PEJE dictador

  • La Prensa
  • en Columnistas

FacebookTwitterGoogle+WhatsApp

Vicente Gutiérrez Camposeco

 

Desde que por una ocurrencia mandó bloquear el Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México, después de perder la elección presidencial de 2006, se ha comentado insistentemente que Andrés Manuel López Obrador, el dueño de Morena y candidato presidencial de ese partido, está estrechamente vinculado con el gobierno de Venezuela, que de 2002 a 2013 presidió Hugo Chávez y desde 2013 su heredero político Nicolás Maduro, quien resultó ser peor que su populista antecesor, un sanguinario dictador que sin la menor pena reprime, golpea, encarcela y asesina a sus opositores.

La relación de AMLO con Chávez y su ideología se observó durante el bloqueo de Paseo de la Reforma, donde en el campamento que se instaló sobre esa avenida abundaban carteles con las imágenes del venezolano y otros santones de la retrógrada izquierda mexicana, como son el “El Che” Guevara, Mao, Lenin, Stalin, Marx y Engels. Para variar, AMLO se desvinculó de estas expresiones de fervor revolucionario de sus seguidores, tal como se desligó siempre de los supuestos actos de corrupción de sus allegados, su exsecretario particular René “El señor de las ligas” Bejarano o su tesorero en el gobierno defeño, Gustavo Ponce, o de sus candidatas Eva Cadena o Delfina Gómez.

Sorprendente es escuchar a la señora Polevnsky asegurar que “Maduro ha sido un Presidente leal a los principios chavistas, ha sido un Mandatario leal a su pueblo”, después de afirmar que Venezuela está en mejores condiciones que México y que sus planes sociales han beneficiado a la sociedad de ese país como no lo ha hecho ninguno de los que se aplican en nuestro país. Nunca he dudado que, de llegar a la presidencia, López Obrador será una versión mexicana de Nicolás Maduro y no del menos burdo y salvaje Hugo Chávez.

Para muestra, lo que pasó el 6 de abril de 2005, cuando la Cámara de Diputados le quitó a AMLO su fuero como jefe de gobierno del Distrito Federal para que enfrentar un proceso por el presunto desacato a un amparo, en relación con un predio particular. López Obrador no es el político de “amor y paz” que expresa en sus discursos para ganar adeptos, sino de odios y rencores profundos, hasta por sus hermanos.