/ jueves 24 de octubre de 2019

Las barras, el hijo incómodo del futbol

México, un país azotado por la violencia en todos los sentidos, vivió una vez más un incidente violento dentro de un estadio; las alarmas volvieron a encenderse

Los cánticos retumban con un ritmo particular y en la tribuna los aficionados, “los hinchas”, se entregan en amor por su club desgastando la garganta, agitando los brazos, ondeando una bandera o saltando casi al borde de la grada; las “barras bravas” le han dado color al futbol desde hace décadas, pero hoy más que nunca, al menos en México, están en el ojo del huracán.

Tras los incidentes graves en San Luis Potosí el pasado fin de semana y que tienen al “Atlético” de frente a una dura sanción, las miradas se han puesto (otra vez) sobre los mal llamados “grupos de animación”, sobre las barras.

Pero ¿Qué son y de dónde vienen? ¿Son realmente el cáncer a eliminar que tanto afecta al balompié nacional?

Saul López/ Cuartoscuro



SURGIMIENTO

En nuestro país el movimiento de las barras bravas llegó importado desde Argentina a mediados de la década de los 90’s. Sin embargo, los primeros roces con una hinchada de verdad se dieron durante el mundial de México en 1986.


Ahí, en uno de los enfrentamientos más recordados en la historia del barrismo argentino, los hinchas de la Albiceleste le hicieron frente a un combate duro, álgido y violento contra Inglaterra y no, no se trataba del mítico partido contra los británicos con todo y “la mano de Dios” de Diego Maradona, sino a un enfrentamiento real entre aficionados.


De acuerdo con diversos medios argentinos que recogieron la “anécdota”, todo fue un movimiento estratégico orquestado por los argentinos que vieron en el duelo la posibilidad de sacar a relucir su coraje tras la Guerra de las Malvinas y el odio a todo lo relacionado con el Reino Unido.


De la mano, dicen, de decenas de exiliados argentinos radicados en México que conocían la ciudad, planearon todo para encontrarse con los ingleses en el Paseo de la Reforma y tras una batalla campal lograron arrebatarle banderas y el orgullo a los terríblemente famosos “hooligans”, pares de los barrabravas pero en su versión inglesa y también con un pasado plagado de escándalos y violencia.


México y sus aficionados vivían la pasión con su estilo; los exponentes de grupos organizados en nuestro país eran clasificados como “porras familiares” y prácticamente todos los equipos del futbol mexicano tenían la suya aún distando mucho de los niveles de organización que hoy día tienen estas agrupaciones.

Moisés Pablo/ Cuartoscuro



PACHUCA, CUNA DEL “BARRISMO MEXICANO”

Lejos de ser un grupo radical, pero en sí la primera con la estructura y colorido de una hinchada argentina en nuestro país, la parcialidad de los Tuzos, “La Ultra Tuza”, es reconocida como la primer barra del futbol mexicano por ahí de 1996.


Su trapo insigna en “El Huracán” lució prácticamente hasta que la Liga MX los prohibió en 2007 tras serios problemas en Veracruz y Guadalajara. Su fundación se le debe a un argentino, un hombre de futbol: Andrés Fassi.


Las distintas versiones, nunca oficializadas ni por directiva ni por la barra en sí, se deben justamente a la idea de exportar el colorido del futbol argentino a nuestro país; hay quienes dicen que la propia directica hidalguense le pagó a un líder de una barra argentina para que “capacitara” a los aficionados al Pachuca.


Sea cierta o no esa versión, la realidad es que la Ultra Tuza fue la primera barra establecida como tal en el futbol mexicano; Pumas y América adaptaron también la estructura y dos años más tarde vieron la fundación, ya como barra, de “La Rebel”, que desde los 80’s funcionaba como porra de los Universitarios, y de “La Monumental”, alentando a las Águilas que más tarde tendrían también el surgimiento del “Disturbio” y “El ritual del kaoz”, dos parcialidades más violentas.


Y no hubo forma de parar el movimiento


Las barras comenzaron a viajar a todos lados junto al equipo y comenzaron a motivar a más y más aficionados a agruparse para alentar a su equipo de la misma forma.


La violencia no era parte fundamental del ejercicio de una barra, pero sí una filosofía de extremismo que, por amor al equipo, lleva a los aficionados a defenderlo con la vida de ser necesario.


Además se trasladaron las rivalidades deportivas a las tribunas, dándose así los primeros choques entre las barras durante los clásicos que terminaban siempre con batallas campales para tratar de “afanar” trapos, banderas o camisetas al equipo rival para posteriormente presumirlas como trofeo.


Justamente por este motivo la Federación Mexicana de Futbol prohibió el ingreso de este tipo de artículos a los estadios en México desde 2007; hoy en día únicamente se permite el acceso con banderas que no tengan leyenda y con un tubo de pvc como soporte.

