Una ‘dreamer’ surcoreana, en pie de lucha contra Trump

Foto: dreamer-surcoreana-AFP

Una ‘dreamer’ surcoreana, en pie de lucha contra Trump

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Los Angeles, Estados Unidos | AFP | Jiho Yu se siente “prisionera” en Estados Unidos, el país que llama hogar, pero del que no puede salir: es indocumentada… o más bien “DACAmentada”, y parte de una incansable cruzada por la legalidad en la que el presidente Donald Trump es el principal obstáculo.

Beneficiaria del programa DACA, que otorga un permiso temporal de trabajo a jóvenes indocumentados traídos de niños al país y que Trump derogó, Yu llegó a los cinco años con sus padres a Los Ángeles, en avión desde Corea del Sur.

 

Hoy tiene 19 y de aquella aventura recuerda poco o nada. Tampoco tiene una imagen propia de su país, de su bisabuela que ya murió o el resto de su familia, que conoció por fotos y ahora ve por la pantalla de su celular.

 

No eligió esta vida, pero tampoco le recrimina a sus padres.

 

“Muchas familias de inmigrantes vinimos a Estados Unidos por las oportunidades. Mi mamá viene de una familia muy pobre” y “quería que yo pudiera explorar opciones de vida”, cuenta a la AFP esta “dreamer”, como también son llamados los beneficiarios del programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA del inglés).

 

Jiho mira atrás y ve la niña penosa que era, la que evitaba hablar de su estatus migratorio porque, como su madre le repetía siempre, podía llevarla a la deportación.

 

Nada que ver con la muchacha activa de hoy, que colabora con organizaciones de inmigrantes, no se pierde una manifestación y que se disfraza de cocodrilo para la reunión en Halloween del club que dirige en su universidad para apoyar a otros chicos que, como ella, no tienen papeles.

 

La llegada al poder de Trump -que desde el martes está en Seúl en una visita de Estado- la obligó a familiarizarse con las leyes, con sus derechos.

 

– “Privilegiada” –

 

Trump ganó las elecciones con un fuerte discurso anti-inmigrantes, que incluye la promesa de deportar a los 11 millones de ilegales y construir un muro en la frontera con México.

 

Pero esta chica de cuerpo menudo, ojos rasgados y cabello teñido de amarillo no calza en el estereotipo de inmigrante ilegal en Estados Unidos, usualmente de origen hispano, en la mira de la policía migratoria ICE.

 

“No quiero sonar a que soy privilegiada, pero en buena parte lo soy”, indica Jiho. “Como soy asiática-estadounidense, la imagen que tienen de mí es la de una buena estudiante que no está en drogas, crecí sin miedo a que el ICE tocara a mi puerta”, señala.

 

Trump ya arremetió contra muchos países de mayoría musulmana -a cuyos ciudadanos quiere prohibir la entrada al país- y de América Latina, principalmente contra los mexicanos, a los que ha llamado criminales, violadores, asesinos y narcotraficantes.

 

El mandatario, que dio más poder al ICE, puso fin al DACA, y el lunes al Estatus de Protección Temporal (TPS) para Nicaragua, con Honduras próxima en la lista.

 

Jiho es una de 7.310 surcoreanos amparados por DACA, creado en 2012 por el presidente Barack Obama; la mayoría son mexicanos: 548.000 de los 689.800 hoy.

 

– “Prisionera” –

 

Esta joven estudiante de sociología participó de una reunión con la líder demócrata en la Cámara baja del Congreso, Nancy Pelosi, para presionar porque la ley “DREAM Act”, para legalizarlos de manera permanente, sea aprobada después de múltiples fracasos.

 

Si ocurriera, no duda que lo primero que haría sería viajar.

 

“Iría a cualquier lugar, hoy me siento prisionera”, asegura la joven cuyo DACA vence en 2019.

 

Los padres de Jiho están separados. Ella vive con su madre, que sin papeles se gana la vida vendiendo cosméticos y que tal vez la única vez que se arrepintió de emigrar fue cuando lloró a la distancia la muerte de la abuela que la crió. Estaba devastada.

 

Ambas consultaron abogados -“carísimos”- sin éxito. Jiho incluso intentó alistarse en el Ejército, lo cual le hubiera facilitado conseguir los papeles. Pero después de pasar varias etapas, no entró: no había más vacantes.

 

Cuando Trump ganó hace un año, ambas bromeaban sobre volver a Corea, una de las economías más prósperas del mundo.

 

“Pero mi mamá no se da por vencida”, dice. “Quiere quedarse aquí y trabajar duro hasta que tengamos nuestra ciudadanía”.