¡Peligro! Solo bohemios… / Mariano Rivera Conde: El precursor del ”olfato” musical

Rodrigo De La Cadena

¿Es, acaso, el padre de los directores artísticos en la industria fonográfica internacional un genio subestimado en nuestros días? ¿Intérprete de intérpretes? ¿Un héroe inadvertido en la gloria cultural de México? ¿Es el más célebre precedente de cazatalentos en nuestra música un prócer condenado al olvido?

¿Sabía usted, constante y leal bohemio lector, que de no ser por este gran visionario de la música, probablemente nuestro firmamento artístico nacional tendría grandes vacíos en su conformación sideral? ¿Se habrá preguntado qué sería del mundo de hoy sin José Alfredo Jiménez, Jorge Negrete, Pérez Prado, Benny Moré, Los Churumbeles de España, Miguel Aceves Mejía, el Bossa Nova o la mismísima Banda El Recodo?

Es indiscutible que el talento existe y que los grandes creadores del arte logran sus objetivos con la musa, sin la musa y a pesar de la musa. Es evidente que quienes están tocados por la mano de Dios están destinados a crear maravillosos tesoros en la música y obras maestras en las bellas artes; sin embargo gran parte de esta talentosa población no trasciende a las grandes audiencias ya que el genio es tan elevado que no conoce de límites y a veces se vuelve incomprensible el resultado de la condición creativa al grado que se pierde el cauce de la expresión. Por eso, siempre hace falta que todo artista, por revolucionario, precoz o adelantado que éste sea, tenga un maestro o un guía que sepa canalizar los veneros de los superdotados.

El director artístico, intérprete de intérpretes.

Desde la antigüedad ha existido el muy noble y complejo oficio de director artístico, ya sea enfocado a la escena a través de diversas expresiones y manifestaciones histriónicas o a la industria musical fonográfica, como sucedió en la segunda mitad del siglo XIX a partir del surgimiento del Fonógrafo, glorioso invento de Thomas Alva Edison, Emile Berliner y Eldridge R. Johnson.

A partir de la llegada del fonograma a México, a la par de los grandes artistas y las novedosas grabaciones de la modernidad de aquel entonces surgieron también los directores artísticos, siendo don Eduardo C Baptista uno de los principales impulsores, no sólo de los artistas populares, si no de la propia industria discográfica a partir de 1925, año en que produjo el primer disco nacional. Después de haber importado a nuestro país discos del sello Odeón de la International Talking Machine Company en Berlín, Alemania, introduciendo artistas de la talla de Carlos Gardel y sus exitosos tangos, Baptista logra patentar hacia principios de los años 30 el otrora popular sello “Peerles” de fabricación nacional. Pudiéramos afirmar que Don Eduardo fue no solamente visionario como empresario si no también como “hacedor” de artistas, descubridor y promotor de talentos.

”La creciente industria del disco contó con gerentes o dueños, encargados de ventas, ingenieros de grabación, promotores y una figura nueva: la del director artístico, personaje que coordinaba o era engrane principal de la selección de cantantes, grupos, obras para la industria. Muchas figuras fueron conducidas por directores artísticos que eran los buenos o malos, los iluminados o villanos de la historia; obviamente se celebraban a los que acertaban con la popularidad. Se les consideraba desde alquimistas/ bohemios que inventaban sueños y realidades o demonios que en sus oficinas destruían esperanzas de triunfo y de firma de autógrafos. Al final sólo eran creativos que descubrieron o pulieron materia prima, para la fama, los escenarios, las marquesinas, también excelentes transportistas para el olvido sobre el aliado para conseguir venta de sus productos…” afirma mi admirado amigo Mario Arturo Ramos.

