Pumas, un sueño cumplido

Foto: La Prensa/Rogelio Tinoco

Pumas, un sueño cumplido

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Por Elías Moreno

No sólo Brenda Kenysha Rosas Robledo está cumpliendo un sueño, sino también muchas mujeres con la creación de la liga femenil MX.

La originaria de Tultitlán, Estado De México, vivió y disfrutó cada uno de los partidos del torneo. Orgullosa de portar uno de los uniformes más emblemáticos del futbol mexicano; el de los Pumas de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Rosas Robledo, se ha puesto un nuevo reto: levantar el título la próxima temporada.

Contrario a lo que sucediera con los hombres, quienes tuvieron una temporada mediocre y terminaron en el último lugar, las mujeres sacaron la cara al quedar ubicadas en la posición 7 con 21 puntos, producto de 5 victorias, seis empates y tres derrotas, con 24 goles anotados y 15 recibidos.

Foto: La Prensa/Rogelio Tinoco

FUERON LA REVELACIÓN

A pesar de no haber iniciado bien, el cuadro universitario, dirigido por la profesora Ileana María Dávila Rodríguez, como transcurrió el campeonato se fueron ganando el respeto de los equipos.

“Fue una gran enseñanza. Aún no me cae el veinte de haber jugado en nivel profesional. Realmente, la Liga MX femenil vino a cumplir el sueño de muchas mujeres y eso se agradece y se demostró de qué estamos hechas”, dijo la jugadora.

Agradecida con la entrenadora Ileana María Dávila Rodríguez porque confiaron en sus cualidades, ahora la mexiquense quiere romperla en las siguientes temporadas.

“No me importó estar aprueba 15 días, realmente las visorias fueron muy desgastantes, tuvimos que soportar agua, frío y calor, pero al final de las más de mil jugadoras que estuvieron sólo pocas pudimos cumplir nuestro objetivo, que era pertenecer a un equipo de la liga femenil, algo histórico en el futbol mexicano”, subrayó Brenda Kenysha Rosas Robledo.

Agradecida por no haberse quedado en las Águilas del América, la jugadora de Cuatitlán, Estado de México, resalta el compañerismo y la hermandad que existió en el equipo universitario en su primer torneo.

HERENCIA DE SU ABUELO

Rosas Robledo, quien desde los 6 años de edad empezó a jugar futbol, tuvo que derribar muchas barreras como mujer.

“El primer equipo en el que formé parte, fue con niños. Realmente no teníamos vestidores para niñas, por lo que tuve que ingeniármelas para poder ponerme el short y la camiseta. Pero eso era lo de menos, ya que para ganar minutos tenía que esforzarme lo doble que mis compañeros para que el técnico me diera la oportunidad. Pero al final eso quedó en anécdota, ahora hay que disfrutar que como mujer cumplí uno de mis sueños que era jugar profesionalmente”, mencionó.

Brenda Kenysha empezó a jugar como delantera, pero con el tiempo y a consejo de su abuelo, quien también era portero, cambio la decisión.

“No me gustaba la portería. Decía cómo estar parada nada más en un solo espacio, se me hacía aburrido, pero con el tiempo y los entrenamientos empezó el gusto por los guantes. Cuando tú salvas a tu equipo y los lleva al triunfo es algo muy significativo”, afirmó.

Rosas Robledo sabe que jugar un partido en el torneo de la liga femenil Apertura 2017 fue muy poco, por lo que se ha puesto a trabajar día y noche para poder ganar terreno a sus compañeras Brissa Rangel y Ximena Márquez .

Foto: La Prensa/Rogelio Tinoco

 

TRES HORAS DE CAMINO DIARIO

De Cuautitlán a la cantera le tomaba tres horas de recorrido diario, pero eso no le importaba a la futbolista, quien lo único que buscaba era entrenar a tiempo, a pesar de sacrificar gran parte de su tiempo en el transporte.

La universitaria señaló que cada minuto que pasaba en la combi o en el metro lo aprovechaba al máximo, ya sea con un libro o para terminar de descansar.

SALARIO DE MIEDO

Para Brenda Kenysha el dinero no lo es todo. “Todas las jugadoras que estuvimos en la Liga MX Femenil nos sentimos orgullosas, realmente el pago era lo de menos, lo hacíamos para cumplir el sueño de jugar profesionalmente”. Comentó.

Las jugadoras tuvimos un sueldo que van desde los 2 mil 500 a 3 mil o 3 mil 500 y de ahí para arriba, dependiendo la jerarquía y la manera que cada equipo haya conformado ese tema. No sé si a la larga vaya a existir un tope.

Es así que por ahora, Brenda Kenysha Rosas Robledo se esfuerza para solventar sus gastos y cumplir el sueño de muchas niñas, que era jugar profesionalmente con la playera de unos de los grandes, como los Pumas de la UNAM.