Saúl López/ Cuartoscuro

LEÓN, PARTE DEL MOVIMIENTO

A León el barrismo llegó sobre 1999 con la fundación de “La Ultra Verde”, más tarde un grupo se deslindó para formar su propia barra que bautizó como “La Pasión 44”; no fue sino hasta 2002 que surgieron Los De Arriba (LDA), justo cuando La Fiera comenzó con su triste andar en el circuito de ascenso mexicano.


Apenas terminó el partido y La Pasión 44 derrumbó el alambrado que separaba la tribuna de Sol 5 con el terreno de juego para dar paso a uno de los escenarios más caóticos que ha podido ver la ciudad.
Los hinchas rompieron todo a su paso, incendiaron bocinas, quemaron anuncios y trataron de entrar al vestidor local por la fuerza enfrentándose con la policía. Hubo varios lesionados.
Para el siguiente torneo la directiva tomó la decisión de desaparecer y negarle la entrada a las barras, únicamente se mantuvieron Los de Arriba, que por su ubicación en la parte alta del estadio no fueron señalados como responsables de los incidentes


ANTE SAN LUIS, UN DUELO DE ALTO RIESGO

Sonará como alarma aunque no es por ahí, pero el duelo entre León y San Luis también tiene su historia; tanto Los De Arriba como La Guerrilla, barra del cuadro potosino, han tenido enfrentamientos desde el circuito de ascenso.

Hoy, criticada por su batalla ante la Resistencia de Querétaro, la parcialidad potosina es una de las responsables de que la Liga y su presidente Enrique Bonilla, analice nuevas estrategias para tratar de debilitar a estas agrupaciones que, aunque de forma indirecta la mayoría de las ocasiones, sobreviven por apoyos, recursos y fondos que brinda la directiva.


Las autoridades en materia de seguridad en León tendrán la dura misión de controlar la situación para evitar cualquier tipo de enfrentamiento.


Aunque en nuestro país no se han registrado muertes en un enfrentamiento entre barras, la Liga busca culpables y tiene en la mira a todo el movimiento barrista en México.


Sí, es cierto que pueden ser capaces de ejecutar acciones violentas usando la pasión por un equipo como un incorrecto detonante, pero también es real que la cultura del aficionado en general en nuestro territorio está sumamente dañada.


Un fanático cree que por comprar un boleto tiene derecho a insultar a jugadores o aficionados rivales; cree que tiene derecho de ser violento sólo porque pagó por entrar. Si en verdad la liga busca la forma de detener la violencia, tiene que ver más allá de las barras y comprender que el verdadero enemigo es el aficionado que no ve este deporte como un evento de entretenimiento.

Atacar, eliminar o prohibir a las barras será una solución parcial, el problema de raíz ahí estará y seguirá creciendo.

Moisés Pablo/ Cuartoscuro

JLP

Los cánticos retumban con un ritmo particular y en la tribuna los aficionados, “los hinchas”, se entregan en amor por su club desgastando la garganta, agitando los brazos, ondeando una bandera o saltando casi al borde de la grada; las “barras bravas” le han dado color al futbol desde hace décadas, pero hoy más que nunca, al menos en México, están en el ojo del huracán.

Tras los incidentes graves en San Luis Potosí el pasado fin de semana y que tienen al “Atlético” de frente a una dura sanción, las miradas se han puesto (otra vez) sobre los mal llamados “grupos de animación”, sobre las barras.

Pero ¿Qué son y de dónde vienen? ¿Son realmente el cáncer a eliminar que tanto afecta al balompié nacional?

Saul López/ Cuartoscuro



SURGIMIENTO

En nuestro país el movimiento de las barras bravas llegó importado desde Argentina a mediados de la década de los 90’s. Sin embargo, los primeros roces con una hinchada de verdad se dieron durante el mundial de México en 1986.


Ahí, en uno de los enfrentamientos más recordados en la historia del barrismo argentino, los hinchas de la Albiceleste le hicieron frente a un combate duro, álgido y violento contra Inglaterra y no, no se trataba del mítico partido contra los británicos con todo y “la mano de Dios” de Diego Maradona, sino a un enfrentamiento real entre aficionados.


De acuerdo con diversos medios argentinos que recogieron la “anécdota”, todo fue un movimiento estratégico orquestado por los argentinos que vieron en el duelo la posibilidad de sacar a relucir su coraje tras la Guerra de las Malvinas y el odio a todo lo relacionado con el Reino Unido.


De la mano, dicen, de decenas de exiliados argentinos radicados en México que conocían la ciudad, planearon todo para encontrarse con los ingleses en el Paseo de la Reforma y tras una batalla campal lograron arrebatarle banderas y el orgullo a los terríblemente famosos “hooligans”, pares de los barrabravas pero en su versión inglesa y también con un pasado plagado de escándalos y violencia.


México y sus aficionados vivían la pasión con su estilo; los exponentes de grupos organizados en nuestro país eran clasificados como “porras familiares” y prácticamente todos los equipos del futbol mexicano tenían la suya aún distando mucho de los niveles de organización que hoy día tienen estas agrupaciones.

