y Jaime tuvo que lidiar con un fuerte choque que además de lesiones físicas, le marcó la vida, pues la muerte de un compañero hizo que cambiara su forma de trabajar en el periódico.

“Cubrimos la visita del Papa Juan Pablo II y mi compañero Alejandro Sánchez y un servidor viajábamos en motocicleta, cuando un camión nos arrolló. Desgraciadamente, mi colega falleció en el lugar y a mí me trasladaron al hospital de la Magdalena de la Salinas.”

Aunque perdió a un compañero, Jaime tras las heridas físicas y emocionales logró reincorporarse a su trabajo y continuar con el amor a su arte, la fotografía policiaca.

Con la llegada de nuevos gobiernos al país, el sistema penal acusatorio fue cambiando, por lo que fotógrafos y reporteros gráficos tienen más restricciones para cubrir accidentes, asesinatos, suicidios, e incendios que se registren en la Ciudad de México.

“Con el nuevo sistema, las personas que sufran una desgracia ya no pueden ser publicadas como antes, es decir, sus rostros, ni sus nombres, se pueden dar a conocer y principalmente a los niños son los que más protegen”.

Jaime Llera señaló que no le espera un buen futuro a la nota roja, porque conforme las autoridades del país protejan la identidad de las víctimas, posiblemente los compañeros de periódicos policiacos terminarán por dibujar las escenas del crimen y esa adrenalina que se sentía al subirte a la ambulancia, los nervios de ver el cuerpo de una persona y las ganas de captar la mejor imagen se irán acabando.

Muchas son las historias de los reporteros de nota roja que viajaron en esta ambulancia, son años de historia que nadie podrá plasmar en un periódico, años de experiencias, de buenos y malos recuerdos.

Desgraciadamente, la R11 pasó a ser historia por el aumento de las necesidades de los reporteros, el mantenimiento de este vehículo resultó cada vez más caro, el tráfico aumentó en esta enorme y caótica ciudad, además de que las motocicletas vinieron a remplazarla y la legislación se volvió más dura en cuanto a la cobertura de estos sucesos.

La nota roja es una fuente que pide amor al arte, nervios y un estómago de acero para permanecer en las peores escenas y sobre todo, requiere del valor para hacer el trabajo que muestra la cara menos amable del periodismo, que retrata situaciones en las que la muerte está observándote a los ojos sin que te des cuenta.