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Hijos, meditación, quietud, salud

Cuando el rápido tren de la vida moderna hace mella en tu cuerpo, emociones y espíritu, cuando tus problemas pesan tanto, es urgente que les des respiro a través del Zen, una disciplina oriental que hoy en día se ha instalado como una metafísica opción de paz interior que a la vez ofrece respiro, salud y vida. He aquí cuatro jardines de quietud y calma que equilibrarán lo que piensas, sientes y logres.

Jardín contemplativo. No vacíes tu mente, enfócate. La meditación ocupa el primer lugar entre las disciplinas espirituales. No es una religión, sino una técnica que te permitirá entablar una charla con tu yo interno. La mayoría de nosotros vive en el nivel superficial de la conciencia, y la meditación ayuda a extender el control sobre las capas más profundas del ser. “Así como un buzo se sumerge cada vez más hondo, y llega a caminar por el lecho del mar, el hombre es capaz de conocerse a sí mismo cada vez más y transitar por sus rutas más interiores… Se ha demostrado que los monjes tibetanos presentan reducidísimos niveles de lactato en sangre, muy relacionada con el estrés”, afirma el venerable maestro Dharma Ma-Tsu, de La Casa Zen Tibetana, quien del 16 al 25 de marzo ofrecerá uno de los más grandes retiros en Cofre de Perote (Veracruz, fb. dharmamatsu).

Jardín de oxígeno. Respira sin prisa. ¿Te has dado cuenta que no sabemos respirar? Concentrarte en tu respiración puede ser todo lo que necesitas para calmarte. Lo más sencillo es que inhales lento y profundamente por la nariz y saques despacio por la boca. Si estás tenso, tus inhalaciones serán más cortas y superficiales. Pero al forzarlas a ser lentas y profundas, le dices a tu cuerpo que deje salir la tensión desde dentro.

Al exhalar totalmente, eliminas las toxinas de tus pulmones y permites que el oxígeno entre y nutra tu cuerpo.

“Una técnica más elaborada, pero eficaz, es que te tiendas boca arriba, con las piernas flexionadas y los pies apoyados en el piso, pon tu mano sobre el ombligo y jala profundo hasta que sientas que la parte baja de tu vientre sube mientras inhalas y desciende mientras sueltas. No sólo el ritmo es tranquilizante, sino que la respiración abdominal estimula directamente la parte del sistema nervioso que combate el estrés y algunos padecimientos pulmonares”, aconseja el apacible Dharma.

Jardín y paisaje. Observa y percibe. A diferencia de los occidentales, los jardines japoneses no están hechos para pasear, esta cultura diseña espacios de meditación en comunión con la naturaleza. Representan el universo y están concebidos para inspirar vitalidad y serenidad.

“Contemplar un jardín japonés es como sumergirse en un sueño en el que las rocas son montañas, donde la grava se modula en forma de ondas provocadas por la caída de una gota imaginaria en un estanque, y donde las cañas de bambú, al moverse, dejan oír la música de sus emociones.

Como un fluir constante de sensaciones, colores y texturas… El diseño de los jardines japoneses fue concebido como un instrumento para conseguir la correcta percepción de la realidad”, poetiza el maestro.

Ve a un parque, siéntate en una banca y observa, siente, huele y escucha.

Tu mente se relaja al contacto de la naturaleza, un árbol, una fuente, el ruido, la gente misma que va y viene. El simple hecho de sentir la energía de la tierra, es una meditación rítmica que te ayuda a escucharte cuando piensas, cuando decides tomar un camino o una salida.

Jardín espiritual. Dedica 10 minutos a imaginar un escenario apacible (digamos una puesta de sol) tan pronto como te acuestes: te dormirás más rápido. La imaginación es un punto crucial para el budismo. La tuya te permitirá fantasear, soñar despierto y visualizar paz mental. Tu imaginación tiene más alcance de lo que crees. Es el vínculo más cercano con tu alma. No está sujeta a tus programas del pasado, creencias o miedos. La imaginación te fue concedida para que puedas trascender tu mundo físico. Te provee de la habilidad para dar un paso fuera de tus límites personales y liberar tu potencial más grande.

“Date tiempo de permanecer quieto, acude a este retiro el cual comenzará en Reforma 100, piso 13, donde aprenderás a no hacer nada; haz un alto en tu carrera, siente la vida, el murmullo de tu respiración, el sonido de tu mirada. Haz del Zen un camino, una experiencia de liberación ante las prisas que generan enfermedad e indiferencia”, finaliza el venerable maestro Dharma Ma-Tsu.

¿Sabías que…? Dondequiera que mires hay productos zen a la venta, desde despertadores que prometen un despertar gradual y alejarte de cualquier tensión, hasta dulces que dicen ayudarte a saborear el camino hacia la paz interior y el control. Pero, aunque quienes venden esos productos esperan que asocies la palabra zen con un estado de dicha y claridad mental, el zen no tiene nada que ver con algo que tú puedas comprar. Zen es el nombre de una secta budista que surgió en China en el siglo Vl.

Sus seguidores tienen una intensa disciplina para el autocontrol y el hallazgo de la paz mental.