”La calidad se impone y no hay nada más popular que lo bien hecho”: Mariano Rivera Conde

Don Mariano, más allá de ser el esposo de la célebre compositora y concertista Consuelo Velázquez, con quien contrajo nupcias en 1944, fue, sin duda, el más luminoso y atinado visionario de la industria disquera desde la dirección artística de la RCA Víctor Mexicana, cifrando su labor en el balance idóneo entre calidad e impacto comercial. Su trabajo consistía, principalmente, en escuchar, conformar un proyecto, idear un producto y su imagen comercial, llevar a cabo cálculos, evaluaciones y presupuestos, dirigir grabaciones, elegir repertorio, convocar músicos, seleccionar a los arreglistas adecuados, buscar sonidos nuevos, propuestas novedosas y de aportación en calidad, formar equipos de promoción, afianzar relaciones públicas con promotoras y editoras de música, integrar equipos de trabajo para elaborar catálogos de canciones, integrar músicos, intérpretes, agrupaciones musicales y colocarse entre los primeros sitios de las listas de popularidad. Todo gracias a una intuición singular, – olfato, le llaman los “expertos”- que lo distinguió y le permitió conquistar altas ventas y aceptación masiva a sus lanzamientos.

Originario de Mazatlán, Sinaloa, nacido el 31 de Octubre de 1914, siendo aún menor de edad, Mariano se traslada a la Ciudad de México en busca de nuevos horizontes sin dejar de lado la música, una de sus más grandes pasiones, misma que lo llevó de la mano con la vida bohemia a formar parte de un trío. Sin más alforja que un cúmulo de sueños, astucia, perspicacia, suspicacia y la inteligencia conjugada con una visión inexorable de éxito y realización, el joven sinaloense obtiene el apoyo de Don Enrique Contel, director de la XEQ, quien se convierte en su tutor profesional, encontrando grandes facultades y dotes de talento, dinamismo y capacidad para desarrollar diversas tareas, entre ellas la dirección de programación de la emisora de vanguardia y semillero radiofónico de las más destacadas promesas del ámbito cultural e intelectual de fines de los años 30 y principios de los 40. De tal suerte, el joven Rivera Conde comenzó a encausar el talento de figuras de la talla de Humberto González Tamayo, Carlos Pickering, José Sabre Marroquín, Amparo Montes, Pedro Infante, Juan José Arreola, Emilio Tuero, Chela Campos, Las Hermanas Landín, Nicolás Urcelay, Luis Herrera de la Fuente, Alfonso Reyes, Ferrusquilla, Toña la negra y la joven concertista y compositora Consuelo Velázquez, quien tenía la consigna de llevar a cabo la transmisión semanal de un programa de música de concierto para piano. Fue durante este periplo en que la joven jalisciense y el inquieto director artístico sinaloense se encontraron manteniendo un apasionado noviazgo desde 1938 hasta 1944, contrayendo nupcias el 25 de Octubre de 1944 en la Iglesia del Santo Niño de Praga.

En 1945, el exitoso director artístico cambia la radio por el disco, integrándose rápidamente a las filas de la RCA Víctor mexicana, por aquellos años la más importante compañía disquera de carácter transnacional. Para aquel entonces Mariano ya era conocido por ser una especie de Rey Midas del talento. Fue entonces cuando comienza a dirigir las grabaciones de figuras como Jorge Negrete, Agustín Lara y Pedro Vargas, consolidando a su vez nuevas figuras como Fernando Fernández o María Luisa Landín, quien se convirtiera en una de las más intensas y pasionales intérpretes del Bolero en nuestro país, solidificando éxitos como Amor Perdido, Será por eso, Hay que saber Perder, Aunque tengas razón, Corazón, entre otras.

Fue don Mariano quien impulsó la carrera de grandes artistas cubanos, entre los que destaca Benny Moré, quien contaba entre las filas de su orquesta con un pianista fuera de lo común, a quien Mariano decidió apoyar firmemente. Su nombre: Dámaso Pérez Prado. ¡Mambo!