Moisés Pablo/ Cuartoscuro



PACHUCA, CUNA DEL “BARRISMO MEXICANO”

Lejos de ser un grupo radical, pero en sí la primera con la estructura y colorido de una hinchada argentina en nuestro país, la parcialidad de los Tuzos, “La Ultra Tuza”, es reconocida como la primer barra del futbol mexicano por ahí de 1996.


Su trapo insigna en “El Huracán” lució prácticamente hasta que la Liga MX los prohibió en 2007 tras serios problemas en Veracruz y Guadalajara. Su fundación se le debe a un argentino, un hombre de futbol: Andrés Fassi.


Las distintas versiones, nunca oficializadas ni por directiva ni por la barra en sí, se deben justamente a la idea de exportar el colorido del futbol argentino a nuestro país; hay quienes dicen que la propia directica hidalguense le pagó a un líder de una barra argentina para que “capacitara” a los aficionados al Pachuca.


Sea cierta o no esa versión, la realidad es que la Ultra Tuza fue la primera barra establecida como tal en el futbol mexicano; Pumas y América adaptaron también la estructura y dos años más tarde vieron la fundación, ya como barra, de “La Rebel”, que desde los 80’s funcionaba como porra de los Universitarios, y de “La Monumental”, alentando a las Águilas que más tarde tendrían también el surgimiento del “Disturbio” y “El ritual del kaoz”, dos parcialidades más violentas.


Y no hubo forma de parar el movimiento


Las barras comenzaron a viajar a todos lados junto al equipo y comenzaron a motivar a más y más aficionados a agruparse para alentar a su equipo de la misma forma.


La violencia no era parte fundamental del ejercicio de una barra, pero sí una filosofía de extremismo que, por amor al equipo, lleva a los aficionados a defenderlo con la vida de ser necesario.


Además se trasladaron las rivalidades deportivas a las tribunas, dándose así los primeros choques entre las barras durante los clásicos que terminaban siempre con batallas campales para tratar de “afanar” trapos, banderas o camisetas al equipo rival para posteriormente presumirlas como trofeo.


Justamente por este motivo la Federación Mexicana de Futbol prohibió el ingreso de este tipo de artículos a los estadios en México desde 2007; hoy en día únicamente se permite el acceso con banderas que no tengan leyenda y con un tubo de pvc como soporte.

Saúl López/ Cuartoscuro

LEÓN, PARTE DEL MOVIMIENTO

A León el barrismo llegó sobre 1999 con la fundación de “La Ultra Verde”, más tarde un grupo se deslindó para formar su propia barra que bautizó como “La Pasión 44”; no fue sino hasta 2002 que surgieron Los De Arriba (LDA), justo cuando La Fiera comenzó con su triste andar en el circuito de ascenso mexicano.


Apenas terminó el partido y La Pasión 44 derrumbó el alambrado que separaba la tribuna de Sol 5 con el terreno de juego para dar paso a uno de los escenarios más caóticos que ha podido ver la ciudad.
Los hinchas rompieron todo a su paso, incendiaron bocinas, quemaron anuncios y trataron de entrar al vestidor local por la fuerza enfrentándose con la policía. Hubo varios lesionados.
Para el siguiente torneo la directiva tomó la decisión de desaparecer y negarle la entrada a las barras, únicamente se mantuvieron Los de Arriba, que por su ubicación en la parte alta del estadio no fueron señalados como responsables de los incidentes


ANTE SAN LUIS, UN DUELO DE ALTO RIESGO

Sonará como alarma aunque no es por ahí, pero el duelo entre León y San Luis también tiene su historia; tanto Los De Arriba como La Guerrilla, barra del cuadro potosino, han tenido enfrentamientos desde el circuito de ascenso.

Hoy, criticada por su batalla ante la Resistencia de Querétaro, la parcialidad potosina es una de las responsables de que la Liga y su presidente Enrique Bonilla, analice nuevas estrategias para tratar de debilitar a estas agrupaciones que, aunque de forma indirecta la mayoría de las ocasiones, sobreviven por apoyos, recursos y fondos que brinda la directiva.


Las autoridades en materia de seguridad en León tendrán la dura misión de controlar la situación para evitar cualquier tipo de enfrentamiento.


Aunque en nuestro país no se han registrado muertes en un enfrentamiento entre barras, la Liga busca culpables y tiene en la mira a todo el movimiento barrista en México.


Sí, es cierto que pueden ser capaces de ejecutar acciones violentas usando la pasión por un equipo como un incorrecto detonante, pero también es real que la cultura del aficionado en general en nuestro territorio está sumamente dañada.


Un fanático cree que por comprar un boleto tiene derecho a insultar a jugadores o aficionados rivales; cree que tiene derecho de ser violento sólo porque pagó por entrar. Si en verdad la liga busca la forma de detener la violencia, tiene que ver más allá de las barras y comprender que el verdadero enemigo es el aficionado que no ve este deporte como un evento de entretenimiento.

Atacar, eliminar o prohibir a las barras será una solución parcial, el problema de raíz ahí estará y seguirá creciendo.

Moisés Pablo/ Cuartoscuro

JLP

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