Cineasta Julio Bracho, presente en el FICM

Foto: Especial

Cineasta Julio Bracho, presente en el FICM

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La Prensa en línea

Ciudad de México.- Hace más de tres años, en 2013, se presentaron en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), dos películas del cineasta Julio Bracho: Crepúsculo (1945) y Rosenda (1948). La directora del certamen, Daniela Michel, estaba sentada en la butaca junto al director estadounidense Quentin Tarantino, quien preguntó a Michel sobre quién era ese realizador mexicano al que describió como un genio y un director de vanguardia.

Por otro lado, el legendario cineasta y crítico francés Pierre Rissient, también sintió curiosidad por conocer la obra de Julio Bracho, por lo que en 2016 asistió al FICM, donde se le rindió homenaje a través de una retrospectiva con sus filmes más representativos, desde su ópera prima ¡Ay, qué tiempos, señor don Simón! (1941) hasta La sombra del caudillo (1960).

“Mi padre murió hace 38 años y esta noche, en Morelia, volvió a nacer porque cuando la obra de un autor se ve, le da vida”, comentó la actriz Diana Bracho la noche que fue inaugurado el ciclo en el marco del 14º FICM.

Más tarde Dave Kehr, curador del Museo de Arte Moderno de Nueva York, vio la retrospectiva y le dijo a Diana Bracho que quería llevarla al MoMa. La actriz creyó que pasarían muchos años para que eso sucediera, pero pronto llegó una carta donde se le anunciaban las fechas en las que se iba a realizar la retrospectiva, del 1 al 9 marzo de 2017.

Así, Diana y Pablo Bracho presentaron en el MoMa el ciclo Between Twilight and Dawn: Julio Bracho and the Golden Age of Mexican Cinema, integrado por siete películas que ofrecían una visión de la obra de uno de los cineastas más prolíficos e importantes de la Época de Oro del Cine Mexicano. Por supuesto, las películas Historia de un gran amor (1942), Distinto amanecer (1943) y La corte de Faraón (1944) estaban incluidas.

“El cine de mi papá capturó al público. Al final, fue algo muy importante no solamente por su cine sino por la relación México y Estados Unidos. Yo lo comenté en una de las funciones: esto nos demuestra que la cultura se brinca cualquier muro; que la cultura es la salvación de nuestros pueblos y nos debemos aliar cuando nos atacan fuerzas oscuras”, recordó Diana Bracho.

La recuperación de Julio Bracho a través de esta retrospectiva, agregó Bracho, demuestra su amplitud genérica: retomó la tragedia shakesperiana (Historia de un gran amor), la historia romántica campirana (Rosenda), la farsa enloquecida (La corte de Faraón), el cine costumbrista (¡Ay, qué tiempos, señor don Simón!), la tragedia contemporánea (Crepúsculo) y la película histórica por excelencia (La sombra del caudillo).

“Vale mucho la pena recuperar ese cine. No es una cuestión de ego al ser mi papá, sino que es la historia de nuestro cine. Es importante que los jóvenes que están estudiando cine vean cuál es su origen como cineasta  y se reconozcan en él. Estos chicos no conocen la historia de nuestro cine. Es importante en las disciplinas creativas saber de dónde vienes, quiénes fueron tus padres espirituales”.

La retrospectiva en el MoMa representa darle el lugar que merece Julio Bracho en el mundo cinematográfico. “No es el rescate de mi papá, es el rescate de un gran cineasta que merece tener un lugar en la historia del cine nacional”, destacó la actriz Diana Bracho.

Recuperar el cine y el nombre del cineasta duranguense Julio Bracho continúa. En su primera edición, el Festival Internacional de Cine Durango, a cargo del cineasta Juan Antonio de la Riva, ha decidido instaurar la Cátedra Julio Bracho, un programa permanente de actividades de investigación y difusión cinematográfica. Diana Bracho estará presente para inaugurarla el próximo viernes 24 de marzo.

Finalmente, Diana Bracho agradeció a la Filmoteca de la UNAM y la Cineteca Nacional, por preocuparse por la recuperación, preservación, y difusión del cine de su padre Julio Bracho, cuya retrospectiva curada en el FICM y el MoMa, será programada próximamente en estos lugares gracias al apoyo de Guadalupe Ferrer y Alejandro Pelayo, directores de ambas instancias, respectivamente.

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