Una de las primeras agrupaciones exitosas en la carrera del señor Rivera Conde fueron Andrés Huesca y sus costeños, quienes durante los descansos de una grabación en curso, ensayaban nuevo repertorio. Era tan agudo y preciso el oído de Mariano que de inmediato interrumpió el ensayo para preguntar quién era el autor de dicha canción, exigiendo que la grabación en curso fuera reemplazada por aquella melodía que llamó la atención del sinaloense. Cuando éste preguntó por la procedencia de dicha obra el conjunto de Andrés Huesca me respondió al unísono que era una canción de un mesero “güerito” que despachaba en un popular restaurante conocido como ”La Sirena“ en Santa María La Ribera, un tal José Alfredo Jiménez. Fue así como surgió la primera grabación de “Yo”, una canción del más grande ídolo de la canción vernácula. Cuando Jiménez acudió al encuentro con Rivera Conde en la Víctor, la sorpresa fue aún mayor cuando, pretendiendo escuchar la obra del guanajuatense, éste le aseguró que no sabía tocar ni el piano ni la guitarra, que tarareaba y hasta chiflaba las canciones que le nacían y le brotaban como rosales. Enseguida surgió un contrato de exclusividad, Mariano le encargó los arreglos de las canciones del novel compositor a Rubén Fuentes (violinista e integrante del Mariachi Vargas) y convocó a Miguel Aceves Mejía, que en ese entonces interpretaba Guarachas y Boleros para que interpretara 4 canciones (Ella, Cuatro Caminos, A la luz de los cocuyos y El Jinete), mismas que tuvieron una aceptación formidable y el resto de la historia lo sabemos todos.

Así como nuestro personaje descubrió a José Alfredo, otros grandes compositores como Tomás Méndez, Álvaro Carrillo, José Antonio Méndez y Luis Arcaraz contaron con la suerte de hacer equipo con Don Mariano en RCA. La lista de artistas ligados al talento e impulso de este prócer de la industria fonográfica cuenta entre sus luminarias con figuras de la talla de Agustín Lara, Jorge Negrete, Cri-Crí, El Trío Calaveras, Pedro Vargas, Elvira Ríos, Emilio Tuero, Luis Aguilar, María Luisa Landín, Beny Moré, Pérez Prado, Los Hermanos Martínez Gil, Los Cuates Castilla, Los Tres Diamantes, María Victoria, Los Tres Ases, Miguel Aceves Mejía, Eduardo Alexander, Fernando Rosas, Daniel Santos, Bola de Nieve, Los Churumbeles de España, El Mariachi Vargas de Tecalitlán, Las Hermanas Águila, Las Hermanas Hernández, Libertad Lamarque, Rebeca, Ana María González, Luis Pérez Meza, Lupita Palomera, Amparo Montes, Chucho Martínez Gil, Antonio Badú, Claudio Estrada, Los Bribones, Pepe Jara, Virginia López, Amalia Mendoza, Manuel Bernal, Andy Russell, Chava Flores, Miguelito Valdez, El Gran Fellove, Pablo Beltrán Ruíz, Mario Ruíz Armengol, Chucho Zarzoza, Mariano Mores, Genaro Salinas, Ernesto Hill Olvera, Andy Russell, Chava Flores, Los Violines Mágicos de Villafontana, Tony Camargo, Lobo y Melón, Juan García Esquivel, Los Hermanos Reyes, Las Hnas. Navarro, Alfredo Sadel, Los Cuatro Hermanos Silva, Sonia y Myriam, Sonia “La única”, Lupe y Raúl, Rafael Vázquez, Antonio Prieto hasta los contrastantes y festivos sonidos de Acapulco Tropical o la Banda El Recodo (Mariano deseaba que la música de su tierra, la tambora sinaloense, con toda su riqueza instrumental, fuera conocida en todo el mundo y trajo a Cruz Lizárraga con su banda grabándola por primera vez en 1950), siendo José Feliciano uno de sus últimos lanzamientos.

Para nutrirse de todas las expresiones musicales de su tiempo, él solía viajar constantemente para incorporar al catálogo nacional lo más representativo del panorama musical de aquel entonces. A mediados de los 60, ya no como director artístico sino como vicepresidente para América latina de las RCA, Mariano introdujo el Bossa Nova a México a través de las maravillosas voces de João Gilberto, Astrud Gilberto, Antonio Carlos Jobim o Vinicius Di Moraes.

Después de terminar su ciclo en RCA Víctor como importante directivo internacional, Mariano Rivera Conde ingresa a las filas de Discos Orfeón, en donde logró consolidar el que hoy es uno de los catálogos más importantes de América Latina. El único disco grabado en México por João Gilberto fue producido en Orfeón por su querido amigo Mariano. Como era de esperarse, casi todos sus amigos y artistas lo siguieron hasta el último de sus días en que la vida dejó de abrazar al precursor del olfato musical, quien falleciera un 27 de Marzo de 1977.

