Valeria

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Jesús Sánchez

El día que Valeria no llegó a casa, la principal preocupación de sus seres queridos era su sano regreso. Todos sabemos que eso no sucedió. Que el caso de su violación y asesinato se sumaría a los escandalosos números de crimen y violencia que en nuestro país crecen imparables.

Cuando su cuerpo se encontró sin vida y la esperanza de su bienestar se esfumó de los corazones de sus amados una sola idea podía remplazarla: Justicia.

A finales de 2016 la ONG Justimetría publicaba los resultados de una investigación que confirmaba lo que en este país es un secreto a voces, en México 8 de cada 10 homicidios quedan impunes.

¿Qué esperanza pueden guardar los familiares de Valeria, y los de miles de hombres y mujeres asesinados en nuestra tierra cuando los culpables tienen un 80% de probabilidad de que sus crímenes nunca sean juzgados y castigados?

Quien tenga hasta la más básica noción de la efectividad de la justicia en México sabrá que muy poca. O reflejado en números: 2 de 10.

El infame caso de Valeria entra en el escaso porcentaje de casos resueltos. Su agresor fue identificado, detenido y recluido en prisión.

Una semana después la noticia de su aparente suicidio llega a los medios. Y aunque sobran las gargantas que pronuncian “justicia”, en este país la palabra no deja de sonar vacía.

Hay quienes encuentran incongruencias desde las primeras declaraciones de los padres. Hay quienes no pueden dejar de señalar las graves faltas por parte de las autoridades para el manejo de una situación tan urgente como la desaparición de un menor. Más aún, una menor en un estado en el que 11 de sus municipios existe alerta de género.

La noticia de que la alerta Amber tardó 5 horas en ser emitida, cuando de acuerdo con protocolos nacionales debe hacerse inmediatamente, es la analogía perfecta de un sistema de justicia aletargado. Oficiales de policía que se negaron a realizar una búsqueda local en el momento de los hechos. Permisionarios de transporte público que negaron apoyo a la familia y no admitieron reconocer al culpable entre sus filas.

Los juzgados podrán decretar un caso cerrado. El sistema funciona. Justicia.

El mismo fin de semana que Valeria perdió la vida cuatro mujeres más fueron asesinadas en el Estado de México.

Justicia para Valeria no es un vecindario que falla en apoyar a sus propios integrantes. No es tampoco una alerta Amber 5 horas retrasada. No es un hombre que aparentemente muere en su celda remordido por la culpa. Justicia para Valeria es un país en el que ella y todas las niñas puedan llegar sanas a casa.

jstintero@gmail.com           JSánchez La Prensa