En entrevista exclusiva para #PeligroSóloBohemios, mi amigo Mariano Rivera Velázquez, poeta, arquitecto, curador de arte y destacado artista plástico, hijo de Rivera Conde y Consuelo Velázquez nos dice: “Para mí, un director artístico es como un director de orquesta que tiene que compaginar la obra con la interpretación, con la perfecta distribución sonora, el apego a la partitura, el control de la intensidad, expresividad, las pausas y ¡la dicción!; algo que él no toleraba era que los artistas no modularan las palabras exactamente y no pronunciaran bien. Su labor era casi infalible desde la grabación hasta las portadas. No creo que en México haya existido un director artístico que haya apoyado tanto a los compositores y a los artistas mexicanos como mi padre”.

Mariano fue, sin duda, el pionero y forjador de una escuela entre la que destaca una competida lista en donde figuran nombres de directores artísticos tales como Eduardo C Baptista y Guillermo Kornhäuser (Peerles), Rafael de Paz (RCA), Bernardo San Cristóbal (XEB), Gilberto Parra, Felipe Valdés Leal y Federico Méndez, Chuck Anderson, Jaime Ortiz Pino, Edgardo Obregón, Juan José Hinojosa, Pedro Ramírez (CBS), Guillermo Acosta Segura, Jorge Navarrete, Gustavo A. Santiago (Musart), Rubén Fuentes, Eduardo Magallanes, Pocho Pérez, Jean Paul, Felipe “El indio” Jiménez, Enrique Okamura (RCA), Paco de la Barrera (Orfeón), Chamín Correa (Polydor), Alfredo Marcelo Gil, Chucho Rincón (Capitol), Ignacio González (Cisne Raff), Ignacio Morales (Melody IM), Marco Antonio Lugo (Continental). Todos muy respetables y exitosos directores auténticos que distan mucho de una nueva generación presente en quienes hoy día ostentan este título que no son más que mercenarios de la música o artistas frustrados, culpables de la ostentosa degradación y comercialización de lo que hoy muchos llaman música. Sí, esa que hoy nomina a los Grammys a autores que no componen, músicos que no tocan y cantantes que no cantan.

Es así, querido bohemio lector, como reconocemos la labor de producción detrás de los grandes escenarios y las figuras de nuestro inventario artístico a través de una personalidad que dejó huella en nuestra historia y que supo administrar y darle cauce al enorme caudal del talento que a él llegó. Cuánta falta hacen hoy en día hombres decididos a privilegiar el verdadero talento y la calidad indiscutible por sobre las estadísticas y las ventas.

Curiosidad: Mariano es autor de un bellísimo bolero en coautoría con su compadre Juan Neri, “La huella del anillo”, que a su vez es una contestación a “Franqueza” y “Que seas feliz” dedicaciones propias de Consuelito. La canción fue grabada Los Tres Ases.

Aquí le presento, bohemio mío, mi tradicional Top 10 de éxitos forjados enteramente por Mariano Rivera Conde:

1. Yo (José Alfredo Jiménez) – Andrés Huesca y sus costeños (Primera grabación de una obra de José Alfredo)
2. Amor Perdido (Pedro Flores)- María Luisa Landín
3. Bonito y Sabroso () – Benny Moré
4. La gloria eres tú (José Sanchez)
5. Mambo 5 (Dámaso Pérez Prado) – Orquesta de Pérez Prado
6. Bonita (Luis Arcaraz y José Antonio Zorrilla “Monís) – Luis Arcaraz y su orquesta
7. Cuidadito – María Victoria
8. El Beso – Lo Churumbeles de España
9. El andariego (Álvaro Carrillo) –
Pepe Jara
10. El año viejo – Tony Camargo

Me voy, no sin antes agradecer el privilegio de su lectura cada semana. No olvides que me encanta recibir su comunicación a través del correo electrónico que yo siempre contesto: rodrigodelacadena@yahoo.com

¡Ni una línea más!